📌 El pasado sábado 26 de Junio celebramos una nueva “Mesa Redonda Mitológica” (Joseph Campbell Foundation - www.jcf.org), la primera en modo virtual. Compartimos la lectura de cuatro escritos publicados recientemente en el boletín de la Fundación (Mythblast), cuyos títulos fueron los siguientes: 1) Separación, Iniciación, Retorno: sobre el viaje del héroe (David Kudler); 2) Los mitos no explican nada (Mark Peterson); 3) Las tentaciones de la metáfora (Mark Peterson); 4) El viaje del silencio (John Bucher). Tras cada lectura, dedicamos unos minutos a reflexionar grupalmente y a intercambiar, en un clima de escucha atenta y respeto, sensaciones, pensamientos e ideas despertadas por cada uno de los textos. Terminamos nuestro encuentro con un hermoso poema de Jorge Luis Borges, “Everness”. Esta Mesa Redonda estuvo dedicada a su memoria, y a la del maestro C.G.Jung, siendo que ambos fallecieron durante el mes de Junio de 1986 y 1961, respectivamente. Gracias a todas las compañeras y compañeros que participaron.
Psicología de la religión, espiritualidad, política consciente, estudios mitológicos, y mundo simbólico. Blog de Juan Manuel Otero Barrigón
jueves, 1 de julio de 2021
jueves, 24 de junio de 2021
Próxima "Mesa Redonda Mitológica" (Joseph Campbell Foundation)
Amigos y amigas de la Red:
📌 Luego de un suspenso que se prolongó por varios meses, el próximo sábado 26 de Junio a las 16hs vamos a compartir, por primera vez de manera online, una nueva "Mesa Redonda Mitológica" (Joseph Campbell Foundation - www.jcf.org).
⚠ Este encuentro es libre y gratuito. Por reglamento de la Fundación, las únicas condiciones para participar son vivir en Buenos Aires y haber tenido contacto anteriormente con alguna de nuestras actividades. Quienes nos fueron escribiendo vía correo durante el curso de las semanas, ya recibieron el código meet de acceso a la reunión.
📖 A diferencia de otras de nuestras "Mesas Redondas Mitológicas" previas, esta "Mesa" no va a contar con un programa preestablecido; no obstante, desde la Red preparamos la traducción al español de algunos recientes artículos publicados en los boletines de la JCF, que sentimos que va a ser interesante poder leer para ustedes, como disparador a posibles reflexiones y aportes que cada quien tenga ganas de compartir.
🙏 Esta reunión va a tener un sabor especial, ya que hace apenas unos días se cumplieron los aniversarios del fallecimiento de los maestros C.G.Jung y Jorge Luis Borges. A ellos le vamos a dedicar esta nueva "Mesa Redonda".
Los esperamos.
Hasta el próximo sábado.
📧 Contacto: jmobarrigon@gmail.com (J.M. Otero Barrigón)
💬 WhatsApp: (11) 64891310
viernes, 14 de mayo de 2021
Notas sobre activismo espiritual (h)
1) El impulso inicial donde una figura como Moisés, Cristo, Buda, Mahoma se adentra en el desierto y entra en contacto profundo con una nueva forma de ver la realidad.
2) La reunión de discípulos: un grupo de seguidores se sienten conmovidos por las percepciones profundas de la etapa 1, se reúnen y cambian en el proceso.
3) Los discípulos desarrollan una teología que trata de estructurar esas percepciones profundas y sacar conclusiones de las mismas.
4) La teología conduce a la fundación de una estructura institucional que propaga dicho sistema y asegura su permanencia en el tiempo.
5) La estructura institucional se da cuenta de que necesita conectarse con el poder político para protegerse y seguir creciendo, además de entrar en conflicto con otras religiones por influencia, seguidores, y formas diversas de percibir y/o interpretar la realidad.
Sam Keen sugiere que deberíamos intentar volver a la Etapa 1; o por lo pronto, al menos, recrear su mismo vigor.
Octava Serie - Juan Manuel Otero Barrigón
jueves, 13 de mayo de 2021
Conocimiento y Sabiduría
"Para calificar a una persona de sabia no basta con fijarnos en su saber. La sabiduría es un modo de conducirse, de comportarse y situarse en la vida.
El término latino del que procede el castellano sabiduría, a saber, “sapere”, nos ayuda a comprender la riqueza que comporta la palabra. “Sapere” puede traducirse como saber o entender, pero también como gustar y saborear. Teniendo en cuenta ambos matices podríamos decir que sabio es el que tiene inteligencia y buen gusto. No solo inteligencia, sino también buen gusto. Se puede ser muy inteligente, se pueden conocer muchas cosas, y emplearlas para hacer el mal. Se necesita inteligencia para ser un buen mentiroso. Se necesitan buenos conocimientos para sabotear nuestras cuentas bancarias.
Para calificar a una persona de sabia no basta con fijarnos en su saber. La sabiduría es un modo de conducirse, de comportarse y situarse en la vida. Aunque no hay oposición entre sabiduría y conocimiento, la sabiduría no es un conjunto de conocimientos, sino un modo de comportamiento. Para el cristiano, además, la sabiduría es una conducta ante Dios. Del mismo modo que la necedad no es una falta de saber, sino un comportamiento equivocado. Sin duda, el sabio conoce, y según cuales sean sus conocimientos será experto en una u otra materia. Pero lo distintivo del sabio es la prudencia y la sensatez con la que usa sus conocimientos.
El título de mi contribución es: sabiduría, ¿conocimiento o comportamiento? No se trata de dos actitudes contradictorias. Deben ir juntas, pero el comportamiento debe regular el conocimiento. En este mundo y en esta sociedad hace falta mucha sabiduría. ¿Quién cree aún en el desinterés? ¿Quién toma en serio la benevolencia? Necesitamos gobernantes que sean sabios. Si, además, son expertos en alguna ciencia, mejor. Pero importa, ante todo, que sean sabios. Desgraciadamente, la política suele estar condicionada por la ambición y la búsqueda del poder. La ambición no ayuda a ser sabio, más bien nos ciega. El ambicioso solo piensa en sí mismo y en lo que puede situarle por encima de los demás. A veces, a los ambiciosos sus supuestas jugadas inteligentes les salen mal y terminan perjudicándoles. Con lo que demuestran, una vez más, que no tienen sabiduría.
A todos los seres humanos, sean o no creyentes, pero sobre todo a los que tienen alguna responsabilidad sobre los demás, les convendría recordar el oráculo del dios Apolo, que se encuentra en el templo de Delfos, modelo de sabiduría más allá de toda religión: “Conócete a ti mismo”. Seguir esta invitación nos permite ir más allá de la simple información que, muchas veces, se queda en las apariencias, para introducirnos en el pensamiento reflexivo y autocrítico. Este paso nos ayuda a integrar la ciencia, conocimiento del mundo y de las realidades materiales, en la sapiencia, modo de comportamiento que sabe respetar y valorar a las personas".
〰 Martin Gelabert, fraile dominico español. Es autor de diversos libros, entre los que se encuentran "Salvación como humanización", (1985), "Para encontrar a Dios" (2002), y "Vivir en el amor: amar y ser amado" (2005).
martes, 27 de abril de 2021
Cartografías de la experiencia "yoica"
"Ken Wilber refiere que en el s.XIX William James ya había mencionado que nuestra conciencia normal de vigilia no es más que un tipo especial de conciencia, estando a su alrededor formas de conciencia totalmente diferentes y desconocidas. Como si nuestra percepción y conciencia habitual no fueran más que una isla insignificante, en cuyas costas se estrellan constantemente olas de un vasto océano desconocido e insospechado, hasta que en un momento insospechado irrumpe un nuevo mundo de conciencia, inexplorado pero real: algo de otro plano de la realidad se impone. Cuando uno responde a la pregunta ¿quién soy? traza una línea o límite mental que atraviesa el campo de su experiencia, llamando “yo” a todo aquello que quede por dentro del límite que percibe como “yo mismo”, mientras que todo aquello que quede por fuera de ese límite quedará excluido del “yo mismo”. Cuando sentimos que atravesamos una crisis de identidad, en realidad nuestra línea de demarcación de fronteras interna se difumina. ¿Quién eres? No sabes bien dónde están las fronteras de tus costas internas... Lo significativo de esta línea, dice Wilber, es que se desplaza y puede rectificarse. Al poder re cartografiar su alma, una persona puede encontrar territorios que jamás habría creído posibles o deseables. Y la forma más habitual de rehacer un mapa o cambiar una línea limítrofe se dan en las experiencias de identidad suprema, cuando algo desconocido irrumpe en las costas de nuestras certidumbres. El crecimiento personal es exploración de nuestro mapa, recartografiado y colocación de nuevas fronteras. Un crecimiento del terreno de lo que Uno Es".
〰 Virginia Modarelli, Psicóloga (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología y Facultad de Filosofía y Letras). Psicoterapeuta con orientación analítica. Docente en la Escuela Taitoku. Amiga de nuestra Red.
viernes, 2 de abril de 2021
martes, 9 de marzo de 2021
Reflexiones Junguianas (VII), por Néstor E. Costa
Para la ciencia psicológica la única "realidad" es precisamente la "realidad psíquica". Habría montones de ejemplos para seleccionar, pero hay uno que siempre me atrapó y es el cambio de paradigma que implicó Copérnico para la ciencia astronómica, al demostrar, contradiciendo el principio de Ptolomeo, que la tierra gira alrededor del sol y no al revés. Sin embargo, para nuestro psiquismo profundo y hasta para el saber vulgar no es así. En los diarios y en los medios de comunicación se sigue leyendo el "el sol sale a las....", " el sol se pone a las...." por lo cual, el sol es el que gira alrededor de la tierra, con su "salida" y su "puesta" colocando a la tierra, psicológicamente hablando, en el "centro" del sistema. Sin mencionar a la percepción que "ve" como el sol "se asoma" por el horizonte y se "esconde" muchas horas después de igual forma. Las ideas arquetípicas no ceden su espacio fácilmente, siguen su derrotero, dado que miles y miles de años de pensar y percibir el mundo de una forma no pueden ser eliminados sin más por unos pocos cientos de años y del que se requiere un juego intelectual para dar cuenta de ello.
Es como un río, al que se le desvía de su cauce, pero una vez removido el obstáculo que impedía su natural recorrido, éste vuelve a retomar su viejo camino.
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Me ha parecido interesante una reflexión de Jung, basada en su método dialéctico terapeútico y en su enorme experiencia clínica. Va de suyo que muchos acordarán con ella y otros, seguramente la rechazarán de plano y es la que dice:
"Las virtudes y los talentos son esencialmente distinciones individuales y no son propios del hombre en general, las aglomeraciones humanas tienden siempre a la psicología gregaria, a la estampida ciega y a la psicología de masas, a la brutalidad y al sentimentalismo histérico...hay innumerables personas que no sólo son básicamente colectivas, sino que además tienen la ambición de no ser otra cosa que colectivas. Esto cuadra con todas las tendencias educativas, al uso, que entienden la individualidad como sinónimo de anarquía. En este nivel, lo individual es considerado de menor valor y reprimido."
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Ha sido de siempre conocido la humildad con la que Jung expuso la "validez" de su teoría. Ya en una conferencia de 1929 señalaba que hay una pluralidad de opiniones contradictorias en la psicología aplicada, cuestión, agregamos nosotros, que muchos años después sigue igual, como sabemos. Pero esto no debe ser tomado como algo nocivo, por el contrario, enriquece a esta moderna disciplina. Señalaba el investigador suizo, que aún estamos muy lejos de saber algo riguroso sobre el objeto más distinguido de la ciencia, el alma humana. De momento tenemos simplemente unas opiniones más o menos plausibles que no coinciden entre sí.
Y advertía con meridiana claridad: "Como se sabe, se puede aguantar durante muchísimo tiempo una teoría deficiente, pero no unos métodos terapéuticos deficientes...he acumulado una colección considerable de fracasos, los cuales se me han grabado más que mis éxitos. Cualquiera puede tener éxitos en psicoterapia, empezando por el curandero primitivo Pero el psicoterapeuta aprende poco o nada de sus éxitos, pues éstos le confirman sus errores. Por el contrario , los fracasos son experiencias valiosísimas, pues abren el camino a una verdad mejor y además nos obligan a cambiar nuestra teoría y método".
Néstor E. Costa es el Presidente de la Asociación de Formación e Investigación en Psicología Analítica -AFIPA- Grupo de Desarrollo reconocido por la IAAP (International Association for Analytical Psychology), con sede en Buenos Aires, Argentina. Doctor en Psicología. Ex Vice Decano del Departamento de Psicología de la Universidad John F. Kennedy, fue uno de los fundadores de AFIPA en los primeros meses de 1996.
sábado, 20 de febrero de 2021
Notas sobre activismo espiritual (g)
Pintura: Peter Ilsted
Una ayuda simbólica importante a la autorregulación psicológica consiste en tener un espacio personal sin contaminación alguna. No importa si se trata de un jardín o de un diminuto rincón de la habitación, se trata de cultivar un espacio donde aquello que entra y sale pueda estar calibrado por uno, sin intromisiones ni interferencias. En dicho espacio pueden tenerse instrumentos musicales, objetos religiosos o cualquier otro tipo de elemento que por sus resonancias desprenda en nosotros una sensación de arraigo y seguridad. Aunque quizás sea difícil evitar la intrusión de sonidos externos, podemos enriquecer este espacio creando nuestro propio ambiente sonoro con aquella música que despierte lo más sutil en nosotros. En ese espacio somos libres de recrear nuestro pequeño shangri la, labrando allí nuestra disponibilidad como práctica de vaciamiento de la mente, al decir de François Jullien. Con su cuidado, un espacio de estas características puede convertirse, por dicha senda, en una usina creativa donde acontezcan las novedades, toda vez que “cualquier novedad debe encontrarnos siempre enteramente disponibles” (André Gide). Crear un espacio de este tipo donde sea que vayamos y poder mantenernos allí en soledad es una contribución excelente a la salud integral.
Séptime Serie - Juan Manuel Otero Barrigón
martes, 2 de febrero de 2021
Psicología de la Religión: cinco ideas fuerza
Material - Cátedra "Psicología de la Religión" * Prof. Otero Barrigón (Universidad del Salvador)
Alumnos/Autores: Candelaria Botto y Lucas Castronuovo.(gracias a ambos por permitirnos compartir)
lunes, 18 de enero de 2021
Neil Gaiman: la importancia de imaginar y leer
Es importante que las personas le digan de qué lado están y por qué, y si pueden ser parciales. Una especie de declaración de intereses de los miembros. Entonces, les voy a hablar sobre la lectura. Les voy a decir que las bibliotecas son importantes. Voy a sugerir que leer ficción, que leer por placer, es una de las cosas más importantes que se pueden hacer. Voy a hacer una súplica apasionada para que la gente comprenda lo que son las bibliotecas y los bibliotecarios, y que preserve ambas cosas.
Y soy parcial, obvia y enormemente: soy un autor, a menudo un autor de ficción. Escribo para niños y para adultos. Durante unos 30 años me he ganado la vida con mis palabras, principalmente inventando cosas y escribiéndolas. Obviamente, me interesa que la gente lea, que lean ficción, que existan bibliotecas y bibliotecarios que ayuden a fomentar el amor por la lectura y los lugares en los que se puede leer.
Así que soy parcial como escritor. Pero soy mucho, mucho más parcial como lector. Y soy aún más parcial como ciudadano británico.
Y estoy aquí dando esta charla esta noche, bajo los auspicios de la Agencia de Lectura: una organización benéfica cuya misión es brindar a todos la misma oportunidad en la vida, ayudando a las personas a convertirse en lectores seguros y entusiastas. Que apoya los programas de alfabetización, las bibliotecas y las personas, y fomenta abierta y desenfrenadamente el acto de leer. Porque, nos dicen, todo cambia cuando leemos.
