lunes, 6 de noviembre de 2023

Serie Meditaciones #9. Acerca de la pneumafobia, enfermedad de la psicología académica. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #9

El espíritu, con su misterio y su elusividad, con frecuencia es marginado en entornos académicos que valoran la empiria y la objetividad. En la búsqueda de una comprensión objetiva y científica del mundo, herimos nuestra relación con el espíritu, con esa dimensión que es inherente a la condición humana. Este rechazo del espíritu no solo nos separa de aspectos profundos de nosotros mismos, sino que también nos lleva a una sensación de vacío y desorientación con la cultura en su conjunto. Como individuos y como sociedad, dejamos de lado una parte esencial de nuestra experiencia humana, y esta herida en el pneuma resuena a través de las generaciones.

Esta situación se traduce de distintas maneras. Una de ellas la observamos frecuentemente quienes accionamos en el campo de la psicología profunda. Las ideas de Jung sobre la psique y la espiritualidad son todavía  recibidas muchas veces con escepticismo, consideradas más como cuestiones filosóficas o incluso pseudocientíficas, que como temas legítimos de investigación.

El positivismo promovió un enfoque puramente objetivo y cuantitativo en la investigación psicológica, excluyendo o minimizando los aspectos subjetivos, emocionales, y sobre todo espirituales de la realidad humana. Esta perspectiva, aunque valiosa para el avance de cierta ciencia, a menudo dejaba de lado cuestiones relacionadas con la espiritualidad, la conciencia, la subjetividad y la profundidad psicológica, que son centrales en las ideas de pensadores como C. G. Jung.

Pneuma significa espíritu en griego, y a veces nos volvemos contra el espíritu y despreciamos a quienes lo representan, no sólo porque nos parecen "poco científicos", sino porque resistimos al espíritu y también lo tememos. El psicólogo John Carroll le puso un nombre a esta situación: pneumafobia. La respuesta de rechazo es evidente en las etiquetas despectivas todavía usadas contra autores como Jung en ámbitos académicos, al que se lo ha tildado, alternativamente, ya como "místico" o como "religioso", de manera, por supuesto, siempre despectiva o condenatoria.

La "pneumafobia" en la academia tiene raíces que se entrelazan con la evolución histórica de la educación y la ciencia. A medida que la Ilustración y el positivismo ganaban terreno, la ciencia se convirtió en el faro que guiaba la investigación académica. Este enfoque rigurosamente empírico excluía a menudo las dimensiones más espirituales o subjetivas de la experiencia humana. Las ideas de Jung, con su énfasis en la exploración de lo inconsciente y lo espiritual, chocaban con este paradigma predominante, que iba conformando una "psicología sin alma".

"La conciencia secular arrastra una herida sobre el pneuma, en el sentido de que nos damos cuenta de que hemos fracasado, como individuos y como cultura, a la hora de relacionarnos con él", afirma David Tacey en su recomendado libro "The darkening spirit: Jung, Spirituality, Religion" (Routledge, 2013). Sentimos que el pneuma está presente, pero nos volvemos contra él, lo negamos y lo denigramos.

La consecuencia de esta "pneumafobia" es que, por un lado, se deja de lado un aspecto fundamental de la psicología humana. Las experiencias espirituales y la búsqueda de significado son una parte vital de la vida de muchas personas y, por lo tanto, merecen una atención seria en la investigación académica.

Por otro lado, la "pneumafobia" también tiene un impacto en la formación de los profesionales, terapeutas y psicólogos. Cuando omitimos considerar la dimensión espiritual en la comprensión del ser humano, se menosprecian las complejidades y riquezas de nuestra condición, para terminar abrazando una visión reduccionista y fragmentada de la psicología y de la humanidad. Al menospreciar la importancia de la dimensión espiritual en nuestra formación, nos arriesgamos a limitar peligrosamente la capacidad de los futuros profesionales de abordar de manera integral las necesidades y deseos de las personas que buscan ayuda y comprensión. Abrazar una visión más inclusiva e integral, que reconozca la espiritualidad como una parte legítima de la experiencia humana no solo enriquece la formación de profesionales de la salud mental, sino que también promueve una curación más profunda y un entendimiento más completo de la complejidad de lo humano.

No obstante también, la herida de la pneumafobia puede ser una fuente de inspiración. La conciencia secular, al reconocer su desconexión con lo espiritual, tiene la oportunidad de sanar y reconciliarse con el espíritu. En lugar de negarlo, podemos aprender a abrazar la riqueza de la experiencia espiritual en todas sus formas. Esta no es una llamada necesariamente a la religión en el sentido tradicional, sino a una comprensión más profunda y abierta de lo espiritual como dimensión esencial de la existencia humana. Al hacerlo, podemos comenzar a sanar la herida en el pneuma y recuperar un sentido más completo de nuestra propia humanidad.

Y es que como decía el poeta Hölderlin, "Allí donde está el peligro, también crece lo que salva”.

JMOB. 



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