domingo, 16 de septiembre de 2018

Quinto encuentro: "Mesa Redonda Mitológica" (JCF)

Sábado 15 de Septiembre
"Mesa Redonda Mitológica" de la Joseph Campbell Foundation (Grupo Buenos Aires).

Recibimos la generosa visita del Dr. Néstor Eduardo Costa (presidente de AFIPA), quien vino a hablarnos sobre "El amor en los mitos y en la vida". AFIPA es, en nuestro medio, una de las instituciones más recomendables en formación, docencia e investigación en psicología junguiana, atenta a la conservación del legado y la difusión del pensamiento del sabio de Zurich. Enorme agradecimiento al Dr. Costa por acercarse a compartir sus conocimientos y vasta experiencia clínica con nosotros.

Durante la primer hora del encuentro, dedicamos un rato a compartir la ponencia presentada en el XII Congreso Argentino de Salud Mental ("Perseguido por las Furias: psicosis y mitología").

Gracias a todos los que participaron!

Próxima Mesa Redonda: sábado 27 de Octubre. 16 a 19hs. Vamos a recibir la visita del Dr. Alejandro Parra, quien expondrá sobre el tema: "Sueños y Mitología".





viernes, 14 de septiembre de 2018

Perseguido por las Furias: psicosis y mitología

Pintura: William Adolphe Bourguereau


"Perseguido por las furias: psicosis y mitología", por Lic. Juan Manuel Otero Barrigón*

El mito es un tipo particular de lenguaje que posibilita el despliegue de Sentido.
Supone una narrativa impersonal, colectiva y milenaria, que se remonta a los Fundamentos, dando cuenta del lugar que el ser humano ocupa en el cosmos, en la naturaleza, y en la sociedad en la que vive.

Los mitos no son la infancia de la humanidad, lo cual supondría que se tratan de aproximaciones primitivas, ingenuas y hasta incluso mágicas, a fin de garantizar una primera, y aproximativa, comprensión del mundo.

Constituyen, ante todo, una vera narratio, narración verídica de lo real; esto último no en un sentido histórico o biográfico, ya que no es esa su razón de ser, sino en sus funciones metafísicas, cosmológicas, sociológicas y psicológicas (Campbell, 2014). Lo que supone, que los relatos míticos, pretenden, por un lado, reconciliar a la consciencia con las demandas de la propia existencia (función metafísica), ofrecer una imagen del cosmos, que nos evoque y consolide la experiencia del misterio (función cosmológica), validar y mantener una cierta cohesión social que garantice la unidad (función sociológica), y por último, acompañar a los individuos, a lo largo del periplo de su vida, esto es, a través de los distintos estadios de nacimiento, juventud, madurez, vejez, y muerte.

En un sentido psicodinámico, el mito, en tanto emergente frente a la inicial desprotección y desvalimiento humanos, se nos presenta como un exitoso intento de significar aquello no simbolizado (Corra, 2002).

Dado que los relatos míticos tienen consecuencias “morales”, eternizan las grandes y perennes categorías de la angustia. Amor, Odio, Vida, Muerte.

C.G.Jung (1977) señalaba la existencia, tanto en el hombre como en las sociedades que este conforma, de una capacidad mitopoyética (creadora de mitos) natural, que al perderse, produce enfermedades psicológicas (etimológicamente, enfermedades del alma), empujando a la elaboración de mitos sociales o individuales patológicos.

Es así, que en esta reflexión, nos centraremos concretamente en la relaciones del mito con las psicosis, tomando como insignia sobre todo a la esquizofrenia.

En “Orestes”, la célebre tragedia de Eurípides, se nos narra un caso arquetípico que muchos exégetas consideran ilustrativo de la expresión mitológica de esta patología. El protagonista, hijo de Agamenón y Clitemnestra, mata a su madre, con el fin de vengar la muerte de su padre, a quien su esposa había hecho asesinar. En el relato homérico, por esta venganza feroz, Orestes se cubre de gloria. El matricidio es considerado como un justo castigo frente a la ofensa inflingida. Bajo el imperio de la ley del Talión, los dioses no persiguen al homicida, ya que ha actuado conforme a la debida justicia. Sin embargo, posteriormente, el poeta trágico de Salamina, introduce su potente variante al relato. Ya que matar a la propia madre pasa a constituir un atávico tabú, Orestes es perseguido por. las Furias, antiguas diosas femeninas, que como voces tremendas de la conciencia, existían para castigar toda clase de crímenes. Así, comienzan a acosar al joven, quien profundamente atormentado, y ya instalado en la psicosis, emprende un largo viaje en procura del olvido, en el mito eterno de la Locura.

A diferencia de la psicodinámica inherente a los cuadros psicóticos, el mito no responde en su esencia a una necesidad individual restitutiva, sino que se nos presenta, desde sus mismos inicios, como un relato compartido. Aspecto este último, que destacará la corriente funcionalista de hermenéutica mítica, al valorar la función social que los relatos mitológicos cumplen en la vida cotidiana de la sociedad que los concibe. Esto significa que, a nivel popular, las narraciones mitológicas proporcionan una narrativa asimilable, aceptada por los miembros del grupo, que les permite imprimir validez a los usos, costumbres y normas de convivencia compartidas por todos.