Y es ese cambio y ese acto de lectura de lo que estoy aquí para hablar esta noche. Quiero hablar sobre lo que hace la lectura. Para qué sirve.
Una vez estuve en Nueva York y escuché una charla sobre la construcción de prisiones privadas, una industria de enorme crecimiento en Estados Unidos. La 𝗶𝗻𝗱𝘂𝘀𝘁𝗿𝗶𝗮 𝗽𝗲𝗻𝗶𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝘀𝘂 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗳𝘂𝘁𝘂𝗿𝗼: ¿𝗰𝘂𝗮́𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗲𝗹𝗱𝗮𝘀 𝘃𝗮𝗻 𝗮 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗿? ¿𝗖𝘂𝗮́𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗵𝗮𝗯𝗿𝗮́ 𝗱𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟱 𝗮𝗻̃𝗼𝘀? 𝗬 𝗱𝗲𝘀𝗰𝘂𝗯𝗿𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗱𝗶́𝗮𝗻 𝗽𝗿𝗲𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿𝗹𝗼 𝗺𝘂𝘆 𝗳𝗮́𝗰𝗶𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝘂𝘁𝗶𝗹𝗶𝘇𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗮𝗹𝗴𝗼𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗯𝗮𝘀𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲, 𝗯𝗮𝘀𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲́ 𝗽𝗼𝗿𝗰𝗲𝗻𝘁𝗮𝗷𝗲 𝗱𝗲 𝗻𝗶𝗻̃𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝟭𝟬 𝘆 𝟭𝟭 𝗮𝗻̃𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗱𝗶́𝗮𝗻 𝗹𝗲𝗲𝗿. 𝗬 𝗰𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗱𝗶́𝗮 𝗹𝗲𝗲𝗿 𝗽𝗼𝗿 𝗽𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿.
No es uno a uno: no se puede decir que una sociedad alfabetizada no tiene criminalidad. Pero hay correlaciones muy reales.
Y creo que algunas de esas correlaciones, las más simples, provienen de algo muy simple. Las personas alfabetizadas leen ficción.
La ficción tiene dos usos. En primer lugar, es una droga de entrada a la lectura. El impulso de saber qué pasa después, de querer pasar página, la necesidad de seguir adelante, incluso si es difícil, porque alguien está en problemas y tienes que saber cómo va a terminar todo… ese es un impulso muy real. Y te obliga a aprender nuevas palabras, a tener nuevos pensamientos, a seguir adelante. Descubrir que la lectura en sí es placentera. Una vez que aprenda eso, estará en camino de leerlo todo. Y la lectura es clave. Hace unos años se hicieron ruidos breves sobre la idea de que vivíamos en un mundo post-alfabetizado, en el que la capacidad de dar sentido a las palabras escritas era de alguna manera redundante, pero esos días se han ido: las palabras son más importantes de lo que nunca fueron: navegamos por el mundo con palabras y, a medida que el mundo se desliza en la web, debemos seguir, comunicar y comprender lo que leemos. Las personas que no pueden entenderse no pueden intercambiar ideas, no pueden comunicarse y los programas de traducción solo llegan hasta cierto punto.
La forma más sencilla de asegurarnos de que educamos a los niños es enseñarles a leer y mostrarles que la lectura es una actividad placentera. Y eso significa, en su forma más simple, encontrar libros que les gusten, darles acceso a esos libros y dejar que los lean.
No creo que exista un libro malo para niños. De vez en cuando se pone de moda entre algunos adultos señalar un subconjunto de libros para niños, un género, tal vez, o un autor, y declararlos malos libros, libros que los niños deberían dejar de leer. Lo he visto suceder una y otra vez; Enid Blyton fue declarada una mala autora, también lo fue RL Stine, al igual que docenas de otros. Se ha denunciado que los cómics fomentan el analfabetismo.
Es una tontería. Es esnobismo y es una tontería. No hay malos autores para los niños, que a los niños les gusten y quieran leer y buscar, porque cada niño es diferente. Pueden encontrar las historias que necesitan y se acercan a ellas. Una idea trillada, gastada, no es trillada ni gastada para ellos. Esta es la primera vez que el niño lo encuentra. No desanime a los niños de leer porque sienta que están leyendo algo incorrecto. La ficción que no te gusta es una ruta a otros libros que quizás prefieras. Y no todo el mundo tiene el mismo gusto que tú.
Los adultos bien intencionados pueden destruir fácilmente el amor de un niño por la lectura: deje que lean lo que les gusta, o déles libros valiosos pero aburridos que a usted le gusten, los equivalentes del siglo XXI a la literatura "mejorada" victoriana. Terminará con una generación convencida de que leer no es genial y, lo que es peor, desagradable.
Necesitamos que nuestros hijos se suban a la escalera de la lectura: cualquier cosa que disfruten leyendo los llevará hacia arriba, peldaño por peldaño, hacia la alfabetización. (Además, no hagas lo que hizo este autor cuando a su hija de 11 años le gustaba RL Stine, que es ir a buscar una copia de Carrie de Stephen King, diciendo que si te gustaban, ¡te encantará esto! Holly no leyó nada. pero historias seguras de colonos en las praderas durante el resto de su adolescencia, y todavía me mira cuando se menciona el nombre de Stephen King).
Y lo segundo que hace la ficción es generar empatía. Cuando miras la televisión o ves una película, estás viendo lo que les sucede a otras personas. La ficción en prosa es algo que se construye a partir de 26 letras y un puñado de signos de puntuación, y usted, y solo usted, con su imaginación, crea un mundo, lo habita y mira con otros ojos. Tienes la oportunidad de sentir cosas, visitar lugares y mundos que de otro modo nunca conocerías. Aprendes que todos los demás son un yo también. Estás siendo otra persona, y cuando regreses a tu propio mundo, vas a cambiar un poco.
La empatía es una herramienta para formar a las personas en grupos, para permitirnos funcionar como algo más que individuos obsesionados con nosotros mismos.
A medida que lee, también está descubriendo algo de vital importancia para abrirse camino en el mundo. Y es esto:
El mundo no tiene por qué ser así. Las cosas pueden ser diferentes.
Estuve en China en 2007, en la primera convención de ciencia ficción y fantasía aprobada por el partido en la historia de China. Y en un momento llevé a un alto funcionario a un lado y le pregunté ¿Por qué? SF había sido desaprobado durante mucho tiempo. ¿Qué había cambiado?
Es simple, me dijo. Los chinos eran brillantes haciendo cosas si otras personas les llevaban los planos. Pero no innovaron ni inventaron. No se imaginaron. Entonces enviaron una delegación a Estados Unidos, a Apple, a Microsoft, a Google, y le preguntaron a la gente que estaba inventando el futuro sobre sí mismos. Y descubrieron que todos habían leído ciencia ficción cuando eran niños o niñas.
La ficción puede mostrarte un mundo diferente. Puede llevarte a un lugar en el que nunca has estado. Una vez que hayas visitado otros mundos, como aquellos que comieron frutas de hadas, nunca podrás estar completamente satisfecho con el mundo en el que creciste. El descontento es algo bueno: las personas descontentas pueden modificar y mejorar sus mundos, dejarlos mejor, irse ellos diferentes.
Y ya que estamos en el tema, me gustaría decir algunas palabras sobre el escapismo. Escucho que el término se difunde como si fuera algo malo. Como si la ficción "escapista" fuera un opiáceo barato usado por los confusos, los tontos y los engañados, y la única ficción que vale, para adultos o para niños, es la ficción mimética, que refleja lo peor del mundo en el que se encuentra el lector.
Si estabas atrapado en una situación imposible, en un lugar desagradable, con personas que querían enfermarte y alguien te ofrecía un escape temporal, ¿por qué no lo aceptas? Y la ficción escapista es solo eso: ficción que abre una puerta, muestra la luz del sol afuera, te da un lugar al que ir donde tienes el control, estás con la gente con la que quieres estar (y los libros son lugares reales, no te equivoques al respecto); y lo que es más importante, durante tu escape, los libros también pueden darte conocimiento sobre el mundo y tu situación, darte armas, darte armadura: cosas reales que puedes llevar a tu prisión. Habilidades, conocimientos y herramientas que puede utilizar para escapar de verdad.
Como nos recordó JRR Tolkien, las únicas personas que critican la fuga son los carceleros.
Otra forma de destruir el amor de un niño por la lectura, por supuesto, es asegurarse de que no haya libros de ningún tipo alrededor. Y no darles ningún lugar para leer esos libros. Tuve suerte. Tuve una excelente biblioteca local mientras crecía. Tenía el tipo de padres a los que se podía persuadir de que me dejaran en la biblioteca de camino al trabajo en las vacaciones de verano, y el tipo de bibliotecarios a los que no les importaba que un niño pequeño y sin compañía volviera a la biblioteca infantil todas las mañanas y trabajara. su camino a través del catálogo de cartas, buscando libros con fantasmas o magia o cohetes en ellos, buscando vampiros o detectives o brujas o maravillas. Y cuando terminé de leer la biblioteca para niños, comencé con los libros para adultos.
Eran buenos bibliotecarios. Les gustaban los libros y les gustaba que se leyeran libros. Me enseñaron cómo pedir libros de otras bibliotecas con préstamos entre bibliotecas. No tenían ningún esnobismo sobre nada de lo que leí. Parecía que les gustaba que hubiera un niño con los ojos muy abiertos al que le encantaba leer y que me hablaba sobre los libros que estaba leyendo, me buscaban otros libros de una serie y me ayudaban. Me trataron como a un lector más, ni menos ni más, lo que significaba que me trataban con respeto. No estaba acostumbrado a que me trataran con respeto cuando tenía ocho años.
Pero las bibliotecas tienen que ver con la libertad. Libertad de lectura, libertad de ideas, libertad de comunicación. Se trata de educación (que no es un proceso que termina el día que dejamos la escuela o la universidad), de entretenimiento, de hacer espacios seguros y de acceso a la información.
Me preocupa que aquí, en el siglo XXI, la gente no entienda qué son las bibliotecas y el propósito de ellas. Si percibe una biblioteca como un estante de libros, puede parecer anticuada u obsoleta en un mundo en el que la mayoría, pero no todos, los libros impresos existen digitalmente. Pero eso es perder el punto fundamentalmente.
Creo que tiene que ver con la naturaleza de la información. La información tiene valor y la información correcta tiene un valor enorme. Durante toda la historia de la humanidad, hemos vivido en una época de escasez de información, y tener la información necesaria siempre fue importante, y siempre valió la pena: cuándo plantar cultivos, dónde encontrar cosas, mapas e historias e historias, siempre fueron buenas. para una comida y compañía. La información era algo valioso y quienes la tuvieran o pudieran obtener podrían cobrar por ese servicio.
En los últimos años, hemos pasado de una economía con escasez de información a una impulsada por un exceso de información. Según Eric Schmidt de Google, cada dos días ahora la raza humana crea tanta información como lo hicimos nosotros desde los albores de la civilización hasta 2003. Eso es aproximadamente cinco exobytes de datos al día, para aquellos de ustedes que llevan la cuenta. El desafío es no encontrar esa planta escasa que crece en el desierto, sino encontrar una planta específica que crece en una jungla. Vamos a necesitar ayuda para navegar por esa información para encontrar lo que realmente necesitamos.
Las bibliotecas son lugares a los que la gente acude en busca de información. Los libros son solo la punta del iceberg de la información: están ahí, y las bibliotecas pueden proporcionar libros de forma libre y legal. Cada vez más niños toman prestados libros de las bibliotecas, libros de todo tipo: en papel, digitales y de audio. Pero las bibliotecas también son, por ejemplo, lugares donde las personas que pueden no tener computadoras, que pueden no tener conexión a Internet, pueden conectarse sin pagar nada: muy importante cuando la forma en que se informa sobre empleos, solicita empleos o solicita beneficios. está migrando cada vez más exclusivamente en línea. Los bibliotecarios pueden ayudar a estas personas a navegar por ese mundo.
No creo que todos los libros vayan o deban migrar a las pantallas: como me señaló una vez Douglas Adams, más de 20 años antes de que apareciera el Kindle, un libro físico es como un tiburón. Los tiburones son viejos: hubo tiburones en el océano antes que los dinosaurios. Y la razón por la que todavía hay tiburones es que los tiburones son mejores tiburones que cualquier otra cosa. Los libros físicos son duros, difíciles de destruir, resistentes al baño, funcionan con energía solar, se sienten bien en la mano: son buenos como libros y siempre habrá un lugar para ellos. Pertenecen a las bibliotecas, al igual que las bibliotecas ya se han convertido en lugares a los que puede ir para obtener acceso a libros electrónicos, audiolibros, DVD y contenido web.
Una biblioteca es un lugar que es un depósito de información y brinda a todos los ciudadanos el mismo acceso a ella. Eso incluye información médica. E información sobre salud mental. Es un espacio comunitario. Es un lugar seguro, un refugio del mundo. Es un lugar con bibliotecarios. Cómo serán las bibliotecas del futuro es algo que deberíamos estar imaginando ahora.
La alfabetización es más importante que nunca, en este mundo de texto y correo electrónico, un mundo de información escrita. Necesitamos leer y escribir, necesitamos ciudadanos del mundo que puedan leer cómodamente, comprender lo que están leyendo, comprender los matices y hacerse entender.
Las bibliotecas son realmente las puertas del futuro. Por lo tanto, es lamentable que, en todo el mundo, observemos a las autoridades locales aprovechar la oportunidad de cerrar bibliotecas como una forma fácil de ahorrar dinero, sin darse cuenta de que están robando al futuro para pagar hoy. Están cerrando las puertas que deberían estar abiertas.
Según un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Inglaterra es el "único país donde el grupo de mayor edad tiene mayor competencia tanto en lectoescritura como en aritmética que el grupo más joven, después de otros factores, como el género, los antecedentes socioeconómicos y se tienen en cuenta el tipo de ocupaciones”.
O, para decirlo de otra manera, nuestros hijos y nuestros nietos son menos alfabetizados y numéricos que nosotros. Son menos capaces de navegar por el mundo, de entenderlo para resolver problemas. Se les puede mentir y engañar más fácilmente, serán menos capaces de cambiar el mundo en el que se encuentran, serán menos empleables. Todas estas cosas. Y como país, Inglaterra se quedará atrás de otras naciones desarrolladas porque carecerá de mano de obra calificada.
Los libros son la forma en que nos comunicamos con los muertos. La forma en que aprendemos lecciones de aquellos que ya no están con nosotros, que la humanidad ha construido sobre sí misma, ha progresado, ha hecho que el conocimiento sea incremental en lugar de ser algo que tiene que volver a aprender una y otra vez. Hay cuentos que son más antiguos que la mayoría de los países, cuentos que han sobrevivido durante mucho tiempo a las culturas y los edificios en los que se contaron por primera vez.
Creo que tenemos responsabilidades para el futuro. Responsabilidades y obligaciones con los niños, con los adultos en los que se convertirán, con el mundo en el que se encontrarán habitando. Todos nosotros, como lectores, como escritores, como ciudadanos, tenemos obligaciones. Pensé en tratar de explicar algunas de estas obligaciones aquí.
Creo que tenemos la obligación de leer por placer, en lugares públicos y privados. Si leemos por placer, si los demás nos ven leyendo, aprendemos, ejercitamos nuestra imaginación. Mostramos a los demás que leer es algo bueno.
Tenemos la obligación de apoyar a las bibliotecas. Usar bibliotecas, alentar a otros a usar bibliotecas, protestar por el cierre de bibliotecas. Si no valora las bibliotecas, no valora la información, la cultura o la sabiduría. Estás silenciando las voces del pasado y estás dañando el futuro.
