sábado, 17 de junio de 2017

El punto virgen


“En el centro de nuestro ser hay un punto de nada que no ha sido tocado por el pecado ni por la falacia, un punto de pura verdad, un punto o chispa que pertenece por entero a Dios, que nunca está a nuestra disposición, desde el cual Dios dispone de nuestras vidas, y que es inaccesible a las fantasías de nuestra mente y a las brutalidades de nuestra voluntad. Ese puntito de nada y de absoluta pobreza es la pura gloria de Dios en nosotros. Es como un diamante puro, fulgurando con la invisible luz del cielo. Está en todos, y si pudiéramos verlo, veríamos esos miles de millones de puntos de luz reuniéndose en el aspecto y fulgor del sol que desvanecería por completo toda la tiniebla y toda la crueldad de la vida…” 

Thomas Merton. Le point vierge (El punto virgen).

sábado, 10 de junio de 2017

Tres grandes formas de irreligiosidad filosófica


Por Juan Manuel Otero Barrigón // Una brevísima reflexión. A lo largo de gran parte del siglo XX, la negación de toda legitimidad a la búsqueda intelectual religiosa se basó en tres puntos de vista: negar que existan problemas religiosos; afirmar que los denominados "problemas religiosos" tienen soluciones no religiosas; y defender que los problemas religiosos no tienen solución posible. La más radical de estas negaciones es la sostenida por el Neopositivismo lógico. Se fundamenta en las famosas proposiciones de Ludwig Wittgenstein: "La pregunta de una respuesta que no puede expresarse, tampoco puede expresarse". El interrogante desaparece, ya que si una pregunta se puede plantear, entonces también se puede responder. Así, la solución del problema anida en la desaparición del problema. Sobre dicho punto de vista es que se construyó la llamada "Teoría semántica", según la cual, las proposiciones metafísicas, éticas y religiosas son carentes de sentido intelectual. Los problemas son simplemente consecuencia de un empleo no científico, inadecuado, del lenguaje. La angustia no es una enfermedad del hombre, sino una enfermedad del idioma, contenida en él. El segundo punto de vista que ha negado la validez intelectual de la investigación religiosa es el materialismo dialéctico marxista. Para la filosofía marxista, la religión es un fenómeno secundario, no primario. Se trata de una superestructura de los problemas humanos básicos: la alienación económica y social del hombre. La religión, según Marx, es el resultado de dos tendencias sociales: la resignación de las clases oprimidas y la justificación trascendente de las clases opresoras. Frente a la miseria y la situación de mera supervivencia en la que se hallan sumergidos los desposeídos, estos buscan consuelo en una existencia feliz más allá de esta vida. Las clases opresoras, a su vez, ven en la religión la garantía del orden establecido, una droga tranquilizante del proletariado. No obstante, cuando la revolución altere finalmente el orden de cosas imperante, la religión morirá de muerte natural, sin ninguna razón de ser que la mantenga con vida. Finalmente, el tercer punto de vista que ha negado toda legitimidad a la búsqueda intelectual religiosa es el existencialismo en su versión más dura, la de Jean Paul Sartre. Para el filósofo francés, los "problemas religiosos" no solamente son problemas reales, sino que son también religiosos en el sentido más estricto del término, puesto que  define al hombre como el "ser que proyecta ser Dios". Sin embargo, como dicho proyecto es un absurdo dada la contradicción misma inherente a la idea de Dios, toda búsqueda religiosa carece de sentido, debiendo resignarnos a aceptar la definición que cierra la primera de sus grandes obras filosóficas: el hombre es una pasión inútil. 

viernes, 2 de junio de 2017

Sobre la atomización del tiempo...


Ser parte del tiempo del otro para enriquecer el tiempo-yo. Entre menos "ruido" entre los comunicadores, mayor comunicación para con las personas de la realidad de nuestro tiempo.

Captura de pantalla: Byung Chul Han (2013). "Por favor, cierra los ojos". Ed. Herder.

sábado, 20 de mayo de 2017

Representación de la dualidad en un mito mapuche

"Neyen Manke". Pintura al óleo de la artista mapuche Paz Treuquil (www.paztreuquil.com)


Representación de la dualidad en un mito mapuche, por Juan Manuel Otero Barrigón*

Como expresa el antropólogo Juan M. Ossio en su texto "Cosmologías", el dualismo es uno de los principios de clasificación esenciales para organizar la experiencia de lo sagrado, en tanto representa el afán por recuperar la original unidad perdida a partir de opuestos concebidos como aspectos complementarios de una única realidad.

En sus conversaciones con Bill Moyers, Joseph Campbell explica que todas las cosas en el campo del tiempo son pares de opuestos. Y si bien existe aquel plano de la conciencia donde podemos identificarnos con aquella singularidad que trasciende toda dualidad, nuestras mitologías están basadas en la idea de la dualidad: bueno/malo, día/noche, cielo/infierno. Eso explica, entre otras cosas, que las religiones, al menos en su dimensión exotérica, tiendan a poner el acento en su aspecto ético.

Este dualismo es característica es estructural de los sistemas religiosos y mitológicos, y por ende se expresa en los relatos y las elaboraciones de los distintos pueblos que configuran el paisaje humano, de norte a sur, de este a oeste.

En América del Sur, uno de los principales grupos indígenas que todavía habitan distintas regiones de la Patagonia es el pueblo mapuche, etimológicamente, la "gente de la Tierra". Su denominación refleja un principio clave: existe una fuerte relación de reciprocidad entre el ser mapuche y la tierra. Este pueblo, originario de Chile y con amplia difusión también en la Patagonia argentina, posee una rica cosmovisión, reflejada en una variopinta región celeste denominada Wenu Mapu ("tierra de arriba") en cuyo centro se encuentra un personaje mítico llamado Ngenemapun, "dueño de la tierra" o también Ngenechen, "dueño de los hombres". Esta suerte de rey llevó al pueblo mapuche al lugar que hoy habita y vela eternamente por su bienestar. Su morada está en un lugar inespecífico de las regiones superiores del cielo. A través de los Ngen, espíritus de la naturaleza, y junto con Antú, el Sol, la tierra entrega constantemente la vida al pueblo mapuche.

Los espíritus de los antepasados de un linaje determinado se personifican, a su vez, en el Pillán, espíritus que viven detrás de las montañas, en el oriente también llamado puel mapu. Se los considera aquel ser sobrenatural más cercano al hombre y a sus necesidades, por lo que su invocación está en el primer peldaño de ascenso hacia el mundo de lo sagrado. La influencia del cristianismo distorsionaría, vía la invasión del hombre blanco, la imagen que los mismos mapuches tenían del Pillán, quien debido a que reside en la región de los volcanes y se hace representar a través de fenómenos naturales tales como los rayos, truenos o erupciones, pasó a adquirir, con el tiempo, cierto carácter demoníaco.

Dentro de este pintoresco y complejo universo mitológico/religioso, uno de los relatos más célebres y bellos quizás sea el de Antú y Kuyén, el Sol y la Luna. Antú, el Sol, es uno de los principales espíritus Pillán. El corazón de la historia, adaptado resumidamente aquí a partir de las narraciones difundidas por el escritor Marcelino Castro García, nos revela que Antú y Kuyén estaban enamorados, y Ngenechén, observando las posibilidades de esta pareja, decidió casarlos. Al mismo tiempo, les encomendó que le ayudaran en su tarea de gobernar la tierra, por lo que Kuyén, de carácter suave, fue puesta al servicio de las necesidades de mujeres y niños, mientras que Antú se ocuparía de los hombres. Con el paso del tiempo, Kuyén comenzó a reclamar a Antú por su falta de atención para con sus cuidados en la tierra, dado que cuando se ponía nervioso, se enojaba calentando con tanta fuerza que los ríos se secaban y morían las plantas, los animales, y hasta los mismos hombres. El enojo entre ambos fue tal, que Kuyén decidió salir a cumplir con su tarea sólo cuando Antú se acostaba a dormir. Pese a ello, ella siguió cuidando de los mapuches con sus tenues rayos para alumbrarlos en la noche oscura. Así, noche tras noche, hasta que la aurora anunciaba la llegada de Antú y ella entonces se escondía. Sin embargo, pese al enojo entre ambos, Kuyén sentía nostalgia por la compañía de su esposo y anhelaba la reconociliación. No obstante, el orgullo de Antú le impedía acercarse a su esposa y pedirle perdón. Así pasaron siglos, alternándose uno y otro en sus tareas día y noche. Un día, cuando los rayos de Antú comenzaron a calentar la tierra haciendo abrirse a las flores, fijó su mirada en una doncella pehuenche de gran hermosura, a quien decidió raptar para convertirla en su compañera. La bautizó Collipal (astro dorado), siendo conocida por el hombre blanco como "Lucero". Desde entonces, pueden verse juntos a Antú y Collipal al amanecer y atardecer de los días despejados. Las lagrimas de Kuyén fruto de la tristeza por la decisión de su esposo, se derramaron sobre la tierra y formaron los lagos y ríos que hoy embellecen parte de la geografía del sur patagónico.

