jueves, 23 de mayo de 2024

Sueños de serenidad: acerca de la paz. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 Sueños de serenidad: acerca de la paz.

Juan Manuel Otero Barrigón (*)

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No hay camino para la paz. La paz es el camino”.

Mahatma Gandhi

"Jamás en este mundo los odios cesan con el odio; cesan con la benevolencia: Esta es una ley eterna".

Dhammapada

La paz no está en el mundo, sino en el hombre  que recorre el camino”.

David Carradine



En la etimología de la palabra "paz" resuenan ecos a través de las eras y las culturas. Paz proviene del latín "pax", que evoca no solo la ausencia de conflicto, sino también la armonía y la reconciliación. La raíz de "pax" nos recuerda que la paz es mucho más que un mero cese de hostilidades; es un estado en el que florecen la comprensión y la coexistencia.

MITOLOGIA

Mitológicamente, Pax era hija de Justicia, y hermana de Concordia y Disciplina. Estas deidades no solo representaban la tregua entre naciones, sino también la prosperidad que surge cuando los seres humanos se permiten respirar libremente, liberándose de las rivalidades. En estas figuras antiguas, la paz se convierte en una fuerza que nutre y sostiene la vida, un regalo que fluye cuando se reconoce la humanidad compartida por todos. 

¿Cuantas veces olvidamos la relación de Pax con su madre? ¿Cuantas veces pretendemos una paz huérfana de Justicia?

La paz, entendida a través de la lente de sus orígenes mitológicos, revela su esencia como un arte descuidado, una sinfonía delicada que requiere la armonización de corazones y mentes. Involucra la capacidad de entender al otro, de abrazar la diversidad y de construir puentes sobre abismos ideológicos.

RELIGIONES

La paz ha sido buscada, rezada y anhelada a lo largo de la historia de la humanidad. En las religiones, encontramos un hilo común que teje la aspiración a la paz, aunque, paradójicamente, también se haya enredado en divisiones y conflictos.

Las religiones han sido faros de luz espiritual que, en su esencia, abrazan la paz como un principio fundamental. Algo que está implícito en la llamada ley de oro, presente en todas las tradiciones religiosas: "no hagas a otros lo que no te gustaría que te hagan a ti"; o en su versión positiva, "trata a los demás cómo te gustaría ser tratado". Desde el budismo, que enseña la compasión y la no violencia, hasta el cristianismo, que proclama la paz como una gracia divina, las religiones han proporcionado un lenguaje simbólico y ético para expresar la necesidad y la búsqueda de la paz.

Sin embargo, el camino hacia la paz con frecuencia también tropieza con conflictos generados en nombre de la religión. Lo que debería ser un faro de unidad y comprensión muchas veces se convierte en un motivo de discordia.

En el crisol de la historia, las religiones han sido tanto constructoras como destructoras de puentes hacia la paz.  La responsabilidad corresponde a aquellos que interpretan y practican estas enseñanzas, ya que son quienes tienen el poder de elegir entre sembrar el odio o cultivar la flor de la paz. El hecho de que en la historia de las religiones, que es la historia de la humanidad misma, continúe presente la violencia, y que incluso muchas veces esta sea legitimada en nombre la religión, vemos la dificultad del hombre para establecer dinámicas de paz que sean verdaderamente fructíferas en el camino hacia una vida más humana. (1)

La violencia es tan antigua como el mundo. Y desde que el ser humano toma conciencia de sí mismo como tal, descubre que su propia humanidad está amenazada por la violencia inhumana y deshumanizante. (1)

En Occidente, a pesar de que en ciertos momentos históricos el ser humano sólo haya podido ver el deseo y la voluntad de Dios desde un punto de vista violento, el desarrollo de la enseñanza espiritual va a mostrar que en verdad Dios desea la paz desde el comienzo, y que al crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, quiere posibilitar que en cada hombre y en cada mujer crezca el deseo del Reino de Dios, que es reino de paz. (1)

Es importante volver a decir que, más allá de las diferencias superficiales, las distintas religiones comparten un núcleo que abraza la compasión, la justicia y la convivencia pacífica. El Sufismo en el Islam, por ejemplo, predica la idea de paz interior y armonía con el cosmos. Y en el taoísmo chino, descubrimos que la paz implica la vida en armonía con los ciclos de la naturaleza. 

En la tradición judeocristiana, toda la historia del pueblo de Dios es la historia de la búsqueda de esa paz, de ese Shalom. "Shalom" en el judaísmo, no significa solamente la ausencia de guerra y la tranquilidad sin conflictos, sino la búsqueda de esa paz dinámica, que abrazando la totalidad de la existencia en equilibrio, es siempre perdida y siempre recuperada, pero por sobre todas las cosas siempre querida y deseada por Dios. (1)

BUDISMO

En el budismo, la paz se manifiesta como un loto que florece en las aguas serenas de la mente. Para esta tradición, la paz se cultiva a través de la comprensión profunda de la naturaleza de la existencia. Una de sus premisas básicas es ahimsa (no violencia), la cual compromete no solamente a los seres humanos entre sí, sino también hacia todas las formas de vida. En la enseñanza del Buda se nos habla del "Nirvana", que resuena como un llamado suave de serenidad. Nirvana no es un lugar físico y distante, sino un estado de liberación de los sufrimientos causados por el deseo y la ignorancia. Es el despertar a la realidad tal cual es, una realidad tejida con los hilos de la impermanencia. Es sabiduría trascendente (prajña) y paz (santi). El Buda afirmó que este es un mundo lleno de sufrimiento (dukkha), y predicó su doctrina para que la humanidad pudiese cambiar esa situación a partir de su propio trabajo interior. La paz, desde la mirada budista, se entiende a través de la comprensión de la impermanencia (Anicca), el sufrimiento presente en la vida (Dukkha) y la ausencia de un yo constante (Anatta). Estos conceptos son como luciérnagas que iluminan la senda hacia una paz duradera. La impermanencia nos enseña a no aferrarnos a situaciones, personas, ideas y cosas, a convivir con lo que inevitablemente está destinado a pasar.  Buda negó la existencia de un yo substancial (anatman). El ser humano al aferrarse a la idea de que posee un yo constante exalta sus tendencias egoicas, que lo hunden cada vez más en el sufrimiento. A contramano de otros planteos  de su época, postuló el principio de transitoriedad. El ser humano pretende que todo sea duradero y estable, a fin de sentirse seguro, como si esto fuese lo verdadero, siendo que se trata apenas de una realidad virtual. El budismo, al desafiar la noción arraigada del yo permanente, invita a contemplar la impermanencia como una verdad fundamental de la vida. Reconocer la transitoriedad de todas las cosas es el primer paso para liberarnos del sufrimiento que surge de aferrarnos a lo mutable. En la aceptación de esta realidad, el budismo encuentra la llave de una  paz pasible de trascender la ilusión de la permanencia. Es en la fluidez del cambio donde hallamos la verdadera libertad, y en la comprensión de esta impermanencia donde florece la serenidad del corazón.

Al reconocer nuestra propia vulnerabilidad y la de todos los seres, cultivamos un corazón compasivo que se abre a la experiencia compartida del sufrimiento. En este camino hacia la compasión (karuna), encontramos una paz duradera, ya que al aliviar el sufrimiento de los demás, también contribuimos a sanar nuestras propias heridas. Esto nos otorga un sentido de conexión y plenitud que trasciende al ego. En la compasión, hallamos la esencia misma de la paz budista: un fluir amoroso que abraza todas las cosas con gentileza y sabiduría, siendo que para el budismo, todo es interdependiente y todo está interconectado.

Paz, compasión, y sabiduría se conjugan en este camino espiritual. La compasión actúa como una fuerza centrípeta que une a los seres en el Dharma. Que atrae y compromete. La compasión no es solo un sentimiento, también es una conducta. Los seres vivos tienen necesidad de amor, y responden a dicha carencia con dolor y resentimiento. La violencia genera así una fuerza centrífuga, que desplaza a los seres de su núcleo esencial, de la ley natural o dharma, y que por ende, tiene una repercusión cósmica. 

De allí derivan dos prescripciones básicas en la conducta de todo budista: 1) Dejar de hacer el mal. 2) Aprender a hacer el bien. Esta última afirmación es el principio de un largo camino a transitar. Camino que sólo es posible en tanto la mente se purifica. En ella se localiza el inicio de gran parte de los males. En la adaptación de los hechos a una mente serena el comportamiento social puede estar en armonía con los principios de paz y benevolencia.

En el Jardín budista de la mente, se cultiva la atención plena, o "Mindfulness", una práctica que invita a sumergirnos en el momento presente como la flor más preciada. Mindfulness permite apreciar cada instante con una atención arraigada en el ahora, liberándonos de las preocupaciones del pasado y de las ansiedades del futuro. La paz budista no es una quietud forzada, sino más bien un fluir blando con la corriente de la vida. Una mente pacificada proyecta pensamientos y acciones pacíficas. En la meditación, la mente se aquieta y se enfoca, creando un espacio donde la sabiduría puede brotar. La paz no es ajena al mundo, sino que se encuentra en la transformación de nuestra relación con él.