El psicótico, expresa el maestro. Jorge G. Garzarelli (1982), enuncia un “automito”, encerrado en su propio perímetro existencial. De contenido sombrío, cercenado en su acceso pleno al registro simbólico, desarrolla un relato propio del cual los demás permanecen excluidos. Frente a la pérdida de sentido de la realidad, la alucinación y el delirio se erigen como última frontera ante la amenaza de desintegración. De esta manera, el mito se transmuta para devenir en una producción alienada de sus referentes sociales, aunque en esencia permanezcan las raíces que lo conducen a su fondo impersonal y hundido en las profundidades colectivas de la psique.

En las psicosis, el discurso mítico responde a un intento desesperado de autorregulación, fruto de la disrupción en el intercambio dialógico entre el Yo y el Sí Mismo, como arquetipo central del psiquismo. La psicosis evidencia, en nomenclatura jungiana, un fenómeno de splitting o disociación extrema de los complejos, que en las neurosis, permanecen sólo relativamente autónomos. En la psicosis, dichos complejos se nos presentan totalmente desconectados de la conciencia. C.G.Jung consideraba que muchas psicosis, y entre ellas especialmente la esquizofrénica, revelaban una instancia yoica demasiado débil para resistir el embate de los contenidos inconscientes (Sharp, 1994).

Así, en su obra “La psicogénesis de las enfermedades mentales” (1990), postula conceptos que son relevantes para nuestra reflexión en torno a las relaciones entre psicosis y discurso mítico. De esta manera nos dice: “(En la esquizofrenia), las figuras divididas asumen nombres y caracteres banales, grotescos o altamente exagerados, y a menudo son objetables de muchas otras maneras. Además, no cooperan con la conciencia del paciente. No tienen tacto ni respetan los valores sentimentales. Al contrario, irrumpen y perturban en cualquier momento, atormentan al ego de mil maneras; todas son objetables y chocantes, ya sea por su conducta ruidosa e impertinente o por su grotesca crueldad y obscenidad. Hay un perceptible caos de visiones, voces y caracteres incoherentes, todos de naturaleza abrumadoramente extraña e incomprensible”.

Como podemos ver, para C.G.Jung, las producciones del psicótico, y entre ellas las elaboraciones de tipo mitológico, no posibilitan conciliar el caos interior que experimenta el padeciente, sino que por el contrario, se presentan modeladas por ese mismo caos, en un intento infructuoso de restitución.

La palabra delirio, que como sabemos, proviene del latín delirare, nos remite a esa idea metafórica expresada por la imagen de alguien que “se sale del surco al labrar la tierra”. A su vez, la etimología de la palabra Mística nos hace referencia a aquello que permanece “secreto, guardado”. “Misto” era, en la antigüedad, quien había sido iniciado en el conocimiento esotérico de las cosas divinas, comprometiéndose a guardar silencio acerca de ese conocimiento que le había sido revelado. De ahí también los cultos mistéricos del pasado, como los de Eleusis y los de Dioniso, en los cuales confluían, desde sus mismos orígenes, creencias religiosas y antiguas tradiciones míticas.
Un viejo aforismo psicoespiritual señala que la diferencia alegórica entre el derrumbe psicótico y la experiencia mística auténtica, a la cual la percepción mítica de la existencia podía conducir, está en que el psicótico se ahoga en las mismas aguas en las que el místico nada.

Destaquemos, asimismo, otra diferencia fundamental entre la producción mítica y las manifestaciones psicóticas. Esta la encontramos en la ausencia, en las primeras, de la convicción delirante que es propia de estos cuadros clínicos. Como refiere el doctor Gustavo Corra (2002), “en los mitos no hay convicción, hay fe”. Esta última es innecesaria para el psicótico, quien en su certeza ha sustituido la confianza básica en la verdad espiritual de los relatos, por la fortaleza inexpugnable que supone estar en posesión material de un conocimiento directo, sin fisuras.

Este aspecto recién señalado es importante, por cuanto resulta clave para el adecuado diagnóstico diferencial entre la experiencia religiosa y mítica normal, y el delirio con contenido mitológico. Así, podemos ver, que el aspecto clave de dicha distinción es el modo en cómo se sostiene la creencia y qué evidencia se proporciona para confirmarla (Pérez Urdaniz & Santos & Bermejo Saiz, 2012).

El famoso historiador rumano de las religiones, Mircea Eliade (1952), planteaba que los relatos mitológicos nos remiten a sucesos lejanos, acaecidos en un pasado remoto, y por eso mismo fundantes. Para ilustrar este concepto, apelaba a la conocida locución latina “in illio tempore”. Esta noción supone una clara delimitación temporal, permitiéndonos distinguir, cuando menos, pasado y presente. Planteo, este, fundamental en la fenomenología de la religión, ya que constituye la base remota que separa nuestro mundo profano del mundo concebido como sagrado para los creyentes.