Tenemos la obligación de leerles en voz alta a nuestros hijos. Para leerles las cosas que disfrutan. Leerles historias de las que ya estamos cansados. Hacer las voces, hacerlo interesante, y no dejar de leerles solo porque aprenden a leer para sí mismos. Utilice el tiempo de lectura en voz alta como tiempo de unión, como tiempo cuando no se revisan los teléfonos, cuando se dejan de lado las distracciones del mundo.
Tenemos la obligación de utilizar el idioma. Empujarnos: descubrir qué significan las palabras y cómo desplegarlas, comunicarnos claramente, decir lo que queremos decir. No debemos intentar congelar el lenguaje, ni pretender que es una cosa muerta que debe ser venerada, sino que debemos usarlo como un ser vivo, que fluye, que toma prestadas palabras, que permite que los significados y las pronunciaciones cambien con el tiempo.
Los escritores, y especialmente los escritores para niños, pero todos los escritores, tenemos una obligación con nuestros lectores: es la obligación de escribir cosas verdaderas, especialmente importante cuando estamos creando cuentos de personas que no existen en lugares que nunca existieron, para entender que la verdad no está en lo que sucede sino en lo que nos dice acerca de quiénes somos. La ficción es la mentira que dice la verdad, después de todo. Tenemos la obligación de no aburrir a nuestros lectores, sino de hacer que necesiten pasar las páginas. Una de las mejores curas para un lector reticente, después de todo, es un cuento que no pueden dejar de leer. Y aunque debemos decirles a nuestros lectores cosas verdaderas y darles armas y armaduras y transmitir cualquier sabiduría que hayamos obtenido de nuestra corta estadía en este mundo verde, tenemos la obligación de no predicar, no dar conferencias, no forzar moralejas y mensajes predigeridos por la garganta de nuestros lectores como pájaros adultos que alimentan a sus bebés con gusanos premasticados; y tenemos la obligación de nunca, nunca, bajo ninguna circunstancia, escribir algo para niños que no quisiéramos leer nosotros mismos.
Tenemos la obligación de entender y reconocer que como escritores para niños estamos haciendo un trabajo importante, porque si lo estropeamos y escribimos libros aburridos que alejan a los niños de la lectura y de los libros, hemos disminuido nuestro propio futuro y disminuido el de ellos.
Todos, adultos y niños, escritores y lectores, tenemos la obligación de soñar despiertos. Tenemos la obligación de imaginar. Es fácil pretender que nadie puede cambiar nada, que estamos en un mundo en el que la sociedad es enorme y el individuo es menos que nada: un átomo en una pared, un grano de arroz en un campo de arroz. Pero la verdad es que los individuos cambian su mundo una y otra vez, los individuos hacen el futuro y lo hacen imaginando que las cosas pueden ser diferentes.
Mira a tu alrededor: lo digo en serio. Haga una pausa, por un momento y mire alrededor de la habitación en la que se encuentra. Voy a señalar algo tan obvio que tiende a olvidarse. Es esto: que todo lo que puedes ver, incluidas las paredes, fue, en algún momento, imaginado. Alguien decidió que era más fácil sentarse en una silla que en el suelo e imaginó la silla. Alguien tuvo que imaginar una manera en la que podría hablar contigo en Londres ahora mismo sin que nos lloviera a todos. Esta habitación y las cosas que hay en ella, y todas las otras cosas en este edificio, esta ciudad, existen porque, una y otra vez y terminado, la gente imaginaba cosas.
Tenemos la obligación de embellecer las cosas. No dejar el mundo más feo de lo que lo encontramos, no vaciar los océanos, no dejar nuestros problemas para la próxima generación. Tenemos la obligación de limpiar después de nosotros mismos y no dejar a nuestros hijos con un mundo que hemos estropeado, estafado y lisiado con miopía.
Tenemos la obligación de decirles a nuestros políticos lo que queremos, de votar en contra de los políticos de cualquier partido que no comprendan el valor de la lectura para crear ciudadanos valiosos, que no quieran actuar para preservar y proteger el conocimiento y fomentar la alfabetización. No se trata de una cuestión de política de partidos. Este es un asunto de humanidad común.
Una vez le preguntaron a Albert Einstein cómo podíamos hacer que nuestros hijos fueran inteligentes. Su respuesta fue simple y sabia. “Si quieres que tus hijos sean inteligentes”, dijo, “léelos cuentos de hadas. Si quieres que sean más inteligentes, léelos más cuentos de hadas". Comprendió el valor de la lectura y de la imaginación. Espero que podamos darles a nuestros hijos un mundo en el que leerán, se les leerá, imaginarán y comprenderán.
• Esta es una versión editada de la conferencia de Neil Gaiman para la Reading Agency , pronunciada el lunes 14 de octubre en el Barbican de Londres. La serie de conferencias anuales de la Agencia de Lectura se inició en 2012 como una plataforma para que los escritores y pensadores líderes compartieran ideas originales y desafiantes sobre la lectura y las bibliotecas.
lunes, 4 de enero de 2021
Sed de conocimiento y Religión
En las últimas décadas se hicieron comunes los ejemplos de novelas y películas que ubican a la religión en el lugar del oscurantismo, la ignorancia y el atraso. En nuestro medio, se añade además la caracterización de ciertas instituciones religiosas como guardianas de secretos que deben protegerse de la intrusión de mentes inquietas e indagadoras. Caso contrario, se destaparía el engaño mantenido a resguardo por siglos, y, ante la decepción y el abandono, tales instituciones perderían su poder secular. Como eco de esta visión conspirativa, muchas personas sugieren que abolir la religión allanaría el camino hacia el logro de una consciencia superior para la humanidad.
Dentro del marco cristiano, el relato del Pecado Original (Gn 3) constituiría una clara representación de este paisaje. Yahvé había presentado a Adán y a Eva el "árbol del conocimiento del bien y del mal", con la consecuente prohibición de comer de su fruto. Resultaría claro que aquí la pretensión era la de preservar estos conocimientos fundamentales para Sí mismo, siendo que, como sabemos, al transgredir el mandato divino y comer del fruto vedado, a la primera pareja "se le abrieron los ojos". De acuerdo a esta hermenéutica, la expulsión del paraíso sería un castigo coherente con dicha aspiración; el destierro pondrá a Adán y a Eva en el lugar de aquellos que respondiendo al humano impulso de conocer, se rebelaron contra lo "decretado" y decidieron ir más allá de sus límites. Fue en sintonía con el espíritu de esta interpretación, que en su obra "El mundo y sus demonios", el famoso astrofísico Carl Sagan opuso continuamente el impulso de la indagación científica frente al oscurantismo religioso, siempre impaciente por preservar la inercia y la ignorancia de la humanidad.
Sin embargo, resulta lógico para todo buscador sincero que a la hora de interpretar cualquier texto religioso se necesita, entre otras cosas, considerar la intención original de su autor, los moldes literarios que utilizó para expresarla, y el contexto histórico y geográfico en el que vivió. Por dicha ruta, descubrimos que pasajes como el mencionado están redactados en lenguaje mítico: más de una vez sugerimos que el mito, rico en símbolos y metáforas, es una narración de gran densidad significativa que apunta a explicar una realidad fundamental orientándose a un tiempo primordial en la que ésta se originó. Sería por ello tan erróneo interpretar los textos como hechos literales e históricos como anacrónico querer entender "el fruto del conocimiento" según la concepción científica contemporánea. La mentalidad semita antigua no diferenciaba un discurso especulativo escindido del pensamiento práctico atento a la vida cotidiana; conocer era siempre un acto concreto (siendo así como "conocer varón" significaba para una mujer israelita tener relaciones sexuales con él). Por esto, comer del fruto del "árbol del conocimiento del bien y del mal" significa aspirar al dominio de las leyes morales, manipularlas por decisión propia, y por ende, determinar por uno qué es lo bueno y qué es lo malo, situándose en el lugar de Dios mismo.
Hoy son tan numerosos como dispares los esfuerzos por superar los antiguos desencuentros entre religión y ciencia. Pero tanto la una como la otra son motores esenciales para la posibilidad de un progreso que sea realmente humano. Para ello, resulta necesario desarmar las versiones degradadas que persisten incrustadas dentro de ambas, sobre todo bajo las formas desencantadas del fundamentalismo y el cientificismo.
Juan Manuel Otero Barrigón
🎨 Pintura: Alexander Bogardy, "Jardín del Edén" (Smithsonian American Art Museum).
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sábado, 26 de diciembre de 2020
Gardel, un mito popular (I)
El viernes 11 de Diciembre se celebró en Argentina el día nacional del Tango, en recuerdo del nacimiento del violinista y director de orquesta Julio de Caro, y de Carlos Gardel, el más reconocido cantante de tango dentro y fuera del país. Este último, elevado a la categoría de santo laico y popular tras su muerte trágica en 1935.
Como todos los mitos, el origen de Gardel es nebuloso: se discute la fecha y el lugar de su nacimiento. Se desconoce quien era su padre y hasta los hay quienes ponen en duda que su madre haya sido doña Berta Gardés. Para algunos, Gardel nació en la ciudad de Toulouse, en Francia; para otros, en Tacuarembó, Uruguay. Difícilmente los gardelianos alguna vez se pongan de acuerdo. Su partida de nacimiento menciona a Toulouse; su documento cita a Tacuarembó. Más fuerza para el mito.
Los mitos necesitan del misterio porque sus vidas pertenecen menos a la rigurosa investigación histórica, que al imaginario colectivo, al sueño compartido de los pueblos del que nos habla Jung en su escrito "Las dos formas de pensamiento" (1952). Como parte de la condición humana que signa a pueblos y comunidades, la Argentina, un país con una historia de apenas 200 años, precisa leyendas y fabrica ídolos. En ese sentido, Gardel es el más grande, el menos discutido, el más amado.
Juan Manuel Otero Barrigón
sábado, 19 de diciembre de 2020
Filosofía perenne para estar en el mundo
"Aldous Huxley popularizó en el siglo XX la noción de "filosofía perenne", aunque ya había sido utilizada en siglos anteriores, específicamente por Steuco en el SXVI y por Leibniz, en el SXVII. El estudio de la historia de las religiones, junto con el denominado esoterismo, nos conduce a un resultado de mucha importancia: la antigüedad, la continuidad y la unidad esencial de una doctrina esotérica. Esto supone que los sabios y profetas, aún de tiempos muy diversos, llegaron a conclusiones idénticas en el fondo, aunque diferentes en su forma, sobre las verdades primeras y últimas del ser humano, y esto siempre por la misma vía de la iniciación interior y de la meditación. Hay, entonces, y usando la expresión de Leibniz, una filosofía eterna, perennis quaedam philosophia, que constituye el lazo primordial de la ciencia y de la religión y su unidad final, intuición a la que todos podemos tener acceso.
¿Hay una sola vía de iniciación? ¿Hay un método fijo, o más bien se deberá encontrar aquel que lo conduzca a cada uno a su interioridad? El debate no es menor, y lo han desarrollado, entre otros, René Guénon, Coomaraswamy o Krishnamurti. ¿Cómo ubicarse en una vía iniciática hoy, cuando somos convocados permanentemente por un afuera que nos reclama constante presencia, y donde se desacralizó lo sagrado, y se tornó todo tiempo y espacio como profanos, en apariencia al menos? Y si encaramos una técnica tradicional, ¿lo hacemos para transformarnos realmente, con todo lo que implique, o lo hacemos como un producto más de consumo "que nos haga sentir bien" (y seguir siendo el mismo, evitando nuestras zonas oscuras...)? Byung Chul Han nos habla actualmente de "la sociedad del cansancio" y del "fin de los rituales". Nos alerta de la desconexión con un espacio y tiempo sagrados que son concebidos en esencia naturalmente por la humanidad desde siempre. Un mundo indiscriminado, que nos hace sentir una nostalgia por los orígenes y por un sentimiento religioso, por lo sublime, y como consecuencia de esto, los síntomas predominantes de esta época: depresión, cansancio, aburrimiento, superfluidad.
¿Cómo estar en el mundo, sin pertenecer al mundo? Retirarse, en un ascetismo extremo, nos priva de la experiencia humana, mientras que el camino del mundo nos priva de una iniciación interna. Más bien, la delicadeza de un "camino del medio", como nos enseña Buda, que requiere calibrar permanentemente nuestra experiencia, en un sutil equilibrio entre nuestra experiencia externa e interna".
〰 Virginia Modarelli, Psicóloga (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología y Facultad de Filosofía y Letras). Psicoterapeuta con orientación analítica. Docente en la Escuela Taitoku. Amiga de nuestra Red.
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martes, 1 de diciembre de 2020
DreamWeb Live: conversaciones junguianas
Recomendamos a los amigxs de nuestro blog visitar el canal de YouTube del Centro Jung Santo Domingo. DreamWeb Live es un espacio online donde se intercambian interesantes conversaciones y sueños desde una perspectiva junguiana. La iniciativa está desarrollada por Nicholas Higgins, PhD Psicología Clínica y Training Candidate en psicoanálisis del Instituto C. G. Jung de Zurich, y Erica Reyes, MA Psicoterapia Integradora y en Psicología General Sanitaria.
Siendo que como reza el dicho "para muestra basta un botón", compartimos apenas algunos de los diálogos que pueden encontrarse en este riquísimo rincón del ciberespacio analítico; intercambios que invitan a pensar, a cuestionar, a explorar(se). Saludamos a nuestros colegas latinoamericanos, deseándoles éxitos con este proyecto.
Capítulo: Individuación
Capítulo: El Complejo Cultural
Capítulo: Persona, nuestra máscara social
sábado, 28 de noviembre de 2020
Maradona y el arquetipo heroico (por Bruno Alfonzo)
"Más allá de las opiniones particulares que cualquiera de nosotros pueda esgrimir sobre el recientemente fallecido Diego A. Maradona, es difícil dejar de considerarlo, pese a mi poca admiración por el fútbol, como paradigma contemporáneo de la figura heroica que, por curiosos designios de la historia subterránea de nuestros ritos, la antigüedad nos ha legado.
Muchos rasgos que constituyen su figura dan cuenta de esta tentativa: en primer término, su inevitable gloria atlética que, en nuestra sociedad, encuentra su apogeo en el estrellato deportivo, rasgo en absoluto ajeno a la antigua sociedad griega, cuya mayor demostración la encontramos en la marcada relevancia de la gimnasia —junto con la matemática y la música— en la educación ateniense y, en su versión eminentemente religiosa y cosmopolita, en el establecimiento de los Juegos Olímpicos que, aún hoy, tras un origen remoto de marcado sesgo mitológico del que nos informan, entre otros, Píndaro y Pausanias, constituye una parte esencial de nuestro patrimonio cultural.
A su vez, el costado bélico que circunda la concepción de la destreza gimnástica y deportiva, estrechamente relacionada por los antiguos con la cualidad guerrera. En tal sentido, Aquiles, el legendario guerrero mirmidón, es un ejemplo claro de ello: sus pies ligeros —rasgo que se volverá epíteto de su persona en la Ilíada de Homero— constituyen una definición de su personalidad y, por tanto, un rasgo medular de su condición de héroe (curiosamente sus pies son su virtud y su mortal defecto, su cielo y su ocaso. ¿Acaso algo similar no podrá decirse de Maradona?).
Si hay algo que se ha atribuido incansablemente a este último es nada menos que la felicidad que ha generado en su pueblo, eudaimonía producto de sus victorias en el campo de batalla —la cancha—, donde su destreza le ha otorgado el mote de “el mejor” [áristos]. Tales aptitudes han logrado conmover a casi todas las ciudades del mundo. Es poco probable que alguien no sepa quién es Maradona, de la misma manera que es poco factible que alguien no conozca, aunque sea soslayadamente y por medio de un atractivo Brad Pitt, quién fue Aquiles.
