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jueves, 23 de mayo de 2024

Sueños de serenidad: acerca de la paz. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 Sueños de serenidad: acerca de la paz.

Juan Manuel Otero Barrigón (*)

***.

“No hay camino para la paz. La paz es el camino”.

Mahatma Gandhi

"Jamás en este mundo los odios cesan con el odio; cesan con la benevolencia: Esta es una ley eterna".

Dhammapada

“La paz no está en el mundo, sino en el hombre  que recorre el camino”.

David Carradine



En la etimología de la palabra "paz" resuenan ecos a través de las eras y las culturas. Paz proviene del latín "pax", que evoca no solo la ausencia de conflicto, sino también la armonía y la reconciliación. La raíz de "pax" nos recuerda que la paz es mucho más que un mero cese de hostilidades; es un estado en el que florecen la comprensión y la coexistencia.

MITOLOGIA

Mitológicamente, Pax era hija de Justicia, y hermana de Concordia y Disciplina. Estas deidades no solo representaban la tregua entre naciones, sino también la prosperidad que surge cuando los seres humanos se permiten respirar libremente, liberándose de las rivalidades. En estas figuras antiguas, la paz se convierte en una fuerza que nutre y sostiene la vida, un regalo que fluye cuando se reconoce la humanidad compartida por todos. 

¿Cuantas veces olvidamos la relación de Pax con su madre? ¿Cuantas veces pretendemos una paz huérfana de Justicia?

La paz, entendida a través de la lente de sus orígenes mitológicos, revela su esencia como un arte descuidado, una sinfonía delicada que requiere la armonización de corazones y mentes. Involucra la capacidad de entender al otro, de abrazar la diversidad y de construir puentes sobre abismos ideológicos.

RELIGIONES

La paz ha sido buscada, rezada y anhelada a lo largo de la historia de la humanidad. En las religiones, encontramos un hilo común que teje la aspiración a la paz, aunque, paradójicamente, también se haya enredado en divisiones y conflictos.

Las religiones han sido faros de luz espiritual que, en su esencia, abrazan la paz como un principio fundamental. Algo que está implícito en la llamada ley de oro, presente en todas las tradiciones religiosas: "no hagas a otros lo que no te gustaría que te hagan a ti"; o en su versión positiva, "trata a los demás cómo te gustaría ser tratado". Desde el budismo, que enseña la compasión y la no violencia, hasta el cristianismo, que proclama la paz como una gracia divina, las religiones han proporcionado un lenguaje simbólico y ético para expresar la necesidad y la búsqueda de la paz.

Sin embargo, el camino hacia la paz con frecuencia también tropieza con conflictos generados en nombre de la religión. Lo que debería ser un faro de unidad y comprensión muchas veces se convierte en un motivo de discordia.

En el crisol de la historia, las religiones han sido tanto constructoras como destructoras de puentes hacia la paz.  La responsabilidad corresponde a aquellos que interpretan y practican estas enseñanzas, ya que son quienes tienen el poder de elegir entre sembrar el odio o cultivar la flor de la paz. El hecho de que en la historia de las religiones, que es la historia de la humanidad misma, continúe presente la violencia, y que incluso muchas veces esta sea legitimada en nombre la religión, vemos la dificultad del hombre para establecer dinámicas de paz que sean verdaderamente fructíferas en el camino hacia una vida más humana. (1)

La violencia es tan antigua como el mundo. Y desde que el ser humano toma conciencia de sí mismo como tal, descubre que su propia humanidad está amenazada por la violencia inhumana y deshumanizante. (1)

En Occidente, a pesar de que en ciertos momentos históricos el ser humano sólo haya podido ver el deseo y la voluntad de Dios desde un punto de vista violento, el desarrollo de la enseñanza espiritual va a mostrar que en verdad Dios desea la paz desde el comienzo, y que al crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, quiere posibilitar que en cada hombre y en cada mujer crezca el deseo del Reino de Dios, que es reino de paz. (1)

Es importante volver a decir que, más allá de las diferencias superficiales, las distintas religiones comparten un núcleo que abraza la compasión, la justicia y la convivencia pacífica. El Sufismo en el Islam, por ejemplo, predica la idea de paz interior y armonía con el cosmos. Y en el taoísmo chino, descubrimos que la paz implica la vida en armonía con los ciclos de la naturaleza. 

En la tradición judeocristiana, toda la historia del pueblo de Dios es la historia de la búsqueda de esa paz, de ese Shalom. "Shalom" en el judaísmo, no significa solamente la ausencia de guerra y la tranquilidad sin conflictos, sino la búsqueda de esa paz dinámica, que abrazando la totalidad de la existencia en equilibrio, es siempre perdida y siempre recuperada, pero por sobre todas las cosas siempre querida y deseada por Dios. (1)

BUDISMO

En el budismo, la paz se manifiesta como un loto que florece en las aguas serenas de la mente. Para esta tradición, la paz se cultiva a través de la comprensión profunda de la naturaleza de la existencia. Una de sus premisas básicas es ahimsa (no violencia), la cual compromete no solamente a los seres humanos entre sí, sino también hacia todas las formas de vida. En la enseñanza del Buda se nos habla del "Nirvana", que resuena como un llamado suave de serenidad. Nirvana no es un lugar físico y distante, sino un estado de liberación de los sufrimientos causados por el deseo y la ignorancia. Es el despertar a la realidad tal cual es, una realidad tejida con los hilos de la impermanencia. Es sabiduría trascendente (prajña) y paz (santi). El Buda afirmó que este es un mundo lleno de sufrimiento (dukkha), y predicó su doctrina para que la humanidad pudiese cambiar esa situación a partir de su propio trabajo interior. La paz, desde la mirada budista, se entiende a través de la comprensión de la impermanencia (Anicca), el sufrimiento presente en la vida (Dukkha) y la ausencia de un yo constante (Anatta). Estos conceptos son como luciérnagas que iluminan la senda hacia una paz duradera. La impermanencia nos enseña a no aferrarnos a situaciones, personas, ideas y cosas, a convivir con lo que inevitablemente está destinado a pasar.  Buda negó la existencia de un yo substancial (anatman). El ser humano al aferrarse a la idea de que posee un yo constante exalta sus tendencias egoicas, que lo hunden cada vez más en el sufrimiento. A contramano de otros planteos  de su época, postuló el principio de transitoriedad. El ser humano pretende que todo sea duradero y estable, a fin de sentirse seguro, como si esto fuese lo verdadero, siendo que se trata apenas de una realidad virtual. El budismo, al desafiar la noción arraigada del yo permanente, invita a contemplar la impermanencia como una verdad fundamental de la vida. Reconocer la transitoriedad de todas las cosas es el primer paso para liberarnos del sufrimiento que surge de aferrarnos a lo mutable. En la aceptación de esta realidad, el budismo encuentra la llave de una  paz pasible de trascender la ilusión de la permanencia. Es en la fluidez del cambio donde hallamos la verdadera libertad, y en la comprensión de esta impermanencia donde florece la serenidad del corazón.

Al reconocer nuestra propia vulnerabilidad y la de todos los seres, cultivamos un corazón compasivo que se abre a la experiencia compartida del sufrimiento. En este camino hacia la compasión (karuna), encontramos una paz duradera, ya que al aliviar el sufrimiento de los demás, también contribuimos a sanar nuestras propias heridas. Esto nos otorga un sentido de conexión y plenitud que trasciende al ego. En la compasión, hallamos la esencia misma de la paz budista: un fluir amoroso que abraza todas las cosas con gentileza y sabiduría, siendo que para el budismo, todo es interdependiente y todo está interconectado.

Paz, compasión, y sabiduría se conjugan en este camino espiritual. La compasión actúa como una fuerza centrípeta que une a los seres en el Dharma. Que atrae y compromete. La compasión no es solo un sentimiento, también es una conducta. Los seres vivos tienen necesidad de amor, y responden a dicha carencia con dolor y resentimiento. La violencia genera así una fuerza centrífuga, que desplaza a los seres de su núcleo esencial, de la ley natural o dharma, y que por ende, tiene una repercusión cósmica. 

De allí derivan dos prescripciones básicas en la conducta de todo budista: 1) Dejar de hacer el mal. 2) Aprender a hacer el bien. Esta última afirmación es el principio de un largo camino a transitar. Camino que sólo es posible en tanto la mente se purifica. En ella se localiza el inicio de gran parte de los males. En la adaptación de los hechos a una mente serena el comportamiento social puede estar en armonía con los principios de paz y benevolencia.

En el Jardín budista de la mente, se cultiva la atención plena, o "Mindfulness", una práctica que invita a sumergirnos en el momento presente como la flor más preciada. Mindfulness permite apreciar cada instante con una atención arraigada en el ahora, liberándonos de las preocupaciones del pasado y de las ansiedades del futuro. La paz budista no es una quietud forzada, sino más bien un fluir blando con la corriente de la vida. Una mente pacificada proyecta pensamientos y acciones pacíficas. En la meditación, la mente se aquieta y se enfoca, creando un espacio donde la sabiduría puede brotar. La paz no es ajena al mundo, sino que se encuentra en la transformación de nuestra relación con él.

"Metta", o bondad amorosa, es otra joya en el collar del budismo. Es la práctica de cultivar un amor benevolente hacia uno y hacia todos los seres. Metta es como una brisa cálida que disipa las nubes de la aversión, sembrando semillas de misericordia que crecen en campos de entendimiento mutuo. Se trata de actuar desinteresadamente por el mero deseo de darse a los demás sin pretender nada a cambio. El deseo de ser o poseer es el que más enfáticamente cuestiona el budismo.

En la senda budista, la paz es tanto una búsqueda como un regalo que se despliega cuando desenrollamos los velos de la ilusión. La paz, en este contexto, es un arte delicado que se perfecciona a través de la atención, la compasión y la aceptación plena de lo que es.

Un pequeño cuento budista refleja esto, se titula “Cómo responder a un insulto”:

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo, pero Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.
Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó porqué dejó que lo maltratara y lo agrediera.
A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: -“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”
El discípulo contestó: -“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.
Entonces Buda dijo: -"Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no aceptar. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

Así, desde la perspectiva del budismo, la paz es un camino que se recorre con cada respiración. Es la invitación a contemplar el fluir del río sin aferrarse a sus aguas, a encontrar la dicha en la simplicidad y la plenitud en el ahora.

Un escrito de la orientalista Liliana García Daris resume buena parte de lo dicho: “El budismo dice: ¡Tú eres Buda, mira hacia adentro! El ver hacia adentro, no es verse distinto del otro, sino igual. El corazón y la mente deben realizarse en lo universal. Compasión, esencia última de todos los seres y fundamento de la paz”. (2)

TAO

Todavía en Oriente, encontramos en el taoísmo pequeñas iluminaciones sobre la paz. Entre ellas, el concepto chino de Wu Wei, un término que a menudo se traduce como “no acción”, pero que no es inactividad, sino más bien una acción sin esfuerzo, una forma de actuar que surge espontáneamente en armonía con el curso natural de los acontecimientos. La paz, en la sensibilidad taoísta, florece cuando nos alineamos con el Wu Wei, dejando que la vida fluya sin resistencia. La dualidad Yin-Yang, como los dos polos de un imán, nos ofrece una visión taoísta de la complementariedad de todas las cosas. La paz se encuentra en el equilibrio dinámico entre estas fuerzas opuestas. Es el reconocimiento de que la luz y la oscuridad coexisten, y que la armonía se desnuda en la integración de estas polaridades.

