jueves, 28 de diciembre de 2023

Serie Meditaciones #11. Sobre el arquetipo de Muerte y Resurrección. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #11

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"Ahora que está próximo el fin del mundo, conviene abrir el corazon al Sol Naciente". Philip Otto Runge

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El arquetipo de la Muerte y Resurrección es un factor psíquico especialmente resonante en estas fechas que vivimos, donde celebramos el fin del año que se va y recibimos el año nuevo que llega. Yace no sólo en los confines de lo físico, sino que se erige como una puerta entre lo conocido y lo desconocido, entre el ocaso y el amanecer.

Las mitologías antiguas tejen relatos de héroes y dioses que, en su encuentro con la muerte, descubren la semilla de la resurrección. En la mitología egipcia, Osiris muere para renacer como el dios de la vida después de su paso por el inframundo. Prometeo, atado y sufriendo, encuentra su redención y renace a través del mito griego.

Desde las mitologías hindúes hasta las leyendas nórdicas, el arquetipo de Muerte y Resurrección revela sus misterios en múltiples relatos. Shiva, el dios hindú, danza el Tandava Nataraja, la danza cósmica que simboliza la creación, la preservación y la destrucción. En esta danza, la destrucción no es un fin, sino el preludio de una nueva creación, un ciclo eterno de renacimiento.

En las tradiciones budistas, la muerte es vista como un paso natural en el ciclo de renacimientos, el Samsara. Buda, a través de sus enseñanzas, destila la sabiduría de dejar ir lo efímero para encontrar la verdadera paz. Esta muerte simbólica conduce a una nueva vida interior, a la iluminación.

El cristianismo, con su narrativa central de la crucifixión y resurrección de Jesús, lleva consigo la promesa de redención a través de la muerte. La tumba vacía simboliza no solo la resurrección física sino también la posibilidad de renacimiento espiritual para aquellos que viven comprometidamente la fe.

Culturalmente, la celebración del Día de los Muertos en México es un ejemplo conmovedor de cómo la muerte y la resurrección pueden entrelazarse. Este festival colorido y lleno de vida no solo honra a los muertos sino que celebra la continuidad de la existencia a través de la memoria y la conexión emocional.

Y es que este arquetipo reverbera en festivales y rituales que celebran la cosecha tras la muerte aparente del invierno. La primavera emerge como una resurrección después de la quietud invernal, un ciclo perpetuo de muerte y renacimiento que encuentra eco en nuestras almas.

A nivel personal, cada pérdida, cada desafío, puede ser un encuentro con la muerte simbólica. El fin de una relación, el cambio de carrera, el cierre de una etapa, son pequeñas muertes que dan paso a oportunidades de renacimiento. En la resiliencia humana, encontramos la capacidad de renacer de las cenizas de nuestras propias experiencias difíciles.

El arquetipo de la Muerte y Resurrección, en su sutileza poética, nos sugiere que cada despedida es una bienvenida a lo nuevo. Como el fénix que surge de las llamas, como la primavera que sigue al invierno, nuestras vidas están entrelazadas con el eterno ciclo de morir y renacer. En este constante flujo, encontramos la promesa de renovación, la posibilidad de transformación, y la certeza de que en cada puesta de sol, aguarda una aurora.

JMOB.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Serie Meditaciones #10. Sobre una frase del analista junguiano James Arraj: "La psique no puede saltar afuera de la psique". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #10

La psique es un misterio. Es un campo de energía que abarca nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Es la corriente dinámica de la que brotan nuestros pensamientos, sentimientos, recuerdos y sueños. Es la fuerza que nos impulsa a vivir.

La psique es como un río. Es un flujo constante de energía que nos atraviesa. Está llena de aguas claras y turbias, de aguas profundas y superficiales. Y aunque no podemos controlar el río, podemos aprender a navegar por él.

La psique es también un lugar de sombras. Está llena de los aspectos de nosotros mismos que no queremos ver: nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras heridas. Sombras que son una parte de nosotros, y de las cuales no podemos escapar. Sombras que, no obstante, podemos integrar, y de esa manera crecer y sanar.

Jung creía que la psique es un sistema autorregulador. Siempre está tratando de encontrar un equilibrio entre los opuestos. Cuando la psique está en armonía, nos sentimos serenos y saludables. Pero cuando sucede lo contrario, podemos sentirnos ansiosos, deprimidos, enfermos.

La psique es también un lugar de creación. Es el origen de nuestra creatividad, nuestra intuición y nuestra imaginación. Es la fuerza que nos impulsa a crear arte, música, literatura y ciencia.

La psique es un misterio, pero también es un tesoro. Es el semillero que nos impulsa a vivir una vida plena y significativa.

James Arraj fue un analista estadounidense, que hasta su muerte en 2009, trabajó promoviendo como pocos el diálogo entre la psicología analítica y la espiritualidad cristiana, intentando reencauzar la senda trunca que en su tiempo iniciaran C.G.Jung y el padre Victor White. En la página 24 de su libro "Junguian and Catholic?", se lee la cita que titula esta meditación, "La psique no puede saltar afuera de la psique". Con ella, Arraj sugiere que no podemos escapar de nosotros mismos, ni podemos huir de nuestra naturaleza profunda. El objeto del psicólogo/a son las imágenes psíquicas y no las cosas en sí mismas, como ocurre en disciplinas como la filosofía y la teología. Esto significa que nuestra experiencia del mundo siempre está influida por nuestra psique y sus contenidos, por lo que no podemos separar completamente nuestra experiencia externa de nuestra realidad interior. 

Cuando integramos nuestras sombras, nos hacemos más completos. Nos liberamos de la carga del pasado y nos abrimos a nuevas posibilidades. Nos volvemos más creativos, más intuitivos y más compasivos.

La psique es un viaje. Es un viaje de autodescubrimiento y crecimiento. Es un viaje que nunca termina. Pero es un viaje que siempre vale la pena.

JMOB.