En su libro "Cuentan los mapuches", Cesar Fernández rescata otro relato mítico arcaico recopilado originalmente por Ricardo Lehmann-Nitsche en el año 1919. En este caso, la historia nos cuenta que en tiempos primordiales la tierra estaba cubierta por agua y que tanto los indios como los animales característicos del lugar (guanacos, avestruces, etc) se refugiaban en las montañas para no morir de hambre, ya que llovía de manera constante. Con el fin de poder pasar de un cerro a otro para buscar leña y no morir ahogados en las lagunas que habían formado las lluvias, los indios pidieron al Sol que les alumbrara el camino durante la noche. Este, a su vez, delegó la tarea en su mujer la Luna, para que desde los cielos iluminara a los indios de la Tierra. La Luna se puso en camino durante la lluvia llevando el fuego en sus manos , el cual, al enfriarse en el camino, explica porque la Luna alumbra con luz fría que no tiene calor. Finalmente, cuando las aguas bajaron, los indios pudieron ir a vivir a los campos donde hay pastizales, junto con el resto de los animales.

Como podemos observar, en estos dos mitos se destaca cierta cualidad dualística en el vínculo entre el Sol y la Luna, característico de la cosmovisión mapuche. Por un lado, el conflicto, la enemistad y la separación entre ambos personajes cósmicos; por el otro, la cooperación, la distribución de responsabilidades y la cercanía entre los dos. Esta cualidad dual también se expresa en la relación que estas dos figuras mantienen con los hombres y con los seres que habitan la tierra, ya que en tanto el Sol luce comúnmente indiferente y ciertamente despreocupado de las necesidades de los hombres, la Luna, claramente benefactora, los protege contra todos los desastres, además de alejar también a los malos espíritus, siendo este otro de sus dones. Esta última, además, al tener una base terrestre, sirve de intermediario conciliatorio para la realización de la eterna individualidad representada por el Sol. Es capaz de crear mediante el sentimiento un puente entre lo terrestre y lo celeste.

Esta dualidad que hemos reflejado en dos versiones del mito de Antú y Kuyén es esencial en la cosmovisión mapuche, para la cual todo se nos presenta de a pares, y es a partir de esta condición dual como los mapuches construyen su vida en armonía e integridad con la Tierra que habitan y de la cual forman parte. En la visión mapuche, el hombre no está sobre la tierra, el hombre es parte de ella y la Che, “gente”, la concibe como un elemento que compone su ser.

Las divinidades indígenas sudamericanas, tanto andinas como amazónicas, se distinguen por presentar una ambivalencia con relación a los mortales. Pueden ejercer tanto el bien como el mal, ser salvadoras como castigadoras de los hombres, fuente de dicha o fuente de desgracia. Esta ambivalencia forma parte del orden natural cósmico universal. Este concepto dista mucho de la idea cristiana, que concibe a la divinidad como infinitamente bondadosa, incapaz de realizar algún mal. Por el contrario, para cosmovisiones como la mapuche, la vida se objetiva siempre en bipolaridades, inevitables y naturales: salud-enfermedad; alegría-tristeza; debilidad-fuerza, etc.

La perfección y la armonía cósmicas se basan en la complementariedad de dos polos opuestos. Uno de los significados básicos de los mitos primordiales es el surgimiento inicial de la pluralidad y la diferenciación, que reemplazando a la indiferenciación y la unidad originarias, configuran un universo donde la síntesis de los contrarios no implica fusión, sino yuxtaposición dinámica. De esta manera, el encuentro de dos fuerzas opuestas es una condición necesaria para lograr un equilibrio cósmico dualista. Es la diferenciación necesaria que crea las posibilidades de retorno posterior a la integridad, tanto a través de los ritos como en sentido psicológico (Jung). La rica mitología mapuche es un bello ejemplo de esto.

Una hermosa canción de la artista mapuche argentina Carina Carriqueo, titulada "Canción de amor entre el Sol y la Luna", y cantada en idioma originario mapudungun, puede disfrutarse aquí: 


* escrito originalmente para la sección MythBlast de la Joseph Campbell Foundation

Bibliografía:

- “Diccionario Indígena Argentino”, Jorge Fernández Chiti, 1997
- “El poder del mito”, Conversaciones entre Joseph Campbell y Bill Moyers
- “Cosmologías”, Juan M. Ossio, 1998
- “Cuco.com.ar" Diccionario de mitos y leyendas
- “Historias y leyendas patagónicas”, Marcelino Castro García
- “Antología de cuentos mapuches”, editado por Cesar Fernández

sábado, 13 de mayo de 2017

La Piel del Lobo (por Ana Silvia Karacic)

"Wotan's Wolf", por ksheridan


La Piel del Lobo



“Y aunque cazan en grupo, teme
al que caza solo...” (ASK)


Avanzamos lentamente a causa de la escabrosidad del terreno y el viento helado que nos llega de frente. ¡Llevamos tanto tiempo vagando por estas montañas, sobre el lomo de nuestros caballos tras el paso que nos lleve a tierras más cálidas!.

Estoy en medio de mis guerreros, intentando sostenerlos y alentándolos a seguir sin que se derrumben, a pesar de que el cansancio se refleja en sus rostros curtidos y marcados por la fuerza de las armas.

Lo vi a lo lejos. Solo. Mis hombres lo señalaron con alegría, e imagino que habrán pensado que era uno más para compartir este camino doloroso. Era el primer ser humano que veíamos en muchas lunas. Por la forma en que se irguió y tomó la espada, supe que era un guerrero. Le vi entornar los ojos a la manera del felino que elige a su presa y una sensación de rigidez interna, un frío extraño me recorrió la espina.

Era un eslavo. Zarek..., según dijo, era su nombre. Incorporar un eslavo a un grupo de germanos y dacios no era nada extraño en estos días. Pero... no era como nosotros... un algo ajeno a lo que conocíamos se movía en él.

Aunque me mantuve en medio del grupo en ese momento, nos miró a todos sin detenerse en ninguno, y al llegar a mí, me clavó su mirada gris. Me había identificado como el jefe.

En situaciones como la nuestra lo necesitábamos, éramos pocos, pero el destino en el que creemos los germanos me dijo que ese hombre se llevaría mi vida en poco tiempo. Lo vi en sus ojos... lo sentí en las profundidades de mi ser guerrero; y por los cientos de cicatrices que llevo en mi cuerpo y en mi alma, juro que era distinto a los demás. Me pregunto que me impidió matarlo en ese mismo instante, pero no tengo respuestas. Una fuerza ciega me guiaba.

Le pregunté si quería unírsenos y asintió con un gesto seco, pero no envainó la espada... sólo se acomodó las pieles de lobo que usaba a manera de capa. Y otra vez... el mismo sentimiento.

Aunque mis guerreros no lo pensaron, me pregunté qué clase de hombre podía sobrevivir solo en el invierno atroz de los Balcanes. El aullido hambriento de los lobos no cesaba, pero no parecía alterarlo como a nosotros. Por sus movimientos, y lo que presagiaba su silencio, casi diría que era uno de ellos.

Y así seguimos, a paso lento y comiendo lo poco que podíamos cazar. Hasta los animales se escondían a causa del frío. De vez en cuando vigilaba a Zarek, tratando de descubrir algo que me diera el motivo que necesitaba para alejarlo del grupo. Y ¿por qué no? Para exorcizar mi propio temor de un modo sencillo.

La memoria tiene sus recovecos, y en uno de ellos se escondía la imagen de Wotan acompañado de sus lobos. El eslavo me lo recordó, me llevó a mi propio universo de creencias. Y vi por un instante lo que fui en un pasado que no quería encontrar nuevamente. ¿Por esa razón me internaba en tierras inhóspitas? ¿Para escapar de lo que hice, de lo que no quiero volver a ser?

Levanté la vista y lo miré, me estaba observando con una sonrisa en los labios, como si supiera lo que estaba pensando. Todo va y vuelve, dijo. Me congelé. Hasta entonces no lo había mirado cuidadosamente pero esa frase tenía un sentido para mí, y él lo sabía. ¿De dónde me conocía?.

-¿Nunca has sentido que un hombre es todos los hombres?, fue la pregunta que siguió al comentario anterior. Volví a mirarlo, y mientras sonreía me pareció ver la mutación de sus facciones en miles de rostros, vistos alguna vez quién sabe cuándo y dónde. Aunque de algo estaba seguro, los conocí en un tiempo.

-¿Qué buscas? ¿Cuál es el fin de tu camino?, y con temor pregunté: ¿Quién eres Zarek?.

-¿Un germano que no sabe de consecuencias?. Pregúntale a tu Wyrd, a tu destino si no te has dado cuenta de quién soy, todavía. - Fue entonces cuando pasaron por mis ojos todas las matanzas, en luchas por derecho o sin él. Me vi envuelto en mi piel de lobo entre miles de rostros, miradas espantadas, ruegos, gritos desesperados que no quise escuchar. Vi mi espada ensangrentada sobre cuerpos sin edad.