La contemplación del Tao nos lleva a vivir en armonía con la naturaleza. La paz se revela así cuando sintonizamos con los ciclos naturales y reconocemos nuestra conexión intrínseca con el mundo que nos rodea. Es una invitación a caminar con la ligereza de un soplo de viento.

La sencillez, lo que los taoístas llaman “Pu”, es otra clave que ilumina el sendero hacia la paz. Reducir las complicaciones de la vida despojándonos de lo superfluo, nos facilita encontrar la serenidad en la esencia misma de las cosas.  La virtud es alinearse con el orden natural del cosmos. La paz taoísta es, en esencia, la manifestación de esta sencillez en cada acto y en cada pensamiento. 

A propósito, recomiendo mirar la película “Perfect Days”, del director alemán Win Wenders, ya que tiene mucho que ver con esto que estamos diciendo.  

JUNG

No quisiera dejar de hacer una breve mención al significado de la paz en la psicología profunda, concretamente en el pensamiento de C.G.Jung. El sabio suizo nos invita a contemplar la paz como un viaje hacia la integración de nuestras polaridades internas. La paz, según su mirada, es un estado que emerge cuando abrazamos y reconciliamos las facetas opuestas de nuestra psique.  Según Jung, la paz no es la ausencia de conflictos, lo cual es una quimera, sino la aceptación consciente de nuestra diversidad interior. Las sombras que yacen en los rincones oscuros de nuestra psique no son enemigas, sino compañeras en el intricado baile de la existencia. La paz resuena cuando reconocemos e integramos cada fragmento de nuestra vida anímica.  Jung nos enseña a mirar nuestras polaridades con ojos compasivos, a entender que la luz y la oscuridad coexisten, creando un tapiz que da forma a nuestra identidad. La paz comienza a ser posible cuando dejamos de resistir y permitimos que la sinfonía de nuestras contradicciones se entrelace en una melodía única. La paz entraña, en el lenguaje junguiano, el arte de la individuación, un proceso donde las partes separadas de nosotros encuentran su unidad. Al abrazar nuestra sombra, al reconocer la luz, nos convertimos en artífices de una paz que no se busca afuera, sino que nace desde el interior mismo. Es un rincón sagrado en el que los conflictos internos pueden encontrar su resolución. En este viaje hacia la completitud, que nunca termina, descubrimos que la paz no es un destino final, sino una búsqueda que nos invita a abrazar la complejidad de nuestra existencia y a encontrar la calma en la amalgama suave de nuestras tensiones.

DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Para finalizar este escrito, quisiera hacer una pequeña referencia al diálogo interreligioso, y a su importancia en la construcción de una cultura de la paz. En el coloquio promovido por el dicasterio para el Diálogo Interreligioso (4 de Abril de 2024), el Papa Francisco dijo lo siguiente: “Hoy, muchas, demasiadas voces, hablan de guerra: la retórica belicosa, por desgracia, se ha vuelto a poner de moda. Esto es malo. Pero mientras se difunden palabras de odio, la gente muere en la brutalidad de los conflictos. En su lugar, hay que hablar de paz, soñar con la paz, dar creatividad y concreción a las expectativas de paz, que son las verdaderas expectativas de los pueblos y de las personas. Que se hagan todos los esfuerzos posibles en este sentido, dialogando con todos. Que su encuentro en el respeto de la diversidad y con la intención de enriquecerse mutuamente sea un ejemplo para no ver al otro como una amenaza, sino como un don y un interlocutor valioso para el crecimiento mutuo”. 

Estas palabras desafiantes de Francisco nos piden una escucha atenta del otro, una actitud receptiva hacia su sensibilidad espiritual, hacia su modo de vivir. Y es que la "buena nueva" que recibo desde esa otredad supone una conversión de perspectiva, juicio y valoración. Al contemplar al otro en toda su dignidad se torna posible la danza sagrada de intercambio y transformación, donde espera el potencial para construir un mundo más pacífico; donde la diversidad sea celebrada como manifestación de la sabiduría infinita de Dios; y donde los seres humanos, en búsqueda compartida de significado y trascendencia, podamos soñar con-vivir como verdaderos hermanos. 

Mayo, 2024


(1) Debo las reflexiones reproducidas al trabajo de la teóloga brasileña Lucchetti B, M. Clara.

Bibliografía:

.Daris, Liliana García. Sabiduría para la paz: El budismo. Rescatado en: https://bibliotecadeespiritualidadymeditacion.files.wordpress.com/

.Lucchetti Bingemer, María Clara. Violencia y religión: confrontación y diálogo. La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2007. 

(*) El trabajo fue leído en la Jornada "La Paz y el Arte", celebrada el Jueves 23 de Mayo en la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador. El evento contó con la participación de distintos expositores.



viernes, 22 de mayo de 2020

Poshumanismo y "muerte del prójimo"


"Dando al prójimo, amando al prójimo, damos también a Dios lo que es debido. El hombre justo hace todos los días ofrendas a Dios y al prójimo. Durante milenios, el mundo judeocristiano se ha sostenido sobre estos dos pilares. (...) Pero hoy la sociedad es laica. A finales del siglo XIX, el grito sobrecogedor de Nietzsche se extendió sobre la Tierra: "Dios ha muerto". Incluso quien no sigue a Nietzsche ha tenido que reconocerle como profeta: durante el siglo xx, en el mundo judeocristiano las personas religiosas, que eran mayoría, pasaron a ser minoría. E incluso para esta minoría la fe se convirtió sobre todo en un hecho privado, como la elección de una filosofía, de una convicción política y hasta de un amor. La sociedad, sostenida por dos pilares, perdió el equilibrio cuando uno de ellos se derrumbó. La muerte de Dios vació el cielo. Pero nada resiste al torbellino del vacío. El espacio celeste se llenó con la aceptación de los milagros de la ciencia y de la economía entre las divinidades, con la elevación a las estrellas del deseo personal. (...) Con el paso del siglo XX cede también de forma irremediable el segundo pilar del mandamiento: el hombre de la ciudad se siente cada vez más rodeado de extraños. Es tiempo, pues, de pensar en el sequel de Nietzsche, y decirnos claramente que también ha desaparecido el prójimo. Los tiempos que siguieron a la "muerte de Dios" fueron llamados en ocasiones posteológicos o posreligiosos. Para los actuales todavía no se ha encontrado un nombre. Una posibilidad no deseada sería "poshumanos".

〰 Luigi Zoja, "La muerte del prójimo", Turín, Einaudi, 2009, pp 4-6.

jueves, 27 de febrero de 2020

Espiritualidad y Política Consciente en la obra de Claudio "Pocho" Lepratti


"¿Qué sentido tiene una respuesta teórica, intelectual, al dolor de un hombre marginado, desesperado?” (...) “Yo trato al prójimo como a un objeto cuando lo trato como a un ausente, como a un repertorio de informaciones para mi uso, o como un instrumento a mi disposición, cuando lo catalogo sin apelación, lo cual significa desesperar de él” (...) “Hay un mundo de las personas. Es necesario que haya entre ellas una medida común, nuestro tiempo rechaza la idea de una naturaleza humana permanente, porque toma conciencia de las posibilidades aún inexploradas de nuestra condición (...) "Esto no implica negar al hombre toda esencia y toda estructura. Si todo hombre no es sino lo que él se hace, no hay ni humanidad, ni historia, ni comunidad” (...) "La idea de un género humano con una historia y un destino colectivo del que no puede ser separado ningún destino individual se opone a la existencia de marginados” (...) “Creo que cada persona es un mundo, una geografía, sobre la que ella misma, y sólo ella, tiene las herramientas para operar. Así es que no podemos, si no es con ella, dar respuestas a las preguntas, al sinsentido de nuestro hombre desarraigado. Tenemos elementos como para arriesgar que desde su surgimiento a lo largo de miles de millones de años el hombre fue configurado en función de la comunicación, comunión, del trascenderse a sí para llegar a ser” (...) "Amo, luego el ser es y la vida vale la pena de ser vivida. Tratar al otro como a un sujeto, es decir como a un ser presente es reconocer que no puedo definirlo ni clasificarlo, es concederle crédito, es “esperarlo”, “esperanzarlo”. Y por eso “desesperar de alguien es desesperarlo” (...) “El que se encierra en el yo no halla jamás el camino hacia los otros”.

〰 Claudio "Pocho" Lepratti, militante social argentino asesinado durante la crisis del año 2001.
Los fragmentos arriba citados fueron extraídos de su ensayo filosófico "La realización del hombre en la comunicación" (1998) -texto disponible para descargar haciendo clic en el título-


#PochoLepratti #Filosofía  #Política #Espiritualidad #Humanismo

viernes, 3 de mayo de 2019

Sobre la Crisis en el Espíritu humano


La crisis mundial actual no es simplemente un conflicto político y económico. Va más allá de las ideologías. Es una crisis del espíritu del hombre. Es un gran trastorno religioso y moral de la raza humana, y realmente no conocemos la mitad de las causas de este trastorno. No podemos pretender tener una comprensión completa de lo que está sucediendo en nosotros mismos y en nuestra sociedad. Es por eso que nuestro hambre desesperada por soluciones claras y definidas a veces nos lleva a la tentación. Nosotros simplificamos demasiado Buscamos la causa del mal y la encontramos aquí o allá en una nación, clase, raza, ideología, sistema en particular. Y aplicamos a este chivo expiatorio toda la fuerza virulenta de nuestro odio, agravada por el miedo y la angustia, esforzándonos por librarnos de nuestro miedo al destruir el objeto que hemos señalado arbitrariamente como la encarnación de todo mal. Lejos de curarnos, esto es solo otro paroxismo que agrava nuestra enfermedad.

El mal moral en el mundo se debe a la alienación del hombre de la verdad más profunda, de los resortes de la vida espiritual dentro de sí mismo, a su alejamiento de Dios. Quienes se dan cuenta de esto, tratan desesperadamente de persuadir e iluminar a sus hermanos. Pero estamos en una posición radicalmente diferente de los primeros cristianos, que revolucionaron un mundo esencialmente religioso del paganismo con el mensaje de una nueva religión de la que nunca se había oído hablar.

Thomas Merton

De la colección "The Social Essays" (editor William Shannon, New York: Crossroad, 1995), p 83.

lunes, 16 de julio de 2018

Mujeres en el sepulcro: una historia que es nuestra


Mujeres en el sepulcro: una historia que es nuestra, por Dolores Aleixandre

Los relatos evangélicos sobre las mujeres en el sepulcro en la mañana de Pascua se han convertido en estos últimos años en un poderoso foco de atención y en una fuente inspiradora.

Entre tantas maneras posibles de acceder a su comprensión, he elegido la de una lectura en clave antropológica, intentando que sea la corporalidad de las propias mujeres, tal como aparece en los textos, la que se convierta para nosotros en portadora de sentido.

Lo haremos a partir de un sencillo esquema bíblico que contempla al ser humano a partir de tres pares de órganos: corazón/ojos; boca/oídos; manos/pies como símbolos de su sentir y pensar, su decir y su hacer.

Y lo aplicaremos a estos textos:

Mt 27,57-61;
Mt 28,1-10;
Mc 15,42-47;
Mc 16,1-8;
Lc 24,1-11;
Lc 22-24;
Jn 20,1-2 y 11-18

Otra perspectiva adaptada va a ser la de tener como marco de referencia del AT el Cantar de los Cantares. Normalmente es en el encuentro de María Magdalena con Jesús donde se resaltan las coincidencias, pero creo que en el grupo de mujeres de que nos hablan los sinópticos, se dan también elementos típicos del Cantar: ausencia, búsqueda, encuentros, apresuramiento, llamadas, nombres, imperativos, abrazos, temor, gozo, perfumes...