"Metta", o bondad amorosa, es otra joya en el collar del budismo. Es la práctica de cultivar un amor benevolente hacia uno y hacia todos los seres. Metta es como una brisa cálida que disipa las nubes de la aversión, sembrando semillas de misericordia que crecen en campos de entendimiento mutuo. Se trata de actuar desinteresadamente por el mero deseo de darse a los demás sin pretender nada a cambio. El deseo de ser o poseer es el que más enfáticamente cuestiona el budismo.

En la senda budista, la paz es tanto una búsqueda como un regalo que se despliega cuando desenrollamos los velos de la ilusión. La paz, en este contexto, es un arte delicado que se perfecciona a través de la atención, la compasión y la aceptación plena de lo que es.

Un pequeño cuento budista refleja esto, se titula “Cómo responder a un insulto”:

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo, pero Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.
Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó porqué dejó que lo maltratara y lo agrediera.
A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: -“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”
El discípulo contestó: -“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.
Entonces Buda dijo: -"Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no aceptar. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

Así, desde la perspectiva del budismo, la paz es un camino que se recorre con cada respiración. Es la invitación a contemplar el fluir del río sin aferrarse a sus aguas, a encontrar la dicha en la simplicidad y la plenitud en el ahora.

Un escrito de la orientalista Liliana García Daris resume buena parte de lo dicho: “El budismo dice: ¡Tú eres Buda, mira hacia adentro! El ver hacia adentro, no es verse distinto del otro, sino igual. El corazón y la mente deben realizarse en lo universal. Compasión, esencia última de todos los seres y fundamento de la paz”. (2)

TAO

Todavía en Oriente, encontramos en el taoísmo pequeñas iluminaciones sobre la paz. Entre ellas, el concepto chino de Wu Wei, un término que a menudo se traduce como “no acción”, pero que no es inactividad, sino más bien una acción sin esfuerzo, una forma de actuar que surge espontáneamente en armonía con el curso natural de los acontecimientos. La paz, en la sensibilidad taoísta, florece cuando nos alineamos con el Wu Wei, dejando que la vida fluya sin resistencia. La dualidad Yin-Yang, como los dos polos de un imán, nos ofrece una visión taoísta de la complementariedad de todas las cosas. La paz se encuentra en el equilibrio dinámico entre estas fuerzas opuestas. Es el reconocimiento de que la luz y la oscuridad coexisten, y que la armonía se desnuda en la integración de estas polaridades.

La contemplación del Tao nos lleva a vivir en armonía con la naturaleza. La paz se revela así cuando sintonizamos con los ciclos naturales y reconocemos nuestra conexión intrínseca con el mundo que nos rodea. Es una invitación a caminar con la ligereza de un soplo de viento.

La sencillez, lo que los taoístas llaman “Pu”, es otra clave que ilumina el sendero hacia la paz. Reducir las complicaciones de la vida despojándonos de lo superfluo, nos facilita encontrar la serenidad en la esencia misma de las cosas.  La virtud es alinearse con el orden natural del cosmos. La paz taoísta es, en esencia, la manifestación de esta sencillez en cada acto y en cada pensamiento. 

A propósito, recomiendo mirar la película “Perfect Days”, del director alemán Win Wenders, ya que tiene mucho que ver con esto que estamos diciendo.  

JUNG

No quisiera dejar de hacer una breve mención al significado de la paz en la psicología profunda, concretamente en el pensamiento de C.G.Jung. El sabio suizo nos invita a contemplar la paz como un viaje hacia la integración de nuestras polaridades internas. La paz, según su mirada, es un estado que emerge cuando abrazamos y reconciliamos las facetas opuestas de nuestra psique.  Según Jung, la paz no es la ausencia de conflictos, lo cual es una quimera, sino la aceptación consciente de nuestra diversidad interior. Las sombras que yacen en los rincones oscuros de nuestra psique no son enemigas, sino compañeras en el intricado baile de la existencia. La paz resuena cuando reconocemos e integramos cada fragmento de nuestra vida anímica.  Jung nos enseña a mirar nuestras polaridades con ojos compasivos, a entender que la luz y la oscuridad coexisten, creando un tapiz que da forma a nuestra identidad. La paz comienza a ser posible cuando dejamos de resistir y permitimos que la sinfonía de nuestras contradicciones se entrelace en una melodía única. La paz entraña, en el lenguaje junguiano, el arte de la individuación, un proceso donde las partes separadas de nosotros encuentran su unidad. Al abrazar nuestra sombra, al reconocer la luz, nos convertimos en artífices de una paz que no se busca afuera, sino que nace desde el interior mismo. Es un rincón sagrado en el que los conflictos internos pueden encontrar su resolución. En este viaje hacia la completitud, que nunca termina, descubrimos que la paz no es un destino final, sino una búsqueda que nos invita a abrazar la complejidad de nuestra existencia y a encontrar la calma en la amalgama suave de nuestras tensiones.

DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Para finalizar este escrito, quisiera hacer una pequeña referencia al diálogo interreligioso, y a su importancia en la construcción de una cultura de la paz. En el coloquio promovido por el dicasterio para el Diálogo Interreligioso (4 de Abril de 2024), el Papa Francisco dijo lo siguiente: “Hoy, muchas, demasiadas voces, hablan de guerra: la retórica belicosa, por desgracia, se ha vuelto a poner de moda. Esto es malo. Pero mientras se difunden palabras de odio, la gente muere en la brutalidad de los conflictos. En su lugar, hay que hablar de paz, soñar con la paz, dar creatividad y concreción a las expectativas de paz, que son las verdaderas expectativas de los pueblos y de las personas. Que se hagan todos los esfuerzos posibles en este sentido, dialogando con todos. Que su encuentro en el respeto de la diversidad y con la intención de enriquecerse mutuamente sea un ejemplo para no ver al otro como una amenaza, sino como un don y un interlocutor valioso para el crecimiento mutuo”. 

Estas palabras desafiantes de Francisco nos piden una escucha atenta del otro, una actitud receptiva hacia su sensibilidad espiritual, hacia su modo de vivir. Y es que la "buena nueva" que recibo desde esa otredad supone una conversión de perspectiva, juicio y valoración. Al contemplar al otro en toda su dignidad se torna posible la danza sagrada de intercambio y transformación, donde espera el potencial para construir un mundo más pacífico; donde la diversidad sea celebrada como manifestación de la sabiduría infinita de Dios; y donde los seres humanos, en búsqueda compartida de significado y trascendencia, podamos soñar con-vivir como verdaderos hermanos. 

Mayo, 2024


(1) Debo las reflexiones reproducidas al trabajo de la teóloga brasileña Lucchetti B, M. Clara.

Bibliografía:

.Daris, Liliana García. Sabiduría para la paz: El budismo. Rescatado en: https://bibliotecadeespiritualidadymeditacion.files.wordpress.com/

.Lucchetti Bingemer, María Clara. Violencia y religión: confrontación y diálogo. La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2007. 

(*) El trabajo fue leído en la Jornada "La Paz y el Arte", celebrada el Jueves 23 de Mayo en la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador. El evento contó con la participación de distintos expositores.



martes, 30 de abril de 2024

Serie Meditaciones #13. Trickster. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #13

Trickster

Es bromista de lo sagrado, danzando en la frontera de lo permitido.
Es caos creativo, desordenando certezas para abrir paso a lo nuevo.
Es astucia encarnada, desafiando nuestras estructuras con picardía.
Es rebelde con causa, rompiendo moldes para revelar posibilidades nuevas.
Es bufón de la existencia, mostrando la relatividad de nuestras verdades.
Es mensajero de lo inesperado, sacudiendo nuestra complacencia con sorpresas.
Es guardián de lo desconocido, invitándonos a explorar lo que tememos.

JMOB.

viernes, 16 de febrero de 2024

Serie Meditaciones #12. Figuras del tiempo. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #12

Quisiera detenerme en dos expresiones relacionadas con el tiempo. La primera es francesa, l'air du temps (EL AIRE DE LOS TIEMPOS), y la segunda alemana, zeitgeist (EL ESPÍRITU DEL TIEMPO). Ambas tienen connotaciones distintas.

"EL AIRE DE LOS TIEMPOS", sugiere una sensibilidad más ligera y efímera, capturando la esencia momentánea de la sociedad, típica de la posmodernidad. Es el aire que respiramos, lleno de matices y tendencias que dan forma a la atmósfera cultural y social de un momento específico. "EL AIRE DE LOS TIEMPOS" refleja la fluidez de la vida contemporánea, la sucesión rápida de modas, opiniones y eventos que vemos pasar. Es como capturar la fragancia de un instante, apenas un destello

Por otro lado, zeitgeist, EL ESPÍRITU DEL TIEMPO, nos sumerge en una contemplación más profunda y duradera. Esta expresión alemana sugiere una fuerza arraigada, una esencia que impregna la totalidad de una época. Es el alma colectiva que da forma a la filosofía, el arte, la política y las creencias de una determinada etapa. Acá se trascienden las modas pasajeras para revelar patrones más amplios y perdurables. No es solo el aire que sentimos en un momento dado, sino la huella indeleble que deja cada época en la historia, una marca que define su carácter y legado.