Esta distinción, esencial en el universo mitológico/religioso, se problematiza en las psicosis, dadas las alteraciones que el psicótico experimenta en relación a su vivencia y percepción del tiempo. Estudios como el realizado recientemente en la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz (2017), sugieren que hay mucha más variación en la forma en que un intervalo de tiempo es percibido por personas con esquizofrenia, que por aquellas personas que no sufren tal condición. Esto implica que “el reloj interno en pacientes que sufren de esquizofrenia no necesariamente se ejecuta más rápido o más lento que en individuos sanos, sino más bien que no se ejecuta a una velocidad constante”. Y si bien dicho estudio sugiere la posibilidad de que los problemas en percibir secuencias cronológicas también podrían estar relacionados con déficits cognitivos fundamentales (y no con la forma general de percibir el tiempo), la suposición apunta a indicar que la esquizofrenia interrumpe las operaciones de procesamiento, de modo que la transferencia de información a nivel biológico queda desfasada, fuera de ritmo. Esto podría servirnos para entender la irrelevancia que el tiempo cronológico, es decir, profano, tiene para muchos psicóticos esquizofrénicos, y como contracara, la preponderancia que la atemporalidad propia del inconsciente, y del mismo espíritu de los relatos mitológicos, adquiere para estas personas, en las cuales la percepción del infinito parece hacerse mayor, y sobrecogedora.

Las distinciones antes planteadas no debieran llevarnos a perder de vista que, la conexión entre mitos y delirios psicóticos es importante, en tanto mucho del contenido delirante es, precisamente, de carácter mitológico. Los pacientes psicóticos, y especialmente los delirantes, suelen demostrar, tal como se ocupó en señalar Juan José López Ibor (2012), grandes preocupaciones por el sentido de la vida y la razón de ser de la naturaleza, al igual que los mitos. La esquizofrenia es, en ese sentido, la patología “religiosa” por antonomasia. El paciente delirante elabora mundos fantásticos, otorgando nuevos significados que se convierten en visiones reveladoras tanto sobre los orígenes, como sobre las cosas últimas de la vida.

Ahora bien, se nos impone la necesidad de cerrar este breve esbozo sobre las relaciones entre psicosis y mitología no sin antes señalar el imprescindible aporte del psiquiatra español Ramón Sarró, quien consagró buena parte de su obra a la exploración global del proceso psicótico, y en especial, del esquizofrénico. Partiendo de un abordaje mítico fenomenológico, realizó profundos estudios de los temas recurrentes de la esquizofrenia, a los cuales, y tomando prestado el concepto inaugurado por el mitólogo Karl Kerenyi en 1949, denominó mitologemas o deliremas. Sarró propuso que la temática predominante de los delirios esquizofrénicos es de naturaleza mítico religiosa, pese a que la religiosidad del paciente , como señalaramos arriba, es pseudomística.

Sarró (1972) enriqueció enormemente el acercamiento fenomenológico a los delirios, proponiendo la presencia de una veintena de temas delirantes en la psicosis, entre los cuales, encontramos la mesianicidad (es decir, “Yo soy el Elegido”), la metamorfosis de la corporeidad (recordemos las continuas transformaciones del dios Zeus), la expansión y retracción del espacio-tiempo, la hostilidad universal, la cosmología (creación de nuevos y originales mundos), y el denominado Intelectus Archetypus, esto es, la presencia de percepciones y facultades nuevas, paranormales.

Basado en las intuiciones y elaboraciones de Jung, Sarró planteó que inicialmente, el fracaso del yo esquizofrénico conlleva una desintegración del psiquismo que permite el auge del arquetipo de la Sombra, es decir, de la dimensión oscura de la personalidad. Al principio, la Sombra es proyectada al exterior, atribuyendo la responsabilidad del fracaso a los demás; pero, en un segundo momento, la Sombra ya no es sólo proyectada, sino también vivenciada, lo cual significa que es tramitada internamente como percepción de la desintegración física y psicológica. En un tercer momento, y frente a la disolución del “yo”, emerge el arquetipo del Renacimiento. Siendo este, entendido no como un renacer a la integración de la personalidad en sentido de su individuación (un “ser quien realmente se es”), sino como la convicción de haber muerto y vuelto a renacer repetidas veces, dentro de un ciclo de creación y destrucción a escala sobrehumana que acontece en el delirio del psicótico, y que involucra al universo todo.

Para concluir, es importante volver a destacar que la distinción entre experiencias religiosas o míticas saludables, de aquellas otras que se imbrican con cuadros de tipo psicótico, es fundamental, para cuya diferenciación resultará necesario un profundo conocimiento de ambas, eludiendo los acercamientos reduccionistas.

Por otra parte, y si como sugería Jung, “lo que el hombre es desde el punto de vista de lo eterno solo se puede expresar mediante un mito” (2016), la comprensión de los fundamentos del tesoro mitológico de la humanidad adquiere una especial relevancia, cuyo fin apunta directamente al corazón de ese misterio que nos constituye como seres humanos.

Comprensión la cual, no podrá reducirse a lo meramente intelectual, ya que lo mítico, ante todo, debe ser transitado en el terreno de la “Vivencia”, como un profundo ítem y formación del inconsciente, tanto individual como colectivo.

Noción de totalidad, que para alcanzarse, debe comprometer la participación activa de la consciencia y la voluntad, que estando dentro de la órbita del Yo, son la sede tanto de la creencia como de la posibilidad de su plasmación en formas socialmente valoradas.

La intrusión de esos extraños contenidos que surgen de las profundidades del inconsciente, y mediante los cuales el psicótico “busca suavizar la dura realidad”, son, como hemos visto, formas de defenderse frente a la amenaza de destrucción, pero proveen, al mismo tiempo, una considerable riqueza de símbolos colectivos, los cuales se nos revelan constituyentes de la estructura básica de la personalidad.