Lo que importa no es determinar si los evangelistas "se inspiraron" en el Cantar, sino ser capaces nosotros de "aspirar" el aroma común que existe en ambos y captar cómo los atraviesa la misma dinámica de un amor, siempre herido por el deseo del encuentro y siempre desbordado por la experiencia de su gratuidad.

MUJERES QUE RECUERDAN Y MIRAN

El corazón hace referencia a la totalidad de la persona, a su centro original e íntimo, a lo que hay en ella de más interior y más total, a aquella dimensión profunda que orienta el deseo y la búsqueda:

"Yo dormía pero mi corazón estaba en vela (...) Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y plazas buscando al amor de mi alma..." (Cant 5,2; 3,3).

Es ese apasionamiento el que se desborda en la gama de emociones que reflejan los textos:

"Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado..."(Mc 16,6)
"...llenas de miedo y gozo"(Mt 28,8)
"...quedaron espantadas (...), temblando y fuera de sí. Y de puro miedo, no dijeron nada a nadie (Mc 16,4.8)
"Estaban desconcertadas (...) y recordaron sus palabras..."(Lc 24,4.8)
"María estaba frente al sepulcro, fuera, llorando (...) Le dice Jesús: -Mujer, ¿por qué lloras?,¿a quién buscas? (...) Le dice Jesús:- ¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: ¡Rabbuni! "(Jn 20.11.15-169)

Los ojos expresan hacia fuera todo ese mundo interior y lo conectan con la realidad; por eso la mirada de alguien es reveladora de lo que hay en ella de más profundo y auténtico.

"¿Habéis visto al amor de mi alma?"(Cant 3,2) pregunta la muchacha del Cantar, con la naturalidad con que el que ama da por supuesto que todas las miradas serán atraídas por el que se ha adueñado de la suya.

"María Magdalena y María de José observaban dónde lo colocaba" (Mc 15,42-47)
"Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el sepulcro y cómo habían colocado el cadáver"(Lc 23,55)
"Alzaron la vista y observaron que estaba corrida la piedra"(Mc 16,4)
"Va María Magdalena al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro"(Jn 20,1)
"...se inclinó hacia el sepulcro y ve dos ángeles vestidos de blanco" (Jn 20,11)
"...se vuelve y ve a Jesus de pie"(Jn 20,14)
"...vieron un joven vestido con un hábito blanco"(Mc 16,5)
"...quedaron espantadas, mirando al suelo" (Lc 24,5)
"Mirad el lugar donde lo habían puesto"(Mc 16,6)
"...irá por delante a Galilea; allí lo veréis" (Mt 28,7)
"...volvieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles" (Lc 24,24)
"Llega María anunciando a los discípulos: He visto al Señor"(Jn 20,18)

A través de sus sentimientos y de su mirada descubrimos lo que "habita" la interioridad profunda de estas mujeres: aquello que buscan, recuerdan y miran está absolutamente polarizado en Jesús a quien llevan grabado "como un sello sobre su corazón, como un sello sobre su brazo" (Cant 8,6)

Su imagen, grabada en el cristalino de sus ojos, está para ellas presente en cualquier realidad. Estuvieron "mirando de lejos" al crucificado y han quedado fascinadas por él (cf Gal 3,1)

Su ausencia ha despertado en ellas el deseo y la búsqueda y ha integrado todos sus afectos: temor, desconcierto, gozo, llanto..., no tienen otro centro de atracción más que él. Si no hay en ellas esperanza de resurrección y van a ungir un cadáver, la intensidad de un amor "fuerte como la muerte" (Cant 8,6) va a conducirlas a la fe.

MUJERES QUE ESCUCHAN Y ANUNCIAN

La dimensión expresiva reside, ante todo, en la capacidad de escucha simbolizada por los oídos. "Oigo a mi amado que me llama..." (Cant 5,2)

Su otra vertiente, el decir, hablar, anunciar, contar... se atribuye a la boca, la lengua o los labios y la comunicación humana surge de la necesidad de revelar la propia intimidad, de compartir con otros lo que se piensa, se siente, se experimenta.

Por eso, aunque el Cantar celebra el amor de una pareja, la fuerza expansiva de ese amor introduce a otros muchos (las "muchachas de Jerusalén", los amigos del novio) en su celebración, como si necesitaran contar cada uno lo que admira y descubre del otro.

¿Qué oyeron las mujeres en aquella mañana del primer día de la semana? ¿Qué voces, qué palabras, qué llamadas, qué imperativos...?

"No temáis.. Acercaos...id corriendo a decir..." (Mt 28,7)
"¡Alegraos! No temáis; id a anunciar ..."(Mt 28,10)
"No os espantéis. Id a decir...(Mc 16,6-7)
"Recordad lo que os dijo..."(Lc,24,6)
"Ve a decir a mis hermanos..." (Jn 20,15)

¿Cuál fue su respuesta?

"...corrieron a anunciar a los discípulos"(Mt 28,8)
"...se volvieron del sepulcro y se lo anunciaron todo a los once y a todos los demás... (Lc 24,10)
"...unas mujeres de las nuestras (...) volvieron diciendo que él está vivo. También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron como lo habían contado las mujeres..." (Lc 24,23-24)
"Llega María anunciando a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho ésto. (Jn 20,18)
"Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos" (1 Jn 1,3)

Ellas anuncian lo que han visto y, sobre todo, lo que han escuchado. Acceden al conocimiento a través del oído, más receptivo y menos posesivo que la vista. María Magdalena "ve" a Jesús pero su mirada resulta insuficiente y sólo al escuchar su voz lo reconoce. Y es la fuerza de esa palabra acogida en la fe la que las empuja a contar, a comunicar, a hacer llegar a otros lo escuchado.

Hay un murmullo en los relatos, un "rumor de ángeles" que nace de las que ahora están encarnando a la "mensajera de buenas noticias" de Is 40,9 .

Como los pastores de Belén, "cuentan" lo que han visto y oído y van tejiendo una red de comunicación que vincula, por primera vez, al Resucitado con los suyos y desembocará también en la fe y en la alabanza. (cf Lc 2,19-20).

No importa que su anuncio cree sobresalto, que nos las crean y escuchen sus palabras "como un delirio" (Lc 24,11).

"Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni anegarlo los ríos. Es centella de fuego, llamarada divina..."(Cant 8,7)

MUJERES QUE CORREN LLEVANDO PERFUMES

El hacer y el actuar humanos se expresan a través de las manos y también de los pies, que definen comportamientos, costumbres, "caminos".

"Mis manos destilan perfume de mirra"(Cant 5,5), podrían decir lo mismo que la novia del Cantar, las mujeres que se dirigían de madrugada al sepulcro. Pero, cuando en vez de un cadáver encuentran al Viviente, sus manos sueltan los perfumes para abrazar sus pies. (Mt 28,9; Jn 20,17)

"...compraron perfumes para ir a ungirlo." (Mc 16,1)
"...prepararon aromas y ungüentos(...) fueron al sepulcro llevando los perfumes preparados". (Lc 24,1)
"Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él
" (Mt 28,9)
"!Llévame contigo, correremos...!" (Cant 1,4)

Como María al encuentro de Isabel, como los pastores corriendo al pesebre, como Zaqueo bajando del árbol, como el padre al encuentro del hijo perdido, como los de Emaús volviendo a Jerusalén: cuando el corazón "está en ascuas", el ritmo vital se contagia de ese fuego y hace los pies ágiles y fácil la carrera:

"...id corriendo a anunciar...Ellas se alejaron deprisa del sepulcro y corrieron..." (Mt 28,7-8)
"Salieron huyendo del sepulcro...
"(Mc 16,8)
"...María Magdalena llega corriendo adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo..." (Jn 20,1-2)

Hasta el marco temporal refleja esa urgencia que nace del apasionamiento: todo sucede de madrugada, en ese momento en que también la luz está anticipándose al día:

"El primer día de la semana, muy temprano, llegan al sepulcro al salir el sol" (Mc 16,1)
"...al despuntar el alba del primer día de la semana"(Mt 28,1)
"El primer día de la semana, de madrugada..."(Lc,24,1)
"...yendo de madrugada al sepulcro"(Lc 24,24)
"El primer día de la semana, muy temprano, todavía a oscuras..." (Jn 20,1)

Estamos en clima de vigilia pascual y no es tiempo de dormir sino de velar en medio de la oscuridad de la noche. Los perfumes son las lámparas encendidas que iluminan su espera (cf Mt 25,7), y por eso hay preparativos, impaciencia, urgencia de adelantarse al amanecer.

Es la primera mañana de la nueva creación y las tinieblas del caos primitivo están a punto de dejar paso al resplandor del lucero de la mañana. (2Pe 1,19)

¡QUEREMOS BUSCARLE CON VOSOTRAS! (Cf Cant 6,1)

¿Cómo buscar nosotros al Resucitado con Magdalena, María, Salomé, las otras...? ¿Cómo hacer de su historia "nuestra historia"?

Vamos a tratar de aprender sabiduría de estas mujeres a las que, con lenguaje del AT, podemos llamar hayil, "mujeres de recursos", lo mismo que Rut (3,11) y que la mujer ensalzada en el libro de los Proverbios (Pr 31,10) y reconocer en ellas su capacidad de afrontar los acontecimientos con sabiduría y audacia.

La realidad que se describe en los relatos como precediendo a la Pascua tiene el nombre dramático de muerte, fracaso, decepción de todas las expectativas. Todos los discípulos, tanto hombres como mujeres, pensaron a lo largo de todo aquel sábado que sólo les quedaba un cadáver en un sepulcro.

Las palabras desalentadas de los de Emáus "Nosotros esperábamos... pero..." reflejan una situación de pérdida de esperanza que quizá es también la nuestra en un tiempo en el que hablamos de ausencia de Dios, de exceso de dolor, de tumbas vacías de esperanza. También nosotros podemos sentirnos como si siguiéramos aún en el anochecer del viernes, volviendo con ánimo abatido de enterrar en el sepulcro proyectos, ilusiones y promesas.

También nosotros podemos reaccionar: "llorando y hacer duelo" (Mc 16,10) "cerrando las puertas por miedo..." (Jn 20,19), La piedra es demasiado grande para nuestras fuerzas, el orden internacional demasiado injusto, la violencia demasiado arraigada, la presencia creyente irrelevante, la Iglesia demasiado temerosa...

Por eso la tentación puede ser "prolongar el sábado", refugiarnos en una espiritualidad evadida, permanecer en una parálisis inerte. O tomar caminos de vuelta a Emaús que alejan de los sepulcros y de los crucificados y tratan de escapar no sólo de su dolor sino también de su memoria.

Pero hay en la mañana del "primer día de la semana" un camino alternativo: el de quienes, entonces y ahora, echan a andar "todavía a oscuras" y se acercan a los lugares de muerte para intentar arrebatarle a la muerte algo de su victoria. Como intentaban borrar algo de su rastro aquellas mujeres a fuerza de perfumes.

Saben que no pueden mover la piedra pero eso no les detiene. Son conscientes de la fragilidad y la desproporción de lo que llevan entre las manos, pero esa lucidez no apaga el incendio de su compasión ni hace su amor menos obstinado.