Para algunos, EL AIRE DE LOS TIEMPOS y EL ESPÍRITU DEL TIEMPO se entrelazan de manera complementaria. La ligereza del aire refleja y, a su vez, resalta la profundidad del espíritu. Mientras respiramos EL AIRE DE LOS TIEMPOS, capturamos no solo los matices efímeros, sino también la esencia duradera que se ha filtrado a través de los años.  Sin embargo, otros consideran que estas dos expresiones nos indican dos maneras muy distintas de percibir y relacionarnos con la realidad. La fragilidad y la solidez, el aire y la tierra, el cambio y la permanencia. 

Pero en este recorrido por figuras que encapsulan ciertas lecturas sobre el tiempo, asoma una tercera expresión, de origen bíblico: los "SIGNOS DE LOS TIEMPOS" (Mateo 24), la cual nos invita a reconocer los mensajes y lecciones que la historia, a cada paso, nos presenta. En estos signos, encontramos no solo la fugacidad y la profundidad, sino especialmente la revelación de un propósito mayor que conduce los destinos individuales y colectivos. Los "SIGNOS DE LOS TIEMPOS" son guías que nos impulsan a interpretar y comprender más allá de las apariencias, sumergiéndonos en un entendimiento más profundo de la realidad. Mientras que "EL AIRE DE LOS TIEMPOS" captura la inmediatez y la diversidad de los eventos cotidianos, y "EL ESPÍRITU DEL TIEMPO" busca el basamento más profundo de una etapa, los "SIGNOS DE LOS TIEMPOS" representan señales que son significativas en el marco de una historia más amplia, sagrada, marcando retos, interrogantes o llamados a la acción.

Estos signos se interpretan de manera diversa según las perspectivas culturales, filosóficas o religiosas que tengamos. De allí que puedan reconocerse indicadores tanto de transformaciones sociales, políticas o espirituales. Lo que resulta indudable es que la capacidad de reconocer los "SIGNOS DE LOS TIEMPOS" supone un discernimiento que va más allá de la superficialidad del AIRE DE LOS TIEMPOS y, que al mismo tiempo, apunta a una trascendencia no implícita necesariamente en el zeitgeist. En conjunto, estas expresiones reflejan la complejidad y la diversidad de cómo entendemos y nos relacionamos con el tiempo y con la historia.

En esta trinidad de perspectivas vemos la posibilidad de apreciar las capas multifacéticas del tiempo y de extraer sabiduría tanto de sus susurros fugaces como de sus ecos eternos. Así como también de sus desafíos presentes. 

JMOB.


viernes, 9 de febrero de 2024

Pequeño elogio a la tierra


La tierra, más que un simple suelo material, es el crisol donde se forja la identidad, una matriz de significados que se entrelazan con la historia y la cultura. En este arraigo, encontramos una clave de la comprensión del Justicialismo, una doctrina que, en su esencia, abraza la tierra como el fundamento de la comunidad. 

Para Heidegger, la tierra no es solo un espacio geográfico; es el espacio donde se despliega la existencia auténtica. Es el lugar donde las personas, al enraizarse, encuentran significado y pertenencia. Esta mirada, impregnada de poesía existencial, se conecta de manera intrigante con la esencia del Justicialismo, que también encuentra en la tierra el fundamento de la identidad nacional y social. En este cuadro, la tierra natal no es solo un escenario, sino un actor vital en la epopeya de la vida.

La tierra no es solo un lugar físico, sino un símbolo cargado de significados. Es el terruño que nutre las raíces de la comunidad, un testimonio de luchas compartidas y sueños colectivos. Es  la matriz de la autenticidad. Lugar donde las historias individuales se entrelazan para formar una narrativa colectiva. Escenario sagrado donde se despliega la danza de la vida, una danza que fusiona lo individual con lo comunitario, lo pasado con lo presente, lo trascendente con lo humano.

Bendita sea nuestra tierra.

JMOB.

martes, 23 de enero de 2024

Reflexiones Junguianas (X), por Néstor E. Costa

 


Sabemos que la ciencia mecanicista o ciencia formal es la "reina" de los saberes. Pero también comenzamos a sospechar desde hace ya varios años que no es la única forma de conocimiento al que el ser humano puede aspirar. Y ha sido precisamente la física la que, con sus nuevas indagaciones, está demostrando que hay una unidad entre todas las cosas que existen en el universo. Es decir, el paradigma dominante de la diferenciación y separación y de las especializaciones, sin ceder su lugar, reconoce una nueva cosmovisión indivisa de mucha mayor amplitud, la que se conoce como campo unificado de energía. Por otra parte, esta nueva visión fue anticipada, según época y perspectivas, por pensadores como el griego Empédocles, el gnóstico Plotino y filósofos como Leibniz y Schopenhauer y más recientemente por investigadores como Carl G. Jung y Edgard Morin.

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Hay una palabra que suele usarse en forma frecuente y coloquial y la misma es "destino". Una de las definiciones que el Diccionario de la Real Academia Española tiene para esta término es:"encadenamiento necesario y desconocido de los acontecimientos", pero también la emparenta con otro vocablo: "suerte" y dice: "no debemos acusar al destino de nuestras desgracias". Ejemplo este último que me hizo recordar una conocida frase de Jung: "lo que no se hace consciente se transforma en destino". Como puede verse en el propio determinismo que encierra cualquiera de estos acaeceres, coexisten en forma simultánea las polaridades positivas y negativas las que son propias de toda situación humana. 
Pero, ¿cuál es el presunto origen de este término?: Hesíodo (siglo VIII a. de C.) en su "Teogonía" dice que es una divinidad ciega, hija del Caos y la Noche y al cual todas las divinidades le están sujetas. El cielo, el mar, la tierra y los infiernos están bajo su dominio y nadie puede cambiar sus resoluciones. Al decir de los estoicos, era aquella fatal necesidad según la cual todo sucedía en el mundo. Por su parte, el poeta latino Ovidio  pone en boca de Júpiter (Zeus para los griegos) "que él está sujeto a la ley del destino". El mismo poeta ha de sostener que "los destinos de los reyes estaban grabados sobre el diamante". Sin embargo, Virgilio, deja entrever en uno de sus escritos que había forma de eludir al destino. 
Servidoras fieles de esta divinidad ciega eran las famosas "Parcas" (equivalentes a las Moiras griegas) a quienes se las representaba como hilanderas, cuyo hilo, que era la vida de los seres, dependía de los dictados del Destino. Tampoco el gran poeta griego Homero dejó de tener en cuenta a esta poderosa divinidad.

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En más de una oportunidad seguramente se han preguntado (sobre todo aquellos que desconocen sus propuestas) porqué Jung ha recurrido a explicaciones que tienen que ver con otras disciplinas aparentemente muy lejanas de la psicología, como puede ser la física, para explicar su cosmovisión. Las respuestas pueden ser varias, pero solamente voy a dejar entrever dos que me parecen de suma importancia. La primera es generalizante y es la que tiene que ver con la palabra " psicología", que significa "estudio del alma" y por extensión, pero de mayor especificidad, la de su aplicación, la "psicoterapia" y cuya esencia es el "tratamiento del alma". Como dice el propio investigador suizo: "el alma es el lugar de nacimiento de toda actuación, de todos los acontecimientos" que se vinculan con el ser humano. 
La segunda respuesta a esa pregunta del comienzo, es el propio aspecto científico que le incumbe, es decir, que ninguna especialidad debería ponerse límites a sí misma dado que el hacerlo implicaría un cercenamiento a sus posibilidades. Por eso, en lo que hace a la psicoterapia ha de resaltar el valor que juega el alma en sus múltiples vinculaciones.
"Los trastornos anímicos tal vez, dejen más claro que las enfermedades corporales que el alma es un todo en el que cada parte depende de las demás. Con su neurosis, el enfermo no nos trae una especialidad, sino toda un alma y un fragmento del mundo al que esta alma está unida, y sin el cual no la podríamos entender suficientemente". (Jung, "Problemas generales de la psicoterapia"-parág. 212).


Néstor E. Costa es el Presidente de la Asociación de Formación e Investigación en Psicología Analítica -AFIPA- Grupo de Desarrollo reconocido por la IAAP (International Association for Analytical Psychology), con sede en Buenos Aires, Argentina. Doctor en Psicología. Ex Vice Decano del Departamento de Psicología de la Universidad John F. Kennedy, fue uno de los fundadores de AFIPA en los primeros meses de 1996.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Serie Meditaciones #11. Sobre el arquetipo de Muerte y Resurrección. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #11

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"Ahora que está próximo el fin del mundo, conviene abrir el corazon al Sol Naciente". Philip Otto Runge

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El arquetipo de la Muerte y Resurrección es un factor psíquico especialmente resonante en estas fechas que vivimos, donde celebramos el fin del año que se va y recibimos el año nuevo que llega. Yace no sólo en los confines de lo físico, sino que se erige como una puerta entre lo conocido y lo desconocido, entre el ocaso y el amanecer.

Las mitologías antiguas tejen relatos de héroes y dioses que, en su encuentro con la muerte, descubren la semilla de la resurrección. En la mitología egipcia, Osiris muere para renacer como el dios de la vida después de su paso por el inframundo. Prometeo, atado y sufriendo, encuentra su redención y renace a través del mito griego.

Desde las mitologías hindúes hasta las leyendas nórdicas, el arquetipo de Muerte y Resurrección revela sus misterios en múltiples relatos. Shiva, el dios hindú, danza el Tandava Nataraja, la danza cósmica que simboliza la creación, la preservación y la destrucción. En esta danza, la destrucción no es un fin, sino el preludio de una nueva creación, un ciclo eterno de renacimiento.