Hay personalidades en la historia de la humanidad a las que en ocasiones hay que acceder abstraídos de cualquier prejuicio, observando su imposición en el tejido social y cultural del que fueron parte, tratando de dimensionar —si acaso es posible— su tamaño socio-antropológico —y por qué no mítico—, independientemente de su condición humana particular, inevitablemente falible. Ninguna de estas consideraciones pretende excusar a Maradona de las actitudes que podemos ponderar de transgresoras, sino que lo que se busca es poner de manifiesto la trascendencia innegable de su figura.
La Ilíada comienza con la cólera de Aquiles ante Agamenón tras apropiarse este ilegítimamente de una mujer que a aquel le había correspondido como botín de guerra. Si quisiéramos, podríamos detenernos en este rasgo que hoy consideramos delictivo y atroz, para señalar la violencia machista del intemperante guerrero. Pero incluso así, abstrayéndonos de los contextos y las vicisitudes, y consintiendo esta visión, nada podría quitarle a Aquiles el apelativo de héroe, pues nos haría falta borrar más de tres mil años de relatos sobre su persona que hoy nos permiten continuar evocándolo —además de negar una realidad cultural que nos es parcialmente ajena no sólo en el tiempo, sino también en el espacio—.
Es evidente que la idea de heroísmo responde en gran medida a elementos que una sociedad conserva —consciente o inconscientemente, como afán de lucha o como símbolo— para sí. Hoy en día sería difícil admitir a Aquiles como nuestro héroe, pero sí podemos considerar a Maradona su actualización, que no resulta ser otra cosa que la manifestación de nuestra propia condición. Los héroes que construimos muchas veces nos resultan incómodos, pues ellos muestran de manera brutal e icónica aquello de lo que estamos hechos: es difícil escapar al héroe por mucho que lo intentemos (y es posible que el propio héroe, tras su muerte, escape de sí mismo por el solo acto del arrepentimiento, como sabemos le sucedió a Aquiles en el inframundo según nos lo cuenta Homero en la Odisea).
Maradona, al igual que muchos de los héroes de la antigüedad, fue revestido de cualidades divinas, favorecidas a su vez por la naturaleza casi parlante de su nombre mediante asociaciones habilitadas por la lengua castellana: Diego, diez, Dios. Cuando Diego tocó esa famosa pelota, el imaginario colectivo comprendió que allí no sólo estaba Maradona, sino también Dios. Que su mano era la extensión de una fuerza superior, de la misma manera que la lanza de Aquiles era guiada por la potencia de Zeus. De ello se desprende que ambos, el guerrero-futbolista y la lanza-pelota se igualaban con la divinidad.
Ha sido harto señalado el carácter divino atribuido a distintas figuras heroicas de la historia, de cuya naturaleza hierática estos hombres son herederos y portadores. Obviando este tópico, hay algo que agregar en torno de él: puede que a diferencia del caso antiguo, el heroísmo moderno haya dado lugar al ingreso de la historia, pues sabemos que Maradona ha forjado su figura no sólo a partir de sus logros en el “campo de batalla”, sino sobre todo desde la naturaleza de su origen: la pobreza. El aliciente del héroe maradoneano no se halla sólo en la victoria deportiva o guerrera, sino a su vez en el orden del progreso personal y social. Nuestros héroes, en efecto, suelen poseer esa condición superadora que también comparten otras figuras de rasgo heroico como podría serlo Steve Jobs. Nos fascinan las historias de superación personal, algo no tan afín a la mentalidad griega, en la que los héroes, por lo general, provenían de familias acomodadas —e incluso divinas—. Esta fascinación puede deberse a necesidades profundas derivadas de experiencias históricas y aportes teóricos en que la idea de clase se encuentra más arraigada, lo que explica que a pesar de haber vivido como millonario —lo opuesto a su origen—, Maradona permanezca asociado a una ideología popular, defendida por él mismo más allá de su estilo de vida apartado de las clases sociales más bajas.
Con todo, hay algo todavía más hondo que no puede dejar de señalarse, rubricado en la mentalidad de los antiguos y ratificado en la nuestra. Se trata de un rasgo esencial en la aspiración heroica: ser recordado. Eso sucedió con Aquiles: miles de años después de su posible existencia, lo seguimos cantando en los versos homéricos. Es poco probable que lo contrario suceda con Maradona. Su gloria seguirá siendo cantada por las generaciones venideras y su muerte física será remediada por la maravillosa actividad creadora de la memoria que, como sabemos, conjura la inmortalidad sin entender imposiciones morales".
📰🖋 Bruno Alfonzo (filósofo)
Artículo publicado originalmente en el dario Infobae.com
Agradecemos al autor del escrito su reproducción en nuestra Red.
🎨 Retrato conceptual de Diego Maradona. Trabajo realizado en grupo por Aldana Fraile - Cecilia Ovenloch - Cristian Aguirre - Milagros Tacchella Docente editor: Silvana Giménez, para Cátedra Salomone, Diseño Gráfico II - FADU UBA 2012.
lunes, 23 de noviembre de 2020
Notas sobre Activimo Espiritual (f)
Pintura: Diego O. Ramos
La vocación (vocatio, "llamado"), a diferencia de la mera elección de una profesión u oficio, no es tanto algo que uno elige sino más bien algo a lo que nos sentimos convocados.
La vocación puede entenderse y vivirse fructíferamente como un proceso de colaboración y coautoría con la Psique, la cual, como se sabe, posee un imperativo teleológico hacia la individuación, una propensión a la maduración, que orienta a cada persona a volverse más plenamente ella misma. Así, la vocación, como la individuación, giran en torno a una relación vital entre el ego y la Psique en sus dimensiones más vastas, que incluyen por supuesto, al inconsciente.
C.G.Jung enfatizó la naturaleza psicoespiritual del trabajo que se basa en la fidelidad a la vocación vivida. Se podría decir que el trabajo que se basa en la individuación es un acto de vocación. Y, de la misma manera, que el trabajo orientado vocacionalmente resuena en lo profundo con ese camino de completitud. En contraste con la hegemonía de los enfoques positivistas y racionales del discernimiento vocacional, Jung consideró que una característica definitoria de la vocación, más allá de la herencia o el entorno, era un "factor irracional", al cual comparaba con una voz interior o daimon. De esta manera, Jung creía que escuchar esta voz interior implicaba separarse de los caminos y supuestos normativos.
Como alguna vez intuyera Michael Meade: “Cada vida está envuelta en anhelos dentro de los sueños, enrollados en el tejido de nuestras almas. Morimos por no saber cuán grande es realmente nuestro anhelo, y morimos por permitir que nuestros verdaderos anhelos sean disminuidos por la banalidad de la vida y las formas en que seguimos abandonándonos a nosotros mismos”.
Atendiendo la historia y la práctica de la psicología analítica, podría afirmarse que la vocación se experimenta como una resonancia de la Psique, hablando las más de las veces a través de medios no racionales. Abrazar el llamado propio también está entrelazado con el “amor fati”, que para pensadores como Nietzsche, suponía una reconciliación hermosa con la propia naturaleza, a la par que un ideal de grandeza. Amor fati que significa vivir la vida a la que uno está ontológicamente invitado, más allá de la vida imaginada por el ego, por los propios padres o por las expectativas de la sociedad.
Lo que sugiere que, en palabras del gran actor argentino Antonio Grimau: "Una vocación fuerte va más allá de todo".
Responder al llamado propio es una práctica que desafía a un individuo a comprometerse y tender un puente entre lo inconsciente y las otras dimensiones de su vida. En terminología junguiana, esto implica honrar a los imperativos paradójicos: los del ego, que nos orientan a sentirnos seguros y arraigados en el mundo; y los de la Psique, o Alma, que nos impulsa a comprometernos en una tarea que tenga un eco verdaderamente significativo para nosotros.
No habría que olvidar que aún cuando el ego puede ser el capitán del barco, es siempre un barco diminuto comparado con la inmensidad de la Psique, ese gran océano de misterio sobre el cual el ego navega.
Para terminar, una obra que nos animamos a recomendar para continuar explorando esta dimensión del llamado personal en clave analítica es la recientemente publicada "From Career to Calling: A Depth Psychology Guide to Soul-Making Work in Darkening Times", de la analista y educadora australiana Suzanne Cremen.
Sexta Serie - Juan Manuel Otero Barrigón
viernes, 13 de noviembre de 2020
“Arte e inconsciente”, por F.Imbrogno, E. Gassiebayle & J. Guyot
Pintura: "Unconscious Nature", de la excelente artista Leyre Velasco
Nota del autor del blog: El presente trabajo monográfico fue realizado por los mencionados alumnos en el marco de la Cátedra de "Psicología de la Religión" (Carrera de Psicología - 3er año. Universidad del Salvador). Se publica con la previa autorización de los autores.
*
“ARTE E INCONSCIENTE”,
por Federico Imbrogno, Enrique Gassiebayle & Juan Guyot
“A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara”
J.L. Borges
INTRODUCCIÓN
El concepto puede resultar algo harto complejo. Cuán difícil nos puede resultar establecer algún paralelo entre una palabra y su sentido. Así, muchas veces una palabra se puede dar como algo vacío, hueco, agujereado. Es entonces cuando, quizá por una imperiosa necesidad de comunicarnos, quizá porque así está escrito en algún lugar, ahogamos de sentidos a la palabra. Ello puede resultar simple en palabras concretas, para designar objetos, por ejemplo. Pero hay otras que nos complejizan un poco más la existencia, y nos llevan a re-preguntarnos constantemente, no sólo qué significan, sino qué significan para nosotros. Por eso, y en el marco de una profesión -y una materia- que nos invita a cuestionar ciertos aspectos de la vida, nos proponemos adentrarnos en dos significantes que muchas veces quedan resonando; a saber, “arte” e “inconsciente”.
¿Qué hay de inconsciente en el arte? O más aún, ¿qué hay de arte en lo inconsciente? A partir del presente trabajo nos proponemos observar cómo estos dos conceptos pueden articularse, e incluso habitar el uno en el otro. El propósito del mismo es tratar de hallar aquellos puntos que anudan a ambos conceptos de modo tal que podamos ampliar un poco la mirada que tenemos de ambos.
Para ello, comenzaremos trabajando con la etimología de ambas palabras, para luego poder adentrarnos en los diversos campos en los que podemos ver cómo éstas se articulan. Luego nos detendremos sobre algunos casos particulares de análisis en donde se manifiestan este nexo, y también nos adentraremos en algunos artistas, para hallar su relación. Por motivos de extensión, nos centraremos más en la relación entre inconsciente y arte, desde la producción artística, no ahondando demasiado en los efectos en relación a quien percibe el arte. Finalmente, esbozaremos un intento de conclusión que nos permita ampliar los horizontes de ambos conceptos.
Dado que se trata de un trabajo en el que uno de los ejes centrales está puesto en el arte, el desarrollo del mismo se verá constantemente invadido, tomado quizá, por manifestaciones de tal orden. A lo largo del mismo podrán aparecer diversas frases, imágenes, poesías o incluso videos que nos permitirán, como parte de la investigación, explorar más acerca de la curiosa relación que nos compete. Así, buscaremos no sólo hablar de “arte e inconsciente”, sino que nuestra intención estará puesta en adentrarnos en ambos conceptos, permitiendo que ellos nos habiten también a nosotros y, esperemos, a nuestro estimado lector.
LA COMPLEJA TAREA DE ENTENDER "ARTE"
“No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas.”
E.H. Gombrich
Se nos presenta, luego, la gran dificultad de encontrarle un sentido -o varios- a aquel concepto llamado “arte”. La extensa obra alrededor de este concepto puede resultar muchas veces abrumante, dificultando el encuentro de la definición, como límite entre términos. De este modo, podríamos iniciar con la concepción de la Real Academia Española respecto del arte. Ésta permite una multitud de acepciones distintas, dentro de las cuales podemos destacar; “capacidad, habilidad para hacer algo”; “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”; y “actividad humana que tiene como fin la creación de obras culturales”.
Como se puede observar, las acepciones son muy amplias y pueden dar lugar a diversas interpretaciones. Sin embargo, nos interesa destacar algunos significantes que podemos obtener de estas definiciones. En primer lugar, la idea del arte como una capacidad; quizá de este lado de la palabra podemos ubicar aquella frase de Gombrich (2014) que mencionamos al principio, donde es el artista quien define al arte, a partir de su habilidad. ¿Habilidad de qué? Con ello nos dirigimos a un segundo punto de interés, la interpretación. Esta idea nos permite entender al arte como una interpretación de la realidad. Algo de ello lo podemos observar en el Hamlet de Shakespeare (2005). Hamlet funciona como una obra que, dentro de la misma, monta otra obra con la cual el protagonista busca lograr que su tío reaccione frente a la misma, delatando lo acontecido. Así, la meta-obra de Hamlet opera también como un “espejo de la Humanidad” -en palabras del propio Hamlet-, reflejando la realidad, interpretada, mediada por el símbolo. Se trata entonces de plasmar algo de aquello que se nos presenta como “real”. Pero también, tal como la definición nos lo permite, de algo del orden de la imaginación. Con ello nos dirigimos a la tercer acepción que nos permite detenernos en el arte como acto de creación, es decir, hacer de la nada. Ello quiere decir que el arte es, no solo espejo, vector reflejado de lo real, sino también vector cero, punto de partida. Pareciera entonces que el arte no solo es creado, sino que también es creador en sí mismo.
En Arte y sentido de la vida, Ayn Rand (1971) comenta que el artista realiza su obra controlado por su sentido de vida, y que tal sentido se plasma hasta en los más ínfimos detalles. Declara, de este modo, que “... lo que una obra de arte expresa, fundamentalmente en todos sus aspectos menores, es: ‘Ésta es la vida como yo la veo’". Propone que el objetivo central de una obra de arte es hacer realidad una visión antropológica y existencial propia, y que para ello es necesario traducirlo en términos objetivables. La autora distingue dos elementos cruciales para proyectar su sentido de vida, a saber, el tema -qué- y el estilo -cómo-.
Ahora bien, ¿cómo delimitamos el concepto “arte”? Para ello podemos comenzar dirigiéndonos a la misma etimología de la palabra. Luego, entender las distintas formas o modos que cobra el arte, la expresión artística propiamente dicha, y tratar de ahondar en las formas que el artista mismo puede expresar lo que es el arte -o el ser-artista-. Finalmente, nos podemos detener en los diversos frentes que pueden otorgar horizontes para capturar la palabra, en una definición que nos sirva para articularla con el otro concepto escogido.
Etimología tripartita - Ars, Téchnē, Artao
La palabra “arte” tiene origen en el latín en las formas ars, artis, sobre una raíz griega en τέχνη -téchnē-, de donde proviene técnica, en tanto “habilidad adquirida”. En este punto podemos entender al arte tal como una de las acepciones que citamos en un principio, a saber, el arte como habilidad. Pero a ello tenemos el agregado de que es una habilidad que se adquiere. Pero, ¿esto quiere decir que el artista se hace? Encontramos allí otro punto interesante que luego podríamos tomar para articular nuestros conceptos.
Existen, sobre el punto anterior, algunas controversias. El diccionario de la Real Academia Española entiende que la raíz latina ars o artis es “calco” del griego téchnē. Sin embargo, encontramos que la palabra “calcar” no es la más adecuada para referirse al término; puesto que ars puede volcarse más hacia una aplicación práctica -como lo es el caso de la técnica-, pero dirigida al placer de los sentidos o al intelecto, al ocio humano, a la percepción estética. En cambio, utilizamos “técnica” para las aplicaciones prácticas del saber, destinadas a mejorar la vida humana -como es el caso, por ejemplo, de la ingeniería-. Dicha diferencia nos resulta fundamental, es así como nos dice Robin Williams en la película La sociedad de los poetas muertos (Peter Wier, 1989):
“La medicina, el derecho, los negocios, la ingeniería;
son carreras nobles y necesarias para sostener la vida...
Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor;
esas son las cosas que nos mantienen vivos.”