Quizá no viven todo eso desde la plenitud de la fe, ni le ponen el nombre de esperanza a sus pasos vacilantes en la noche. Pero hacen ese camino abiertos al asombro, apoyados en el recuerdo de palabras que prometen vida, dispuestos a dejarse sorprender por una presencia oscuramente presentida.

Los evangelios de Pascua "están de su parte". Se lo dicen, nos lo dicen a todos, esas mujeres que irrumpen de nuevo en nuestros cenáculos anunciando: "¡Hemos visto al Señor!".

De ellas recibimos la buena noticia: el Viviente sale siempre al encuentro de los que le buscan, los inunda con su alegría, los envía a consolar a su pueblo, los invita a una nueva relación de hermanos y de hijos.

El va siempre delante de nosotros, palabra de mujeres.

Dolores Aleixandre RSCJ

jueves, 10 de mayo de 2018

Francisco y la Iglesia Universal



CON EL PAPA FRANCISCO TERMINA LA IGLESIA OCCIDENTAL Y COMIENZA LA IGLESIA UNIVERSAL
Por Leonardo Boff*

Han pasado ya cinco años del papado de Francisco, obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal. Muchos han hecho balances minuciosos y brillantes sobre esta nueva primavera que ha irrumpido en la Iglesia. Por mi parte enfatizo solo algunos puntos que interesan a nuestra realidad.

El primero es la revolución hecha en la figura del papado, vivida en persona por él mismo. Ya no es el Papa imperial con todos los símbolos heredados de los emperadores romanos. Francisco se presenta como simple persona, como quien viene del pueblo. Sus primeras palabras de saludo fueron decir a los fieles “buona sera”: buenas noches. A continuación, se presentó como obispo de Roma, llamado a dirigir en el amor a la Iglesia que está en el mundo entero. Antes de dar él la bendición oficial, pidió al pueblo que lo bendijese. Se fue a vivir no a un palacio –lo que habría hecho llorar a Francisco de Asís– sino a una casa de huéspedes. Y come allí con ellos.

El segundo punto importante es anunciar el evangelio como alegría, como superabundancia de sentido de vivir y menos como doctrina de los catecismos. No se trata de llevar a Cristo al mundo secularizado, sino de descubrir su presencia en él por la sed de espiritualidad que se nota en todas partes.

El tercer punto es colocar en el centro de su actividad tres polos: el encuentro con Cristo vivo, el amor apasionado por los pobres y el cuidado de la Madre Tierra. El centro es Cristo, no el Papa. El encuentro vivo con Cristo tiene primacía sobre la doctrina.

En vez de la ley anuncia incansablemente la misericordia y la revolución de la ternura, como lo dijo a los obispos brasileros en el viaje a nuestro país.

El amor a los pobres lo expresó en su primera intervención oficial: “cómo me gustaría que la Iglesia fuese la Iglesia de los pobres”. Fue al encuentro de los refugiados que llegan a la isla de Lampedusa en el sur de Italia. Allí dijo palabras duras contra cierto tipo de civilización moderna que ha perdido el sentido de la solidaridad y ya no sabe llorar por el sufrimiento de sus semejantes.

Suscitó la alarma ecológica con su encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015), dirigida a toda la humanidad. Muestra clara conciencia de los peligros que corren el sistema-vida y el sistema-Tierra. Por eso expande el discurso ecológico más allá del ambientalismo. Dice enfáticamente que debemos hacer una revolución ecológica global (n.5). La ecología es integral y no solo verde, pues involucra a la sociedad, la política, la cultura, la educación, la vida cotidiana y la espiritualidad. Une el grito de los pobres con el grito de la Tierra (n. 49). Nos invita a sentir como nuestro el dolor de la naturaleza, pues todos estamos interligados y envueltos en un tejido de relaciones. Nos pide «alimentar una pasión por el cuidado del mundo… una mística que nos anime, unos móviles interiores que impulsen, motiven, alienten y den sentido a la acción personal y comunitaria» (nº 216).

El cuarto punto significativo ha sido presentar a la Iglesia no como un castillo cerrado y cercado de enemigos, sino como un hospital de campaña que acoge a todos sin reparar en su extracción de clase, de color o de religión. Una Iglesia en permanente salida hacia los otros, especialmente hacia las periferias existenciales que abundan en todo el mundo. Ella debe servir de aliento, infundir esperanza y mostrar a un Cristo que vino a enseñarnos a vivir como hermanos y hermanas, en el amor, la igualdad, la justicia, abiertos al Padre que tiene características de Madre de misericordia y de bondad.

Por último, muestra clara conciencia de que el evangelio se opone a las potencias de este mundo que acumulan absurdamente, dejando en la miseria a gran parte de la humanidad. Vivimos bajo un sistema que coloca el dinero en el centro, que es asesino de los pobres y depredador de los bienes y servicios de la naturaleza. Contra ellos tiene las palabras más duras. Dialoga con todas las tradiciones religiosas y espirituales. En el lavatorio de los pies del Jueves Santo estaba una niña musulmana.

Quiere a las Iglesias, con sus diferencias, unidas en el servicio al mundo, especialmente a los más desamparados. Es el verdadero ecumenismo de misión.

Con este Papa que “viene del fin del mundo” termina una Iglesia occidental y comienza una Iglesia universal, adecuada a la fase planetaria de la humanidad, llamada a encarnarse en las distintas culturas y construir ahí un nuevo rostro a partir de la riqueza inagotable del evangelio.

Fuente original del texto: Servicios Koinonia

* Genésio Darci Boff, más conocido como Leonardo Boff, es un teólogo, ex-sacerdote franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño

viernes, 27 de abril de 2018

¿Qué significa vivir una vida espiritual plenamente encarnada? (por Jorge Ferrer). Primera Parte


Nota del autor del blog: Mi enorme agradecimiento al Dr. Jorge N. Ferrer por compartirme este escrito para su publicación en Psymbállein. Dada la extensión del artículo, y para facilitar su lectura, irá dividido en dos partes.

¿Qué significa vivir una vida espiritual plenamente encarnada?
por Jorge N. Ferrer [1]

California Institute of Integral Studies
San Francisco, CA, USA


Este ensayo revisa qué significa una espiritualidad encarnada –basada en la integración de todas las facultades humanas incluyendo cuerpo y sexualidad– y la contrasta con la espiritualidad desencarnada –basada en la disociación y/o sublimación– prevalente en la historia religiosa humana. Pasa a describir qué significa aproximarse al cuerpo como socio viviente con quien co-crear la vida espiritual propia, y delinea diez rasgos de una espiritualidad plenamente encarnada. El artículo concluye con algunas reflexiones sobre el pasado, presente y futuro potencial de la espiritualidad encarnada. 

Porque en él la totalidad plena de la divinidad vive corporalmente. (Colosenses 2:9) 

La espiritualidad encarnada es un concepto de moda en los círculos espirituales contemporáneos. Sin embargo este concepto no ha sido analizado de manera rigurosa. ¿Qué queremos decir realmente cuando hablamos de una espiritualidad ‘encarnada’? ¿Se conceptúa al cuerpo de manera específica cuando se está usando esta expresión? A nivel práctico ¿qué distingue una espiritualidad ‘encarnada’ de otra ‘desencarnada’? ¿Cuales son las implicaciones concretas, cara a la práctica espiritual y objetivos espirituales, e incluso en nuestra aproximación al hecho mismo de la liberación espiritual, si nos tomamos en serio estar encarnados?

Antes de intentar responder a estas preguntas se imponen dos precisiones. Primero, a pesar de que las reflexiones que siguen buscan capturar rasgos esenciales de un ethos espiritual moderno y emergente en Occidente, bajo ningún concepto pretendo yo que esto vaya a representar el pensamiento de todo autor o enseñante espiritual que hoy día utilice el término ‘espiritualidad encarnada’. Presumiblemente resultará obvio que algunos autores se centrarán en, o aceptarán, sólo algunos de estos rasgos, y que la enumeración que sigue refleja sólo mi propio punto de vista, con su perspectiva única y sus consecuentes limitaciones. Segundo, este ensayo se propone la tarea de una ‘hermenéutica creativa e interreligiosa’ que con libertad – y reconozco que hasta con impetuosidad – teje juntas hebras de diferentes tradiciones religiosas y hasta incluso propone alguna revisión a la luz de la comprensión espiritual contemporánea. Aunque este modo de hacer aún hoy día se considera anatema en los círculos académicos más ortodoxos, estoy convencido de que sólo a través de una fusión crítica de los horizontes espirituales globales pasados y presentes vamos a poder empezar a tejer un tapiz responsable (fidedigno?) de lo que es la espiritualidad encarnada contemporánea.

¿Qué es la espiritualidad encarnada?

De alguna manera, la expresión ‘espiritualidad encarnada’ puede considerarse, con razón, como reiterativa e incluso hasta quizás vacía. Después de todo ¿no está toda espiritualidad humana siempre ‘encarnada’ en tanto que necesariamente tiene lugar en, y a través de, hombres y mujeres encarnados? Los proponentes de una espiritualidad encarnada, no obstante, nos dicen que importantes vías espirituales del pasado y del presente están ‘desencarnadas’ ¿pero qué quiere decir ‘desencarnadas’ en este contexto?

A la luz de nuestra historia espiritual sugiero que ‘desencarnado’ no denota que el cuerpo y sus energías vitales/primarias hayan sido ignorados en la práctica espiritual – definitivamente no lo han sido – sino que más bien fueron considerados fuentes no legítimas o no fiables, por derecho propio, a la hora de experimentar vislumbres espirituales. En otras palabras, el cuerpo y el instinto no han sido, en general, considerados capaces de colaborar en términos de igualdad con el corazón, la mente y la consciencia a la hora de lograr la liberación y la realización espirituales. Lo que es más, muchas tradiciones y escuelas religiosas consideraron que el cuerpo, y el mundo primario, (y algunos aspectos del corazón, en lo que se refiere a ciertas pasiones) se constituían de hecho en obstáculos al florecimiento espiritual – un punto de vista que a menudo llevaba a la represión, regulación, o transformación de estos mundos, y su puesta al servicio de más ‘altos’ objetivos de la consciencia espiritual. Es así que la espiritualidad desencarnada a menudo cristalizaba en una vida espiritual desde el ‘chakra[2] del corazón hacia arriba’, basada preeminentemente en un acceso mental y/o emocional a la consciencia trascendente, que tendía a perder de vista las fuentes espirituales inmanentes en el cuerpo, la naturaleza, y la materia.

Por contraste, una espiritualidad encarnada contempla todas las dimensiones humanas – cuerpo, vital, corazón, mente y consciencia – como socios en pie de igualdad a la hora de atraer a uno mismo, a la comunidad, y al mundo, a una alineación más plena con el Misterio del cual todo surge (Albareda & Romero, 1998; Ferrer, 2002, 2008; Romero & Albareda, 2001). No es sólo que no sean un obstáculo, sino que desde este punto de vista, la participación del cuerpo y sus energías primarias es crucial, ya sea para una transformación espiritual completa, como también para la exploración creativa de formas expandidas de liberación espiritual. La consagración de toda la persona lleva naturalmente a cultivar una espiritualidad ‘con todos los chakras’ que busca lograr que todos los atributos humanos sean permeables a la presencia tanto inmanente como trascendente de las energías del Espíritu. Esto no significa que una espiritualidad encarnada sea indiferente a la necesidad de emancipar el cuerpo y el instinto de posibles tendencias alienadoras; más bien significa que todas las dimensiones humanas, - no sólo la somática y la primaria – se reconocen como capaces no sólo de posible alienación, sino igualmente capaces también de participar libremente en el desenvolvimiento del Misterio de la vida aquí sobre la tierra.