En las tradiciones budistas, la muerte es vista como un paso natural en el ciclo de renacimientos, el Samsara. Buda, a través de sus enseñanzas, destila la sabiduría de dejar ir lo efímero para encontrar la verdadera paz. Esta muerte simbólica conduce a una nueva vida interior, a la iluminación.

El cristianismo, con su narrativa central de la crucifixión y resurrección de Jesús, lleva consigo la promesa de redención a través de la muerte. La tumba vacía simboliza no solo la resurrección física sino también la posibilidad de renacimiento espiritual para aquellos que viven comprometidamente la fe.

Culturalmente, la celebración del Día de los Muertos en México es un ejemplo conmovedor de cómo la muerte y la resurrección pueden entrelazarse. Este festival colorido y lleno de vida no solo honra a los muertos sino que celebra la continuidad de la existencia a través de la memoria y la conexión emocional.

Y es que este arquetipo reverbera en festivales y rituales que celebran la cosecha tras la muerte aparente del invierno. La primavera emerge como una resurrección después de la quietud invernal, un ciclo perpetuo de muerte y renacimiento que encuentra eco en nuestras almas.

A nivel personal, cada pérdida, cada desafío, puede ser un encuentro con la muerte simbólica. El fin de una relación, el cambio de carrera, el cierre de una etapa, son pequeñas muertes que dan paso a oportunidades de renacimiento. En la resiliencia humana, encontramos la capacidad de renacer de las cenizas de nuestras propias experiencias difíciles.

El arquetipo de la Muerte y Resurrección, en su sutileza poética, nos sugiere que cada despedida es una bienvenida a lo nuevo. Como el fénix que surge de las llamas, como la primavera que sigue al invierno, nuestras vidas están entrelazadas con el eterno ciclo de morir y renacer. En este constante flujo, encontramos la promesa de renovación, la posibilidad de transformación, y la certeza de que en cada puesta de sol, aguarda una aurora.

JMOB.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Serie Meditaciones #10. Sobre una frase del analista junguiano James Arraj: "La psique no puede saltar afuera de la psique". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #10

La psique es un misterio. Es un campo de energía que abarca nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Es la corriente dinámica de la que brotan nuestros pensamientos, sentimientos, recuerdos y sueños. Es la fuerza que nos impulsa a vivir.

La psique es como un río. Es un flujo constante de energía que nos atraviesa. Está llena de aguas claras y turbias, de aguas profundas y superficiales. Y aunque no podemos controlar el río, podemos aprender a navegar por él.

La psique es también un lugar de sombras. Está llena de los aspectos de nosotros mismos que no queremos ver: nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras heridas. Sombras que son una parte de nosotros, y de las cuales no podemos escapar. Sombras que, no obstante, podemos integrar, y de esa manera crecer y sanar.

Jung creía que la psique es un sistema autorregulador. Siempre está tratando de encontrar un equilibrio entre los opuestos. Cuando la psique está en armonía, nos sentimos serenos y saludables. Pero cuando sucede lo contrario, podemos sentirnos ansiosos, deprimidos, enfermos.

La psique es también un lugar de creación. Es el origen de nuestra creatividad, nuestra intuición y nuestra imaginación. Es la fuerza que nos impulsa a crear arte, música, literatura y ciencia.

La psique es un misterio, pero también es un tesoro. Es el semillero que nos impulsa a vivir una vida plena y significativa.

James Arraj fue un analista estadounidense, que hasta su muerte en 2009, trabajó promoviendo como pocos el diálogo entre la psicología analítica y la espiritualidad cristiana, intentando reencauzar la senda trunca que en su tiempo iniciaran C.G.Jung y el padre Victor White. En la página 24 de su libro "Junguian and Catholic?", se lee la cita que titula esta meditación, "La psique no puede saltar afuera de la psique". Con ella, Arraj sugiere que no podemos escapar de nosotros mismos, ni podemos huir de nuestra naturaleza profunda. El objeto del psicólogo/a son las imágenes psíquicas y no las cosas en sí mismas, como ocurre en disciplinas como la filosofía y la teología. Esto significa que nuestra experiencia del mundo siempre está influida por nuestra psique y sus contenidos, por lo que no podemos separar completamente nuestra experiencia externa de nuestra realidad interior. 

Cuando integramos nuestras sombras, nos hacemos más completos. Nos liberamos de la carga del pasado y nos abrimos a nuevas posibilidades. Nos volvemos más creativos, más intuitivos y más compasivos.

La psique es un viaje. Es un viaje de autodescubrimiento y crecimiento. Es un viaje que nunca termina. Pero es un viaje que siempre vale la pena.

JMOB.


lunes, 6 de noviembre de 2023

Serie Meditaciones #9. Acerca de la pneumafobia, enfermedad de la psicología académica. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #9

El espíritu, con su misterio y su elusividad, con frecuencia es marginado en entornos académicos que valoran la empiria y la objetividad. En la búsqueda de una comprensión objetiva y científica del mundo, herimos nuestra relación con el espíritu, con esa dimensión que es inherente a la condición humana. Este rechazo del espíritu no solo nos separa de aspectos profundos de nosotros mismos, sino que también nos lleva a una sensación de vacío y desorientación con la cultura en su conjunto. Como individuos y como sociedad, dejamos de lado una parte esencial de nuestra experiencia humana, y esta herida en el pneuma resuena a través de las generaciones.

Esta situación se traduce de distintas maneras. Una de ellas la observamos frecuentemente quienes accionamos en el campo de la psicología profunda. Las ideas de Jung sobre la psique y la espiritualidad son todavía  recibidas muchas veces con escepticismo, consideradas más como cuestiones filosóficas o incluso pseudocientíficas, que como temas legítimos de investigación.

El positivismo promovió un enfoque puramente objetivo y cuantitativo en la investigación psicológica, excluyendo o minimizando los aspectos subjetivos, emocionales, y sobre todo espirituales de la realidad humana. Esta perspectiva, aunque valiosa para el avance de cierta ciencia, a menudo dejaba de lado cuestiones relacionadas con la espiritualidad, la conciencia, la subjetividad y la profundidad psicológica, que son centrales en las ideas de pensadores como C. G. Jung.

Pneuma significa espíritu en griego, y a veces nos volvemos contra el espíritu y despreciamos a quienes lo representan, no sólo porque nos parecen "poco científicos", sino porque resistimos al espíritu y también lo tememos. El psicólogo John Carroll le puso un nombre a esta situación: pneumafobia. La respuesta de rechazo es evidente en las etiquetas despectivas todavía usadas contra autores como Jung en ámbitos académicos, al que se lo ha tildado, alternativamente, ya como "místico" o como "religioso", de manera, por supuesto, siempre despectiva o condenatoria.

La "pneumafobia" en la academia tiene raíces que se entrelazan con la evolución histórica de la educación y la ciencia. A medida que la Ilustración y el positivismo ganaban terreno, la ciencia se convirtió en el faro que guiaba la investigación académica. Este enfoque rigurosamente empírico excluía a menudo las dimensiones más espirituales o subjetivas de la experiencia humana. Las ideas de Jung, con su énfasis en la exploración de lo inconsciente y lo espiritual, chocaban con este paradigma predominante, que iba conformando una "psicología sin alma".

"La conciencia secular arrastra una herida sobre el pneuma, en el sentido de que nos damos cuenta de que hemos fracasado, como individuos y como cultura, a la hora de relacionarnos con él", afirma David Tacey en su recomendado libro "The darkening spirit: Jung, Spirituality, Religion" (Routledge, 2013). Sentimos que el pneuma está presente, pero nos volvemos contra él, lo negamos y lo denigramos.

La consecuencia de esta "pneumafobia" es que, por un lado, se deja de lado un aspecto fundamental de la psicología humana. Las experiencias espirituales y la búsqueda de significado son una parte vital de la vida de muchas personas y, por lo tanto, merecen una atención seria en la investigación académica.

Por otro lado, la "pneumafobia" también tiene un impacto en la formación de los profesionales, terapeutas y psicólogos. Cuando omitimos considerar la dimensión espiritual en la comprensión del ser humano, se menosprecian las complejidades y riquezas de nuestra condición, para terminar abrazando una visión reduccionista y fragmentada de la psicología y de la humanidad. Al menospreciar la importancia de la dimensión espiritual en nuestra formación, nos arriesgamos a limitar peligrosamente la capacidad de los futuros profesionales de abordar de manera integral las necesidades y deseos de las personas que buscan ayuda y comprensión. Abrazar una visión más inclusiva e integral, que reconozca la espiritualidad como una parte legítima de la experiencia humana no solo enriquece la formación de profesionales de la salud mental, sino que también promueve una curación más profunda y un entendimiento más completo de la complejidad de lo humano.

No obstante también, la herida de la pneumafobia puede ser una fuente de inspiración. La conciencia secular, al reconocer su desconexión con lo espiritual, tiene la oportunidad de sanar y reconciliarse con el espíritu. En lugar de negarlo, podemos aprender a abrazar la riqueza de la experiencia espiritual en todas sus formas. Esta no es una llamada necesariamente a la religión en el sentido tradicional, sino a una comprensión más profunda y abierta de lo espiritual como dimensión esencial de la existencia humana. Al hacerlo, podemos comenzar a sanar la herida en el pneuma y recuperar un sentido más completo de nuestra propia humanidad.