“La palabra arte tiene su raíz en un antiguo vocablo de origen pre-helénico, "artao", que podría traducirse como "aquello que debe ser juntado, unido", o bien, "algo que une". Arte sería, entonces, todo aquello que tiende a unificar, a unir las partes separadas.”
De este modo, encontramos una doble raíz para la palabra arte; aquello que unifica, por un lado, y como herramienta adquirida, aplicación práctica -levemente diferenciada de la técnica, pero no ajena a ella-, por otro. Estos aspectos nos permitirán ampliar nuestra definición.
El arte del artista
Sin embargo, no alcanza. Quizá no debemos dirigir nuestra mirada al ámbito formal, histórico o académico para aprehender el arte, sino a los mismos artistas. ¿Qué implica ser artista para éstos? Dejaremos, para ello, algunas manifestaciones de ellos mismos, sin extendernos en su definición. Dejamos que su misma obra nos permita extender el horizonte.
SER ARTISTA - JORGE EDUARDO EIELSON (2003)
“Es convertir un objeto cualquiera
En un objeto mágico
Es convertir la desventura
La imbecilidad y la basura
En un manto luminoso
Es padecer día y noche
De una enfermedad deslumbrante
Es saborear el futuro
Oler la inmensidad
Palpar la soledad
Es mirar mirar mirar mirar
Es escuchar el canto de Giotto
El sollozo de Van Gogh
El grito de Picasso
El silencio de Duchamp
Es desafiar a la razón
A la época
A la muerte
Es acariciar mujer e hijos
Como si fueran telas y pinceles
Es acariciar telas y pinceles
Como si fueran armas de combate
Es acariciar armas de combate
Como si fueran tubos de colores
Es acariciar tubos de colores
Como si fueran pájaros vivos
Es pintar el cielo estrellado
Como si fuera un basural
Es pintar un basural
Como si fuera el cielo estrellado
Es vivir como un príncipe
Siendo solamente un hombre cualquiera
Es vivir como un hombre cualquiera
Siendo solamente un príncipe
Es jugar jugar jugar jugar
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata
Es jugarse la vida por una pincelada
Es despertar todos los días
Ante una tela vacía
Es no pintar nada.”
ALEGORÍA AL ARTE - SEBASTIANO RICCI
Como nos es dado a conocer, la historia del arte nos ha dejado un sinfín de definiciones de “arte”. Muchas de ellas han prevalecido sobre otras, y todas se han ido modificando. Definir al arte mediante conceptos privados de realidad sería una absoluta contradicción, puesto que esta disciplina es por sí misma un signo. Es, en palabras de Tarkovsky (2000), “el símbolo del mundo”, el “jeroglífico de la verdad absoluta.” O, quizá, como nos dice Picasso, “una mentira que nos acerca a la verdad”. Así, no se puede reducir a meras palabras, puesto que eso implicaría la destrucción de su esencia, esencia que escapa al dominio del concepto. Sin embargo, se puede intentar bordearlo, para que el sentido no se borre y quede vacío -puesto que, si todo es arte, ¿nada lo es?-.
A lo largo del desarrollo de este apartado hemos ido destacando una serie de significantes que fueron cobrando cada vez más relevancia y sentido. A partir de este breve recorrido por el concepto, pudimos destacar ideas como “capacidad -adquirida-”; “interpretación”; “creación”; “plasmar”; “unir”; “simbolizar / símbolo”; “sentido”; “mirada”; “juego”; “desafío”, entre muchos otros. Por todo ello creemos que el mejor modo de otorgar una “definición” al arte, es aproximándonos por el modelo artístico mismo. El arte[1], de tal modo, se entiende como la creación del artista, y no al revés. Creación que implica un juego, en tanto tiene sus propias reglas -que pueden o no corresponderse con lo real-, que deja ver un sentido -que puede implicar la interpretación de la realidad misma- plasmado por el artista, en el que siempre interviene el símbolo -y que es símbolo en sí-.
LO INCONSCIENTE
Nos dirigimos ahora hacia nuestro segundo concepto, lo “inconsciente”. Si bien el mismo resulta también amplio, como en el caso anterior, encontramos aquí un desarrollo un poco más claro. De tal modo que nos enfocaremos en tres momentos; los aportes pre-freudianos; el giro copernicano-kantiano que realiza el Sigmund Freud; y, finalmente, indagaremos en las concepciones junguianas respecto del término.
Antes de comenzar nuestro desarrollo, podemos dar una breve señal de cómo resuena este concepto en los ámbitos por fuera de la filosofía y psicología. En primer lugar, atendiendo a su etimología. La palabra se halla formada por raíces latinas, siendo sus componentes léxicos; el prefijo in-(negación), con-(junto, completamente), y scīre-(saber), más el sufijo -nte (participio del presente). Con ello tenemos, por un lado, la idea de inconsciente como aquello que es no consciente, pero, también, dada su composición, como aquello que no se sabe -por completo, o bien, en conjunto-. Pero hay algo aún más interesante, dado que scīre, sobre el verbo scindere, se interpreta como separar o dividir, a instancias del indoeuropeo skei-, se traduce por cortar.
En segundo lugar, podemos observar las definiciones propuestas para el término. Según el diccionario de la Real Academia Española, inconsciente se define como; “que no tiene conocimiento de algo concreto, o de sus propios actos y sus consecuencias.”; “que ha perdido la consciencia o facultad de reconocer la realidad”.
Con todo ello presente, continuamos así el desarrollo comentado, iniciando por algunas concepciones previas al surgimiento del psicoanálisis.
A.F. - Antes de Freud
Como es bien sabido, el inconsciente no fue un descubrimiento de Freud, pero éste sí le dió suma importancia para construir su campo teórico. En palabras del propio Freud (1980):
“Hacía mucho tiempo que el concepto de inconsciente golpeaba a las puertas de la psicología para ser admitido. Filosofía y literatura jugaron con él harto a menudo, pero la ciencia no sabía emplearlo. El psicoanálisis se ha apoderado de este concepto, lo ha tomado en serio, lo ha llenado con un contenido nuevo.”
El término ha sido recorrido por varios autores previos al padre del psicoanálisis, por lo que existen una gran variedad de concepciones. Miguel Gallegos (2012), en su artículo "La noción de inconsciente en Freud", se propone realizar un recorrido por los antecedentes históricos del término. Según desarrolla, el término hace su aparición en la lengua inglesa a mediados del siglo XVIII. A partir de entonces, encontramos grandes aportes de diversos autores. Entre ellos podemos destacar los trabajos de Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche:
Carl Gustav Carus
En el caso de Carus, existe una mayor influencia en la psicología analítica de C.G. Jung, que en la del propio Freud. Al respecto, Luis Montiel (1997) en su trabajo, "Materia y espíritu: El inconsciente en la Psicología de Carl Gustav Carus", nos comenta:
“La primera de estas coincidencias (...) es la postulación de un «inconsciente absoluto», cósmico e ideal, que se extiende hacia la consciencia bajo la forma de un «inconsciente general o «común» -allgemein-, que constituiría lo que suele llamarse el alma del individuo, ya existente en estado embrionario y, por así decir, con vocación de autoconsciencia. A medida que esta vocación se va cumpliendo, esto es, a medida que crece la consciencia de sí, este inconsciente deviene «parcial» o relativo», y es en este nivel donde se producen las sucesivas transiciones entre la consciencia y el inconsciente que caracterizan la vida psíquica perceptible. Resulta bastante fácil reconocer en esos estratos algo análogo a lo postulado por Jung -un «inconsciente colectivo» del que emerge, a través de fronteras indelineables, el inconsciente personal y, luego, la consciencia-, así como, en la mera posibilidad, empíricamente observada, de que se produzcan transiciones entre la dinámica inconsciente y la consciente susceptibles de ser percibidas, lo que el analista suizo denominará «la función transcendente»”
Sin embargo, nos resulta pertinente destacar su idea general del término para comprender la complejidad del término que nos atañe. Para Carus “la clave para el conocimiento de la vida consciente del alma se encuentra en la región del inconsciente”. Tal como nos dice Montiel, a lo largo de su libro Psyché, Carus tratará de corroborar aquella afirmación basándose en los conocimientos biológicos y psicológicos a su alcance. Montiel señala que en la obra del autor el alma tiende, por su propia esencia, a devenir autoconsciente. De este modo, en el sentido platónico, para Carus todos saber es un recordar -un hacer consciente algo preexistente como inconsciente- y todo conocimiento, en el sentido socrático, es un nacimiento -un paso del estado embrionario inconsciente al consciente- .
Carus se refiere constantemente a lo inconsciente como “lo divino en nuestro interior”. También destaca que este inconsciente se halla dominado por el flujo de tiempo entre pasado y futuro, mientras la consciencia se halla en un presente prolongado. Algo de lo cual Jung (1984) desarrollará en "El hombre y sus símbolos", pasado y futuro en el inconsciente.
No es menos importante destacar que la obra de Carus no es únicamente del orden psicológico, filosófico y biológico, sino que también se trata de un artista, perteneciente al movimiento del Romanticismo, lo cual será fundamental para desarrollar su teoría. Nos quedamos así, como parte del proceso de desarrollo -tal como planteamos en la introducción-, con uno de los cuadros del autor:
Según nos dice Roberto Salatino (2015), el trabajo de este filósofo alemán es el que más influyó en la teoría del inconsciente freudiana. Según nos comenta el autor, el inconsciente de Hartmann termina siendo un nombre “misterioso” que eligió para identificar el Absoluto utilizado por los alemanes, siendo a la vez Voluntad -el qué del mundo- e Idea -esencia, qué es qué-, base omnipresente de toda existencia. Como menciona Manuel Pérez (1998), “lo Inconsciente guía el desarrollo de todos los seres naturales, como se pone claramente de manifiesto en la vida orgánica, sus funciones e instintos”. Nos dice Pérez, que para Hartmann los seres naturales son producto de ambas, Voluntad e Idea inconscientes, la última guiada por un “instinto de belleza”, lo cual lo lleva a considerar la “evolución” como una inmensa obra de arte. Respecto de éste punto, para Hartmann el espíritu inconsciente tiene en sí mismo el principio formal del crear estético, tal como describe en "Filosofía del inconsciente":
"... el proceso creador del espíritu inconsciente, cuyo resultado es el surgimiento del ideal concreto [de belleza] en la conciencia, no necesita apoyarse en la hipótesis de un ideal abstracto; en realidad, no necesita de apoyo alguno, pues porta en sí el principio formal del crear estético, y no necesita buscarlo previamente en un ideal de belleza absoluto, que resulta imposible"
Los aportes fundamentales de este autor los creemos cruciales para trabajar la articulación con el otro concepto, por lo que ampliaremos el desarrollo del mismo en el tercer apartado -el inconsciente en el arte-.
Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche
También podemos mencionar los aportes de Schopenhauer y Nietzsche a la concepción del inconsciente freudiano. Por un lado, el primero de estos, tal como reconoce Salatino, presenta a lo largo de su obra descripciones muy ajustadas del Inconsciente (que él llama Voluntad) y su ubicación tópica, el ello. En palabras del propio autor, “vemos, pues, a la voluntad mostrarse en el último escalón como un esfuerzo ciego, como una impulsión oscura y vaga, desprovista de todo conocimiento.” (Salatino, 2015). Nietzsche, por su parte, en "El origen de la tragedia", desarrolla un análisis de la tragedia griega destacando la dicotomía apolíneo-dionisíaco. Lo apolíneo se puede asociar más al campo de lo racional -ración-, en tanto medido, de la claridad. En tal punto, se asemeja a la idea de consciencia. Mientras que lo dionisíaco, vinculado a la desmesura -el éxtasis-, al placer, puede encontrar algunos puntos de contacto con el término inconsciente de Freud.
Nos quedamos con esta última idea polar nietzscheana, mientras dejamos resonar unas palabras de Hermann Hesse, en "El lobo estepario":
“Harry encuentra en sí un ´hombre´, esto es, un mundo de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un ´lobo´, es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara, de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargo, alguna vez, que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre.”
A partir de esta serie de ideas -y de muchas otras que, dada la extensión y objetivos de este trabajo, no ahondaremos-, se fue articulando aquel misterioso concepto llamado “inconsciente”. Hacia el final del primer segmento de su artículo, destaca Gallegos:
“En el campo de la psicología, varios autores también se aproximaron a la categoría de inconsciente, aunque bajo la concepción de que existen determinados fenómenos psíquicos que no llegan a ser procesados y reconocidos conscientemente. En este marco, Fechner, Herbart, Helmholtz y el propio Wundt fueron algunos de los autores que plantearon la existencia de ciertas ideas o percepciones que no alcanzaban el reconocimiento consciente porque no tenían la fuerza necesaria para superar el umbral requerido y por tanto no aparecían en el escenario de la consciencia”.
“Hasta que el inconsciente no se haga consciente,
dirigirá tu vida, y le llamarás destino.”
C.G. Jung
Nos dirigimos ahora hacia nuestro segundo concepto, lo “inconsciente”. Si bien el mismo resulta también amplio, como en el caso anterior, encontramos aquí un desarrollo un poco más claro. De tal modo que nos enfocaremos en tres momentos; los aportes pre-freudianos; el giro copernicano-kantiano que realiza el Sigmund Freud; y, finalmente, indagaremos en las concepciones junguianas respecto del término.
Antes de comenzar nuestro desarrollo, podemos dar una breve señal de cómo resuena este concepto en los ámbitos por fuera de la filosofía y psicología. En primer lugar, atendiendo a su etimología. La palabra se halla formada por raíces latinas, siendo sus componentes léxicos; el prefijo in-(negación), con-(junto, completamente), y scīre-(saber), más el sufijo -nte (participio del presente). Con ello tenemos, por un lado, la idea de inconsciente como aquello que es no consciente, pero, también, dada su composición, como aquello que no se sabe -por completo, o bien, en conjunto-. Pero hay algo aún más interesante, dado que scīre, sobre el verbo scindere, se interpreta como separar o dividir, a instancias del indoeuropeo skei-, se traduce por cortar.
En segundo lugar, podemos observar las definiciones propuestas para el término. Según el diccionario de la Real Academia Española, inconsciente se define como; “que no tiene conocimiento de algo concreto, o de sus propios actos y sus consecuencias.”; “que ha perdido la consciencia o facultad de reconocer la realidad”.
Con todo ello presente, continuamos así el desarrollo comentado, iniciando por algunas concepciones previas al surgimiento del psicoanálisis.
A.F. - Antes de Freud
Como es bien sabido, el inconsciente no fue un descubrimiento de Freud, pero éste sí le dió suma importancia para construir su campo teórico. En palabras del propio Freud (1980):
“Hacía mucho tiempo que el concepto de inconsciente golpeaba a las puertas de la psicología para ser admitido. Filosofía y literatura jugaron con él harto a menudo, pero la ciencia no sabía emplearlo. El psicoanálisis se ha apoderado de este concepto, lo ha tomado en serio, lo ha llenado con un contenido nuevo.”