Comprendí de una sola vez que todo deja su huella en nosotros, cada palabra, cada mirada, y sobre todas las cosas, cada dolor y muerte provocada. Cada abandono...

Zarek era mi destino, por eso no me resistí a aceptarlo en el grupo, a pesar de todo. Miré a mis hombres, sorprendido porque sus formas se hicieron borrosas y fueron desapareciendo ante mis ojos, una a una; y en un borbotón de horror entendí que estaban muertos, que había viajado con los fantasmas de los seres que yo mismo había asesinado, germanos, dacios...y eslavos.

Cuando Zarek se acercó a mí, con la espada en alto, bajé la cabeza y le ofrecí el cuello, antes levanté la mirada para ver por última vez sus ojos grises.

Pero en lugar del suyo, vi mi propio rostro... que se desvanecía.

ASK, Septiembre 2007


Ana Silvia Karacic es orientalista, pintora y escritora. Especialista en mitología y religiones, ejerce como profesora titular, entre otras, de la Cátedra de Religiones Comparadas en la Universidad del Salvador. Ha publicado los libros: "El pueblo de la Bruma. El ciclo mitológico irlandés" y "Las religiones de Japón", ambos textos de tenor académico. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Alma, Espíritu, Voluntad, Arquetipo


Alma y Espíritu constituyen lo que Jung -entendiendo ambos términos de manera psicológica- denominaba Arquetipo y Platón -describiéndolos de manera filosófica- denominaba Idea (ἰδέα, εἶδος).

Desde el punto de vista filosófico, debemos decir además que Alma y Espíritu -y por lo tanto también el Arquetipo de Jung y la Idea de Platón- son lo que hace que el ente sea el ente, es decir, son el Ser -término caro a Heidegger-.

ARQUETIPO = ALMA + ESPÍRITU = SER

IDEA = ALMA + ESPÍRITU = SER

Sin embargo, en nuestro mundo moderno la Idea platónica ya no es reconocida como una realidad efectiva, de la misma manera que Alma y Espíritu no son ya reconocidos como el motor del ente, sino que en su lugar

"el ser del ente aparece para la metafísica moderna como voluntad. (...) Nietzsche (...) define el ser originario del ente como voluntad de poder."
(Martin Heidegger, ¿Qué es pensar?)

Por esta razón Alma y Espíritu, en sus definiciones tradicionales, son términos que han desaparecido de nuestro mundo moderno -al menos en la medida en que es moderno-, porque nuestro mundo moderno entiende el ser del ente no ya como Alma y/o Espíritu sino como voluntad, que entendida en su acepción débil y más común es una voluntad anclada en el yo, en la consciencia. En su acepción fuerte, sin embargo, esta voluntad es todavía el equivalente al Alma y el Espíritu, es todavía el ser del ente, y es esta acepción fuerte de la palabra voluntad la que encontramos por ejemplo en Schopenhauer y en la voluntad de poder de Nietzsche (si leemos a fondo su obra), pero no es esta acepción fuerte la que ha prevalecido en nuestro mundo moderno, un mundo en el que la consciencia ha asumido -de forma injustificada y metafísica- el papel de creadora del mundo (junto con el azar). La época moderna es la época del predominio del yo y de la consciencia ¿pero cuándo ha predominado el yo y la consciencia sobre el no-yo y lo inconsciente? El concepto junguiano de arquetipo, no obstante alumbrado en nuestro mundo moderno, nos habla precisamente de la prevalencia de lo inconsciente sobre la consciencia, y es el único lugar posible para encontrar el Alma y el Espíritu dentro de nuestro mundo moderno.


Pero el asunto es más complicado todavía. Si en este plano filosófico-psicológico (junguiano) del Alma y del Espíritu queremos mantener la distinción psicológica ánima-ánimus, entonces nos veremos obligados a decir que Alma (ánima) es imagen, y que Espíritu (ánimus) es pensamiento. Ha de señalarse también que Jung utiliza la palabra "idea" no como idea platónica sino como el sentido de la imagen, "sentido que ha sido separado, abstraído, del concretismo de la imagen" (C. G. Jung, Tipos psicológicos, OC vol. 6), y eso es justamente lo que Giegerich denomina "pensamiento", el Espíritu. Por una parte tenemos la imagen o forma representativa, que pertenece al Alma, y por otra parte tenemos el pensamiento y su lógica, que pertenecen al Espíritu. Así que reconocemos ya las siguientes equivalencias y oposiciones:

ALMA ----- ÁNIMA ----- IMAGEN ----- (REPRESENTACIÓN)

ESPÍRITU ----- ÁNIMUS ----- IDEA JUNGUIANA ----- PENSAMIENTO ----- (LÓGICA)

La voluntad, tanto en su aspecto fuerte como en su aspecto débil, caen del lado del Espíritu, en la medida en que su definición implica la carencia de imagen. Si nos referimos a la voluntad en su acepción fuerte, por ejemplo como la define Schopenhauer, entonces reconoceremos que "aquello que Kant denomina en su filosofía la cosa en sí (...) no es sino la Voluntad. (...) Los grados determinados de objetivación de esa voluntad, que es la esencia en sí del mundo, son idénticos a lo que Platón llamaba Ideas eternas o formas invariables." (Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación). Sin embargo, en su acepción débil, aunque también es la voluntad la que crea a la Idea, esta Idea no es más que un producto de la imaginación (de la imaginatio non vera), un producto de la consciencia, lo que indica una clara inflación de la consciencia, y la cosa en sí ni siquiera es contemplada.

En su seminario Sobre el Zaratustra de Nietzsche, Jung nos da una clave más: la esencia del Espíritu es Dios, es decir, el Sí-Mismo, si queremos seguir hablando en términos psicológicos. Recordemos ahora que el sí-mismo es el arquetipo del sentido y completemos el esquema:

1. YO [ ----- CUERPO ----- CONSCIENCIA ----- VOLUNTAD DÉBIL ----- ESPÍRITU ( = INTELECTO)

2. ALMA [ ----- ÁNIMA ----- IMAGEN ----- (REPRESENTACIÓN)

3. ESPÍRITU [ ----- ÁNIMUS ----- IDEA JUNGUIANA ----- PENSAMIENTO ----- (LÓGICA) ----- VOLUNTAD FUERTE

4. DIOS [ ----- SÍ-MISMO ------ SENTIDO

El yo es la pertenencia al ámbito de la consciencia, y todo lo que se percibe desde el mundo de la consciencia -desde el cuerpo- es el ente.

Alma, Espíritu y Dios forman parte del ámbito inconsciente al ser humano y son el ser del ente, su causa.

La idea de Dios en nuestro esquema se refiere al nivel más esenciante del ser, el nivel más causal en el lenguaje de Ken Wilber, la fuente. Pero ha de advertirse que también puede emplearse la palabra Dios o dioses para las múltiples imágenes y/o pensamiento especulativo de los planos 2 y 3.

El significado no es otra cosa que la correspondencia sincronística que existe entre los cuatro planos.

Ahora, teniendo en cuenta todo esto y distinguiendo debidamente Espíritu de Alma, leamos el siguiente texto:

"a) El Dharma Kaya = el mundo de la verdad absoluta.
b) El Sambhoga Kaya = el mundo de los cuerpos sutiles.
c) El Nirmana Kaya = el mundo de las cosas creadas.

También se les podría llamara los tres: Sí-mismo, ánima y cuerpo."


(C. G. Jung, ETH Lectures, 2 Dec 1938)

Wolfgang Giegerich

El mundo del Espíritu -del Logos- es el equivalente al mundo de Dios (el Dharma Kaya) cuando nos referimos al Espíritu en el plano 4 de nuestro esquema. Cuando reducimos el Espiritu al intelecto, lo que es propio del plano 1, entonces estamos hablando del mundo del Espíritu como equivalente al mundo del yo, de la consciencia (el Nirmana Kaya, que en realidad es un nivel superior al meramente corporal y egoico). Si hablamos del Espíritu como el sentido de la imagen arquetípica, como su contraparte -la idea junguiana o el pensamiento de Giegerich-, entonces nos estamos refiriendo al mundo del Alma (el Sambhoga Kaya), en este plano se mueve Giegerich cuando habla del pensamiento y la lógica al referirse al alma, a pesar de que, como vemos, sería menos confuso si hablara de Espíritu en lugar de alma, con lo que entonces se situaría en el plano 3, que también corresponde al Sambhoga Kaya. Giegerich no reconoce absolutamente nada del plano 4, ni a Dios, ni al Sí-Mismo, ni al sentido, su pensamiento está preso de la filosofía hegeliana que tan poco útil es para comprender los planos superiores, es esta misma filosofía hegeliana la que ata a Giegerich al mundo de la modernidad, al mundo de la "razón" (la razón del sentido común de nuestra época en Occidente), un mundo hacia el cual Giegerich quiere retrotraer a toda la psicología junguiana, a pesar de que ésta no se ajusta a los esquemas convencionales del mundo moderno y de hecho permite ir mucho más allá.