El contraste entre ‘sublimación’ e ‘integración’ puede ayudar a clarificar esta distinción. En la sublimación la energía de una dimensión humana se usa para amplificar, expandir o transformar las facultades de otra dimensión. Este es el caso, por ejemplo, del monje célibe que sublima su deseo sexual como catalizador de una expansión espiritual, o para incrementar el amor devocional del corazón; o cuando un practicante del tantra utiliza las energías vitales/sexuales como carburante para catapultar la consciencia hacia estados del ser desencarnados, trascendentes, o incluso transhumanos. Como contraste, la integración de dos dimensiones humanas involucra una transformación mutua, o ‘matrimonio sagrado’, de sus energías esenciales. Por ejemplo la integración de la consciencia y el mundo vital logra que la primera esté más encarnada, vitalizada e incluso erotizada, mientras que garantiza a la segunda una vía evolucionaria inteligente, más allá del impulso de la instintualidad dirigida biológicamente. Simplificando, podríamos decir que la sublimación es indicio de una espiritualidad desencarnada, mientras que la integración sería una vía de espiritualidad encarnada. Esto no equivale a decir, por supuesto, que la sublimación no tenga ningún lugar en una práctica espiritual encarnada. Los caminos espirituales son intrincados y multifacéticos, y la sublimación de ciertas energías puede ser necesaria – incluso crucial – en determinadas situaciones o para determinadas disposiciones individuales. Pero considerar a la sublimación como un objetivo o dinámica energética permanentes, supone una vía rápida para la espiritualidad desencarnada.

Además de las espiritualidades que taxativamente devalúan al cuerpo y al mundo, hay orientaciones espirituales desencarnadas que con mayor sutilidad ven la vida espiritual como emergiendo exclusivamente de la interacción entre nuestra experiencia presente inmediata y fuentes trascendentes de conciencia (cf. Heron, 1998). En este contexto la práctica espiritual se dirige bien a acceder a tales supra-realidades (vías ‘ascendentes’ como el clásico misticismo neoplatónico) bien a atraer tales energías espirituales aquí abajo a la tierra para transfigurar las naturalezas humana y del mundo (vías ‘descendentes’ como el yoga integral de Sri Aurobindo). El fallo de estas concepciones ‘monopolares’ reside en que ignoran la existencia de un segundo polo espiritual –la vida espiritual inmanente–, la cual, como elaboraré más abajo, está íntimamente conectada al mundo vital, y almacena los poderes más generativos del Espíritu. Pasar por alto esta fuente espiritual lleva a los practicantes – incluso a aquellos que se ocupan de la transformación corporal – a desestimar el significado del mundo vital a la hora de lograr una espiritualidad creativa, así como les lleva a buscar una trascendencia o sublimación de su energía sexual. Una espiritualidad encarnada plena, sugiero, emerge del interjuego creativo entre ambas energías espirituales trascendente e inmanente en el seno de individuos completos, que abrazan la completitud de la experiencia humana a la vez que permanecen firmemente enraizados en lo corporal y lo terreno.

Sin duda alguna las actitudes religiosas hacia lo corporal han sido profundamente ambivalentes, considerando al cuerpo como fuente de apegos, pecaminosidad, y desviación por un lado, y como lugar de revelación espiritual, y divinización, por el otro. Nuestra historia religiosa incorpora tendencias ubicables a lo largo de un continuo que va desde prácticas y objetivos desencarnados, hasta encarnados. Ejemplos de tendencias desencarnadas incluirían el ascetismo bramánico, el jainismo, el budismo, el cristianismo monástico, el taoísmo temprano y el sufismo temprano (Bhagat, 1976; Wimbush & Valantasi, 1995); las visiones hindúes del cuerpo como irreal (mithya) y el mundo como ilusión (maya) (Nelson, 1998); la consideración en el vedanta advaita de la ‘liberación extracorpórea’ (videhamukti) que se logra sólo después de la muerte como ‘superior’ a la ‘liberación en vida’ (jivanmukti) que está inexorablemente manchada por el karma corporal (Fort, 1998); las descripciones budistas tempranas del cuerpo como repugnante fuente de sufrimiento, o del nirvana como extinción de los sentidos y deseos corporales, y del ‘nirvana final’ (parinirvana) como algo que se logra sólo después de la muerte (Collins, 1998); la visión cristiana de la carne como fuente de maldad y del cuerpo resucitado como asexual (Bynum, 1995); el ‘aislamiento’ (kaivalya) de la pura consciencia con respecto a cuerpo y mundo en el yoga samkhya (Larson, 1969); la transmutación tántrica de la energía sexual para lograr la unión con lo divino en el saivismo cachemiro (Mishra, 1993) o para alinearse con el flujo creativo del tao en el autodesarrollo taoísta (Yasuo, 1993); la obsesión de la cábala safed por la pecaminosidad de la masturbación y de las poluciones nocturnas (Biale, 1992); o el repudio luriánico del cuerpo como algo que “impide al hombre [lograr] la perfección de su alma” (citado en Fine, 1992, pág. 131); la consideración islámica del más-allá (al-akhira) como inconmensurablemente más valioso que el mundo físico (al-dunya) (Winter, 1995); y la aseveración del vedanta visistadvaita de que la liberación completa implica el cese total de la encarnación (Skoog, 1996).

Igualmente, ejemplos de tendencias encarnadas incluyen la visión en el zoroastrismo del cuerpo como parte de la naturaleza última del ser humano (A. Williams, 1997); las descripciones bíblicas del ser humano hecho “a imagen y semejanza de Dios” (Génesis; Jónsson, 1988); la afirmación tántrica de que el deseo sensual y su despertar son no-duales (Faure, 1998); el énfasis cristiano temprano sobre la encarnación (“y el mundo se hizo carne”; Barnhart, 2008); el objetivo de lograr “ser buda en este mismísimo cuerpo” (sokushin jobutsu) del budismo shingon (Kasulis, 1990); el disfrute religioso judío de todas las necesidades y apetitos corporales durante el sabbath (Westheimer & Mark, 1995); el abrazo radical de la sensualidad en la poesía de Rumi o Hafez (Barks, 2002; Pourafzal & Montgomery, 1998); la visión taoísta del cuerpo como contenedor simbólico de los secretos del universo entero (Saso, 1997); la conexión somática con las fuentes inmanentes espirituales en muchas espiritualidades indígenas (ej. Lawlor, 1991); la insistencia del soto zen de que es preciso que la mente se rinda ante el cuerpo para alcanzar la iluminación (Yasuo, 1987); el dicho esotérico islámico de los imanes shiitas “nuestro espíritu es nuestro cuerpo y nuestro cuerpo es nuestro espíritu” (arwahuna ajsaduna wa ajsaduna arwahuna; Galian, 2003); y la secular defensa judeo-cristiana del compromiso y justicia sociales para transformar espiritualmente al mundo (p.ej. Forest, 1993; Heschel, 1996), entre otros muchos.

Muchas orientaciones religiosas aparentemente encarnadas, sin embargo, ocultan visiones altamente ambivalentes hacia la sensualidad y el cuerpo físico. Por ejemplo el taoísmo generalmente no valoraba al cuerpo físico por sí mismo, sino sólo porque se consideraba que era un lugar de residencia para los dioses; y las prácticas sexuales taoístas a menudo involucraban auto-limitaciones rigurosas, normas inhibitorias, y una despersonalización de las relaciones sexuales que desdeñaba el cultivo de una relación amorosa mutua entre individuos (Clarke, 2000; Schipper, 1994). Igualmente, mientras que el sabbath judío es un día para la consagración de relaciones sexuales entre marido y mujer, muchas enseñanzas tradicionales (p.ej. el iggeret ha-kodesh) prescribían la necesidad de que tal unión se realizara sin placer ni pasión, tal y como supuestamente se hacía en el Paraíso antes del pecado original (Biale, 1992). Y lo que es más, gran parte de la apreciación del budismo vajrayana del ‘burdo’ cuerpo físico como facilitador de la iluminación reside en que se le considera el cimiento de otro cuerpo más real, no-físico, el ‘cuerpo astral’ o el ‘cuerpo del arco iris’ (P.Williams, 1997). De una manera similar en el tantra hindú reconocen al cuerpo y al mundo como reales, pero algunos de sus rituales de identificación con el cosmos involucran la purificación y la visualización destructiva del cuerpo físico ‘impuro’ como catalizadores de la emergencia de un cuerpo sutil o divino de las propias cenizas de la corporaleidad (ver p.ej. la jayakhya samhita del vaisnavismo tántrico; Flood, 2000). Para resumir, aunque ciertas escuelas religiosas hayan preconizado objetivos espirituales con mayor inclusión del cuerpo, en la práctica viviente una espiritualidad plenamente encarnada comprometida con la participación de todos los atributos humanos en una interacción co-creativa con las fuentes espirituales tanto inmanentes como trascendentes ha sido, y continúa siendo, una gema difícil de encontrar (Ferrer, 2008; Ferrer & Sherman, 2008a).

Realizar un examen de las numerosas variables históricas y contextuales que subyacen en la tendencia a una espiritualidad desencarnada excede el ámbito de este ensayo, pero sí me gustaría mencionar una posible causa subyacente (ver Ferrer, Albareda & Romero, 2004; Romero & Albareda, 2001). La inhibición frecuente de las dimensiones primarias de la persona – somática, instintiva, sexual, y ciertos aspectos emocionales – puede haber sido necesaria en ciertas encrucijadas históricas para permitir la emergencia y maduración de los valores del corazón y la consciencia humana. Más específicamente, esta inhibición ha podido ser esencial para evitar la reabsorción de una autoconsciencia emergente, y sus valores concomitantes, todavía débiles ante la presencia más poderosa que tuvieron en las colectividades humanas de antaño los impulsos energéticos instintivos. En el contexto de la praxis religiosa esto se puede conectar a la consideración ampliamente extendida de que ciertas cualidades humanas son más ‘correctas’ espiritualmente, o más beneficiosas, que otras; por ejemplo ecuanimidad frente a pasiones intensas, trascendencia frente a encarnación sensual, castidad o un ejercicio estrictamente regulado de la sexualidad frente a exploración sensual sin objetivos concretos, etcétera. Lo que puede caracterizar a nuestro momento presente, sin embargo, sería la posibilidad de reconectar todos estos potenciales humanos de una manera integrada. En otras palabras, habiendo ya desarrollado una consciencia auto-reflexiva y las sutiles dimensiones del corazón, podría haber llegado el momento de reapropiarse de, e integrar, las dimensiones más primarias e instintuales de la naturaleza humana al objeto de lograr una vida espiritual plenamente encarnada. Vamos a explorar ahora la específica comprensión del cuerpo humano implícita en la concepción de una espiritualidad encarnada.

El Cuerpo Viviente

La espiritualidad encarnada contempla al cuerpo como un sujeto, como el hogar de un ser humano completo, como fuente de vislumbres espirituales, como microcosmos del universo y del Misterio, y como pieza clave para una transformación espiritual duradera.