El término ha sido recorrido por varios autores previos al padre del psicoanálisis, por lo que existen una gran variedad de concepciones. Miguel Gallegos (2012), en su artículo "La noción de inconsciente en Freud", se propone realizar un recorrido por los antecedentes históricos del término. Según desarrolla, el término hace su aparición en la lengua inglesa a mediados del siglo XVIII. A partir de entonces, encontramos grandes aportes de diversos autores. Entre ellos podemos destacar los trabajos de Carl Gustav Carus, Eduard von Hartmann, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche:
Carl Gustav Carus
En el caso de Carus, existe una mayor influencia en la psicología analítica de C.G. Jung, que en la del propio Freud. Al respecto, Luis Montiel (1997) en su trabajo, "Materia y espíritu: El inconsciente en la Psicología de Carl Gustav Carus", nos comenta:
“La primera de estas coincidencias (...) es la postulación de un «inconsciente absoluto», cósmico e ideal, que se extiende hacia la consciencia bajo la forma de un «inconsciente general o «común» -allgemein-, que constituiría lo que suele llamarse el alma del individuo, ya existente en estado embrionario y, por así decir, con vocación de autoconsciencia. A medida que esta vocación se va cumpliendo, esto es, a medida que crece la consciencia de sí, este inconsciente deviene «parcial» o relativo», y es en este nivel donde se producen las sucesivas transiciones entre la consciencia y el inconsciente que caracterizan la vida psíquica perceptible. Resulta bastante fácil reconocer en esos estratos algo análogo a lo postulado por Jung -un «inconsciente colectivo» del que emerge, a través de fronteras indelineables, el inconsciente personal y, luego, la consciencia-, así como, en la mera posibilidad, empíricamente observada, de que se produzcan transiciones entre la dinámica inconsciente y la consciente susceptibles de ser percibidas, lo que el analista suizo denominará «la función transcendente»”
Sin embargo, nos resulta pertinente destacar su idea general del término para comprender la complejidad del término que nos atañe. Para Carus “la clave para el conocimiento de la vida consciente del alma se encuentra en la región del inconsciente”. Tal como nos dice Montiel, a lo largo de su libro Psyché, Carus tratará de corroborar aquella afirmación basándose en los conocimientos biológicos y psicológicos a su alcance. Montiel señala que en la obra del autor el alma tiende, por su propia esencia, a devenir autoconsciente. De este modo, en el sentido platónico, para Carus todos saber es un recordar -un hacer consciente algo preexistente como inconsciente- y todo conocimiento, en el sentido socrático, es un nacimiento -un paso del estado embrionario inconsciente al consciente- .
Carus se refiere constantemente a lo inconsciente como “lo divino en nuestro interior”. También destaca que este inconsciente se halla dominado por el flujo de tiempo entre pasado y futuro, mientras la consciencia se halla en un presente prolongado. Algo de lo cual Jung (1984) desarrollará en "El hombre y sus símbolos", pasado y futuro en el inconsciente.
No es menos importante destacar que la obra de Carus no es únicamente del orden psicológico, filosófico y biológico, sino que también se trata de un artista, perteneciente al movimiento del Romanticismo, lo cual será fundamental para desarrollar su teoría. Nos quedamos así, como parte del proceso de desarrollo -tal como planteamos en la introducción-, con uno de los cuadros del autor:
Memory of a wooded island in the Baltic Sea
Eduard von Hartmann Según nos dice Roberto Salatino (2015), el trabajo de este filósofo alemán es el que más influyó en la teoría del inconsciente freudiana. Según nos comenta el autor, el inconsciente de Hartmann termina siendo un nombre “misterioso” que eligió para identificar el Absoluto utilizado por los alemanes, siendo a la vez Voluntad -el qué del mundo- e Idea -esencia, qué es qué-, base omnipresente de toda existencia. Como menciona Manuel Pérez (1998), “lo Inconsciente guía el desarrollo de todos los seres naturales, como se pone claramente de manifiesto en la vida orgánica, sus funciones e instintos”. Nos dice Pérez, que para Hartmann los seres naturales son producto de ambas, Voluntad e Idea inconscientes, la última guiada por un “instinto de belleza”, lo cual lo lleva a considerar la “evolución” como una inmensa obra de arte. Respecto de éste punto, para Hartmann el espíritu inconsciente tiene en sí mismo el principio formal del crear estético, tal como describe en "Filosofía del inconsciente":
"... el proceso creador del espíritu inconsciente, cuyo resultado es el surgimiento del ideal concreto [de belleza] en la conciencia, no necesita apoyarse en la hipótesis de un ideal abstracto; en realidad, no necesita de apoyo alguno, pues porta en sí el principio formal del crear estético, y no necesita buscarlo previamente en un ideal de belleza absoluto, que resulta imposible"
Los aportes fundamentales de este autor los creemos cruciales para trabajar la articulación con el otro concepto, por lo que ampliaremos el desarrollo del mismo en el tercer apartado -el inconsciente en el arte-.
Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche
También podemos mencionar los aportes de Schopenhauer y Nietzsche a la concepción del inconsciente freudiano. Por un lado, el primero de estos, tal como reconoce Salatino, presenta a lo largo de su obra descripciones muy ajustadas del Inconsciente (que él llama Voluntad) y su ubicación tópica, el ello. En palabras del propio autor, “vemos, pues, a la voluntad mostrarse en el último escalón como un esfuerzo ciego, como una impulsión oscura y vaga, desprovista de todo conocimiento.” (Salatino, 2015). Nietzsche, por su parte, en "El origen de la tragedia", desarrolla un análisis de la tragedia griega destacando la dicotomía apolíneo-dionisíaco. Lo apolíneo se puede asociar más al campo de lo racional -ración-, en tanto medido, de la claridad. En tal punto, se asemeja a la idea de consciencia. Mientras que lo dionisíaco, vinculado a la desmesura -el éxtasis-, al placer, puede encontrar algunos puntos de contacto con el término inconsciente de Freud.
Nos quedamos con esta última idea polar nietzscheana, mientras dejamos resonar unas palabras de Hermann Hesse, en "El lobo estepario":
“Harry encuentra en sí un ´hombre´, esto es, un mundo de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un ´lobo´, es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara, de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargo, alguna vez, que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre.”
A partir de esta serie de ideas -y de muchas otras que, dada la extensión y objetivos de este trabajo, no ahondaremos-, se fue articulando aquel misterioso concepto llamado “inconsciente”. Hacia el final del primer segmento de su artículo, destaca Gallegos:
“En el campo de la psicología, varios autores también se aproximaron a la categoría de inconsciente, aunque bajo la concepción de que existen determinados fenómenos psíquicos que no llegan a ser procesados y reconocidos conscientemente. En este marco, Fechner, Herbart, Helmholtz y el propio Wundt fueron algunos de los autores que plantearon la existencia de ciertas ideas o percepciones que no alcanzaban el reconocimiento consciente porque no tenían la fuerza necesaria para superar el umbral requerido y por tanto no aparecían en el escenario de la consciencia”.
Luego de aquel breve recorrido por algunas concepciones de inconsciente previos a la formulación freudiana, nos adentramos ahora en la concepción psicoanalítica del término. Podemos iniciar con la definición que nos aporta el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche-Pontalis, en los cuales se concibe a lo inconsciente como:
a) “El adjetivo inconsciente se utiliza en ocasiones para connotar el conjunto de los contenidos no presentes en el campo actual de la conciencia, y esto en un sentido «descriptivo» y no «tópico»
b) En sentido tópico, la palabra inconsciente designa uno de los sistemas definidos por Freud dentro del marco de su primera teoría del aparato psíquico; está constituido por contenidos reprimidos, a los que ha sido rehusado el acceso al sistema preconsciente-consciente por la acción de la represión.”
Freud (2016), en "Lo inconsciente", resume una serie de propiedades particulares de este sistema Icc, a saber; “ausencia de contradicción, proceso primario (movilidad de las investiduras), carácter atemporal y sustitución de la realidad exterior por la psíquica, he ahí los rasgos cuya presencia estamos autorizados a esperar en procesos pertenecientes al sistema Icc.” También podemos añadir, a partir de lo formulado en "La interpretación de los sueños", que en el inconsciente está en vigencia el principio de placer. Y también es pertinente aclarar que no solo no existe la contradicción, sino que tampoco la duda ni la negación.
Así, encontramos un sistema en donde la energía se halla libre y las cargas se desplazan de una representación a otra con total libertad. (Este punto resultará fundamental para la articulación con el arte). Los dos modos fundamentales de funcionamiento inconsciente descritos por Freud son la condensación y el desplazamiento, otro punto interesante para considerar la articulación con el arte. En La interpretación de los sueños, Freud desarrolla el concepto de trabajo de sueño -precisamente aquello que traspone el contenido latente en contenido manifiesto-. Distingue así las tres operaciones del trabajo onírico que son, precisamente, condensación y desplazamiento y, como tercer operación, la figurabilidad -figuración plástica de las palabras-. Esta consiste en “la trasposición de pensamientos en imágenes visuales”, lo cual nuevamente nos arroja contenido para nuestra articulación, principalmente con el arte pictórico y cinematográfico.
Otro punto de interés, que se vincula con aquello descubierto a partir de la búsqueda de la etimología de la palabra, es que entre el sistema consciente e inconsciente hay hiancia, al sentido lacaniano, y es allí donde se constituye el Sujeto. Es decir, la pulsión surge de lo percibido, que deja surco, marca, rastro, pero que pierde en sí su objeto. Así la pulsión, excitación ligada, se liga a algo cuyo objeto queda perdido. Por eso Freud establece que la pulsión se satisface en su recorrido, puesto que no tiene objeto. En lo inconsciente no hay palabra, hay representación-cosa, huella mnémica -significante para Lacan-. De este modo, para Freud (1991) desde su Proyecto, no hay conexión entre consciente y inconsciente, y no hay sentido sin asociación -articulación entre significantes-. En este punto vamos esbozando un entramado simbólico entre la etimología del inconsciente como lo que separa o lo separado, y la necesidad de articulación entre los sistemas. ¿Está quizá aquí una de las claves de la articulación?
No debemos olvidarnos que en el descubrimiento del inconsciente tiene para Freud un lugar central la sexualidad. Como nos dice Myrta Casas de Pereda (2014), “descubrimiento del inconsciente en el que el término sexualidad es a su vez uno de los Grundbegriffe freudianos, un concepto fundamental”. Luego aclara que “la sexualidad abarca la genitalidad sin limitarse a ella, e implica el nivel simbólico estructurante de lo psíquico en su más radical expresión”. Como desarrolla Tereko Zaballa (2008), “... Freud dice que sólo se reprimen representaciones de contenido sexual, que pueden despertar la excitación sexual. Plantea por tanto que lo reprimido es igual a lo sexual, lo que se reprime son representaciones sexuales”. De este modo, dice Casas de Pereda, “podemos decir que el inconsciente es sexual (no genital) y que el término libido nombra la energía de la pulsión en la misma medida en que se ha constituido como psiquismo”.
En esto último encontramos uno de los grandes puntos de quiebre entre la concepción freudiana y la concepción junguiana de inconsciente. Para Jung, la libido es la “energía psíquica indiferenciada”, una de cuyas manifestaciones puede ser la sexual.
El giro colectivo de C.G.Jung
Para finalizar este recorrido por el término, nos situamos desde la perspectiva de la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Para ello, comenzaremos con una cita que Jung (1986) escribe en "El hombre y sus símbolo"s:
“Soñé que estaba en «mi casa», al parecer en el primer piso, en una salita abrigada, grata, amueblada al estilo del siglo XVIII. Estaba asombrado de que jamás hubiera visto esa habitación y empecé a preguntarme cómo sería la planta baja. Bajé la escalera y me encontré que era más bien oscura, con paredes apandadas y mobiliario pesado del siglo XVI o aun anterior. Mi sorpresa y mi curiosidad aumentaron. Necesitaba ver más de la restante estructura de esa casa. Así es que bajé a la bodega, donde encontré una puerta que daba a un tramo de escalones de piedra que conducían a un gran espacio abovedado. El suelo estaba formado por grandes losas de piedra y las paredes parecían muy antiguas. Examiné la argamasa y vi que estaba mezclada con trozos de ladrillo. Evidentemente, las paredes eran de origen romano. Mi excitación iba en aumento. En un rincón, vi una argolla de hierro en una losa. Tiré de la argolla y vi otro tramo estrecho de escalones que llevaban a una especie de cueva que parecía una tumba prehistórica, donde había dos calaveras, algunos huesos y trozos rotos de vasijas. Entonces me desperté(...) El sueño, de hecho, es un breve resumen de mi vida, más específicamente, del desarrollo de mi mente.”
Encontramos, a lo largo de la teoría junguiana -mucho más amplia de lo que podremos destacar aquí en algunas líneas-, un inconsciente personal -o individual- cuyos componentes centrales son los complejos -entendidos como una constelación de imágenes/ ideas que tiene fuertes cargas afectivas-; y por otro lado, un inconsciente colectivo, cuyos componentes son los arquetipos.
Jung define lo inconsciente como “todos los procesos psíquicos que están bajo el umbral de la conciencia”, y nos recuerda que “en las personas normales la función principal de lo inconsciente consiste en efectuar una compensación y producir un equilibrio”, roto el cual aparecerá el trastorno mental.
Por otra parte, es sorprendente la transformación que se opera en el carácter de un individuo al irrumpir en él las fuerzas colectivas. Un ser humano socializado y sensato puede tornarse un maníaco o una bestia salvaje. En muchos de los casos tendemos a inculpar a las circunstancias exteriores, aunque nada explota en nosotros que no existiera de antemano.
Jung defiende a ultranza los trabajos de Sigmund Freud, aunque cuestiona desde el principio la etiología exclusivamente sexual de la histeria y de los trastornos psicológicos. Es por esto que toma la idea de inconsciente colectivo cómo para abordar las diferentes conductas humanas. Este sostiene que dependemos, en proporciones angustiosas, de un funcionamiento preciso de nuestro psiquismo inconsciente, de sus sobresaltos y de sus fallos ocasionales.
En un eco casi directo de C.G. Carus, Jung entiende al inconsciente no sólo como aquel que contiene elementos reprimidos -como Freud determina-, sino que es, fundamentalmente, fuente de fuerzas de creación y sanación. Es en este punto que encontramos una plena articulación entre los conceptos.
Nuestra concepción
A partir de todo lo que se fue hallando respecto del término, fuimos resignificando lo que el concepto significa para nosotros. En un primer punto, a partir de la etimología, encontramos una raíz interesante para la articulación, relacionado con el separar o dividir. Pero, unido a esta idea, se encuentran el sufijo in-(no) y el con-(junto); lo cual nos puede llegar a dar una posible raíz de la consciencia como aquello no separado/ dividido en conjunto, lo cual resulta interesante desde la concepción de Carus del inconsciente; a saber, la de divinidad -en contraposición a una idea de división, diábolos-. Pero también punto de contacto con la idea etimológica del arte como aquello que reúne. Así, hallamos sumamente importante la idea de Hartmann, donde se destaca el proceso creador del espíritu inconsciente. Lo cual resuena en la concepción junguiana de un inconsciente como fuente de creación y sanación.
De este modo, se fue construyendo poco a poco el concepto que hoy utilizaremos como punto de partida. Por todo lo mencionado, si bien trabajaremos la fundamental articulación entre inconsciente freudiano y arte, nos centraremos en las ideas destacadas por Carus, Hartmann y Jung para realizar nuestro entramado conceptual.
LO INCONSCIENTE EN EL ARTE
Nos concierne ahora la parte central de este trabajo. A lo largo de estos dos últimos apartados, intentaremos establecer puentes, lazos, tejidos ocultos y explícitos, rupturas y quiebres entre las dos inmensas palabras que nos convocaron para este trabajo. Es aquí donde intentaremos responder aquellas dudas que, si bien surgieron en la introducción, se fueron ampliando a lo largo del desarrollo. Las trincheras ya han sido tomadas, el arte y el inconsciente, brevemente bordeados. Nos queda ahora presenciar este cruce de conceptos.
Para ello, iniciaremos con la idea más clásica para ir, poco a poco, desarmando nuestro discurso y, si nos es posible, llegar a una expresión un tanto más artística hacia el final. Así, comenzaremos por las manifestaciones de lo inconsciente en el campo del arte según Sigmund Freud y luego intentaremos abordarlo desde las concepciones articuladas de C.G Carus, Eduard von Hartmann y C.G. Jung.