Al igual que ocurre con el Espíritu, el Alma, en principio, también puede ser encontrada en los cuatro planos: como Alma equivalente a la consciencia (plano 1), Alma como Anima mundi (plano 2), Alma identificada con el Espíritu (plano 3) y Alma identificada con Dios (plano 4).

José Medina, "Arquetipo e idea"

sábado, 29 de abril de 2017

El Cristianismo según Nietzsche (fragmentos)

"Nietzsche", por  Enrique Carceller Alcón

“El reino de los cielos es un estado del corazón ( -de los niños se dice “pues de ellos es el reino de los cielos”); no es nada que esté “sobre la tierra”.

El reino de Dios no “viene” de un modo cronológico-histórico, ni según el calendario, como una cosa que un día estuviere presente, pero la víspera no: es, por el contrario, una “modificación del sentido en el individuo, una cosa que adviene en todo tiempo y que en todo tiempo no está presente todavía…

Moraleja: el fundador del cristianismo ha tenido que expiar el haberse dirigido al estrato más bajo de la sociedad y de la inteligencia judías…

-éste lo entendió según el espíritu que comprendía…

-es una verdadera vergüenza haberse fabricado una historia de salvación, un dios personal, un redentor personal, una inmortalidad personal, y haber conservado toda la mezquindad de la “persona” y de la “historia” como residuos de una doctrina que discute la realidad de todo lo personal y de todo lo histórico…

La leyenda de la salvación en lugar del simbólico ahora y siempre, aquí y en todas partes, el milagro en lugar del simbolismo psicológico.


(F. Nietzsche, Fragmentos póstumos IV)

“La historia del cristianismo –a partir de la muerte en la cruz – es la historia del mal entendimiento, cada vez más grosero, de un símbolo originario”.

(F. Nietzsche, El Anticristo)

“Si entiendo algo de este gran simbolista, es que únicamente vio y reconoció realidades interiores: que entendió el resto (todo lo natural, lo histórico, lo político) únicamente como signo y ocasión de parábolas –no como realidad, no como “mundo verdadero”…

Igualmente el hijo del hombre no es una persona concreta de la historia sino un “hecho [Faktum] eterno”, un símbolo psicológico no encerrado en el tiempo…

Lo mismo vuelve a valer finalmente en el grado más elevado del Dios de este simbolista típico… del reino de Dios, del “reino de los cielos”…

el “padre” y el “hijo”: este último expresa el ingreso en ese estado de transfiguración global de todas las cosas, el primero es precisamente éste…

-y esta representación se ha malentendido.”


“La historia del cristianismo es la historia del tener que malentender progresivamente en forma cada vez más grosera un simbolismo sublime…”

(F. Nietzsche, Fragmentos póstumos IV)

sábado, 15 de abril de 2017

Pascuas


¿O no es fantástico?.. Que hace mas de 2000 años un wey de pelo largo haya caminado por aquí, hablando de conceptos nuevos, vanguardista, que probablemente había escuchado de otros locos en su vida de rockstar. Del amor y otras nuevas tendencias, que eramos carnales tú y yo, y que cualquiera podría ser el artista de su vida, que había que ser rebelde y nunca callarse. Era como tú y como yo loco, solo que tenía el pelo largo y hablaba como poeta, un artista modernista con mirada de verdad, como Beethoven y su romanticismo como Monet y su impresionismo, como Pink Floyd y sus sintetizadores, venidos del futuro o de galaxias de prodigios, con sus sabidurías adelantadas a esta torpe y lenta sociedad.


"Rocker Divino", Xavier Matuk

sábado, 8 de abril de 2017

Por qué socialismo (Albert Einstein)



"La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente de todos los males. (...)

El capital privado tiende a concentrarse en unas pocas manos. (...) El resultado es una oligarquía del capital privado, cuyo enorme poder no puede ser eficazmente controlado ni siquiera por una sociedad política organizada según los principios democráticos. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, que reciben fuertes influencias y amplia financiación de los capitales privados que, en la práctica, separan al electorado de la legislatura.

La consecuencia es que los representantes del pueblo no protegen con la debida eficacia y en la medida suficiente los intereses de los sectores menos privilegiados de la población. (...)

En una economía basada en la propiedad privada del capital (...) el objetivo de la producción es el beneficio, no su consumo. No se prevé que todos aquellos que sean capaces de trabajar y quieran hacerlo tengan siempre la posibilidad de conseguir un empleo; casi siempre existe, en cambio, un `ejército de parados´. (...)

El interés por el lucro, conjugado con la competencia entre los capitalistas, es responsable de la inestabilidad del ritmo de acumulación y utilización del capital, que conduce a severas y crecientes depresiones. (...)

Estoy convencido de que existe un único camino para eliminar estos graves males, que pasa por el establecimiento de una economía socialista, acompañada por un sistema educativo que esté orientado hacia objetivos sociales. Dentro de ese sistema económico, los medios de producción serán propiedad del grupo social y se utilizarán según un plan.

Una economía planificada que regule la producción de acuerdo con las necesidades de la comunidad, distribuirá el trabajo que deba realizarse entre todos aquellos capaces de ejecutarlo y garantizará la subsistencia a toda persona, ya sea hombre, mujer o niño.

La educacíon de los individuos, además de promover sus propias habilidades innatas, tratará de desarrollar en ellos un sentido de responsabilidad ante sus congéneres, en lugar de preconizar la glorificación del poder y del éxito, como ocurre en nuestra actual sociedad. (...)

Creo que el peor daño que ocasiona el capitalismo es el deterioro de los individuos."

Albert Einstein: "Mis ideas y opiniones"

sábado, 1 de abril de 2017

Breves apuntes sobre la religión según William James

"San Pablo ermitaño", de José de Ribera (1640)

"Breves apuntes sobre la religión según William James", por Juan Manuel Otero Barrigón

"Dios no existe", "Las personas religiosas sufren de trastornos emocionales, son delirantes", "Lo único válido es lo que nos dice la ciencia; si el método científico no logró demostrar la existencia de Dios es porque no hay Dios que descubrir", "Dios es fruto de un mecanismo de proyección". Esta era, a grosso modo, la manera en la que concebían la religión la mayoría de los teóricos sociales de principios de siglo XX. En ese contexto, en 1902, el psicólogo norteamericano William James publicó su célebre trabajo "Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio de la naturaleza humana". Fue uno de los pioneros en el estudio psicológico de la religión, incluso antes que Freud , contemporáneo suyo, se ocupara del tema. A James lo apasionaba dar respuestas a preguntas como: ¿Es posible conciliar visiones tan antagónicas como las de la religión y la ciencia? ¿Qué ocurre psicológicamente en aquellos que dicen haber experimentado una visión o que aseguran conversar con Dios? ¿Alucinan las personas religiosas? James parte en su análisis reconociendo que existen dos tipos de religión a saber: por un lado, la institucional, aquella dimensión que engloba a las prácticas y normas que son propias de una sociedad determinada; por el otro, la personal, esa dimensión vincular sumamente íntima que se da en el encuentro entre el hombre y su Dios de referencia. James consideraba que es la dimensión personal la primera que debe ser atendida y estudiada, dado que la otra dimensión, la institucional, es secundaria y producto de un proceso de socialización.

En su magnífica obra, de referencia ineludible para quienes se sumerjan en el estudio de la psicología de las religiones, el padre del pragmatismo plantea que las personas pueden vivir experiencias místico religiosas independientemente de la cultura, dado que se trata de un fenómeno universal. Distinguía entre una religiosidad sana y religiosidad patológica. Las personas con una predisposición "saludable" tienden a ignorar la maldad en el mundo y se concentran en sus aspectos positivos y en el bien en general. Contrariamente, aquellas personas predispuestas hacia una religiosidad patológica no pueden dejar de lado la percepción del mal y del sufrimiento y necesitan una experiencia unificadora, religiosa o de otro tipo, que les permita reconciliar el bien y el mal en su psiquismo. Para James, los líderes religiosos fueron sujetos de experiencias psíquicas anómalas. Presos de una sensibilidad emocional exaltada; comúnmente tuvieron además una vida interior incompatible con las exigencias del mundo, y sufrieron de melancolía durante parte de su ministerio. Fueron estas características, agrega el psicólogo norteamericano, las que contribuyeron a atribuirles autoridad e influencia religiosa sobre los pueblos a los cuales se dirigieron. Sólo estas peculiaridades de su personalidad, clasificadas comúnmente como patológicas, pudieron dar lugar a experiencias religiosas de tan alto vuelo. Ya que la mística es un camino que trasciende la razón y evoca al radicalmente Otro.