El cuerpo como sujeto: Ver al cuerpo como sujeto significa aproximarse a él como un mundo viviente, con toda su interioridad y profundidad, sus necesidades y sus deseos, sus luces y sus sombras, su sabiduría y sus oscuridades. Las alegrías y tristezas corporales, sus relajaciones y tensionamientos, sus anhelos y repulsiones son algunos de los medios por los que nos habla nuestro cuerpo. En cualquiera de los casos el cuerpo no es un “Eso” que se pueda reificar para usarlo como medio para lograr objetivos, o incluso éxtasis espirituales, de la mente consciente. Es un “Tú”, un socio íntimo con quien las otras dimensiones humanas pueden colaborar para alcanzar formas de sabiduría liberadora siempre creciente.

El cuerpo como hogar de un ser humano completo: En esta realidad física en la que vivimos, el cuerpo es nuestra casa, una ubicación de libertad que nos permite andar nuestro propio camino, tanto simbólica como literalmente. Una vez que superamos por completo la dualidad entre materia y Espíritu, no se puede ver ya al cuerpo como ‘prisión del alma’ ni incluso como ‘templo del Espíritu’. El misterio de la encarnación nunca aludió a la ‘entrada’ del Espíritu en el cuerpo, sino a que ‘llegó a hacerse’ carne: “Al principio fue el Verbo, y el Verbo era Dios, .... y el Verbo se hizo carne” [Juan 1:1, 14]. ¿Sería entonces quizás más adecuado apreciar nuestros cuerpos como transmutación del Espíritu en una forma encarnada, al menos durante nuestra existencia física? A través de la encarnación actual de innumerables criaturas, la vida puede estar apuntando a una unión última de humanidad y divinidad en el cuerpo. Quizás paradójicamente una encarnación plena pueda conllevar una muerte pacífica y enriquecedora: entonces podríamos despedirnos de esta existencia material con un sentido profundo de haber cumplido uno de los propósitos más esenciales del haber nacido en este mundo.

El cuerpo como fuente de vislumbres espirituales: el cuerpo es una revelación divina que puede ofrecer comprensión, discriminación, y sabiduría espiritual. Primero, el cuerpo es el útero para la concepción y gestación de todo saber genuinamente espiritual. Las sensaciones corporales, por ejemplo, son los bloques cimentadores de la transformación encarnada de las energías creativas del Espíritu a través de cada vida humana. Si descartamos bloqueos o disociaciones graves, esta energía creativa se transforma somáticamente en impulsos, emociones, sentimientos, pensamientos, vislumbres, visiones, y en última instancia, revelaciones contemplativas. Como reputadamente dijo el Buda: “Todo lo que surge en la mente empieza fluyendo como sensación en el cuerpo.” (Goenka, 1998, p. 26).

Más aún, al escuchar al cuerpo en profundidad nos damos cuenta de que las sensaciones físicas y los impulsos pueden también ser fuentes genuinas de vislumbres espirituales (ver Ferrer, Romero & Albareda, 2005; Osterhold, Husserl & Nicol, 2007). En algunas escuelas zen, por ejemplo, las acciones corporales constituyen una prueba crucial de realización espiritual y se ven como la verificación última de una súbita iluminación o satori (Faure, 1993). La relevancia epistemológica de la encarnación en cuestiones espirituales también ha sido apasionadamente establecida por Nikos Kazantzakis (1965):

“En mí incluso el problema más metafísico toma la forma de un cuerpo físico cálido que huele a mar, tierra, y sudor humano. El Verbo, para tocarme, debe transformarse en cálida carne. Sólo entonces entiendo – cuando puedo ver, oler, tocar.” (p. 43)

Puede que incluso más importante, el cuerpo es la dimensión humana que puede revelar el sentido último de la vida encarnada. Al ser él mismo una entidad física, el cuerpo atesora en sus profundidades la respuesta al misterio de la existencia material. La respuesta del cuerpo a este enigma no viene dada bajo la forma de una visión metafísica o una Teoría del Todo grandilocuentes, sino que queda garantizada por medio de estados del ser por cuya gracia la vida tiene, de manera natural y profunda, un sentido. En otras palabras, el sentido de la vida no es algo que se discierna y conozca intelectualmente por medio de la mente, sino algo sentido en las profundidades de nuestra carne.

El cuerpo como microcosmos del universo y del Misterio: Prácticamente todas las tradiciones espirituales sostienen que hay una resonancia profunda entre el ser humano, el cosmos, y el Misterio. Esta visión queda plasmada en el dictado esotérico “como es arriba, es abajo” (Faivre, 1994); en las comprensiones platónica, taoísta, islámica, cabalista y tántrica de la “persona como microcosmos del macrocosmos” (p.ej. ver Chittick, 1994; Faure, 1998; Overzee, 1992; Saso, 1997; Shokek, 2001; Wayman, 1982); y en el punto de vista bíblico de que el ser humano está hecho “a imagen y semejanza de Dios” (imago Dei) (Jónsson, 1988). Para los baul de Bengala, entender el cuerpo humano como microcosmos del universo (bhanda/brahmanda) implica la creencia de que la divinidad reside físicamente en el cuerpo humano (McDaniel, 1992); el pensador jesuita Pierre Teilhard de Chardin (1968) lo expresó de este modo: “Mi materia no es una parte del universo que yo posea en su totalidad; es la totalidad del universo que yo poseo parcialmente” (p.12).

Todas estas percepciones delinean una imagen del cuerpo humano como espejo y contenedor de la estructura más íntima tanto del universo entero como del principio creativo último. En una serie de tradiciones esta correspondencia estructural entre el cuerpo humano y el Misterio ha dado forma a prácticas místicas en las que rituales y actos corporales se ha considerado que afectan a las mismísimas dinámicas de lo Divino – planteamientos que quizás hayan sido descritos con la mayor claridad en el misticismo teúrgico cabalista (Lancaster, 2008). Aún así, esto no quiere decir que el cuerpo haya de ser valorado únicamente porque representa o porque pueda afectar a realidades más ‘amplias’ o ‘altas’. Esta perspectiva mantiene sutilmente el dualismo entre cuerpo material y Espíritu. La espiritualidad encarnada reconoce al cuerpo humano como el pináculo de la manifestación creativa del Espíritu y, por tanto, imbuido de sentido espiritual intrínseco.

El cuerpo como pieza clave para una transformación espiritual duradera: El cuerpo es un filtro mediante el cual los seres humanos pueden purificar tendencias energéticas contaminadas, heredadas tanto biográfica como colectivamente. Dado que la naturaleza del cuerpo es más densa que los mundos emocional, mental y consciente, los cambios que suceden en él son de naturaleza más duradera y permanente. En otras palabras, una transformación psicoespiritual duradera necesita estar enraizada en una transformación somática (ver Ferrer, 2003). La transformación integrada de los mundos somáticos/energéticos de una persona cortocircuita la tendencia de hábitos energéticos preteridos a volver, creando así cimientos sólidos para una transformación espiritual completa y permanente.

[1] Una versión resumida de este ensayo fue originalmente publicada en 2006 con el título “Espiritualidad Encarnada, Ahora y Entonces” en Tikkun: Culture, Spirituality, Politics (Mayo/Junio), 41-45, 53-64. Aprovecho la ocasión de esta publicación en castellano para dar crédito a Ramón V. Albareda, cuyas innovadoras ideas sobre la espiritualidad encarnada impregnan este ensayo, incluso cuando no siempre halla sido posible referenciarlas bibliográficamente.

[2] Los chakras (o cakras), cuyo número varía según las diferentes tradiciones, son los centros energéticos sutiles del cuerpo viviente, que acumulan y canalizan la fuerza vital (pranasakti) del individuo. La tradición tántrica india identifica seis de estos centros, localizados respectivamente en la base de la columna (muladhara), el área sexual pélvica (svadhisthana), el plexo solar (manipura), el corazón (anahata), la garganta (visuddha), y en el centro entre las cejas o ‘tercer ojo’ (ajna) (Basu, 1986). Aunque muchas prácticas religiosas tenían en consideración a todos estos centros, la tendencia mayoritaria ha sido transmutar las expresiones primarias de la fuerza vital – conectadas a los chakras inferiores – hacia las cualidades sutiles y éxtasis del corazón y de la consciencia – conectados a los chakras más elevados. Si aceptamos la narración india de cómo la fuerza vital primordial (sakti) es femenina, y cómo la conciencia (shiva) es masculina, entonces la práctica tántrica tradicional puede verse como una especie de ‘patriarcado internalizado’ en el cual las energías femeninas se utilizan al servicio de los objetivos y expresividad masculinos.

(Continúa en una 2da parte)

Jorge N. Ferrer, doctor, dirige el Departamento de Psicología Oriental y Occidental en el California Institute of Integral Studies [Instituto Californiano de Estudios Integrales], San Francisco, donde ejerce docencia en el área de estudios transpersonales, misticismo comparativo, investigaciones sobre espiritualidad encarnada, y perspectivas espirituales de la sexualidad y la relacionalidad. Es el autor de Revisioning transpersonal theory: a participatory vision of human spirituality (SUNY Press, 2002) y co-editor de The participatory turn: spirituality, mysticism, religious studies (SUNY Press, 2008).

viernes, 6 de abril de 2018

Las religiones del futuro (Vicente Hao Chin)

"In the name of God", por Johan Anderrson


Las religiones del futuro, por Vicente Hao Ching, JR

Presidente del Golden Link College, una institución teosófica en Filipinas.
(Conferencia pública ofrecida en la Convención Internacional, en Adyar el 1 de enero de 2017)

En los miles de años que han pasado, las religiones han sido factores muy significativos en el trazo del curso de casi todas las civilizaciones de la tierra. En apariencia se supone que deberían mejorar a la humanidad, hacer que los seres humanos tengan más moral o ayudar a las personas a obtener la felicidad eterna. En muchos sentidos lo han hecho, pero en otros muchos las religiones se han convertido en fuentes de conflictos entre las personas y han generado violencia, guerras y crueldad. La humanidad se ha dividido tanto por las religiones que incluso los límites políticos y las alianzas militares se han delineado según las religiones. Según Samuel Huntington en su libro El Choque de las Civilizaciones publicado en 1996, las guerras del futuro se librarán no por los límites políticos sino por las divisiones étnicas y religiosas.

Pero no tenemos que esperar al futuro para apreciar este fenómeno. Ha estado sucediendo desde tiempos inmemoriales: cuando Josué masacró a los Canaanitas y a ciudades enteras de Tierra Santa, cuando Mahoma conquistó y convirtió a los países de Medio Oriente al Islam, cuando los países cristianos emprendieron las Cruzadas que se extendieron durante doscientos años, cuando los países católicos lucharon contra las naciones protestantes de Europa, cuando los países árabes libraron una guerra orquestada contra la recién formada nación de Israel, y cuando India y Pakistán libraron varias batallas después de su división por causa de diferencias religiosas.

Las culturas religiosas han nutrido grandes obras artísticas, música sublime, arquitectura grandiosa y han producido grandes maestros espirituales, pero también han engendrado algunas de las peores formas de crueldad en la historia, como la Inquisición en Europa y el actual terrorismo religioso, que no discrimina si sus víctimas son hombres, mujeres o niños, si es amigo o enemigo. Estos actos de terrorismo son alentados incluso con promesas de recompensas celestiales. Esta forma de terrorismo nunca se había visto en la historia. Antes, el terrorismo se debía a razones políticas o militares y estaba dirigido a objetivos políticos o militares. Pero el terrorismo religioso ha sido indiscriminadamente violento con sus víctimas.