Y es que como decía el poeta Hölderlin, "Allí donde está el peligro, también crece lo que salva”.

JMOB. 



miércoles, 1 de noviembre de 2023

Cierre del II Seminario "INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA - C.G.JUNG" . Universidad del Salvador (USAL)


El pasado martes 31 de Octubre cerramos la 2da edición del STO "Introducción a la Teoría y Práctica de la Psicología Analítica - C.G.Jung", con alumnos/as de 5to año de la Facultad de Psicología & Psicopedagogía de la Universidad del Salvador.

Fueron otros 3 meses compartiendo las exploraciones del maestro suizo por las profundidades del Alma, un viaje lleno de intuiciones poderosas que a muchos nos ha inspirado a continuar su obra. Además, varios de los estudiantes participantes cursaban su último día de carrera. ¡Que momento!

¡Gracias a los futuros colegas que formaron parte!


jueves, 26 de octubre de 2023

Aspectos teóricos de la creación y la creatividad. Por Jorge Garzarelli

 ASPECTOS TEÓRICOS DE LA CREACIÓN Y LA CREATIVIDAD

Desde tiempos inmemoriales la Creación ha Ocupado en forma preocupante, la mente del hombre. Preguntas acerca de la Creación siempre han suscitado en la Humanidad, interrogantes de todo tipo. Es así que tanto los mitos como las leyendas e interpretaciones fantásticas acerca de cuando, porqué y para qué ha sido creado el hombre, han generado un más allá hermenéutico del cual también se han ocupado todas las ciencias acorde con sus Campos de investigación.

Pero, será la religión quien desde su inicio ha tenido a la Creación como el punto de partida de todo lo creado. Creación que no ha sido terminada, sino que continúa en un profundo proceso de re-creación. De este proceso de recreación dará cuenta la Creatividad.

Según nuestro criterio, la Creación se corresponderá con un plan divino y la Creatividad con un plan humano. De este modo deslindamos los planos de aplicación de ambas palabras, aunque queremos dejar sentado que la Creatividad se desprende de hecho, de la misma Creación.

Pero para acceder a la Creatividad acorde con nuestro proyecto en Psicología del Deporte, utilizaremos el dominio especializado de la ciencia humana.

A tal efecto el método más sincero, será el de encontrar bases sólidas reuniendo la mayor cantidad de información disponible partiendo de aquel aforismo que propone Husserl, es decir "volver a las cosas mismas". Para esto, si recorremos la historia, a su largo, encontramos hombres que han aportado contribuciones de excepcional importancia en los diversos campos de actuación de nuestra especie. Artistas, técnicos, visionarios, innovadores en todas las áreas, han dejado firmes testimonios de la alta capacidad simbólica que posee el humano y que de suyo, marca el abismo entre lo que es netamente humano y la pretendida evolución desde la especie animal. Es obvio que, si todos compartimos este mundo, tengamos "cosas" parecidas para habitar en él. Pero, el hecho de que a nuestro sistema neurovegetativo lo llamemos así, y de vez en cuando encontremos humanos a los que liamos no sin cierto prejuicio "vegetales", en muy poco podemos asimilar un vegetal a la notable y maravillosa "máquina" que es el hombre.

El acto de crear es una característica esencialmente humana y sólo el hombre puede realizar este acto infinitamente Creador que aún hoy en día se nos presenta como una especie de misterio por su sentido y su relación con lo más profundo que poseemos, nuestra trascendencia.

LA PALABRA Y EL GESTO DE LA CREACION

Será por medio de la palabra o por medio del gesto que un individuo o grupo de personas realizan el llamado acto creador, en nuestra posición, diremos "acto creativo". Es por intermedio de este acto típicamente humano que se da a luz algo que anteriormente no existía, o bien es descubierto con una forma distinta. Este acto según lo muestra la Antropología posee una característica estructural y simbólica y se registra en el dominio de lo humano.

Pero algo sucedió con los "antiguos”, los que aún hoy en día nos muestran su cultura. Lo que es posible de observar, dando lugar a diferentes interpretaciones; es el hecho de que tal como lo señala Desmond Morris son "seres quedados". Su cultura no ha avanzado. Pero, cabe preguntarnos, será necesario?.

Cuando nos acercamos con el debido respeto a estas culturas "primitivas", descubrimos que estos "quedados", que han sido aislados y aún frenados por la llamada civilización han inventado estilos de vida, lenguajes, arte, cultos, los que observados detenidamente presentan un grado de originalidad fascinante.

Teniendo en cuenta los aproximadamente tres millones de años de antigüedad que tiene nuestro planeta, la humanidad en muy poco tiempo ha realizado una historia vasta y profunda. Será por que ese poder simbólico que poseemos los hombres, así lo permite? Si ese poder simbólico es tan rico, como no lo va a ser su consecuencia inmediata, la creatividad?

Concurre a nuestro esclarecimiento el hecho de ese notable descubrimiento de que el hombre representa con su singularidad al universo mismo, habiendo sido creado con la misma materia que el universo posee. A esta altura sería posible pensar al hombre como el resultado de una sucesión inverosímil de casualidades?. ¿No estaríamos acá dentro de uno de los tantos mitos que le fue necesario a ciertos científicos para comprobar su propio ateísmo?

¿No será acaso el hombre una manifestación probable y lógica, nacida de un "proceso" inteligente y ordenado”?

P.Putnam (The future of Land Based on Nuclear Fuels,1950) ha calculado que si nuestra especie procediese de una pareja que hubiese vivido diez mil años a.c. y hubiese ido creciendo regularmente según un índice del 1 por 100 anual,  la masa de carne humana formaría una esfera de varios miles de años-luz de diámetro. Es obvio que este es un cálculo aritmético, pero da una buena imagen de las propiedades de expansión que posee la materia viva.

Por otro lado, ¿por que los biólogos se ven impulsados a decir que los organismos son objetos improbabilísimos o que la evolución es un sistema que genera altos grados de improbabilidad”? ¿No será esta también una necesidad mítica al servicio de un paradigma de moda?

LAS TEORIAS

Según la mayoría de las teorías imperantes en la antigüedad, la materia una vez creada se iría degradando hasta un final (Eschatón) en el que moriría. Estas investigaciones siempre fueron realizadas en sistemas cerrados y a nivel molecular, por lo que estuvieron sujetas a grandes errores de resultado. Estos procesos fueron inspirando paulatinamente fórmulas tales como aquella en que "nada se crea, nada se pierde, todo se transforma”.

Esta visión que sobre todo ha caracterizado al siglo pasado se ha modificado sustancialmente frente a las investigaciones y descubrimientos del siglo XX. La radioactividad, la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica, la física nuclear, la cibernética, la astronomía, etc, han podido revelar cada una a su manera, que la energía no se crea o no se pierde, así tampoco como que exista realmente una degradación de la materia del universo.

Por otro lado, según A. Ducroq (“Le roman de la matiere”, 1970): "las transacciones energéticas que tienen lugar en los niveles finos, atómicos, corpusculares, infracorpusculares, parecen gobernadas por lo que la cibernética denomina retroaccion positiva. Resumiendo, la gran ley del universo será no una degradación, sino una valoración regular de su sustancia. La materia está llamada a dar origen a asociaciones cada vez más evolucionadas. Al principio de la cadena estaban las partículas. En el otro cabo, encontraremos la vida. La cibernética será el artífice de la evolución".

Esta vida es observada por H. Brown ("The Challenge of Man´s Future", 1954) como: "si cuantitativamente la vida no forma más que una película excesivamente fina en la superficie del planeta que la soporte, sin embargo, viene existiendo a lo largo el de la mayor parte de la historia de la Tierra y cualitativamente el sistema nervioso humano representa la más elevada organización observable de la materia". 

Fue también en este siglo en el que la imagen de Freud, con su descubrimiento de las leyes que regulan los procesos inconcientes, sostuvo una sobre-determinación de estos en toda nuestra conducta. A esta posición extrema se añadió la de Marx quien a su vez creyó descubrir que otra causalidad determinista, emergía de las relaciones económicas.

Cada cual a su modo y teniendo a aquellos autores que también adhirieron a esta posición radical, observamos que|todos ellos creyeron encontrar en los principios deterministas el conocimiento de todas las causas de un fenómeno por lo cual estaríamos en condiciones de llegar a predecirlo en forma absoluta.

Este principio determinista ha sido puesto entre parentesis a partir de la teorías de Einstein,Heisenberg y Wiener.

Todo parecería indicar que la creación humana (creatividad) se desarrolla en un sentido: agrupar e incrementar los diversos ordenes en que se manifiesta la vida misma.


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Jorge G.Garzarelli – ph.D.

Profesor Emérito USAL

psiquis42@gmail.com


viernes, 6 de octubre de 2023

Serie Meditaciones #8. Sobre la pérdida del sentido de lo sagrado. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #8

En el tumulto de la vida contemporánea, con frecuencia nos encontramos vagando por un mundo que parece haber perdido su conexión con lo sagrado. En un tiempo en el que la prisa y la distracción son nuestros compañeros constantes, dejamos atrás el arte de detenernos y contemplar lo que yace más allá de la superficie.