El coqueteo con la neurosis
Como indicamos, iniciaremos con los aportes de Freud al tema. Primero es fundamental destacar la importancia que le da el padre del psicoanálisis al arte. Tal como nos dice Cristóbal Farriol (2017), en "Freud y el arte", es que una primera aproximación puede ser la idea de un uso de las artes a modo de ilustración o ejemplo de su teoría, sin embargo, no se limita sólo a ello. Tal como dice en su ensayo de la Gradiva, parafraseando a Hamlet: “(...) los poetas son unos aliados valiosísimos y su testimonio ha de estimarse en mucho, pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica” (Freud, 1992). Respecto de ello, Lacan (1983) se pronuncia en su Seminario -libro 2-, aclarando que “los poetas, que no saben lo que dicen, sin embargo siempre dice, como es sabido, las cosas antes que los demás”. Aclara también Freud, en el análisis del caso de Elizabeth Von R, que la descripción de la vida anímica de los seres humanos es el más auténtico dominio de éstos. Y por ello han sido, siempre, precursores de la ciencia y la psicología científica. De este modo, nos dice Farriol, “Freud ve al poeta como una referencia para la construcción de su teoría”.
Para Freud el arte es, fundamentalmente, expresión de conflictos. En su texto "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico", declara a partir de su formulación del principio de placer y del principio de realidad:
“El arte logra por un camino peculiar una reconciliación de los dos principios. El artista es originariamente un hombre que se extraña de la realidad porque no puede avenirse a esa renuncia a la satisfacción pulsional que aquella primera le exige, y da libre curso en la vida de la fantasía a sus deseos eróticos y de ambición. Pero él encuentra el camino de regreso desde ese mundo de fantasía a la realidad; lo hace, merced a particulares dotes, plasmando sus fantasías en un nuevo tipo de realidades efectivas que los hombres reconocen como unas copias valiosas de la realidad objetiva misma. Por esa vía se convierte, en cierto modo, realmente en el héroe, el rey, el creador, el mimado de la fortuna que querría ser, sin emprender para ello el enorme desvío que pasa por la alteración real del mundo exterior.” (Freud, 2016)
De este modo, Freud hace uso del término sublimación para explicar el proceso del artista. La sublimación es entendida, según el Diccionario de psicoanálisis, como:
“Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad, pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Freud describió como actividades de resorte principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados.” (Laplanche; Lagache; Pontalis, 1996)
Tal como trabajamos en su concepción de lo inconsciente -inconsciente sexual-, la sublimación vendría a ser la desviación de la pulsión sexual hacia una meta. Con ello cobra relevancia lo expuesto hasta aquí pues, se trata, en el fondo, de la expresión de conflictivas inconscientes a través del arte. Podríamos decir que, dentro de este marco, el artista vehiculiza su conflictiva -sus fantasías- por medio de su creación artística, así como el niño lo hace a través del juego -como nos explica en El creador literario y el fantaseo; “la creación literaria (...) es el sustitutivo de los juegos infantiles” (Freud, 1992). Otro punto de interés en nuestra articulación -superponiendo el juego y la creación artística, como lo hace Eielson en su poema-. Es por ello que, a lo largo de su obra, Freud analiza diversos casos de artistas y sus obras a partir de estos principios.
En su obra "Merleau-Ponty lector de Proust: lenguaje y verdad", Martín Buceta (2019) explora el uso del término sublimación para explicar cómo el lenguaje tiene la capacidad de expresar la percepción -lo percibido-; entiende que se puede sublimar de un plano a otro por medio de la palabra, dado que ésta es del orden de lo material y de lo intelectual. Más adelante establecerá que el lenguaje expresado en la literatura, fundamentado en la obra de Marcel Proust, -por medio de lo sublimado-, es la “verdad”. Quizá podríamos extender esta idea -a modo de tesis- al arte en general. Lo cual es un punto de interés para articular con la idea de Tarkovsky, mencionada en el primer apartado, del arte como “jeroglífico de la verdad absoluta”. Puesto que, como mencionamos previamente, la sublimación resulta un mecanismo que, podríamos decir, parte de lo inconsciente hacia el mundo cultural. El arte, como resultado de lo sublimado, desde esta perspectiva freudiana, y articulado con lo mencionado por Buceta, sería expresión de verdad, ¿únicamente verdad sexual? ¿verdad individual? ¿verdad inconsciente?
El arte genuino
Por otro lado, y en una visión distinta, tenemos los aportes de E. v. Hartmann. El, apoyándose en el método inductivo, sugiere que tanto los sucesos naturales como los psíquicos, así como su aparente finalidad, sólo pueden explicarse suponiendo que el Principio del Ser, lo Absoluto, es lo Inconsciente. Lo Inconsciente es lo incondicionado, lo que no puede a su vez explicarse por medio de ninguna relación. Manuel Pérez (1998) declara:
"En la producción de la belleza artística
la Idea actúa en el artista como un factor
específico de tipo inconsciente.”
E. v. Hartmann
Nos concierne ahora la parte central de este trabajo. A lo largo de estos dos últimos apartados, intentaremos establecer puentes, lazos, tejidos ocultos y explícitos, rupturas y quiebres entre las dos inmensas palabras que nos convocaron para este trabajo. Es aquí donde intentaremos responder aquellas dudas que, si bien surgieron en la introducción, se fueron ampliando a lo largo del desarrollo. Las trincheras ya han sido tomadas, el arte y el inconsciente, brevemente bordeados. Nos queda ahora presenciar este cruce de conceptos.
Para ello, iniciaremos con la idea más clásica para ir, poco a poco, desarmando nuestro discurso y, si nos es posible, llegar a una expresión un tanto más artística hacia el final. Así, comenzaremos por las manifestaciones de lo inconsciente en el campo del arte según Sigmund Freud y luego intentaremos abordarlo desde las concepciones articuladas de C.G Carus, Eduard von Hartmann y C.G. Jung.
El coqueteo con la neurosis
Como indicamos, iniciaremos con los aportes de Freud al tema. Primero es fundamental destacar la importancia que le da el padre del psicoanálisis al arte. Tal como nos dice Cristóbal Farriol (2017), en "Freud y el arte", es que una primera aproximación puede ser la idea de un uso de las artes a modo de ilustración o ejemplo de su teoría, sin embargo, no se limita sólo a ello. Tal como dice en su ensayo de la Gradiva, parafraseando a Hamlet: “(...) los poetas son unos aliados valiosísimos y su testimonio ha de estimarse en mucho, pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica” (Freud, 1992). Respecto de ello, Lacan (1983) se pronuncia en su Seminario -libro 2-, aclarando que “los poetas, que no saben lo que dicen, sin embargo siempre dice, como es sabido, las cosas antes que los demás”. Aclara también Freud, en el análisis del caso de Elizabeth Von R, que la descripción de la vida anímica de los seres humanos es el más auténtico dominio de éstos. Y por ello han sido, siempre, precursores de la ciencia y la psicología científica. De este modo, nos dice Farriol, “Freud ve al poeta como una referencia para la construcción de su teoría”.
Para Freud el arte es, fundamentalmente, expresión de conflictos. En su texto "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico", declara a partir de su formulación del principio de placer y del principio de realidad:
“El arte logra por un camino peculiar una reconciliación de los dos principios. El artista es originariamente un hombre que se extraña de la realidad porque no puede avenirse a esa renuncia a la satisfacción pulsional que aquella primera le exige, y da libre curso en la vida de la fantasía a sus deseos eróticos y de ambición. Pero él encuentra el camino de regreso desde ese mundo de fantasía a la realidad; lo hace, merced a particulares dotes, plasmando sus fantasías en un nuevo tipo de realidades efectivas que los hombres reconocen como unas copias valiosas de la realidad objetiva misma. Por esa vía se convierte, en cierto modo, realmente en el héroe, el rey, el creador, el mimado de la fortuna que querría ser, sin emprender para ello el enorme desvío que pasa por la alteración real del mundo exterior.” (Freud, 2016)
De este modo, Freud hace uso del término sublimación para explicar el proceso del artista. La sublimación es entendida, según el Diccionario de psicoanálisis, como:
“Proceso postulado por Freud para explicar ciertas actividades humanas que aparentemente no guardan relación con la sexualidad, pero que hallarían su energía en la fuerza de la pulsión sexual. Freud describió como actividades de resorte principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Se dice que la pulsión se sublima, en la medida en que es derivada hacia un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados.” (Laplanche; Lagache; Pontalis, 1996)
Tal como trabajamos en su concepción de lo inconsciente -inconsciente sexual-, la sublimación vendría a ser la desviación de la pulsión sexual hacia una meta. Con ello cobra relevancia lo expuesto hasta aquí pues, se trata, en el fondo, de la expresión de conflictivas inconscientes a través del arte. Podríamos decir que, dentro de este marco, el artista vehiculiza su conflictiva -sus fantasías- por medio de su creación artística, así como el niño lo hace a través del juego -como nos explica en El creador literario y el fantaseo; “la creación literaria (...) es el sustitutivo de los juegos infantiles” (Freud, 1992). Otro punto de interés en nuestra articulación -superponiendo el juego y la creación artística, como lo hace Eielson en su poema-. Es por ello que, a lo largo de su obra, Freud analiza diversos casos de artistas y sus obras a partir de estos principios.
En su obra "Merleau-Ponty lector de Proust: lenguaje y verdad", Martín Buceta (2019) explora el uso del término sublimación para explicar cómo el lenguaje tiene la capacidad de expresar la percepción -lo percibido-; entiende que se puede sublimar de un plano a otro por medio de la palabra, dado que ésta es del orden de lo material y de lo intelectual. Más adelante establecerá que el lenguaje expresado en la literatura, fundamentado en la obra de Marcel Proust, -por medio de lo sublimado-, es la “verdad”. Quizá podríamos extender esta idea -a modo de tesis- al arte en general. Lo cual es un punto de interés para articular con la idea de Tarkovsky, mencionada en el primer apartado, del arte como “jeroglífico de la verdad absoluta”. Puesto que, como mencionamos previamente, la sublimación resulta un mecanismo que, podríamos decir, parte de lo inconsciente hacia el mundo cultural. El arte, como resultado de lo sublimado, desde esta perspectiva freudiana, y articulado con lo mencionado por Buceta, sería expresión de verdad, ¿únicamente verdad sexual? ¿verdad individual? ¿verdad inconsciente?
El arte genuino
Por otro lado, y en una visión distinta, tenemos los aportes de E. v. Hartmann. El, apoyándose en el método inductivo, sugiere que tanto los sucesos naturales como los psíquicos, así como su aparente finalidad, sólo pueden explicarse suponiendo que el Principio del Ser, lo Absoluto, es lo Inconsciente. Lo Inconsciente es lo incondicionado, lo que no puede a su vez explicarse por medio de ninguna relación. Manuel Pérez (1998) declara:
“Lo Inconsciente, considerado como Absoluto, abarca la Naturaleza y el Espíritu, y, por consiguiente, se sitúa por encima de la Voluntad schopenhaueriana y de la Idea hegeliana; en realidad, lo Inconsciente tiene como atributos irreductibles la Voluntad y la Idea. Como Voluntad, es lo que se encuentra en la base de la existencia del mundo (es el qué [dass] del mundo); como Idea, es responsable de la esencia específica de cada uno de los seres que en dicho mundo existen (qué cosa [was] es)”.
La síntesis en lo Inconsciente de Voluntad e Idea hace que en todos los seres de la realidad se manifieste una Voluntad que tiende a realizar un fin inmanente, coincidente con la Idea o esencia de cada ser.
Para establecer la conexión entre el arte y el inconsciente el autor comienza hablando del concepto de belleza:
“Lo bello -dice E. v. Hartmann- sólo llega a ser posible en la especificidad más concreta, ya que es intuible de modo individual"; por ello, el ideal concreto de belleza no puede ser la unidad de un ideal indeterminado, incapaz de concretarse a sí mismo, sino una infinidad de ideales -el ideal del ser humano masculino y femenino, el ideal del niño, del anciano, etc...-; y estos ideales concretos de belleza surgen en la conciencia espontáneamente como resultado del proceso creador del espíritu inconsciente, y no mediante el conocimiento de un ideal abstracto, que, vacío de contenido, no está en condiciones de producir contenido alguno en la conciencia” (Pérez, 1998).
Por otro lado, el autor va a realizar una comparación entre el auténtico genio artístico y el artista común. Éste sólo necesita poseer una capacidad imaginativa viva, un fino sentido para lo bello y el suficiente material memorístico como para crear una imagen fiel de lo que desea representar, siempre que tenga presente la naturaleza y sea hábil para suprimir lo feo y aquellos elementos que contradicen la verdad y unidad de la idea del objeto, añadiendo aspectos que acentúen su belleza. No obstante, con ello tendremos sólo una "obra artesanal", pero no una "producción artística". Un grado superior de perfección se da cuando el artista es capaz de eludir todos los rasgos desfavorables o no bellos, y resaltando los más favorables. Con ello logra idealizar el modelo, es decir, presentar más nítidamente la verdad de su idea concreta. “El signo distintivo del genio es ser guiado por los impulsos creadores procedentes del Inconsciente, sirviéndose únicamente de la reflexión para poner a disposición de aquél los medios más adecuados para alcanzar la perfección de la obra”.
Siguiendo con esta visión del arte genuino, C. G. Jung va a comenzar hablando de la formación de símbolos. Sugiriendo que:
“la mente inconsciente del hombre moderno conserva la capacidad de crear símbolos, siendo el arte un canalizador de estos, ya que además de las formas que percibimos transmiten mensajes que influyen en nuestra conciencia. Los símbolos funcionarían como “transformadores”, puesto que transfieren la libido de una forma inferior a una superior”.
El símbolo procedería, por lo tanto, no solo de lo consciente sino también de lo inconsciente, estando en condiciones de unir ambas partes.
En cuanto a la representación simbólica en el arte, Jung va a afirmar que “el símbolo en el arte no puede formarse si sólo se vive de forma instintiva y automática”. Estos símbolos no estarían muertos, sino que surgirían de lo inconsciente creador del hombre vivo, produciendo la fantasía en las artes plásticas que pasarían por una enorme e intensa elaboración estética. El artista al igual que el espectador se rinde ante estas imágenes eternas que atraen y fascinan. Símbolos como el círculo y la cuaternidad, tan peculiares en el proceso de individuación, señalan por una parte en el pasado un originario orden primitivo de la sociedad humana, junto con un orden interior del alma.
Como vemos el artista no está inventando de la nada cuando realiza su obra, ni siquiera sería tan libre como él pueda creer en el proceso creativo. En el mundo del arte no se puede explicar una inspiración, nosotros sabemos que no es el resultado de nuestra agudeza mental, sino que la idea nos ha venido de alguna parte, creemos erróneamente que todo procede de nuestras intenciones y de “sí mismo”, presuponemos infantilmente que nos conocemos y que inventamos cosas nuevas cuando realmente todo mana espontáneamente de otras fuentes.
Nos encontraríamos aquí frente a un proceso psíquico que se desarrollaría preferentemente en lo inconsciente, donde la fantasía tendría que ver con el impulso lúdico o de juego. El artista sacaría la luz mediante ese juego con la fantasía lo que encerraría de valioso, desarrollando ésta a través de la materia.
Primera articulación
En base a todo lo expuesto hasta aquí, intentaremos realizar una primer articulación en virtud de lo inconsciente presente en el arte. Encontramos, de tal manera, tres puntos centrales para esta articulación; 1) la dialéctica unión-separación; 2) la expresión; y 3) el proceso creador.