Personalidad la cual, en su progresivo viaje hacia la individuación, tiene como fin poder vivir conscientemente, desde su centro, a partir de un drama que se desarrolla en el inconsciente, como parte del proceso natural de la psique (Godoy, 2016).

Un viaje que, para el psicótico, se desenvuelve en el interior de un valle de sombras sin salida aparente, pero en cuyo transitar, él cree abrazar la luz.

*Este escrito fue presentado originalmente en el XII Congreso de Salud Mental de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM, Agosto 2018) y está incluido en el libro "Locura y alienación", editado por la misma Asociación. 




Bibliografía:

- Campbell, Joseph. En busca de la felicidad. Editorial Kairós, Barcelona, 2014.

- Corra, Gustavo. Mito y psicoanálisis. Ponencia en el XXIV Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, Montevideo, Uruguay, 2002. Recuperado de: http://fepal.org/images/congreso2002/m-corra.pdf

- Costa, Néstor. Jung, un mundo de imágenes y símbolos. Editorial Centro Editor Argentino, Buenos Aires, 2000.

- Eliade, Mircea. El mito del eterno retorno. Emecé Editores, Buenos Aires, 1952.

- Eurípides. Orestes. Editorial Losada, Barcelona, 2008.

- Garzarelli, Jorge G. El mito: acerca de su producción en el inconciente. Tesis Doctoral (USAL). Recuperado de: http://racimo.usal.edu.ar/29/

- Godoy, Susana. El camino del héroe. Editorial Dunken, Buenos Aires, 2016.

- Jung CG. Modern man in search of a soul. Nueva York: Harvest, 1977.

- Jung CG. El contenido de las psicosis: psicogénesis de las enfermedades mentales. Editorial Paidós Ibérica, Barcelona, 1990.

- Jung, Carl Gustav. Obras Completas. Editorial Trotta, Madrid, 2016.

- López Ibor, J.J & López Ibor, M. Experiencia religiosa y psicopatología. Actas españolas de Psiquiatría, 2012;40(Supl. 2):104-10.

- Pérez Urdániz, A & Santos, J.M & Bermejo Saiz, B. Mitos y delirios: una reivindicación de Sarró. Actas españolas de Psiquiatría, 2012; 40(Supl. 2):119-25.

- Sarró R, Alberni J, Fábregas JL, Torres J y Trujillo A. Análisis mitologemático de los delirios esquizoparafrénicos (I y II). Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latina. 1972;10(6):298-390.

- Sarró R, Alberni J, Fàbregas JL, Torres J y Trujillo A. Análisis mitologemático en los delirios esquizoparafrénicos (II parte). Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latina. 1972;10(7):363-90.

- Sharp, Daryl. Léxicon Jungiano. Editorial Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1994.

- S. Thoenes & D. Oberfeld, Meta-analysis of time perception and temporal processing in schizophrenia: Differential effects on precision and accuracy, Clinical Psychology Review 54, 44-64, 29 March 2017,
 


sábado, 1 de septiembre de 2018

Creencias

Tapa del álbum "In the Wake of Poseidon", de King Crimson

Creo 
en el destino de los pueblos,
su arraigo en la historia,
las conquistas populares de soberanía, 
la batalla contra el sentido común,
el inconsciente colectivo,
la necesidad de lo sagrado,
la pedagogía de los mitos.

Juan Manuel Otero Barrigón
-Psicólogo de la Religión-

domingo, 26 de agosto de 2018

"Lo religioso" en The Beatles


"Lo religioso" en The Beatles, por Rubentzio*

“Señor Lennon” – preguntó un periodista en una rueda de prensa en Chicago – “¿son todos los Beatles cristianos? Tras una breve pausa, John comenzó a hablar: “Todos hemos crecido…”. Cuando de repente cambió la frase, para referirse sólo a sí mismo: “No soy un cristiano practicante, como crecí, pero no tengo ideas que no sean cristianas”. Lo que Lennon estaba a punto de decir es que “crecieron como cristianos” o “en la iglesia”. Algo sin lo cual no podemos entender el “evangelio según los Beatles”

Lennon nunca tuvo miedo de hablar de su educación religiosa. Días después de esas declaraciones, John le dijo a Leroy Aarons del Washington Post que su educación fue “normal en la Iglesia de Inglaterra, yendo a la escuela dominical y a la iglesia”. La posible razón de su vacilación fue que aunque los cuatro Beatles habían sido bautizados de niños –él y Ringo como anglicanos (Iglesia de Inglaterra), Paul y George como católicos–, sólo él podía decir que había “crecido” en la iglesia. El resto de ellos tuvieron periodos de contacto con la religión organizada, pero no tuvieron coacción familiar alguna, para seguir el camino cristiano.

Paul y George eran hijos de católicos, casados con agnósticos de origen protestante. Se criaron en casas, donde la religión no tenía ninguna importancia. Sus padres eran trabajadores del norte de Inglaterra, que veían la Iglesia como un instrumento de poder de los ricos.