En esta era de avances tecnológicos, la rutina diaria nos envuelve, y nos convertimos en maestros en la manipulación del mundo material. Consecuentemente, olvidamos el lenguaje de las estaciones, las fases de la luna y los ritmos naturales que una vez nos conectaron con lo divino. La vorágine del progreso nos ha separado de la tierra, de las raíces profundas que nos recordaban nuestra dependencia mutua con todas las formas de vida.

La pérdida del sentido de lo sagrado es como un suspiro apagado en la noche, el eco de una canción ancestral que se desliza en las grietas de nuestra existencia apresurada. 

En su libro "Sendas perdidas" (Ed. Losada, 1960, p. 222), Martin Heidegger escribía: "La indigencia ha llegado ya a tal extremo que esta época ni siquiera es capaz de sentir que la falta de Dios es una falta". El desencanto con lo sagrado, según el maestro de la Selva Negra, nos arrastra hacia una existencia superficial, donde las cosas se vuelven meros objetos de consumo y donde el significado se desdibuja en una neblina de trivialidades. La pérdida de la conciencia del Ser ha llevado a una existencia inauténtica y alienante, donde las preocupaciones técnicas y utilitarias dominan la vida cotidiana, y la búsqueda de sentido se desvanece. La pérdida del sentido de lo sagrado no es simplemente una cuestión de religión formal, sino una desconexión de lo profundo, una indiferencia hacia el misterio de la existencia.

La indigencia espiritual de la que hablaba Heidegger no implica necesariamente la ausencia de valores o creencias religiosas o espirituales, sino más bien un distanciamiento o indiferencia hacia  esos valores o creencias. Algunas personas pueden describirlo como una sensación crónica de "estar perdidas" en lo que respecta a su vida espiritual, independientemente de si tienen una afiliación religiosa o no.

Así y todo, esta pérdida del sentido de lo sagrado no tiene que interpretarse inevitablemente como una situación definitiva, condenándonos al pesimismo. Más bien, puede ser vista como una oportunidad para redescubrir y reinterpretar la sacralidad en un contexto contemporáneo. Tanto desde la filosofía como desde la psicología profunda, así como en las distintas tradiciones espirituales, se explora en estos tiempos la posibilidad de nuevos lenguajes, como lo trascendental en la inmanencia del mundo natural o la espiritualidad transreligiosa, en tanto formas de reconciliar lo sagrado con la experiencia actual.

En última instancia, la pérdida del sentido de lo sagrado en la vida contemporánea plantea preguntas profundas sobre la naturaleza de la existencia humana y nuestra relación con el mundo y el universo en constante evolución. Es un llamado a la reflexión sobre cómo encontrar un significado y una conexión trascendente en un mundo cada vez más secular y diverso. Puede ser un aviso de que, a pesar de los cambios culturales y científicos, la búsqueda de lo sagrado es un aspecto arraigado en lo más profundo de la condición humana, una búsqueda que puede tomar muchas formas y llevarnos por caminos sorprendentes en nuestro viaje hacia la comprensión y la plenitud.

JMOB.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Reflexiones Junguianas (IX), por Néstor E. Costa

Siempre tomó cuenta Jung de las dificultades de expresar y de transmitir que eran los arquetipos, dado que hablar de  ellos nos remite necesariamente a la psique. En realidad, cuando se ingresa en estos dominios no hablamos sobre la psique, sino que es la propia psique la que se expresa sobre sí misma. De ahí la incomprensión que notaba el investigador suizo en algunos hombres  y el consecuente miedo que denotaban cuando debían admitir su propia femineidad; claro, señalaba; la dificultad surgía cuando entraba en juego lo que era la palabra "Anima" y lo mismo puede pasar, tanto para los hombres como para las mujeres, con ciertos aspectos de la "Sombra" o de cualquier otro arquetipo.

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En el mundo del enfermo mental sus imágenes lo sumen en fatal confusión, pero también son la matriz de la fantasía creadora de mitos, los cuales han desaparecido de esta época racional.
Como dice Jung, la fantasía mítica existe en todas partes y es tan mal vista como temida, dado que es la senda que conduce a las profundidades de lo inconsciente. En la parte II del Fausto, el investigador, nos recuerda la sentencia que allí escribe Goethe: "Atrévete a abrir las puertas ante las cuales todos prefieren pasar de largo...".

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Hay una faceta de la personalidad de Jung poco conocida para aquellos que no han leído su obra. Fue un hombre que en un momento determinado de su vida decidió crear un lugar físico para usarlo como una suerte de retiro, con la finalidad que el mismo expresara su mundo interior.
Así nació Bolligen, en las orillas del lago de Zurich; una suerte de  edificio con forma de torre hecho de piedras, sin electricidad, ni adelantos modernos de ningún tipo, a punto tal, que durante la noche encendía viejas lámparas de aceite para iluminarse y hasta el agua la extraía de un pozo. 
La primera torre la construyó en 1923, después de la muerte de su madre y añadió nuevas secciones a lo largo de un período de treinta y dos años. Allí, Jung pasaba largas horas, incluso solía hacerse la comida cortando leña y cocinando sus alimentos. Decía que la sensación de reposo y el silencio que lo rodeaba lo hacían vivir en modesta armonía con la naturaleza, haciéndolo sentir con plenitud su mundo interior. Una de sus reflexiones nos vincula directamente con esa profundidades psíquicas ignotas: solía decir que  los pensamientos que lo invadían procedían de hace muchos siglos y que por consiguiente,"anticipaban un futuro remoto": "Allí veo la vida como un círculo, como algo que siempre está llegando a ser y pasando".


Néstor E. Costa es el Presidente de la Asociación de Formación e Investigación en Psicología Analítica -AFIPA- Grupo de Desarrollo reconocido por la IAAP (International Association for Analytical Psychology), con sede en Buenos Aires, Argentina. Doctor en Psicología. Ex Vice Decano del Departamento de Psicología de la Universidad John F. Kennedy, fue uno de los fundadores de AFIPA en los primeros meses de 1996.


sábado, 16 de septiembre de 2023

Serie Meditaciones #7. Sobre la conspiritualidad, un fenómeno contemporáneo . Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #7

La palabra "conspiritualidad" fue usada por primera vez para el estudio "The Emergence of Conspirituality" (2011) por los sociólogos Charlotte Ward y David Voas, publicado en el Journal of Contemporary Religion. En este escrito, caracterizan al movimiento de la siguiente forma:

"La conspiritualidad ofrece una amplia filosofía político-espiritual basada en dos convicciones centrales, la primera tradicional de la teoría de la conspiración, la segunda arraigada en la Nueva Era: 1) un grupo secreto controla encubiertamente, o está tratando de controlar, el orden político y social, y 2) la humanidad está experimentando un 'cambio de paradigma' en la conciencia. Sus defensores creen que la mejor estrategia para hacer frente a la amenaza de un "nuevo orden mundial" totalitario es actuar de acuerdo con una visión del mundo despierta del "nuevo paradigma".

El fenómeno creció desde la pandemia de 2020, articulando movimientos antivacunas, terraplanistas, influencers del bienestar, grupos alt-right, partidarios de la teoría del Nuevo Orden Mundial, etc. 

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Como un laberinto de ideas entrelazadas, el fenómeno de la conspiritualidad desafía nuestras nociones convencionales de verdad, realidad y espiritualidad. En su núcleo, la conspiritualidad nos insta a explorar las profundidades de la psique humana, donde las semillas de la fe y la desconfianza se entrelazan en una danza ambivalente.

En este terreno ambiguo, la conspiritualidad se nutre de la necesidad de encontrar significado y trascendencia. Es una respuesta a la inquietud existencial que anida en lo más profundo de nosotros, un anhelo por ir más allá de los confines de lo mundano y descubrir una realidad más amplia y misteriosa. Sin embargo, esta búsqueda, tan genuina en su esencia, se mezcla con la oscuridad de las teorías de la conspiración, desviando el rumbo y envolviendo la espiritualidad en un velo de incertidumbre.

En el umbral de esta convergencia entre lo oculto y lo revelado, surge una paradoja que resuena en la esencia de la experiencia humana. En un mundo saturado de información y perspectivas, la conspiritualidad se manifiesta como una amalgama de búsqueda espiritual y desconfianza vigilante. Es como si, en nuestra anhelo de trascendencia, nos encontráramos atrapados entre la tentación de creer en narrativas que prometen revelaciones ocultas y la prudencia de sopesar cada afirmación en la balanza de la razón.

La conspiritualidad nos lleva por senderos sinuosos, donde la desconfianza en las instituciones y la información establecida se entrelazan con narrativas enigmáticas y creencias infundadas. Se convierte en un refugio para aquellos que se sienten desconectados de la corriente principal de la sociedad, ofreciendo una comunidad donde sus preocupaciones y creencias encuentran eco. Pero, en este encuentro entre la razón y la intuición, entre la luz y la sombra, es vital mantener una mirada crítica y discernimiento, para no caer presas de la propagación de información falsa.