William James

Es necesario, nos dirá nuestro autor, ponderar la eficacia de la religión: si una determinada persona, motivada por la fe, lleva a cabo actividades religiosas y si esas acciones redundan en efectos positivos, tales prácticas son entonces la vía adecuada para sí. Si por el contrario su accionar no es eficaz, la persistencia de la práctica religiosa aparece desprovista de racionalidad. Al final, pareciera que como bien refirió Einstein, el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. O como poéticamente escribiera Borges: "La firme trama es de incesante hierro,/pero en algún recodo de tu encierro/puede haber una luz, una hendidura./El camino es fatal como la flecha./Pero en las grietas está Dios que acecha".

sábado, 25 de marzo de 2017

Si Dios ha muerto...


Fiodor Dostoievski sentencia que si Dios ha muerto todo está permitido. Jacques Lacan, en cambio, considera que si Dios ha muerto nada está permitido. En su presentación, Slavoj Zizek señala con acierto que para el psicoanálisis una de las consecuencias de la muerte de Dios es -pese a las apariencias- la prohibición del placer. Ello se explica si tenemos en cuenta que el superyó de la época actual ordena gozar, sus imperativos atentan contra los placeres singulares no regidos por los mandatos que se imponen. El psicoanálisis se inscribe en el horizonte de la "muerte de Dios", podemos ubicar al superyó como instancia que se yergue allí donde -según palabras de Nietzsche- el mar se ha vaciado y la tierra se ha desatado de su sol. Ya Freud establecía una proporción inversa entre el padre y el superyó: cuanto menor la fortaleza del primero, mayor la severidad cruel del segundo. Lacan anticipa el signo de estos tiempos al hablar de un superyó que impone el goce, el sujeto ya no se siente culpable por el deseo inconsciente que ha debido reprimir -pero que conserva vigencia- si no por no gozar lo suficiente; la culpa por gozar -pese a la prohibición- ha trocado su lugar por la culpa por gozar demasiado poco. Sin embargo, no sólo hay renuncia en el primer caso, puesto que el imperativo de goce -afirma Zizek- conlleva la prohibición del placer, atento a que "todo placer determinado es ya una traición del incondicional, por lo tanto debería estar prohibido".

Fragmento de "Placer y bien: Platón, Aristóteles, Freud", de Silvio Maresca, Roberto Magliano y Silvia Ons



jueves, 16 de marzo de 2017

Dimensiones


Alice Wellinger

Por Tanaerum // Por ley de conjunto de conjuntos, en el espacio un punto es lo más pequeño. Un conjunto de puntos forma una línea; un conjunto de líneas forma un plano y un conjunto de planos lleva a un cuerpo tridimensional. Gracias a la cuarta dimensión tiempo es posible que existan varios cuerpos de tres dimensiones en un mismo espacio. Por ejemplo, en un cubo de madera hay infinitas figuras y cuerpos imaginables, los cuales se pueden manifestar en diferentes momentos del tiempo. Primero podemos esculpir un busto de Einstein, luego es posible prensar la madera o, con un proceso similar, volver a tallar el busto de una mujer; por el mismo proceso más adelante se da forma a un tótem. Por ello, en ese trozo de madera están todas las formas que nuestra mente puede concebir. Por tanto, la cuarta dimensión es mitad mental y mitad física, y cada uno de nosotros es mitad mental y mitad físico. Un pensamiento de los planos superiores se hace realidad física en virtud de la cuarta dimensión, según la cual estamos separados en apariencia, pero unidos en esencia. La quinta dimensión es sólo mental. Todos tendemos a idealizar algo. En la quinta dimensión todo es mental y al pensar algo lo hacemos una perfecta realidad. Algunos aspectos del plano mental se manifiestan en el plano físico, pero las cosas mentales de los planos mentales se adquieren y se viven mentalmente. Así, podemos decir “la figura de la estatua se estremeció de angustia viendo aquello”, “el viento canta una dulce melodía”, “sus ojos son el océano”, “la campana gime”, etc. y, como dice el Dr. José Manuel Estrada, ” a través de la quinta dimensión los poetas penetran en las verdades sublimes y extraen bellezas profundas de la mente cósmica en virtud del desarrollo mental del hombre: el SEXTO SENTIDO“…”Es así cuando observamos que un poeta se acerca a una mujer y le dice “tus ojos son dos trozos de misterio”…Entonces observamos que el hombre es capaz de todo, de convertir el misterio en algo que puede cortarse y convertir la mirada de una mujer en ese sólido; podríamos decir, que en realidad es casi imposible hacerlo y, sin embargo, el hombre puede hacerlo”. El ser humano es algo más que su cuerpo, que se mueve de un lado a otro, siendo algo mucho más sutil y abstracto. Si en virtud de la cuarta dimensión todos los objetos pueden estar dentro de un mismo espacio, físicamente en momentos distintos y mentalmente de forma simultánea, de acuerdo a la quinta dimensión, todas las cosas son una misma. La sexta dimensión es la ubicuidad, definida como la facultad de estar en todas partes a la vez. En virtud de la sexta dimensión algo que está aquí está en el Sol, en el Macrocosmos y en todas partes. Lo que está ocurriendo en un momento determinado aquí, siempre ha ocurrido y siempre estará ocurriendo. Así, en contacto con esa sexta dimensión, el verdadero clarividente ve las cosas antes y después de ocurrir. El hombre es un planeta, un árbol, una montaña y a la vez un ser humano. “No existe el vacío, lo cual es asunto de apreciación por medio de la LEY DE LA RELATIVIDAD”. La séptima dimensión es la reintegración al Absoluto.

jueves, 9 de marzo de 2017

El mal (no) anida en las religiones


"Religion Was Never Designed To Make Our Pleasure Less ", por William Strutt

Existe una visión distorsionada y medio adolescente de considerar a las religiones como la fuente de todos los males del mundo. En Occidente, esa mirada maniquea tiende a ignorar, por ejemplo, la obra que hicieron los distintos monacatos, cual fue el origen de los hospitales, el de las primeras universidades, e incluso también, el de la conservación de la tradición greco-latina. Claro que, como contracara, las distintas religiones ejercieron (y aún ejercen) distintas formas de represión muy difíciles de digerir en pleno siglo XXI. Pero la maldad y la estupidez no viven en las religiones, sino en el corazón del hombre, algo que los totalitarismos ateos del siglo pasado mostraron muy bien. Pretender un mundo libre de dioses y de religiones, eso es lo verdaderamente ilusorio. Y es que como bien mostró Jung, al hombre sólo se le puede sacar sus dioses, tan sólo si se les ofrece otros a cambio. No importa el nombre que lleven, ni el lugar donde los encontremos, pero vivimos rodeados de dioses. Y desde el espacio más remoto, hasta el origen de los males, todo está en nuestra naturaleza. 

Juan Manuel Otero Barrigón

jueves, 2 de marzo de 2017

Introducción al psicoanálisis del mito (por Dr. Jorge Garzarelli, 2da parte)

"Enki", por Trance de Ánima

"Introducción al psicoanálisis del Mito", por Dr. Jorge Garzarelli (2da parte)


LA GRAN MUERTE Y EL RETORNO

Desde muy antiguo, pudo comprobarse, que se sentía la necesidad de renovar periódicamente al mundo, algunas veces estas renovaciones coincidían con las consagraciones del rey; otras veces consistía en la simbolización de una reiteración de la cosmogonía.

Ideas que en conjunto fueron estructurando a aquellas acariciadas por los estoicos y los neo-pitagóricos que dieron como origen al “eterno retorno”, que en la ciencia psicoanalítica podría ubicarse cercano a la “compulsa a la repetición”.

Retorna algo porque algo se habría perdido. He aquí la idea de fin de mundo que bajo las formas de terribles catástrofes atmosféricas pueblan las leyendas de todos los pueblos antiguos. Un ejemplo de esta idea de fin de mundo, aparece en la universal concepción del gran Diluvio, con el cual habrían desaparecido civilizaciones enteras, salvándose siempre alguien que nuevamente da origen a la humanidad. Siempre a un fin de mundo, le sigue una nueva era.

Esta idea del diluvio universal siempre se encuentra vinculada a pecados por orgullo, faltas en los rituales, cóleras divinas que dan por resultado la muerte de la humanidad. Además de la comprobación histórica del gran diluvio que parece haber azotado a la humanidad, esta presente la idea de “muerte por agua” con toda la simbología inconsciente que ésta representa. Si bien el dato ha sido extraído de un hecho de la realidad, la estructura del relato mítico, se ha tejido en base a las fantasías de sus relatores de origen y posteriores.

Esta idea de fin de mundo, es dable observarla en cuadros clínicos tales como (en forma leve) las neurosis obsesivas, o en psicopatologías mucho más graves. Un ejemplo lo encontramos en los períodos de desestructuración de la personalidad, en lo pre-psicótico.

Otros mitos primitivos no darían cuenta de una posterior recreación del mundo, tal el ejemplo de los “Kai” de Nueva Guinea, entre los que circula la leyenda de que después de creado el mundo y el hombre, Malefung (dios de origen), se retiró al horizonte y allí se durmió. Cada vez que en su sueño se da vuelta, la tierra tiembla. Pero un “día se levantará de su lecho y destruirá el cielo, que se estrellará contra la tierra y pondrá fin a toda vida”. (M. Eliade - 1982)

Otras ideas circulan en otros pueblos. Una muy singular es aquella referida al cansancio de la tierra, que cuenta especial reconocimiento entre las tribus guaraníes de nuestro país. En ella se relata un sueño de los shamanes, que habrían escuchado a la tierra suplicar al dios, que estaba agotada ya de haber devorado tantos cadáveres.