La madre de Ringo perteneció sin embargo un tiempo a la Orden de Orange, una organización protestante con mucha influencia en Irlanda del norte. La iglesia anglicana, donde iba a la escuela dominical (St. Silas en la calle High Park de Toxteth Park), era de orientación evangélica (el edificio se demolió, cuando cerró en 1952). Aunque “iba allí, porque era un sitio donde podía jugar con bloques y pintar” – dice Ringo, que se unió luego al coro de la iglesia, porque “pagaban bien” –.

Aunque varió su educación religiosa, todos perdieron el interés en la iglesia al llegar a la adolescencia. Ninguno de sus padres era particularmente religioso. Creían que la iglesia era para la gente mayor (que necesitaba consuelo), mujeres (que buscan ayuda emocional) y niños (que necesitan dirección). John se muestra sin embargo particularmente irritado, cuando habla de religión. Ya que él pasó más tiempo en la iglesia que ningún otro Beatle


LA TEOLOGÍA DEL ESPAÑOLITO DE LENNON

En su libro de 1965, Un españolito en obras (que acaba de ser editado en castellano por Global Rythm), Lennon parodia el programa Epílogo, un espacio religioso que había en la radio por la noche. En su sketch, un clérigo comienza diciendo que alguien le preguntó recientemente qué era el pecado. “Y sabes, ¡no pude contestarle!”, dice. Su reticencia es característica de una época en que los religiosos ya no saben lo que creen, o tienen miedo de no parecer modernos.

“Deshazte de las posesiones de tu mente, dijo Buda” citó John cuando un periodista lo cuestiono acerca de su canción “Imagine” o “Imagina” en español

El clérigo de Lennon entrevista entonces a un africano, que pregunta por qué –si Dios es un Dios de amor–, hay tanta pobreza, enfermedad y hambre en el mundo. Incapaz de responder, o no queriendo hacerlo directamente, el vicario ofrece parábolas de hombres que viajan en tren, o absurdas metáforas de gentes que son como plátanos movidos por el viento, “esperando como si fuera, ser pelados por el gran y comprensivo amor”… La parodia de John captura perfectamente la teología evasiva, que prevalece a partir de los años sesenta.

La crítica de George sin embargo de la Iglesia católica, no se basa en su vacuidad, sino en su manipulación. El creía que la gente iba a misa por miedo a la condenación, más que por amor a Dios. Pensaba que ese temor, una vez que es instalado en un niño, es difícil de librarse de él. “Esa es la trampa católica”, dice George – pensando en la máxima jesuita, por la que si la Compañía de Jesús tiene un niño hasta los siete años, será suyo para siempre –. “Te agarran cuando eres joven y te lavan el cerebro, para tenerte el resto de tu vida”.

La hermana de George, Louise, se fue a América en 1965, para ser educada en un convento, pero reaccionó contra su iglesia de un modo similar. “Es cuestión de miedo”, dice. “Cuando éramos lo suficientemente pequeños, para ser gobernados por el temor, hicimos lo que pensamos que sería mejor hacer, si no queríamos freírnos en algún sitio; pero cuando nos hicimos lo suficiente mayores para pensar por nosotros mismos, decidimos que ese no era nuestro dios”. Por eso cuenta que “los dos se alejaron de ello”.


EL AGNOSTICISMO DE PAUL Y RINGO

Llama la atención que McCartney rara vez critica la religión. No, porque fuera más creyente que los demás –“todos somos agnósticos”, dice en 1965–, sino porque no tenía mucha experiencia en el tema. A diferencia de John y George, Paul sentía que no necesitaba la religión, no porque le hubiera decepcionado o se la hubieran impuesto, sino porque no le hacía falta en ese momento. “Puede que la necesite cuando sea mayor, para consolarme cuando muera, pero no ahora”, dice a Maureen Clave en 1963.

Su caracterización negativa de la Iglesia en Eleanor Rigby, no se basa por lo tanto en una experiencia personal. Cuando empezó a escribir esa canción sobre la soledad, pensó en esa historia sobre un cura y una mujer soltera, pero no es un ataque a la religión –le dice a un periodista en la famosa conferencia de prensa sobre Jesús en 1966–. Lo que ocurre es que inconscientemente, es un claro reflejo de su idea de la iglesia como un lugar de solteronas, curas inútiles, bancos vacíos y sermones que ya nadie escucha. Todo muestra una decadencia y un vacío, que concluye con la terrible frase de que “nadie se salvó”.

La precaución de Paul sobre la religión, viene del agnosticismo liberal de su padre, Jim McCartney. Los valores importantes de la vida para él, eran “la tolerancia y moderación en todas las cosas”. Era por eso que ni Paul, ni su hermano Mike, fueron a colegios religiosos, como era costumbre en Liverpool en aquella época. Y a los 14 años, en 1956 deja de asistir a las clases de religión en la escuela secundaria. Aunque como John y Ringo, iba al coro de una iglesia protestante (St. Barnabus, al lado de la glorieta de Penny Lane).

Ringo tampoco era hostil a la iglesia, pero no se muestra tan desinteresado como Paul, simplemente inseguro. Creía que había un poder espiritual que no podía explicar, pero no tenía seguridad que fuera el Dios que le habían enseñado en la Iglesia de Inglaterra. Hasta su agnosticismo en este sentido, parece resultado de un condicionamiento social. “Yo soy agnóstico porque honestamente no sé si hay algo allí arriba, o aquí abajo”, dice en 1965.