A medida que exploramos este territorio ambiguo, se despliega un interrogante fundamental: ¿cómo discernir la frontera entre la sabiduría tradicional y las teorías de conspiración que caminan por la cornisa del engaño? Esta cuestión nos invita a cultivar la virtud del discernimiento, a cuestionar sin caer en la negación sistemática y a abrazar la diversidad de pensamientos sin dejarnos arrastrar por el vórtice de la desinformación.

En última instancia, esta confluencia entre lo académico y lo artístico, entre la reflexión crítica y la intuición creativa, nos sugiere  explorar los matices y los claroscuros de la conspiritualidad con una mente abierta y un corazón prudente. Nos desafía a sondear los límites de nuestra comprensión y a confrontar nuestras propias necesidades y vulnerabilidades. Nos propone buscar la verdad sobre el mundo en el que vivimos sin perder de vista la necesidad de evidencia sólida y rigurosidad intelectual. Es un recordatorio de que nuestra búsqueda de significado y verdad es un viaje incesante, y que en este cruce de caminos, podemos descubrir una danza apasionante entre el conocimiento y la intuición, entre la luz de la comprensión y la sombra de las manipulaciones.


JMOB.

martes, 29 de agosto de 2023

Serie Meditaciones #6. Sobre el principio ignaciano "Salvar la proposición del prójimo", presente en Ejercicios Espirituales . Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #6

En su introducción a los Ejercicios Espirituales (1548), Ignacio de Loyola sugiere la siguiente fórmula: "Siempre se ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla" (EE22).

En la brisa suave de la comprensión, esta frase ignaciana resplandece como una joya escondida entre las páginas de la vida. En un mundo en el que los juicios se levantan como murallas, esta enseñanza nos invita a caminar por senderos menos transitados, a construir puentes en lugar de levantar muros, y a explorar la vastedad de la humanidad en su diversidad de pensamientos y creencias. Nos invita a buscar el bien en los demás, incluso cuando no estamos de acuerdo con ellos.

El "presupuesto" ignaciano es resonante especialmente en un tiempo como el nuestro, marcado positivamente por el pluralismo, el ecumenismo, la diversidad, y el diálogo interreligioso; y negativamente por la fragmentación cultural, los fundamentalismos, la tiranía de los algoritmos, y la desconfianza en las instituciones.

En la danza de las palabras y las ideas, la sugerencia ignaciana resuena como una melodía de empatía. Nos recuerda que cada proposición que cruza nuestro camino es como una hoja en el viento, llevando consigo las experiencias y perspectivas de otro ser humano. Cuando salvamos la proposición del prójimo, no estamos diciendo que estamos de acuerdo con ellos. Simplemente estamos diciendo que estamos dispuestos a escucharlos. Estamos diciendo que estamos abiertos a entender su perspectiva. En lugar de condenar rápidamente, nos propone detenernos y atender al eco de su corazón, a buscar el resabio de verdad que se puede ocultar en cada rincón del diálogo.

La inclinación a salvar la proposición del prójimo es como un acto de generosidad intelectual, un regalo de apertura y aceptación. El diálogo y la comprensión son esenciales para la paz. Es un abrazo de la mente, un encuentro con la verdad más allá de nuestras propias limitaciones y certezas. En ese acto de inclinación, podemos encontrarnos en un terreno común, donde nuestras diferencias se atenúen y sólo quede la búsqueda compartida de conocimiento.

En una sociedad en conflicto permanente como en la que vivimos, donde estamos bombardeados con información que sesgadamente nos confirma que los demás están equivocados, que tenemos razones para odiarlos, despreciarlos y temerlos, este principio nos guía hacia un horizonte de entendimiento. Nos recuerda que, en lugar de juzgar y cancelar, podemos abrazar y aprender. En la inclinación a salvar las proposiciones de los demás, encontramos una invitación a cultivar un jardín de intercambio fructífero, donde las semillas de la comprensión tengan la chance de prosperar, más allá de nuestras convicciones firmes y nuestras miradas siempre parciales.

JMOB.

martes, 15 de agosto de 2023

Serie Meditaciones #5. Sobre una frase atribuida a Gustav Mahler, "La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #5

La tradición, ese vínculo sagrado con las raíces del pasado, trasciende la mera reverencia a las cenizas inertes de lo que fue. No es el culto al polvo inmóvil, sino un acto de conservación del fuego que nos guía y nos conecta con las llamas que ardieron en otros tiempos.

En cada generación, somos llamados a mantener viva esa llama, a avivarla con nuestro propio aliento. La tradición no es un fósil congelado en el tiempo, sino una danza eterna de renovación. Un legado dinámico que nos llega en forma de antorchas encendidas, listas para ser llevadas hacia el futuro.

Al conservar su fuego, no nos limitamos a repetir mecánicamente lo que ya sucedió. Por el contrario, dejamos que su calor y luz nos inspiren. Mediante la tradición, accedemos a un caudal de sabiduría y experiencia acumulada a lo largo de los siglos.

La tradición nos convoca a ser custodios y portadores del fuego, a transmitirlo a las generaciones siguientes con respeto y cuidado. Como guardianes de esta herencia, tenemos la responsabilidad de nutrirlo, adaptarlo y hacerlo nuestro, sin olvidar su esencia y espiritualidad.

Dos actitudes problematizan a la tradición: por un lado, el tradicionalismo, que venerando un pasado idealizado, vive en conflicto permanente con el cambio, con lo que se mueve dentro de la realidad; por el otro, el progresismo vacuo, que en su búsqueda por eliminar toda rigidez, se desentiende de la cadena de la historia y decide quemar las raíces que alimentan el árbol de la vida. 

En cada acto de conservación del fuego, honramos a aquellos que vinieron antes que nosotros, a los visionarios y soñadores que encendieron las primeras chispas. La tradición, es así un puente que une pasado, presente y futuro, y nuestro desafío y tarea es asegurar que ese puente se mantenga vivo, firme, vibrante.

JMOB.

lunes, 10 de julio de 2023

Serie Meditaciones #4. Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACIÓN #4

Toda tradición espiritual lleva incorporada una ascesis, un conjunto de prácticas y disciplinas que impulsan al caminante hacia su desarrollo integral como persona. Por otro lado, y en tanto somos seres sociales, esto significa que los progresos reales en el sendero interior, se cristalizan en las relaciones que establecemos con los demás, y con el mundo. Las relaciones son el espejo: permiten que nos observemos en ellas. A medida que la ascesis se va profundizando nuestras relaciones cambian a la par: la alegría, la paz, la serenidad y la generosidad van siendo así la nota básica; ya no el desprecio ni la violencia, en todas sus variadas formas. Por eso es que el riesgo de una ascesis desvinculada de las relaciones con los demás, sea el de conducir al practicante hacia un ombliguismo estéril. En estos casos, las disciplinas pueden perder su potencial transformador y reducirse al nivel de "juguetes espirituales".

JMOB.

martes, 13 de junio de 2023

Cierre del Seminario "INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA - C.G.JUNG" . Universidad del Salvador (USAL)


El pasado miércoles 7 de Junio cerramos la 1ra edición del STO "Introducción a la Teoría y Práctica de la Psicología Analítica - C.G.Jung", con alumnos/as de 5to año de la Facultad de Psicología & Psicopedagogía de la Universidad del Salvador.

Fueron 3 meses disfrutando de compartir las exploraciones del maestro suizo por las profundidades del Alma, un viaje lleno de intuiciones poderosas que a muchos nos ha inspirado a continuar su obra. 

¡Gracias a los futuros colegas que participaron!

lunes, 5 de junio de 2023

Serie Meditaciones #3: Sobre la frase de Heidegger, "Solo un Dios puede salvarnos". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACIÓN #3

En una entrevista que Martin Heidegger ofreció el 23 de Septiembre de 1966 al diario alemán Der Spiegel, el filósofo pronunció su famosa frase "Nur noch ein Gott kann uns retten" ("Sólo un dios puede salvarnos"). 

En el contexto de la entrevista, Heidegger señalaba la crisis de la humanidad y la necesidad de un cambio radical en la forma en que entendemos nuestra relación con el mundo. En su opinión, esta crisis ya era por entonces tan profunda que ningún ser humano ni institución eran capaces de ofrecer una solución. En cambio, la única esperanza de salvación parecía radicar en una transformación profunda de la humanidad que solo podría ser realizada por un dios.

La sentencia de Heidegger, sin embargo, al igual que tantos pasajes de su pensamiento, tuvo distintas interpretaciones. Algunos consideraron su frase como una afirmación de que la única forma de escapar del nihilismo y la decadencia de la sociedad moderna sería a través de una "nueva divinidad" o una "divinidad futura", que redima al ser humano. Quienes sostienen esta lectura suelen apuntar que la filosofía de Heidegger buscó una alternativa a la tradición metafísica occidental que llevó a la dominación de la técnica y el olvido del ser.

Otros, en cambio, interpretaron la frase en un sentido más religioso, como una afirmación de que la salvación solo puede provenir de Dios (con mayúscula). La pregunta filosófica por el destino de nuestra cultura sería reconvertida por Heidegger en una cuestión teológica. Según esta hermenéutica, Heidegger estaba reconociendo las limitaciones de la filosofía como vía de solución.

Lo cierto es que al fin de cuentas la frase quizás cobre cada vez más relevancia si se considera la actual hipertecnologización de la vida , acentuada de la mano de los últimos desarrollos en IA, y sus consecuencias posibles (e imprevisibles). 