Las religiones también han patrocinado grandes centros educativos, pero al mismo tiempo han retrasado el progreso de la ciencia y de la educación en los siglos pasados prohibiendo el estudio, la publicación o la enseñanza de descubrimientos científicos que eran contrarios a sus dogmas. Galileo fue apresado de por vida y se le prohibió escribir, luego de ser condenado por hereje, por enseñar que la tierra se movía alrededor del sol.

El lobby religioso anti-científico puede ser tan fuerte incluso en tiempos más actuales, como en 1925, cuando el estado de Tennessee en los Estados Unidos promulgó una ley que prohibía la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas, y ésta fue abolida recién en 1967, en un momento tan moderno como en el que Rusia y los EEUU ya habían enviado astronautas al espacio exterior. Tan reciente como en 1999, Kansas prohibió la enseñanza de la evolución, una decisión que fue revocada unos dos años después.

Miles de libros se han escrito sobre este aspecto perjudicial de la religión que causó tanta división y sufrimiento entre las personas. En el 2006, una estación televisiva británica transmitió una serie de documentales titulados “¿La raíz de todos los males?” presentado por Richard Dawkins sobre el daño que las religiones le han causado a la humanidad. Hallamos condenas similares en la Cartas de los Maestros a finales del siglo IXX, donde el Mahatma Koot Hoomi declaró que dos tercios de los males que encontramos en el mundo pueden haberse originado en las religiones.

¿Por qué tantas religiones, que se suponen que deben ayudar, mejorar y salvar a la humanidad, producen estos efectos perjudiciales a la civilización humana? ¿Por qué estos conflictos y divisiones? ¿Por qué se carece de amor y unidad?

Permítanme compartir con ustedes lo que creo que son los ingredientes principales de las religiones, de los que surgen estos efectos. Déjenme decirles en este momento que muchos de estos elementos se encuentran principalmente en las religiones Abrahámicas, el Judaísmo, Cristianismo y el Islam, y mucho menos en las religiones Orientales.

Fuentes de división y conflicto

1. Escrituras infalibles. La primera fuente de conflicto y división de las religiones es la pretendida infalibilidad de las escrituras. Entre las religiones Abrahámicas, las escrituras son tomadas como palabra de Dios y por ende sin errores. En estas escrituras, sin embargo, existen muchas afirmaciones que van en contra de nuestro sentido común, de nuestra moral, de nuestro conocimiento científico e histórico y de nuestro sentido de la justicia. Por estas afirmaciones, las religiones han sido intolerantes, han condenado a otras religiones y han conducido a personas aparentemente sinceras a volverse crueles e injustas.

Aquí menciono unos ejemplos de preceptos de Dios que se pueden encontrar en estas escrituras:

“Matadles (a los no creyentes) doquiera los encontréis.” (Coran, 2:191)

“Destruye completamente todo lo que les pertenece. No les tengas compasión; mata a hombres y mujeres, niños y bebés, vacas y ovejas, camellos y asnos.” (1 Samuel 15:3)

Dudo que una persona común pueda tomar estos preceptos como razonables, y seguirlos.

Hoy, la mayoría de los eruditos bíblicos consideran que estas escrituras fueron escritas y compiladas por personas, y mientras que muchas de las enseñanzas son de hecho inspiradoras, muchos de los relatos estuvieron basados en las creencias y tradiciones prevalecientes del momento. Es increíble que Dios dijera muchas de las cosas a él atribuidas que son evidentemente impías.

En la actualidad, por ejemplo, la Iglesia Católica ya no cree que el mundo fue creado en seis días. Reconoce la validez de los descubrimientos arqueológicos y de sus implicaciones en el proceso evolutivo de la Naturaleza, contrario a lo que literalmente dice la escritura. Pero aún existe mucho fundamentalismo en miles de sectas y religiones, grandes y pequeñas. Quizás tome cientos de años para que la humanidad trascienda colectivamente tal limitado literalismo y fundamentalismo y sea capaz de aceptar el hecho de que la liberación espiritual también puede hallarse por medio de senderos alternativos diferentes a la de la propia religión.

2. Autoridad institucional como fuente del dogma. La segunda fuente de la estrechez religiosa es la dependencia de la autoridad jerárquica o institucional como fuente de la verdad o del dogma. Crecí como católico, estudié en colegio católico. En la Iglesia Católica, el Papa está considerado como infalible, y el magisterio, el cuerpo colectivo de oficiales de la iglesia que incluye a los obispos, es reconocido como fuente de verdades auténticas. Esta autoridad puede ser oficial, o puede ser tradicional, o estar basada en impresiones populares y a menudo traer consigo el poder para juzgar, excomulgar, para condenar e incluso castigar. Cuando está acompañado por el poder militar y político, puede arrestar, apedrear o ejecutar.

No solo se ha abusado de este poder en el pasado, sino que es la fuente de la perpetuidad de prácticas y doctrinas nocivas. Giordano Bruno y Juana de Arco fueron dos de las decenas de miles de personas que fueron quemadas o ejecutadas por herejía o por alegatos de brujería. Mansur Al-Hallaj fue encarcelado y ejecutado por manifestar sus experiencias espirituales.

3. Pretensiones exclusivas de salvación. La tercera fuente de división y nocividad religiosa es la pretensión de la salvación exclusiva de una religión, es decir, que sólo aquellos que pertenecen a determinada iglesia o religión serán salvados o irán al cielo. Esta es una de las más perniciosas porque hace que las autoridades religiosas sientan justificación al perseguir e incluso masacrar a los no creyentes. El genocidio de los indígenas americanos por los conquistadores españoles es un ejemplo.

Por siglos, la Iglesia Católica declaró que “fuera de la Iglesia no hay salvación” (aunque ya no lo dice). Muchas de las iglesias fundamentalistas actuales alegan lo mismo. Esta tendencia es aún muy fuerte. Aquí otra afirmación de otra religión: “Quien se oponga al mensajero… y siga otro camino que el de los creyentes, lo arrojaremos al infierno.” (Corán, 4:115)

Pero soplan vientos de cambio. Una declaración reciente del Papa Católico Francisco ha socavado esta visión desde los mismos cimientos. En una homilía de la Radio del Vaticano y en una carta a un periódico italiano, el Papa manifestó que incluso los ateístas pueden ir al cielo con tal de que sean buenas personas y sigan su conciencia. Esto es absolutamente revolucionario. Significa que las creencias son secundarias a la ética. Si uno cree o no en Dios o en Jesús Cristo, ya no es importante. Lo importante es la vida ética.

4. Creencia en un Dios antropomórfico. La cuarta fuente es la creencia en un Dios antropomórfico – un dios que puede enfadarse, envidiar, vengarse, castigar, ser inseguro o dual; un Dios que evoca el miedo en vez de inspirar espiritualidad. Este miedo impone la lealtad a un Dios en especial. Como resultado, la autoridad religiosa humana es igual: colérica, envidiosa, vengativa, castigadora y temible. Así, en vez de tener una religión de amor, se engendra una religión de miedo y de odio.

Estas cuatro fuentes de dogmatismo y división religiosa probablemente no desaparecerán en los próximos mil años o más, basados en la experiencia de la civilización humana en los pasados dos mil años. La cultura humana dejará a las siguientes generaciones estos mismos factores que han causado divisiones religiosas.

Es de notar que estas cualidades siniestras se aprecian menos en las religiones Orientales, como el Budismo, Hinduismo, Taoísmo, Jainismo y el Sintoísmo. El Budismo, por ejemplo, se ha amalgamado fácilmente con otras religiones que ha encontrado en otras culturas, sin crear hostilidad, violencia o animosidad. En las Filipinas, por ejemplo, los dos grandes centros para la meditación del Budismo Zen fueron fundados por monjas Católicas. En India, China y en Japón, el Budismo se mezcla fácilmente con el Hinduismo, el Taoísmo, el Confucianismo y el Sintoísmo.

Las religiones del futuro

Si miramos lejos hacia el futuro, ¿cuáles podrían ser las cualidades de las religiones más iluminadas que promuevan armonía y unidad? Creo que tales religiones poseerán las siguientes características:

1. Escrituras sin consideraciones de infalibilidad. Las religiones del futuro ya no creerán que sus escrituras son infalibles. Ellas verán que sin importar cuán inspiradas sean algunas partes de sus escrituras, son el producto de manos humanas y por lo tanto están sujetas a las limitaciones de la mente humana. Las personas repudiarán aquellas partes que no sean evidentemente científicas, que no posean ética o que vayan en contra de la razón, el sentido común y la intuición.

Pero ciertas preguntas surgen en las mentes de muchos creyentes: “¿Cómo podemos, los meros mortales como nosotros, decidir lo que es cierto o falso, válido o inválido, si no confiamos en las escrituras?” Desafortunadamente, no existe otra manera sino que nosotros mismos debemos tomar la decisión de si algo es cierto o falso, válido o inválido. Si yo, por ejemplo, acepto cierta escritura como verdadera, entonces lo que he hecho es emitir un juicio. Tomé una decisión, nadie la tomó por mí. Significa que también he juzgado que otras escrituras son falsas. Mañana, si cambio de parecer, entonces puedo tomar una decisión contraria. Todo esto lo hace uno mismo y no ningún poder o autoridad externa. Si Dios (Él o Ella) se mostrara a sí mismo en este mismo instante en este salón, cada uno de nosotros tendría que juzgar si esto es una ilusión o si es verdad. Por lo tanto para encontrar la verdad, no existe otro camino sino desarrollar nuestras propias facultades de juicio y discernimiento por medio de la razón, el sentido común y la intuición.

Esto nos conduce a un principio importante en la búsqueda del hombre por la verdad. La responsabilidad final de decidir lo que es cierto o no, no puede asignarse o ser delegada a un poder exterior, bien sea Dios, el hombre o las escrituras. Si un libro dice que existe la Antártida, recae en el individuo decidir si el libro es confiable. Incluso si un individuo intenta llegar a la verdad por la autoridad de otro, aún así, es el individuo quien decide a quién darle esa autoridad.

Y así podemos observar que la meta final de todos los esfuerzos educativos, sociales y religiosos para mejorar a la humanidad deben centrarse en la tarea de desarrollar la madurez individual por el despertar de nuestras propias facultades superiores para percibir la realidad.

2. Sin dogmas y abiertas. La segunda cualidad de las religiones del futuro es consecuencia de la primera. La religión del futuro ya no será dogmática y no forzará la creencia en sus seguidores por la expulsión, excomunión o sanciones.

A la palabra “dogma” actualmente se la define como principio o enseñanza “establecida por una autoridad como incuestionablemente cierta.” pero el significado original de la palabra griega “dogma” es “opinión”, y así es como debería ser entendida, sólo como una opinión.

Por ejemplo: en el siglo tercero, los cristianos estaban confundidos si Jesús era o no Dios. Un prominente teólogo cristiano llamado Ario dijo que no era Dios. Otro joven líder llamado Atanasio dijo que Jesús sí era Dios. Esta controversia permaneció por más de quinientos años. Algunas veces la visión de Arius era popularmente más aceptada y en otras ocasiones era la de Atanasio. Su obispo supervisor, Alexander, no intervino. Pero el Emperador Constantino no quería una división en la religión por los problemas potenciales que podría causar en su Imperio. Así que ordenó a los obispos convocar un concilio para votar al respecto y Atanasio ganó. Una opinión se convirtió en un dogma establecido, que prevalece hasta hoy. Si la votación se hubiera hecho en el momento en que Ario era más popular, al mundo cristiano de hoy se le enseñaría un Cristo humano.