LA BÚSQUEDA DE DIOS DE JOHN Y GEORGE

Una de las primeras cosas que Lennon hizo cuando estaba “aclarándose sobre Dios” – como lo describió después –, fue investigar el cristianismo en que había sido educado. Habla de meditar como “adorar en tu propio templo interior” y leyó la Biblia toda su vida. “Crecí como cristiano” – dice poco antes de su muerte, en 1980 –, “pero sólo ahora entiendo algunas de las cosas que Cristo decía en las parábolas”.

La figura de Jesús aparece una y otra vez en el pensamiento de Lennon. “Veía la Biblia como un drama simbólico universal, que se representa cada día delante de nuestros ojos” –dice Frederic Seaman, su asistente personal a finales de los años setenta–. “En particular a John le fascinaba la vida de Jesucristo”. Es como si no pudiera librarse de su influencia, a pesar de ser agnóstico. Volvía a él, una y otra vez…

George –a quien también le gustaba citar a Jesús–, era tan anticatólico, que veía su conversión a la religión oriental como una completa ruptura con el cristianismo. Aunque es curioso que repita continuamente las debilidades del catolicismo, para resaltar lo atractivo del hinduismo. Su principal problema sin embargo con la iglesia –donde había sido bautizado–, es que no era suficientemente espiritual. Una vez tomado el sacramento, vivían como si aquello no fuera verdad…

“Lo que pasa con la religión, es que es algo que te obligan a hacer el domingo por la mañana” –reflexiona Harrison a los 22 años–. “Significa muy poco para la gente, incluso si van a la iglesia, no sienten gran cosa por ello”. Ve la diferencia entre lo que dicen y lo que hacen. “Piensan que después del domingo, pueden seguir haciendo lo que hacían, ¡no cambia la manera en que actúan!”.
En contraste –en su primera visita ala India en 1966–, le impresionó cómo los devotos hindúes incorporaban sus creencias a cada aspecto de su vida. También le llamó la atención la ausencia de culpa por un sentido de pecado. Hay dos cosas sin embargo en el hinduismo, que no pueden sorprender a ningún católico: el poder de las imágenes y la letanía de los rezos. ¿Qué te ayuda a concentrarte en Dios?, le preguntan en 1982. Contesta: “Tener tantas cosas alrededor mío, que me recuerden a él, como incienso e imágenes”.

Aunque no había muchos musulmanes e hindúes en Liverpool en aquella época, el dueño del Casbah Club, donde empezaron a tocar John, Paul y George como los Quarrymen, había nacido en la India. MoBest solía contar historias de Bombay a los chicos, en un local que tenía a la entrada una gran estatua de Buda y un dragón chino en una de las paredes.



UNA RELIGIÓN RESPETABLE

Lennon es sin duda quien más influencia tiene de la religión. Su abuelo era un católico irlandés (no se sabe a ciencia cierta si era 100% catolico o de la denominada Iglesia de Irlanda, que sería la equivalente a la de Inlgaterra; en pocas palabras, anglicana) que se casó con una chica de Liverpool. Tenía incluso un hermano cura, aunque el padre de John es bautizado en la Iglesia anglicana, pero ninguno de su familia iba a la iglesia.

La familia de la madre era sin embargo muy protestante. Su abuelo era de la tradición metodista calvinista de Gales. Al casarse sin embargo su hija con alguien que no iba a la iglesia, la moral de la madre ya no estaba determinada por la religión. Vive con varios hombres, hasta que su hermana Mimi le ofrece cuidar de John, ya que considera que no es una buena educación para él vivir con una pareja que no está casada.

Si la madre de Lennon era moderna y liberal, la tía con la que vive, es todo lo contrario. Mimi era anticuada y estricta. Su religión no estaba sin embargo basada en la prohibición del alcohol o las diversiones –bebía ginebra y jugaba al bridge–, sino en las aspiraciones sociales de alguien que quería pertenecer a una clase media, donde la cultura y la religión jugaban un papel importante. La iglesia anglicana de St. Peter en Woolton –donde Mimi lleva a John–, representa la decencia y corrección, que Lennon va a rechazar finalmente.

La respetabilidad que el cristianismo significa para John, fue unida siempre a la experiencia de haber estado yendo cuatro días a la semana a la iglesia, que era el centro de su vida adolescente. Allí conoce a su primera novia, los futuros miembros de Quarrymen, su primer manager y el amigo de Paul McCartney, Ivan Vaughan. Era la congregación donde iba el obispo de Liverpool. No era particularmente evangélica, pero tampoco anglo-católica. Era la típica iglesia anglicana de aquella época.

En un campo delante de la iglesia de Lennon, actuaron los Quarrymen el verano de 1957. Allí estaba la tumba de Eleanor Rigby, que inspiró la famosa canción de los Beatles. Y en el salón de la iglesia se encontraron John y Paul por primera vez, después de la actuación de los Quarrymen. El pastor era un galés soltero, Pryce Jones, que estudió teología en Londres y era más valorado por su capacidad para levantar fondos, que por su dones de predicación. Era un gran organizador, cuya motivación había convertido la iglesia en el centro de la vida de Woolton.