Creo que difícilmente encontraremos expresión más profunda y poética de este gran cansancio cósmico y de su deseo de reposo total, de muerte. He aquí una nítida referencia a la gran pulsión, pulsión de muerte. Es significativo que esta representación de cansancio (no de muerte por su irrepresentabilidad en el inconsciente, sino bajo formas subrogadas), aparezca en sueños de “shamanes”, con su regresión, desaparición temporal de lo consciente y el retiro del interés por la realidad externa. ¿Cuál sería el deseo inconsciente de los soñantes?

Interesante es recordar que la mayoría de los mitos americanos del fin del mundo, implican una teoría cíclica también encontrada entre las religiones orientales tales como la hindú, esta vez vinculada a una inflamación del horizonte y muerte por un gran incendio cósmico. Muerte de la cual todo recomenzará nuevamente. Toda aquella perfección de los comienzos, que también formaba parte del sistema de creencias de hebreos y babilónicos, se habría perdido por la influencia negativa del hombre.

En Grecia se han encontrado dos tradiciones míticas diferentes. Una teoría de los tiempos del mundo, una referida a la perfección de los comienzos y una otra cíclica, descripta por Hesíodo en Los Trabajos y los días. La primera era la Edad de Oro bajo el reinado de Cronos, en la que los hombres no envejecían nunca y poseían una existencia parecida a la de los dioses. La teoría cíclica postulada por Heráclito, es la que tendrá gran influencia sobre la doctrina estoica del eterno retorno.

EN LAS RELIGIONES

A diferencia de las teorías sobre el fin del mundo anteriormente mencionadas, el Judaísmo y el Cristianismo presentan una innovación fundamental, ya que el fin del mundo es para estas doctrinas, único. Lo mismo es para el origen del mundo. Después del fin del mundo, el cosmos será el mismo que al principio, pero purificado, regenerado y restaurado como en los tiempos primordiales. El tiempo es aquí, lineal e irreversible. Lo sagrado triunfará y habrá elegidos. Para el Judaísmo el fin del mundo será anunciado con la venida esperada del Mesías; para el Cristianismo, éste sobrevendrá con la segunda venida.

Muchas son las referencias proféticas que hablan al respecto de esta nueva instauración del Paraíso perdido (Isaías, XXI,6-XXX,19-XXXV,3-XXXV,10).También en la poderosamente poética referencia a esta nueva instauración de los tiempos que es el Apocalipsis de San Juan, se hace referencia (XXI,1/5) al fin del mundo; habrá antes de la segunda venida del Mesías, una época signada por el anti-Cristo; a partir del cual vendrá el verdadero Cristo y purificará por medio del fuego al mundo. Este concepto de la purificación del mundo por medio del fuego, ya lo encontramos en Heráclito, la que luego será retomada por los estoicos. Este fuego destructor lo encontramos también en la Segunda Epístola de San Pedro (III,6/14).

Esta época del anti-Cristo, anterior al “eschatón” (final), estará signada por una total subversión de los valores sociales, morales y religiosos, lo que dará como resultado un retorno al caos original.

"The second trumpet", por Howard David Johnson

Este deseo de conocer los orígenes y el final de la vida en nuestro planeta caracteriza también a algunos aspectos de la cultura occidental a partir del siglo XVIII, acentuándose en el siglo XIX, en los que se han multiplicado las investigaciones en torno a los orígenes del universo, de la vida, de las especies, del hombre, tanto así como el relativo a la sociedad, el lenguaje, las religiones.

Se observa en este deseo de conocer nuestros orígenes, un inevitable “regreso hacia atrás”, retorno hacia el pasado que ya poseían nuestros antecesores. Este retorno hacia atrás se ha podido observar en muchas culturas de origen extra-europeo, pudiendo encontrársele diferentes significados: “regresus ad uterum”, como rito de iniciación de adolescentes, ya por ingreso del iniciado a una choza (simbolizando el útero), ya por la devoración de algún monstruo, o bien por penetración en algún lugar consagrado, identificado con el útero de la gran madre tierra. Recordaremos aquí una de las posibles muertes de Edipo, aquella que es narrada como la apertura de una gran grieta de tierra que llevó a este otro héroe tan caro a la mitología como al psicoanálisis.

Estos ritos relativos a lo iniciático, está también referido a héroes, shamanes, hechiceros que aseguran haber regresado en carne y hueso a ese lugar sagrado y no en la forma simbólica que lo realizan para con los otros miembros de la colectividad.

Muchos son los mitos que destacan al héroe devorado por algún monstruo, éste generalmente marino (Jonás y su ballena) y su posterior salida victoriosa o bien el peligroso descenso a grutas y/o hendiduras en la tierra asociadas a la boca o al útero de la madre tierra. Temas éstos que fueron claramente interpretados por los seguidores del Psicoanálisis.

En el análisis que realiza Eliade de aquellos ritos de iniciación, hace una importante advertencia respecto de los mitos que los sustentan:

“Por esta razón el inconciente presenta la estructura de una mitología privada. Se puede ir aún más lejos y afirmar no solo que el inconciente es mitológico, sino también que algunos de sus contenidos están cargados de valores cósmicos, dicho de otro modo: que reflejan las modalidades, los procesos y los destinos de la vida y de la materia viva. Se puede decir incluso que el único contacto real del hombre moderno con la sacralidad cósmica se efectúa por el inconciente, ya se trata de sus sueños y de su vida imaginativa, ya de las creaciones que surgen del inconciente, (poesía, juegos, etc. etc.)”

Aseveración ésta que nos acerca desde diferentes perspectivas al pensamiento psicoanalítico general.

No solo los elementos de la naturaleza pueden cansarse tal como refieren ciertos mitos, sino hasta la misma divinidad puede llegar a estarlo. Leemos en la mitología babilónica que Marduk ordena a Ea que cree al hombre, el que tendrá por tarea servir a los dioses para que éstos puedan descansar. Como recompensa los dioses construirán la ciudad de Babilonia (palabra que literalmente significa “puertas del cielo”)

Muchas serán las religiones que “aparecerán” después de la “desaparición” de los dioses. El pensamiento de Buber y de Nietzsche habría tenido también su prehistoria en aquellos dioses ociosos o muertos; algunos de éstos matados por el hombre, vacío que es inmediatamente ocupado por otras figuras religiosas. Esta divinidad asesinada en aquellos tiempos, sobrevive en los ritos mediante los cuales se reactualiza, ya que esta divinidad asesinada no se olvida jamás.

He aquí una notable representación metafórica de la muerte de aquel padre ideal que anteriormente hemos mencionado.

Metáforas que cruzarán el horizonte y el mediterráneo del gran país del lenguaje, ya que en última instancia todo el mundo nos será revelado a través del mismo. De aquí la propuesta de entender al mito como un habla que “dice” de lo que no podemos constatar como origen, pero sí como re-actualización.

El hombre, en un mundo de tal naturaleza no se sentirá encasillado a un único modo de existir, sino abierto, comunicándose con aquél y consigo mismo, utilizando un lenguaje que por su simbolización permite la recreación de lo ya totalmente perdido.

De la búsqueda de ese objeto primordial tratarán todos los mitos. Objeto que funda el deseo; el que será satisfecho temporalmente siempre con substitutos que refieren al primero por causa de su falta en el cuerpo. Un cuerpo humano que puede simbolizar. De este modo en las culturas “primitivas” y aún en las muy complejas, el hombre intuirá que sus soplos son vientos, sus huesos, montañas, que su ombligo es el centro de su mundo... Cuerpo que aparece como el primer articulador simbólico.

Un cuerpo que habla a su manera.

Un mito que también habla a su manera.

TIEMPO Y ESPACIO

Así como los relatos míticos hacen referencia al tiempo, tiempo siempre del origen, también tendrán su lugar y del mismo modo que ese tiempo lo era en tanto cualitativamente diferente al habitual, el espacio del mito si manifestará en tanto hierofánico, sagrado, separado del mundo, de lo profano. Será definitivamente otro espacio.

Los objetos de este espacio, cualesquieran sean éstos, la piedra, el árbol, no serán adorados en cuanto tales, sino precisamente por ser “objetos hierofánicos”. No son piedras ni son árboles, sino que son aquello que se define como lo totalmente otro, lo “ganz andere” (efectivamente otro). Por este motivo, por esta simultaneidad de lo que es y no es al mismo tiempo, o mejor dicho, sin dejar de ser lo otro, es que se ha querido encontrar en las hierofanías algo paradójico.

Mircea Eliade

¿Acaso el inconsciente reconoce paradojas?