Hacer un dogma de algo no es garantía de que sea cierto. Lo mejor que una religión moralmente íntegra puede hacer es convencer a sus simpatizantes de la verdad de sus enseñanzas sin amenazas de castigos organizativos. Una religión realmente interesada en la verdad no temerá a la herejía, porque si la herejía está equivocada entonces se sabrá luego, si está en lo cierto, entonces será adoptada sin vacilar.

Para algunas personas esta libertad de creencias en la religión puede sonar extraña, pero es el principio básico de ambas, del Buddhismo y del Hinduismo. Se dice que Buddha dijo: “No aceptes algo porque lo dicen los relatos, las leyendas, la tradición, las escrituras… ” (Kalama Sutra), es decir no aceptes algo como verdadero sólo porque una escritura o un profeta lo ha dicho.

La segunda razón del porqué las religiones del futuro no serán dogmáticas es porque las realizaciones más importantes de la Realidad son transcendentales e inefables. Las verdades trascendentales simplemente no pueden ser dogmatizadas, porque los dogmas son intentos de limitar o cristalizar en palabras lo inefable. Esas verdades pueden ser simbolizadas o representadas pero no definidas en palabras.

3. La ética como principio. El enfoque central de las religiones del futuro estará en la nobleza moral, en vez de escrituras o posiciones teológicas. Estos juicios éticos finalmente provendrán de nuestra intuición moral y no de declaraciones dogmáticas dadas por las escrituras o las instituciones. Las doctrinas que violen tales intuiciones se desvanecerán en importancia. Por ejemplo, un verso de una escritura dice que a menos que uno odie a su padre, madre, hermano o hermana, uno no puede ser discípulo de Cristo. Muy profundo en nuestro interior, no podemos aceptar esto. Quizás seamos desapegados, pero no podemos odiar a nuestros padres. No tienen ningún sentido.

Le he preguntado a muchas personas: ¿quién se salvará? ¿una persona que cree en la doctrina pero que es mala, o una persona que no cree en una doctrina pero que es buena? La mayoría rápidamente responde que la persona buena se salvará, pero otros dudan al responder porque se hallan confundidos.

En nuestro interior habita un sentido moral profundo que puede distinguir entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia. Las religiones deben coadyuvar al despertar de esta facultad interna para ayudar a las personas a ser más maduras y morales.

4. Experiencias místicas como centro de la experiencia religiosa. Las religiones reconocerán los elementos místicos de su propia fe como el centro de la experiencia religiosa. Como tal, también reconocerán la validez de las percepciones y experiencias místicas de las personas de otras religiones. Lo que es bien sabido entre los místicos de varias religiones, prontamente se convertirá en conocimiento general entre las religiones del futuro. Hoy, personas como D. T. Suzuki, Hazrat Inayat Khan, Thomas Merton, Abraham Maslow, y Frithjof Schuon todos reconocen la generalidad de la experiencia mística entre las diversas religiones.

Abraham Maslow expresó:

Debido a que todas las experiencias místicas o experiencias pico son las mismas en su esencia y siempre han sido las mismas, todas las religiones son las mismas en su esencia y siempre han sido las mismas. Ellos (los practicantes religiosos) deberían en consecuencia, acordar primeramente en enseñar lo que es común a todas ellas, es decir, cualquiera que sea lo que esas experiencia pico enseñan en común (lo que sea diferente sobre esas iluminaciones pueden ciertamente ser tomadas como localismos en ambos, espacio y tiempo, y son periféricos, prescindibles, no esenciales). Este algo en común, este algo que permanece después de sacar todos los localismos… lo podemos llamar la “experiencia religiosa central” o la “experiencia trascendental”.
(Religiones, Valores, y Experiencias Pico).

El maestro Sufi Hazrat Inayat Khan afirmó:

¿Qué es la religión para el místico? La religión del místico es un continuo progreso hacia la unidad…
Nadie puede ser un místico y llamarse a sí mismo un místico cristiano, un místico judío o un místico musulmán. ¿Porque, qué es el misticismo? El misticismo es algo que borra de nuestra mente toda idea de separatividad.
(La Vida Interna)

El bien conocido autor y sacerdote jesuita, William Johnston, escribió:

Toda religión autentica se origina con una experiencia mística, bien sea la experiencia de Jesús, de Buda, de Mahoma, de los videntes y profetas de los Upanishads.
(El Ojo Interno del Amor)

5. Humanistas y espirituales. Las religiones del futuro serán humanistas y espirituales, en vez de teocéntricas y doctrinales. No tratarán sobre los celos o el odio de un dios, sino sobre el crecimiento y el desarrollo de los seres humanos. Tratarán menos sobre la adoración de cualquier dios, y más sobre la experiencia de la santidad en el corazón. No tratarán sobre el castigo de un dios colérico, sino en cambio sobre la cosecha de las consecuencias por nuestros pensamientos y acciones.

En paralelo, el concepto de un ser divino o de una realidad divina ya no será del tipo humano, sino trascendente e impersonal, al igual que el Ain Sof de la Cábala, el Parabrahman del Hinduismo y la Deidad de los místicos cristianos. Pero las religiones del futuro reconocerán la existencia de seres divinos, los Budas, los Cristos, seres humanos perfeccionados, los seres divinos que están más allá de la humanidad pero que no pueden ser considerados como el Ser Supremo.

Cuando llegue el momento en el que las religiones del futuro tengan estas cualidades, habrá mucha más paz y armonía entres las creencias. Las diferencias religiosas serán debido a las culturas locales, tradiciones históricas o preferencias entre fundadores y líderes religiosos. Las religiones ya no serán opresivas o tiránicas.

¿Qué podemos hacer?

¿Qué podemos hacer para ayudar a acelerar el surgimiento de tales religiones?

1. Promover y difundir la importancia de la vida ética como base principal de la vida religiosa, una vida que no daña o comete injusticias a otros, de altruismo y desinterés, de compasión y amor. Esto es mucho más importante que si Dios es una unidad o una trinidad, si Jesús es Dios o no, o que si uno cree en un Dios o no.

2. Popularizar el misticismo y las percepciones místicas, es decir, darle más atención a la experiencia espiritual. Este es el segundo principio más elevado de la vida religiosa. Esta es la verdadera base de la unidad religiosa. La vida espiritual o mística debe enfatizarse, en vez de los dogmas o de las creencias doctrinales. El rol central de la espiritualidad es tal que Meister Eckhart, uno de los grandes místicos cristianos de la historia valientemente afirmó: “Cuando una persona tiene una verdadera experiencia espiritual puede osadamente abandonar las disciplinas externas, incluso aquellas a las que está ligada por votos” (Sermones)

3. Oponerse a la agresividad o al abuso de poderes sectarios. El poder opresivo se incrementa cuando las personas tienden a ser sumisas y a guardar silencio. Cuando quienes ostentan ese poder sienten que hay una creciente oposición colectiva, comienzan a ser más cuidadosos. Es el deber del ciudadano más culto expresar sus preocupaciones u oposición, especialmente en esta era en donde las redes sociales o forums permiten a cualquiera expresar su punto de vista.

4. Promover la educación no sectaria. Una escuela o religión sectaria promueve principalmente una sola religión. Algunas escuelas sectarias pueden ser liberales y otras intolerantes. El efecto general de la educación religiosa es que nutre las mentes jóvenes en un molde en particular con un prejuicio inconsciente en contra de otras religiones. Esto perpetúa la división religiosa por otra generación.

En algunos países, las escuelas gubernamentales que se suponen ser no sectarias aún pueden serlo de un modo informal. Depende de cuán dominante es una religión particular en la comunidad. Cuando es dominante, los maestros y estudiantes pueden tender a orar o hacer rituales como si su religión fuera la religión de facto de la escuela, aunque existan muchos otros en la escuela que pertenezcan a otras religiones. Estas minorías tienden a ser calladas o sumisas por miedo a ser tratadas como marginadas por los otros.

Sería muy bueno si padres, maestros o estudiantes propusieran que las escuelas gubernamentales o privadas no sectarias, fueran verdaderamente no sectarias. Si tuvieran una oración común, entonces la oración debería ser algo con la que todos los miembros de la comunidad pudieran sentirse en afinidad. O pueden tener dos o tres tipos de plegarias provenientes de diferentes religiones. De este modo, la comunidad de la escuela sentiría que la escuela respeta la religión pero no favorece una denominación religiosa en particular. Si ellas quieren enseñar religión, entonces que enseñen religiones comparadas para que los estudiantes puedan familiarizarse con las diversas perspectivas religiosas del mundo y aprender a respetarlas.

5. Enseñar a los jóvenes a ser de mente abierta y a distinguir entre la fe ciega y el uso de la razón, la ciencia y el sentido común. La clave para la transformación de la religión yace en los niños y jóvenes de cada generación. Cuando el joven no es adoctrinado excesivamente por los mayores con puntos de vista que tienden a menospreciar otras religiones, crecen con una mente más abierta, son tolerantes a puntos de vista alternativos, y no tienden a discriminar la fe ajena.

Yo enseño Filosofía y Religiones Comparadas en el Golden Link College. Usualmente los estudiantes provienen de religiones tradicionales, y un buen número proviene de denominaciones fundamentalistas. A través de los años, he visto que cuando los jóvenes son expuestos a preguntas básicas que amplían su punto de vista sobre las cosas, ellos no retroceden a los puntos de vista limitados basados en las creencias tradicionales. Este no es un intento de socavar las creencias religiosas. Es para enseñarles a los jóvenes a aprender a cómo enfocar la búsqueda de la verdad, con apertura, con razón y con intuición.

A las mentes a las que se les permite abrirse mientras son jóvenes, es casi imposible que se cierren cuando entran en la adultez. Por otro lado, a las mentes jóvenes a quienes se les ha enseñado a ser cerrados es bien difícil abrirlas luego en la vida.

Creo que el mejor modo de enseñar a los jóvenes es haciéndoles preguntas básicas y permitiéndoles explorar, razonar y debatir. Una vez que puedan ver por sí mismos lo que es sensible y razonable, ya nunca más podrán ser ciegos. Luego, los métodos de las religiones antiguas cerradas ya no encadenarán o aprisionarán sus mentes. Serán libres y más capaces de encontrar qué es la verdad.

La religión en su aspecto místico y más elevado es una bendición para la vida humana, porque resalta lo más profundo de la naturaleza humana; pero la religión que es un vehículo para el control, el miedo y el dominio, ha sido una maldición para la humanidad, porque ha engendrado superstición, opresión, crueldad, violencia y guerras.

Nuestra labor es ayudar a hacer del mundo un lugar donde la religión sea una bendición en vez de una maldición, donde sea una fuente de amor en vez de odio, que sea un ashram de espiritualidad en vez de una escuela del dogma. Para aquellos de nosotros que ven esto como una agenda urgente en el desarrollo humano y social, debemos tomar acción, individual y colectivamente. Entonces de nuestra pequeña manera ayudamos al advenimiento de las religiones más esclarecidas del futuro.

Necesitamos valernos de la educación para crear una comprensión de la ética y para crear modos de trabajar sin emociones para llevar una vida feliz. Nuestro actual sistema educativo mejoraría si incluyera capacitación para lidiar con la mente y las emociones. Y esto se logrará de un modo secular. Esto es lo que quería compartir con ustedes.


Su Santidad el Dalai Lama


Fuente original del texto: El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 138 - Número 05 - Febrero 2017 (en Castellano)