LA IGLESIA DE LENNON

El grupo de jóvenes de la iglesia de Lennon, tenía como 170 miembros, cuando John se incorporó a los 15 años. Para la escuela dominical se reunían en varias salas de la iglesia. Seguían las Notas Diarias dela Unión Bíblica.“Nos sentábamos y comentábamos el texto del día” –dice David Ashton, que se solía poner al lado de John en el coro. “Hablábamos de lo que significaban las Escrituras”.

El problema es que la mayoría de aquellos chicos asistían, porque eso es lo que querían los padres. Las doctrinas cristianas eran algo abstracto para ellos. Lo que les gustaba es estar con sus amigos. “Ninguno de nosotros era profundamente religioso”, dice otro de aquellos jóvenes, Rod Davis. El director musical de la iglesia, Eric Humpriss, era de hecho ateo. Le encantaba la música religiosa, pero cuestionaba doctrinas cristianas fundamentales. “Pienso que John puede haber sido influenciado por algunas de sus ideas”, dice Ashton.

Para tener una idea de lo vacío y aburrido de los sermones de Pryce Jones, basta leer sus meditaciones en el boletín mensual de la iglesia. En octubre de 1950, el pastor escribe sobre “el deterioro del carácter, la conducta y las normas de las que tantos se quejan”. Se lamenta que “hay una grave falta de sentimiento acerca de por qué no se deber tomar una determinada acción, si nos da placer, aunque no sea moralmente, particularmente respetable”.

Es a esa fe moralista, que John es confirmado “voluntariamente” a los 15 años, dijo Mimi al primer biógrafo de los Beatles, Hunter Davies. Para eso siguió unas clases con el pastor, que seguía el catecismo bastante libremente. Su frase favorita, recuerda David Ashton, era que “el mundo era como un libro ilustrado que nos enseña el amor de Dios”. Le preocupaba más enseñar a los chicos cómo juntar las manos al recibir el pan en la comunión, que entender la doctrina cristiana.

Al llegar así a formar parte de la iglesia, iba a unas clases bíblicas que se daban en una capilla lateral del edificio. Las daba un hombre llamado Jack, “que realmente creía en Dios”, dice Ashton. John había tenido algunas experiencias místicas de niño. Esas alucinaciones le llevaron a pensar que tenía un don especial. Ese es el trasfondo de Strawberry Fields Forever, aunque escoge el hogar infantil del Ejército de Salvación en Woolton, como si fuera el lugar donde tuvo la experiencia.

En un ensayo que hace a principios de los años cincuenta sobre Feuerbach, John dice ya que la religión es una proyección de la naturaleza humana. Paul llegó a una conclusión similar escuchando las discusiones entre católicos y protestantes en Speakers´ Corner, la esquina de Hyde Park en Londres, donde todo tipo de predicadores pueden presentar su religión o filosofía particular.



EL ROCK COMO RELIGIÓN

Las dudas de Lennon sobre la religión que conoció, se unen así a su particular misticismo en una combinación típica del “evangelio según los Beatles”. “La gente tiene la imagen de que yo soy anticristiano o antirreligioso, pero no es así en absoluto” – dice John en 1980 –. “Soy una persona muy religiosa, desde luego que no soy ateo”.

Igual que muchos de su generación, John y sus amigos no tuvieron una crisis de fe, que les hizo abandonarla Iglesia. Simplemente se alejaron de ella, llenando su vida de otras actividades. En ese sentido, la aparición de la televisión en los años cincuenta, vacía más iglesias en Inglaterra que las obras completas de Darwin, Nietzsche, Freud y Bertrand Russell.

Para David Ashton, fue al comenzar a trabajar, cuando rompe con la iglesia. Para Rod Davis, el día que su padre le compró un coche. Para otros amigos de Lennon, fueron las chicas, las que se volvieron más interesantes que las historias dela Biblia. Y para John, fue sin duda el rock´n´roll lo que llegó a su corazón. “Cuando lo oí y me metí en ello, descubrí que eso era la vida” – dice Lennon –. “No hay otra cosa”, recuerda en 1975.

El rock les lleva de Liverpool a Hamburgo. Allí “fuimos bautizados”, dice McCartney en 1997. Su música produce una verdadera conversión. Ocurrió en 1956, cuando John escucha a Elvis en Radio Luxemburgo, cantando Heartbreak Hotel. No había visto nunca su foto, ni sabía de dónde venía esa música. Su tío George acaba de morir de una hemorragia, tras caerse de una escalera. Tenía sólo 52 años. John estaba de vacaciones en Escocia. Y al volver a casa, su tía le dio la noticia. La soledad de la que cantaba Elvis, por ese amor perdido, conmovió a Lennon.

“Nada ocurría en la iglesia”, dice John. Elvis, “es lo que estaba pasando”. En la iglesia, “nada realmente nos tocaba”. El rock´n´roll era “lo único que me llegaba”, recuerda. Si en la iglesia se hablaba de cosas abstractas, “el rock´n´roll era real”. Si en la iglesia se insistía en la necesidad de controlar nuestra mente, para dominar el cuerpo, “el rock´n´roll unía mente y cuerpo por la música”.