Esta piedra, este árbol, no dejan de ser lo que son, no se distinguen en nada de los otros de su misma especie y género excepto para aquel que ha pasado su vida en contacto profundo con estos objetos consagrados. De ahí que, sus acciones habituales, su sexualidad y su alimentación, no sean meros hechos fisiológicos, sino una forma simultánea de comunicación con los misterios de su mundo, que solamente él conoce.

Este espacio en el que vive el hombre “primitivo” no es un espacio homogéneo; presenta fracturas, escisiones, con lo que se logra inferir dos formas posibles de espacio; uno, el sacralizado, y el otro, una extensión de tierra sin forma definida que rodea al sacro; no obstante, los dos se complementan.

Este punto de fractura, de ruptura, operada entre ambos espacios, permitirá la constitución del mundo, ya que en dicha fractura se descubrirá un eje central, un punto fijo; un centro al que el hombre religioso se ha visto obligado a establecer, ya que para vivir en su mundo, previamente habrá que fundarlo.

Este centro, equivaldrá a una nueva fundación del mundo o bien a una nueva creación.

A diferencia del hombre religioso, el profano estará ajeno a esta partición del espacio. Para él todo será homogéneo; no obstante recurrir a otros ejes marcados por las instituciones a las que él se haya adherido, las que sin embargo se regirán subrepticiamente por fórmulas deformadas de las antiguas religiones que de este modo, subsisten en su interior.

Este punto fijo y central, que sacralizará el lugar alrededor del cual se haya instalado, permite inicialmente convertir el espacio caótico en un lugar cósmico, ordenado.

En nuestras propias ciudades, ese punto de pase de un espacio a otro aparece sensiblemente marcado en los atrios de los templos, vehículos simbólicos que han consagrado el acceso a lo divino. El templo mismo, todo, funciona como abertura hacia lo alto.

El sueño de Jacob en Jarán en el que consagra a la piedra y al lugar llamándolo “Bethel” (Casa de Dios), es un ejemplo de lugar hierofánico. (Cfr. Génesis 23, 12 y 19).

Todos estos lugares son periódicamente consagrados sobre todo cuando sobre ellos ha caído alguna suerte de profanación. Estos rituales, como los de origen de ese espacio, habrían sido una reproducción de la obra realizada “ab origine”, por los dioses.

Este eje, “axis mundi”, provoca el continuo rito de recreación, sirviendo de sostén a la “altura” donde moran las divinidades. Por eso cuando un hombre de la antigüedad revela estar en el centro del mundo, señala las significaciones de este espacio hacia arriba del que él en ese momento participa en forma total. Hacia abajo del “axis mundi” estarán los infiernos, el mundo de los que han muerto y en el medio del mismo, el suelo habitado por los hombres, la tierra.

¿Acaso habría mucha diferencia entre esta construcción espacial y la postulada por el Psicoanálisis como estructura psíquica?

Estos centros del mundo, se expresarán por medio de árboles, pilares, columnas, así también como montañas determinadas de las que múltiples culturas nos hablan, el Walhalla, el Olimpo, el Sinaí, el Ararat y otros de no menor importancia en la geografía del mundo.

Este centro de la tierra recibe además otro nombre: “ombligo de la tierra”, el lugar de donde y a partir del cual, el mundo fue creado.

Lugares en donde, además, se habrían escuchado las voces de los dioses por primera vez. Lugar de lo “Real”.

EL MITO EN LA HISTORIA

Como hemos señalado anteriormente, diferentes fueron las viscisitudes que a lo largo de la historia del conocimiento humano, siguió el mito.

Para Platón, en los relatos míticos se encontraría una verdad singular, válida, de la que no se puede dudar; relatos que desarrolaríanse entre un aquí y un más allá, entre la esfera de lo divino y la esfera de lo humano.

Del mito, se hablará siempre teniendo en cuenta la estructura simbólica que los mismos presenten, de tal modo que encontraremos en el relato de “El Banquete”, que Diótima hace respecto de Eros (nacido de ese abrazo entre Poros, el recurso y Penia, la pobreza), esa personificación de lo abstracto. Esta vez bajo la forma de la alegoría. La verdadera historia mítica, según el concepto de Platón, no hablará solamente de algo indudablemente real, aún cuando ésto se puede seguir mostrando inalcanzable para la aprehensión intelectual.

Cuando discurre Aristófanes, el primero en abrir la dimensión de lo mítico en “El Banquete”, ya que para poder decir lo que en el fondo significará Eros, será necesario saber de qué se trata al decir naturaleza humana, y sobre todo saber qué ocurre con todo lo pasional y los orígenes del hombre, su discurso evocará a lo mítico con esos seres perfectos y rotundos con formas de esfera que para la concepción antigua era la más perfecta de todas las formas conocidas; seres éstos que por orgullo habían sido castigados por los dioses, perdiendo su condición de perfectos. He aquí el hombre dividido y privado de sus formas originales, siendo así cortados en dos mitades “como se corta un huevo con una crin de caballo”.

Aristófanes continúa asegurando que la pérdida de esta forma original no sólo habría afectado a aquellos hombres culpables, sino también a todos los hombres. De tal modo que se trató de una culpa original y hereditaria. El que heredará este castigo es el hombre histórico.

De este modo, expresándose por boca de otros personajes, los de su propio relato, refleja su creencia y convencimiento que el Cosmos y todos los seres han surgido de una acción divina.

"El banquete de Platón" (detalle), por Anselmo Feuerbach (1871)

En la Antigüedad y en la Edad Media, se prestó una atención particular al contenido de los mitos quedando relegado el tema de su realidad y por consiguiente de lo verdadero de los mismos.

Será en el Renacimiento que se abrirá paso a tal problema. A poco, el mito que había caído en cierto descrédito, sobre todo con la persona de Voltaire y la Ilustración en el siglo XVIII, pasó a ser considerado como una verdad histórica desde el momento en que relataban un hecho de tal naturaleza.

Dos autores modernos, Vico y Schelling, volverán a asignar al mito su real importancia. El primero de ellos fundamentará epistemológicamente al mito como una verdad histórica, vinculándolo al modo de pensamiento poético. Será éste también un punto a desarrollar en el presente trabajo. Schelling por su parte estimará a la mitología como una forma de pensamiento en la que aparece revelado lo divino. El Absoluto. Actualmente, tal como veremos en desarrollos posteriores, será considerado el mito como un elemento de singular importancia que nos ilustra sobre la historia de la humanidad. Para Cassirer, el mito será un modo de ser o una forma de la conciencia. La conciencia mítica, la que siendo una forma de la conciencia humana, al estudiar aquella enlazada a los mitos, se esclarece la estructura de esta última.

Piepper nos cita que:

“Todos los seres mortales, todo cuanto crece sobre la tierra, desde una semilla o raíz, incluso todas las cosas inanimadas, armoniosas o no armoniosas, que se forman sobre la tierra, todo ello ha surgido por la fuerza demiúrgica de Dios y ha brotado por arte divino” (Sofista, 265 c.2). Son sin excepción obras de producción divina (Op. cit. 266 c.5). Sabemos que nosotros mismos y los demás seres vivientes y todo cuanto ha sido hecho y está formado por fuego, agua y demás, somos productos de Dios (Op. cit. 266 c.4).

El Timeo relata que “existe un hacedor y padre de todo esto” (Timeo 28, c.3/4 - “fundador y ordenador” (Idem 29, c.1) “padre generador” (Idem 37, c.7).

Además el Cosmos, tiene necesariamente la naturaleza ontológica del “eikon” (de la imagen de algo) - (Timeo 29, b.1-2), de algo que permanece igual a sí mismo (Id. 28 a, 6-7) y que es eterno (Id. 29, a, 2-3)”

Este autor, es el que nos señala que el origen de los mitos es el alma. Mitos que son narrados en un lenguaje humano, pronunciado por el hombre para dar cuenta de todas las cosas relativas a lo divino. Encontrando en la Teodicea de Platón esta singular afirmación: “El alma se representa a un reino del más allá, con ordenaciones judiciales y con leyes eternas”, y sabiendo que el origen de cualquier mito aparece escondido bajo la figura del anonimato, si los antiguos hubieran sabido del inconciente, existe la posibilidad de que lo hubieran nombrado desde tal lugar. “En cualquier caso los antiguos, no son los creadores del mito. Ellos no aportan nada propio, sino que transmiten el mensaje recibido. Éste, a su vez es un “don de los dioses a los hombres” (theon eis anthropous dosis) - (Platón, Filebo 16 c,5-6)”

Para Piepper el mito será una “historia divina” (...) La divinidad sería el único objeto del mito, (...), siendo la palabra “mythos”, palabra, discurso, comunicación, proverbio, palabra pensada y no pronunciada en el sentido de plan o proyecto. En sentido más restringido, será historia, relato, saga, fábula (...)” (J. Piepper - 1978)

Como hemos señalado con anterioridad, el mito fue estudiado e interpretado desde diferentes perspectivas, así hace más de un siglo, Schiller sugería leer lo mítico en su sentido literal, sin tratar de sobreentender nada más. Gusdorf retomará este concepto como punto de partida para señalar al mito como una forma particular de “ser en el mundo”, característica del hombre “primitivo” para quien, según este autor, habría un solo tipo de realidad, la mítica, la que sería además de única, verdadera. Toda la realidad habría sido internalizada desde ese tipo de pensar, de sentir y de actuar. Al romperse la horizontalidad y la igualdad de la prenaturaleza humana, con el acto de nacimiento de éste, el mito se colocaría en el lugar de esa ruptura, con lo que indicaría una y otra vez su reintegración, asegurando de este modo, la continuidad de la vida y al mismo tiempo el conjuro de esa angustia fundamental que origina el destino mortal del hombre.