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<SPIEGEL : Ud. ve con toda claridad, y así lo ha expresado en su obra, un movimiento universal que conduce o ha conducido ya al Estado tecnológico absoluto.

HEIDEGGER : ¡Sí! Pero justamente el Estado técnico corresponde poquísimo al mundo y la sociedad determinados por la esencia de la técnica. Frente al poder de la técnica, el Estado técnico sería su más servil y ciego esbirro.

SPIEGEL : Bien. Pero ahora se plantea la cuestión: ¿puede el individuo influir aún en esa maraña de necesidades inevitables, o puede influir la filosofía, o ambos a la vez, en la medida en que la filosofía lleva a una determinada acción a uno o a muchos individuos?

HEIDEGGER : Con esta pregunta volvemos al comienzo de nuestra conversación. Si se me permite contestar de manera breve y tal vez un poco tosca, pero tras una larga reflexión: la filosofía no podrá operar ningún cambio inmediato en el actual estado de cosas del mundo. Esto vale no sólo para la filosofía, sino especialmente para todos los esfuerzos y afanes meramente humanos. Sólo un dios puede aún salvarnos. La única posibilidad de salvación la veo en que preparemos, con el pensamiento y la poesía, una disposición para la aparición del dios o para su ausencia en el ocaso; dicho toscamente, que no «estiremos la pata», sino que, si desaparecemos, que desaparezcamos ante el rostro del dios ausente.

SPIEGEL : ¿Hay una relación entre su pensamiento y la venida de ese dios? ¿Hay entre ellos, a su juicio, una relación causal? ¿Cree ud. que podemos traer al dios con el pensamiento?

HEIDEGGER : No podemos traerlo con el pensamiento, lo más que podemos es preparar la disposición para esperarlo>.

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Hasta acá las palabras de Heidegger

Para terminar, una pequeña reflexión que el brasileño Leonardo Boff ensayó a partir de esta misma frase, con la que muchos podemos adherir: "Como teólogo cristiano diré con San Pablo: "la esperanza no defrauda" (Rm 5,5), porque "Dios es el soberano amante de la vida" (Sb 11,26). No sé cómo. Sólo espero".

JMOB.

martes, 2 de mayo de 2023

Serie Meditaciones #2: "El Daimon nos reclama anímicamente". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #2

En sus clases sobre el simbolismo del Tarot, el filósofo Enrique Eskenazi solía insistir con el siguiente aforismo: "El daimon nos reclama anímicamente".
Antiguamente, la palabra "daimon" refería a una fuerza espiritual o divina que influye en la vida de una persona. En la Grecia clásica, el daimon se consideraba un ser intermediario entre los dioses y los humanos, y se creía que cada persona tenía su propio daimon, que influía en su destino y en su carácter. En aquel contexto, decir que el daimon nos reclama anímicamente implicaba la actitud de estar atentos a un impulso interior, una llamada o un destino experimentado como necesidad imperiosa de seguir cierto camino o cumplir una misión determinada.
Dos milenios despúes, y en la búsqueda por devolverle a la psicología su alma perdida, C.G.Jung recuperó esta noción de daimon como "guía interior" o "voz de las profundidades", que se manifiesta a través de sueños, símbolos e intuiciones. En dicho sentido, la idea de que el daimon nos reclama anímicamente puede leerse como la necesidad de una escucha atenta al lenguaje del alma, en resonancia siempre honda con nuestro propósito de vida. James Hillman siguió esta misma senda al escribir "El Código del Alma", una de sus obras más penetrantes y accesibles.
En cualquier caso, decir que el daimon nos reclama anímicamente significa que existe una fuerza interior poderosa que busca expresarse y realizarse a través de la persona misma, y que se experimenta como una llamada profunda, sagrada, ineludible.

JMOB.

lunes, 3 de abril de 2023

Serie Meditaciones #1: "Los dioses se convirtieron en enfermedades". Por Juan Manuel Otero Barrigón

 MEDITACION #1

Sobre la frase "Los dioses se convirtieron en enfermedades", de C.G.Jung 

En el parágrafo 54 del Vol 13 de las Obras Completas de C.G.Jung ("Estudios sobre Representaciones Alquímicas", Ed. Trotta) se puede leer lo siguiente: "(...) Estamos todavía poseídos por nuestros contenidos psíquicos autónomos como si estos fuesen dioses. Hoy son denominados fobias, obsesiones, etc., en síntesis, síntomas neuróticos. Los dioses se convirtieron en enfermedades y Zeus ya no gobierna el Olimpo, sino el plexus Solaris y produce curiosidades para las consultas médicas o perturba el cerebro de los políticos y periodistas que sin saber desatan epidemias psíquicas".

La frase resumida, que circula por varios lugares, apunta a una idea fundamental en la psicología de la religión junguiana, según la cual los dioses que en otras épocas fueron objeto de culto y veneración, pasaron a ser representaciones simbólicas de procesos psicológicos inconscientes que comenzaron a manifestarse en forma de padecimientos psíquicos. 

Jung sostenía que, a medida que la humanidad se fue desenvolviendo en los últimos siglos, las estructuras sociales y culturales que antes proveían sentido de pertenencia y seguridad comenzaron a debilitarse, dejando un vacío que se tradujo en la pérdida de contacto con la dimensión espiritual. En el pasado, los dioses en tanto representaciones simbólicas de contenidos del inconsciente profundo, eran venerados y adorados como seres divinos. Sin embargo, con el paso del tiempo, el desarrollo de la ciencia y la secularización de la cultura occidental, se devaluó la relación con lo espiritual y lo trascendente. Esta pérdida del sentido de lo divino propició que dichos contenidos comenzaran a manifestarse en la psique individual como síntomas y patologías diversas. 

No hay que olvidar que para Jung, en una de sus contribuciones más potentes, la función religiosa de la psique remite a una necesidad innata que tiene el ser humano de vincularse con algo espiritual y trascendente. En su pensamiento, la psique no puede ser totalmente comprendida si no se toma en cuenta esta dimensión. Jung sostenía que la función religiosa de la psique no se limita a una religión o sistema de creencias determinado, sino que tiene diversas expresiones, en diferentes épocas y culturas. La función religiosa puede ser entendida a partir de la búsqueda de sentido y conexión con algo más grande y profundo que el individuo mismo.

Jung también consideraba que la función religiosa es fundamental cuando hablamos de la salud psicológica y emocional del ser humano, y que la falta de una conexión significativa con algo trascendente es una ruta bastante propicia a la desesperanza, la ansiedad y/o la depresión. Esta función religiosa de la psique se puede vehiculizar por varias vías, entre ellas la experiencia mística, la creatividad artística,  la práctica de la meditación, y otras formas de atención a lo espiritual.

JMOB.

viernes, 3 de febrero de 2023

Reflexiones Junguianas (VIII), por Néstor E. Costa

Desde hace un tiempo a esta parte, he notado que en algunos escritos, pero sobre todo en televisión, se usa el vocablo "extrovertido" , en lugar del clásico y utilizado por Jung: "extravertido". El uso actual con "o" y ya para su época, decía el pensador suizo, que era un mal uso del latín. Evidentemente el dinamismo del lenguaje ha sido decisivo en este cambio de grafía y seguramente aceptado como tal por la Real Academia Española, y así acaba de aseverármelo una colega. En un viejo diccionario que poseo, de la década de 1970 y de cinco volúmenes, hay una sola palabra que empieza con "extro" y es "extrospección", término que vincula a criterios objetivos de observación del comportamiento humano, pero esto ya es harina de otro costal.

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La frecuente confusión que un arquetipo puede ser aclarado totalmente y por ende, superado, lleva a veces a equivocaciones teóricas. Como bien lo señala Jung, los mejores intentos de explicación son al fin de cuentas intentos de una "traducción" más o menos lograda de un grupo de imágenes a otro, dado que el lenguaje no es otra cosa que un conjunto de imágenes. La explicación sobre un arquetipo debe guardar, en lo posible, el sentido funcional del arquetipo en cuestión, de tal forma, que el mismo sea comprensible para la consciencia.

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Sabemos que Jung se refirió al arquetipo del "sí- mismo" (el arquetipo central de la personalidad o de la jerarquía) de diversas maneras. Una de las formas que ha tenido de referirse a este tema ha sido desde la alquimia. Voy a remitirme a un texto de su autoría: "Estudios sobre representaciones alquímicas", dice el investigador:
"Las denominaciones simbólicas de "prima materia", remiten al "ánima mundi", al hombre platónico originario, al "anthropos" y al Adán místico, que es concebido como redondo (totalidad), cuadripartito (lo diferente que se reúne en sí), hermafrodita (más allá de la separación de géneros sexuales, es decir, sobrehumano) y húmedo (es decir, psíquico). Esta forma describe el "sí-mismo", la indescriptible totalidad del hombre".


Néstor E. Costa es el Presidente de la Asociación de Formación e Investigación en Psicología Analítica -AFIPA- Grupo de Desarrollo reconocido por la IAAP (International Association for Analytical Psychology), con sede en Buenos Aires, Argentina. Doctor en Psicología. Ex Vice Decano del Departamento de Psicología de la Universidad John F. Kennedy, fue uno de los fundadores de AFIPA en los primeros meses de 1996.