Elvis transformó la vida de John de una forma que la religión no pudo hacerlo. “Era mayor que la religión en mi vida”, dice. “Yo adoraba a Elvis, como la gente adoró a los Beatles”. Y cuando su cabeza se llenó de música, dejó de ir a las clases bíblicas de Gibbons. Se acabó su relación con la iglesia de St. Peter. Otro afecto llenó el vacío de una religión moralista, que nada tenía que ofrecer para un espíritu inquieto como el de John. Se convierte así a otro evangelio que el verdadero cristianismo, el “evangelio según los Beatles”.

domingo, 12 de agosto de 2018

Exposición homenaje: Marcelo Mayorga (Invitación)



El 14 de Agosto a las 18,45hs se inaugura una exposición colectiva de Dibujantes Argentinos en Homenaje a Marcelo Mayorga.
Su compañera, la querida artista Marta Temperley, invita a compartir un brindis en su honor.
Curadora del evento Olga Orlando.


viernes, 10 de agosto de 2018

Creonte, Antígona y la soberbia del déspota

"Antígona y Polinices", de Nikiforos Lytras


El diálogo entre Creonte y Antígona es una magnífica pieza de humanidad de Sófocles.
Dos hermanos de Antígona, Eteocles y Polinices luchan por el control de Tebas. En en transcurso de la guerra, mueren los dos debido a lo cual asume la corona de la ciudad el tío de ambos, Creonte. Este decreta que el hermano que defendía la ciudad — Eteocles — sea enterrado con todos los honores, mientras que el atacante — Polinices — sea dejado donde está para ser pasto de las alimañas.
En la cultura griega, el tío estaba condenando al sobrino, su adversario político, a vagar eternamente por la tierra. Antígona decide desobedecer las órdenes de su tío y cubre el cuerpo de su hermano con una capa de tierra. Creonte ordena apresarla. Antígona dice a su tío que ella sabía que el había prohibido esa sepultura.
"No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien".
Antígona enfrenta al déspota... "¿cómo podía alcanzar más gloriosa gloria que enterrando a mi hermano? Todos éstos, te dirían que mi acción les agrada, si el miedo no les tuviera cerrada la boca; pero la tiranía tiene, entre otras muchas ventajas, la de poder hacer y decir lo que le venga en gana".
"De entre todos los cadmeos, este punto de vista es solo tuyo
", dice Creonte.
"Que no, que es el de todos: pero ante ti cierran la boca", responde la sobrina, que enfrenta a la muerte.
"... un enemigo.. ni muerto, será jamás mi amigo", grita Creonte.
"No nací para compartir el odio sino el amor", responde Antígona.

Déspotas y heroínas, ayer y hoy

El diálogo que creó tan magníficamente Sófocles refleja una época.
También se reproduce en estos tiempos y nos permite reflexionar sobre lo que pasa en nuestra tierra y en muchos países.
Hay quienes despóticamente dictan leyes que van contra todos.
Son los poderosos sin límites, que no escuchan a nadie; las leyes que imponen solo sirven para fortalecer su poder y garantizar su impunidad.
Son los que se creen dioses, porque hay quienes temerosamente los aplauden; los adulan quienes temen perder beneficios, dádivas y favores.
El déspota dice defender a todos. Creonte, hoy, diría que defiende a la Nación. Creonte justifica su voluntad de violar el mandato de los dioses en que Polinices había atacado Tebas, la Patria.
El déspota se defiende a si mismo.
¿Hay muchas Antígonas dispuestas a enfrentar al poder, desafiar al poderoso, dar las razones humanitarias que la apoyan?. ¿Hermanas dispuestas a ser castigadas con la máxima pena, que en la literatura era perder la vida?. Ahora será, tal vez, perder el trabajo, perder la vivienda, perder la tranquilidad, y a veces perder la vida.
Estas Antígonas, que sí las hay, no siempre son mujeres; también son hombres dispuestos a defender su verdad, aunque muchos la compartan y callen "hasta que vengan tiempos mejores" y luego aparecen recién invernados a recoger los frutos.

Aplaudidores y aplaudidoras

Mientras Creonte todavía detenta el poder, son héroes aislados, despedidos, insultados, destratados.
Creonte vive, entonces lo aplauden, pero, ¿qué pasará cuando Creonte ya no esté? ¿Qué pasará con sus aplaudidores?
¿Nacerá otro Creonte? ¿O los pueblos aprenderán?
¿Habrá muchas Antígonas? ¿O serán siempre las menos, las que luchan en beneficio de todos, estos todos que luego empujan para quedar en las primeras líneas de los beneficios?.
Antígona sabe que muchos piensan como ella, pero no se anima a hablar. Sabe que hay quienes la apoyan, pero no se animan a decirlo, tienen miedo. Mucho miedo
Y ¿que pasará si se cumple la condena y se mata a Antígona, a las Antígonas a los Antígonas ?. Se les harán hermosos funerales. Habrá hermosos recordatorios. Todos irán a los velorios, o enviarán hermosas flores, y hermosas notas.
¿O les dará vergüenza asistir? A todos les dará vergüenza pero a lo mejor van o envían a alguien para estar seguros que Antígona está bien muerta. ¿Respirarán aliviados aunque muestren caras tristes?.
¿Creo que los pueblos maduran, crecen, aprenden, y que las figuras que nos muestra la literatura antigua no tienen forzosamente que reflejar la realidad actual.
Hemos aprendido, creo, pero algunos Creontes de estos tiempos me hacen volver a la realidad áspera y dura.

Fuente original del texto: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2014-11-27-18-57-0-creonte-antigona-y-la-soberbia-del-despota