En este primer punto, hallamos esta doble idea que se sostiene resonando entre ambos conceptos. Como describimos en el primer apartado, una de las posibles etimologías de la palabra arte es como aquello que unifica. En sintonía con ello, descubrimos la idea inconsciente que subyace a una etimología que marca separación. Tanto en las definiciones dadas por la Real Academia Española como en la obra de Freud, encontramos un hueco importante entre consciente e inconsciente, e incluso llegamos a comprender que ambos sistemas, para el psicoanálisis freudiano, no están conectados. También hallamos el interesante registro dual en la personalidad, como se describe en "El lobo estepario" o como se observa en Dr Jekyll y Mr Hyde, y tal como lo concibe Nietzsche en "El origen de la tragedia". De este modo, y desde esta primer idea, aparece la necesidad de operar con el símbolo, como aquello que unifica, pero, y de acuerdo a lo que nos hallamos presentando, principalmente podemos ubicar aquí al arte. Algo similar es lo que propone Schelling a partir de su propia concepción de inconsciente -que no desarrollamos en el presente trabajo por motivos de extensión-, pero que podemos destacar a partir del trabajo de Natacha Salomé Lima y Federico Pena (2017), en Arte y psicoanálisis:
“Friedrich Schelling fue uno de los exponentes del idealismo alemán. En el año 1800 publica su Sistema de idealismo trascendental donde realiza una aproximación a la subjetividad humana a partir del arte o, más bien, del impulso artístico. Señala que existe una contradicción inherente al género humano entre consciente e inconsciente. Aunque los artistas suelen sentir esta contradicción con mayor intensidad, todos logramos advertirla. A fin de cuentas se trata de la contradicción entre necesidad y libertad. El artista cuenta con un medio o modo para resolver momentáneamente esta contradicción: ese medio es el arte (...) Cuando el artista culmina su obra, se produce cierta síntesis entre consciente e inconsciente, entre naturaleza y libertad, entre objetivo y subjetivo; es un instante de reconciliación de la contradicción estructural.”
De este modo, el primer punto de articulación entre arte e inconsciente es el proceso artístico como síntesis, como unión frente a la división tajante entre consciente e inconsciente.
“Aprendí a reconocer la completa y primitiva dualidad del hombre; Me di cuenta de que, de las dos naturalezas que luchaban en el campo de batalla de mi conciencia, aun cuando podía decirse con razón que yo era cualquiera de las dos, ello se debía únicamente a que era radicalmente ambas.” El extraño caso de Dr Jekyll y Mr Hyde (Stevenson, 2018)
El segundo punto de interés de nuestra relación es lo expresado en la obra de arte. Como mencionamos al principio, Rand nos menciona que toda obra de arte implica la expresión del sentido de la vida para el artista. En esta concepción nos hallamos más emparentados con la primer definición de la RAE, vinculado a la habilidad, y al primer uso etimológico, de techné, como capacidad adquirida. Como hemos visto, el artista expresa, a través de su obra, parte de su esencia. Hemos desarrollado el concepto de sublimación para remitirnos a este punto. Hay vehiculización -de conflictiva, para Freud- inconsciente en la obra del artista. Y en este punto, encontramos, no solo que el artista expresa su naturaleza, su alma, su psyché, al decir de Jung, sino que se halla “jugando” -en los ecos del texto de Freud-, como nos menciona Eielson.
Pero existe aún una concepción que creemos fundamental y ésta es, el proceso creativo. Sobre el punto de la creación encontramos una multiplicidad de cadenas importantes. Nos dirigimos hacia la tercer definición dada por la RAE, asociada a la creación de obras culturales. Al respecto, destacamos la visión de C. G. Jung del inconsciente como fuerza de creación; las ideas de C.G. Carus de lo inconsciente como lo divino en nuestro interior -asociando a lo divino con el acto de creación-; y el proceso creador del espíritu inconsciente que nos plantea Hartmann. En su Seminario -libro 11- Lacan (2006) sentencia, “la imagen pintada sirve de mediación con la divinidad”.
Al respecto, nos dice Luigi Zoja (2015) en "El arte narrativo y el inconsciente": “Borges recurre a un esquema más moderno, casi psicoanalítico: el verdadero cuento no es creado por el yo, sino por el inconsciente. Su nacimiento corresponde por tanto al de un sueño”. Aquí existe una íntima relación entre los conceptos, donde lo inconsciente se muestra como fuente de lo creado en el arte, que, desde esta visión más abarcativa, no es sólo expresión, sino acto de hacer, de crear, acto divino.
A partir de todo ello encontramos en la relación inconsciente y arte diversas interpretaciones y, sobretodo, la influencia del primero sobre el segundo, lo que nos permiten tener una concepción más abarcativa de los conceptos. Ahora bien, nos queda por preguntarnos, ¿cómo podemos hallar el arte en lo inconsciente? ¿Puede que el inconsciente esté estructurado como un arte?
EL ARTE EN EL INCONSCIENTE
A lo largo de todo el trabajo, y como parte de él, fuimos dejando resonar distintos fragmentos de arte que nos fueron interpelando a medida que desarrollábamos los temas que nos propusimos. Estos pequeños tesoros de arte nos permitieron ir vislumbrando lo que en este apartado desarrollaremos; a saber, cómo es lo inconsciente, no solo lo que crea arte, o lo expresa como tal, sino también como campo mismo del arte. Para ser más específicos, cómo el contenido -en tanto lo que es bordeable- de lo inconsciente se presenta como arte en sí.
Para reflexionar sobre esta idea, no intentaremos buscar necesariamente lógicas subyacentes comunes -si bien en un primer momento intentaremos esbozar algo de ese orden-, sino que, centralmente nos dedicaremos a encontrar algunos otros fragmentos de arte -e incluso crear los propios- que puedan funcionar de contenido para lo inconsciente.
Lógicas entramadas
Nos dice Cristóbal Farriol (2017) en "Freud y el arte": usos lógicos; “textos como El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen (Freud, 1907) muestran no sólo una semejanza descriptiva entre las creaciones poéticas y las formaciones del inconsciente, sino muestran también una misma lógica de construcción”. Según la tesis de este autor, el inconsciente descrito por Freud es un inconsciente que presenta una lógica similar a la de las creaciones literarias. A partir de ello podemos pensar en un inconsciente que presenta estructura de arte, nos dice Lacan que “…el inconsciente tiene la estructura de la ficción por tener la del discurso” -y que dicha estructura es la estructura de la verdad-. Sumado a ello, podemos pensar en la importancia que toma la figurabilidad en el trabajo del sueño, que implica la figuración plástica de las palabras. Lo inconsciente tiene contenido plástico, lo cual permite el movimiento libre de cargas en forma de desplazamiento y condensación. Basta considerar algunas obras de arte que reflejen algo similar para sostener la idea que planteamos.
“Existe cierto grado de aproximación sensible a la realidad
que hace que esa experiencia se transforme en teoría”
Germán Gárgano parafraseando a Goethe[2]
A lo largo de todo el trabajo, y como parte de él, fuimos dejando resonar distintos fragmentos de arte que nos fueron interpelando a medida que desarrollábamos los temas que nos propusimos. Estos pequeños tesoros de arte nos permitieron ir vislumbrando lo que en este apartado desarrollaremos; a saber, cómo es lo inconsciente, no solo lo que crea arte, o lo expresa como tal, sino también como campo mismo del arte. Para ser más específicos, cómo el contenido -en tanto lo que es bordeable- de lo inconsciente se presenta como arte en sí.
Para reflexionar sobre esta idea, no intentaremos buscar necesariamente lógicas subyacentes comunes -si bien en un primer momento intentaremos esbozar algo de ese orden-, sino que, centralmente nos dedicaremos a encontrar algunos otros fragmentos de arte -e incluso crear los propios- que puedan funcionar de contenido para lo inconsciente.
Lógicas entramadas
Nos dice Cristóbal Farriol (2017) en "Freud y el arte": usos lógicos; “textos como El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen (Freud, 1907) muestran no sólo una semejanza descriptiva entre las creaciones poéticas y las formaciones del inconsciente, sino muestran también una misma lógica de construcción”. Según la tesis de este autor, el inconsciente descrito por Freud es un inconsciente que presenta una lógica similar a la de las creaciones literarias. A partir de ello podemos pensar en un inconsciente que presenta estructura de arte, nos dice Lacan que “…el inconsciente tiene la estructura de la ficción por tener la del discurso” -y que dicha estructura es la estructura de la verdad-. Sumado a ello, podemos pensar en la importancia que toma la figurabilidad en el trabajo del sueño, que implica la figuración plástica de las palabras. Lo inconsciente tiene contenido plástico, lo cual permite el movimiento libre de cargas en forma de desplazamiento y condensación. Basta considerar algunas obras de arte que reflejen algo similar para sostener la idea que planteamos.
Rostro del gran masturbador - Dalí (1929)
En consonancia con ello podemos dirigirnos al cuento de J.L. Borges, "Las ruinas circulares". Allí el autor describe un proceso de creación a partir del sueño -cuestión que destacamos en nuestra primer articulación-. Con ello, podemos ubicar lo que nos dice Jung en "El hombre y sus símbolos" respecto de la capacidad creadora que se manifiesta en los sueños:
“...la capacidad de la psique humana para producir semejante material nuevo es particularmente significativa al tratar el simbolismo de los sueños pues encontre una y otra vez en mi trabajo profesional que las imágenes e ideas contenidas en los sueños posiblemente no puedan explicarse sólo en función de la memoria. Expresan pensamientos nuevos que, basta entonces, jamás habían alcanzado el umbral de la consciencia”.
También podemos pensar en los trabajos del surrealismo, en el cine -o el arte pictórico-, por ejemplo, donde pareciera compartirse un estado similar al de los sueños[3]:
Un perro andaluz - Luis Buñuel (1929)
Es decir que arte e inconsciente parecieran compartir, no sólo una lógica interna similar, sino también un mundo común, donde se confunden -se co-funden- ambos conceptos. Trataremos, luego, de presentar algunos elementos provenientes del arte que marquen lógicas y universos similares a la estructuración inconsciente.
El inconsciente es un arte
El objetivo de esta última sección del trabajo es dejarnos habitar por distintas representaciones artísticas -de distintas formas de arte- que nos sugieran aquella idea de lo inconsciente estructurado como un arte. Por ello mismo, no nos compete aquí -si bien resulta interesante- realizar un análisis de los fragmentos presentados sino tan solo mencionar algunos de estos fragmentos que sugieren, a nuestros ojos, que el inconsciente puede tener estructura de arte.
“Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos, no es del todo falaz.” La biblioteca de Babel - J.L. Borges (2014)
El inconsciente es un arte
El objetivo de esta última sección del trabajo es dejarnos habitar por distintas representaciones artísticas -de distintas formas de arte- que nos sugieran aquella idea de lo inconsciente estructurado como un arte. Por ello mismo, no nos compete aquí -si bien resulta interesante- realizar un análisis de los fragmentos presentados sino tan solo mencionar algunos de estos fragmentos que sugieren, a nuestros ojos, que el inconsciente puede tener estructura de arte.
“Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos, no es del todo falaz.” La biblioteca de Babel - J.L. Borges (2014)
El enigma del deseo - Salvador Dalí
(1929)
Cuarto solo - Alejandra Pizarnik (1955)
“Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.”
A Cada Hombre, a Cada Mujer - Serú Girán (1988)
Relatividad - Escher (1953)
“Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine al género humano; por eso río es injusto que la crucifixión de un solo judío baste para salvarlo. Acaso Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres, Shakespeare es de algún modo el miserable John Vincent Moon.”La forma de la espada - J.L Borges (2014)
La creación - Luis Cabrera Hernandez
CONCLUSIONES
“El arte es un medio de conocimiento y de revelación”
María Zambrano
A lo largo de todo el trabajo fuimos descubriendo diversos modos en los que se pueden pensar una articulación entre inconsciente y arte. Dada la complejidad que ambos conceptos nos presentan, buscamos, en un primer momento, determinar ciertas fronteras -debido a su posibilidad de límite contaminado, ya que no se trata de bordes rígidos-, que nos permitieron dar forma a ambos conceptos.
Comenzamos buscando algunas referencias acerca del término “arte”. Trabajamos con tres acepciones aportadas por el diccionario de la Real Academia Española; en conjunto con tres posibles etimologías de la palabra; los aportes de Ayn Rand, acerca del arte como sentido de la vida del artista; y la expresión artística sobre el ser-artista y el arte según los aportes de algunas obras de esta índole. Con todo ello, construimos una definición que nos permitiera entender un poco más el concepto. La misma consistió en centrarnos en la figura del artista como quien crea al arte y destacando algunos significantes relevantes.
En segundo lugar, tratamos de hallar el contenido que utilizamos para el término “inconsciente”. Comenzando por la etimología del mismo, hicimos, luego, un breve recorrido histórico del término y nos detuvimos en los aportes de cinco autores; C.G. Carus; E. v. Hartmann; Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche -de los cuales mencionamos solo algunos puntos de interés-; Sigmund Freud; y finalmente, y a partir del cual ordenamos gran parte del trabajo, C.G. Jung.
Los últimos dos apartados consistieron en la articulación propiamente dicha. En el tercero, buscamos hallar modos en los que se manifiesta lo inconsciente en el arte y qué lugar ocupa éste en el proceso artístico. Así, hicimos uso del término sublimación aportado por Freud y la idea del arte como lo más genuino del espíritu según C.G. Jung. A partir de ello, encontramos tres posibles puntos de contacto; 1) el arte como “unificador” entre consciente e inconsciente, cobrando también una alta relevancia las etimologías de las palabras; 2) la expresión de lo inconsciente en el arte, a partir de fenómenos como la sublimación, donde se “plasman” cuestiones íntimas del ser humano, como su sentido de vida, tal como dice Ayn Rand; 3) el inconsciente como fuerza creadora, tal como la concibe Jung, que nos permitió trabajar con diversos puntos que surgieron a lo largo del trabajo, así como también la idea de “la divinidad en el interior” de Carus.
Finalmente, intentamos encontrar “arte en lo inconsciente”, en tanto buscamos, desde un lugar más artístico, que lo inconsciente puede hallar lógicas similares a las del arte en general, dando lugar a la idea de que el inconsciente está estructurado como un arte.
Es pertinente mencionar que también, a lo largo de todo el trabajo, buscamos diversas manifestaciones artísticas que fueron surgiendo a medida que nos adentrábamos en el proceso -creativo-. Ello nos permitió ir construyendo asociaciones implícitas entre ambos conceptos para finalmente concluir que, arte e inconsciente, tienen vínculo de rueda. Es decir, creemos que tanto el arte como el inconsciente pueden, o bien ser parte de un mismo fenómeno, o bien ser complementarios, influyéndose mutuamente.
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[1] La concepción aquí desarrollada tiene la intención de permitir la articulación con el concepto de inconsciente. De tal modo, decidimos limitar esa faceta del arte dejando para otro posible trabajo la idea de la intervención del espectador en la obra -si es que éste no es considerado, en parte, el artista-.
[3] El interesantísimo trabajo de articulación entre surrealismo e inconsciente excede el propósito de este trabajo, únicamente mencionamos, a modo de articulación entre los conceptos presentados, los grandes puntos de encuentro entre estos conceptos -la idea, por ejemplo, de la intención de retratar los sueños-.
SOBRE LOS AUTORES:
Soy Federico Imbrogno, estudiante de 4to año de la carrera de Psicología en la USAL.
Me gusta buscar algunas tramas implícitas, ciertos anudamientos entre la expresión (como lo es el Arte) y la esencia del Hombre (que es todos los hombres, como nos sugiere Borges; y que a la vez es un ser-en-soledad).
Soy Enrique Gassiebayle, estudiante de 4to año de la carrera de Psicología en la Universidad del Salvador.
A través de este trabajo pudimos relacionar y articular la idea de inconsciente con la de arte los cuales están íntimamente vinculados.
Soy Juan Guyot, tengo 23 años.
Soy estudiante de 4to año de la carrera de Psicología en la Universidad del Salvador.
Me considero un gran admirador del arte en general, y en este escrito, poder vincularlo con aspectos relevantes a la carrera que nos apasiona fue una tarea muy interesante y entretenida.
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