El mito para esta línea de pensamiento sería una forma de ser en el mundo que al mismo tiempo conduce a aprehender los seres y las cosas sin condicionamiento previo, sin categorizaciones anteriores.

EL MITO COMO ESTRUCTURA

Al entrar en el estudio que Levi-Strauss realiza de los mitos encontraremos las siguientes referencias:

“(...), algunos pretenden que cada sociedad exprese en sus mitos sentimientos fundamentales tales como el amor, el odio o la venganza, comunes a la humanidad entera. Para otro los mitos, constituyen tentativas de explicación de fenómenos difícilmente comprensibles (...), la mitología es a veces considerada un reflejo de la estructura social y de las relaciones sociales. Y si la observación contradice la hipótesis, se insinuará al punto que el objeto propio de los mitos, es el de ofrecer una derivación a sentimientos reales pero reprimidos”.

Interesante es esta reflexión en el pensamiento de Levi-Strauss, la que de hecho hace referencia al concepto de inconciente a partir de significantes tales como, sentimientos, derivación, “real” y represión, aún cuando este concepto varíe respecto del propuesto y desarrollado por Freud.

Prosigue Levi-Strauss diciendo: “Reconozcamos más bien que el estudio de los mitos nos conduce a comprobaciones contradictorias. En un mito todo puede suceder, parecería que la sucesión de los acontecimientos no está subordinada a ninguna regla lógica o de continuidad (...) Y sin embargo, estos mitos, en apariencia arbitrarios, se reproducen con los mismos caracteres y asumiendo con los mismos detalles en diversas regiones del mundo. De donde surge el problema: si el contenido del mito es enteramente contingente ¿cómo puede comprenderse que de un extremo a otro de la tierra los mitos se parezcan tanto?” . (L. Strauss - 1980)

Claude Levi Strauss

Obvio será que el tomar conciencia de esta antinomia fundamental que aparece insertada en la misma naturaleza mítica, contradicción que encontraremos aún hasta en los relatos míticos más elaborados, se nos hará claro que el mito esta inmerso en el lenguaje y que aún va mucho más allá de éste. Aquellos mitos que hablan de “antes de que el mundo fuera creado”, “in illo témpore”, “hace mucho tiempo”, etc. etc., de esos acontecimientos primordiales, aparecen contínuamente en nuestro habla habitual formando una estructura permanente que se refiere no sólo al pasado, sino también al presente y se dirigen hacia el futuro.

Al utilizar el lenguaje, el mito hace uso de él con un otro nivel de abstracción, más elevado que el común.

Para la línea de trabajo propuesta por el estructuralismo, los mitos tendrán sentido, dependiendo éste de la forma en que los elementos que la constituyen aparezcan combinados. El mito además utilizará nuestro lenguaje pero, abriéndolo hacia otra dimensión, la que por otra parte le es específica.

El mito, estará así entonces formado por “mitemas”, unidades constitutivas que de hecho implican la presencia de aquellas otras que intervienen en la estructura del habla. Estos mitemas también estarán interrelacionados adquiriendo una función significante. De este modo se pueden componer grupos de mitemas que aparecen con un cierto orden de repetición en todo relato mítico como aquel que hace Levi-Strauss en la familia de los Lábdacos:

1 - Cadmo busca a su hermana Europa, raptada por Zeus.

Edipo se casa con Yocasta, su madre.

Antígona entierra a Polínices, su hermano, violando la prohibición de su tío Creonte, entonces rey de Tebas.

2 - Los espartanos se exterminan mutuamente.

Edipo mata a su padre, Layo, rey de Tebas.

Etéocles mata a su hermano Polínices (y viceversa).

3 - Cadmo mata al dragón.

Edipo vence a la Esfinge. Esta se elimina.

4 - Labdaco, padre de Layo (¿cojo?)

Layo, padre de Edipo (¿torcido?)

Edipo, (¿pie hinchado?)

Independiente del análisis que pueda realizarse desde otros puntos de vista, se puede leer en el cuadro anterior, aquellos temas que en lo mítico se reitera constantemente: parricidio, fraticidio, incesto, monstruosidad. Es decir, Deseo, Ley y Muerte.

Por medio del análisis estructural de los mitos, se puede llegar a ordenar todas las variantes conocidas del mismo en una determinada cantidad de series, en las que mediante ciertas operaciones lógicas, puede llegar a darse cuenta de la estructura básica del pensamiento que organizó tal relato mitológico.

EL PSICOANALISIS

El intento de realizar una lectura del mito por intermedio del Psicoanálisis, fue posible gracias a que este método de investigación sostiene en su interior un constante principio de inquietud que le permite realizar sucesivas reformulaciones de todos aquellos temas que ya parecerían haber estado fuera de toda discusión posible.

Si entre otras tareas, el Psicoanálisis haría que lo inconciente se manifieste, hable, tratando de descentrar a ese texto cerrado (texto como tejido, urdimbre), que se defiende y sostiene sus contenidos en los modos que observamos en todos los análisis, siempre en una región de suspenso, ¿por qué no preguntarle a esta ciencia sobre aquello vinculado al origen de una producción humana tan significativa y profunda como el mito?

Porque la mayoría de los mitos, encierran temas tan fundamentales como el Deseo, la Ley y la Muerte que también aparecen en la trayectoria que el Psicoanálisis, como ciencia conjetural, descubre en sus investigaciones, ya efectuadas desde y en el hombre mismo como paciente, ya en sus desarrollos sobre las producciones de éste.

¿Acaso el Psicoanálisis no “fuerza” a una ley, la del lenguaje, ese lenguaje de un Otro (al decir lacaniano), para recobrar lo que esta ley mantiene entrerrejado? ¿Acaso el desciframiento de los sueños, no es también una desmitologización de esas leyendas magníficas o terribles en las que somos uno y todos esos personajes disfrazados del lo que nuestro deseo, impone?

¿Estos recorridos por el Deseo, la Ley (siempre del Padre), y la Muerte, acaso no nos permitirían acceder a ese otro saber que el acontecimiento mítico contiene celosamente y en los cuales, el hombre revela que son algo más que meras preocupaciones cotidianas?

El mito de algún modo, intentaría atrapar algo de un saber que siempre se le escapa, de ahí que la lectura psicoanalítica nos acercaría a ese efecto producido por la huella que permanece atrapada en todos los textos mitológicos. Huella en la que se descubre la imagen del hombre y su relación con esa otra imagen inefable que representan a la divinidad y su sociedad. Como incluiría el Psicoanálisis al hombre que conoce, sino haciéndose como “Al hombre con esta muerte que trabaja en su sufrimiento; este Deseo que ha perdido su objeto y este lenguaje por el cual y a través del cual se articula silenciosamente su Ley” (M. Foucault - 1984)

El acercamiento a las fuentes psicoanalíticas del mito nos permitirá además reconocer en él a las grandes pasiones del alma, las que incluídas en los relatos míticos, dirían en su particular estilo, de aquellas percepciones primeras de la humanidad, a las que se añadieron con posterioridad, tal como en los sueños, otras fantasías que de hecho los han enriquecido (aún a pesar de cierta deformación), pero que no han hecho desaparecer los mitemas originales.

Si éstos se nos presentan tan extraños, permaneciendo como un “ombligo del sueño”, tan cerrados para su adentro como lo fueron en un tiempo los jeroglíficos, es posible que sea por esa pertenencia que desde su origen marca el sello de lo “Real”. Sello que estaría impreso también en los relatos míticos a aquellos que se refiere en “Poeta y Fantasía” cuando señala que “(...) es muy probable que correspondan a residuos deformados de fantasías optativas de naciones enteras (...)” (S. Freud - 1948)

De este vínculo entre sueño, fantasía y mito volveremos ciertamente más adelante.

¿Acaso, no podrá ser el mito un relato que al mismo tiempo que condense “esencialidades”, al nombrarlas, nos indique el camino para acceder a un origen encerrado en la Palabra?

Jorge Garzarelli es doctor en Psicología por la Universidad del Salvador. Profesor Titular de la Cátedra de "Psicología de la Religión" en dicha casa de estudios. Desarrolla múltiples actividades académicas, además de ejercer como analista en la práctica privada. Su tesis doctoral, de la cual el texto reproducido forma parte, se titula: "El mito: acerca de su producción en el inconsciente" (1987). Es autor, además, de los libros "Psicosociología del Turismo" y "Psicología del Deporte".