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sábado, 21 de diciembre de 2024

Serie Meditaciones #18. El umbral del enojo. Por Juan Manuel Otero Barrigón

MEDITACION #18 

Viendo una charla sobre la polarización social como signo de esta época, me quedé pensando en una frase del jesuita Emmanuel Sicre: “El enojo como clave de interpretación de la realidad es una trampa”. Es cierto que el enojo nos sacude cuando algo se quiebra, cuando una verdad nos pincha de frente, cuando una realidad que sentimos injusta nos subleva; pero cuando lo tomamos como único principio interpretativo, nos termina encerrando en su propia lógica, donde cada detalle pasa a ser un enemigo o una amenaza. El enojo muchas veces se disfraza de justicia, de defensa de lo correcto, pero nos atrapa en un ciclo repetitivo, donde cada respuesta es más feroz, y menos profunda. ¿Qué pasa cuando, al final del camino, ya no sabemos cómo pensar sin ira? Jung, al reflexionar sobre las emociones, decía que "todos los fenómenos psicológicos llevan inherente algún sentido de finalidad, incluso los meramente reactivos" (1916). El mundo se parte, sí, pero ¿y si esa fragmentación, cargada de ira, no fuera también un umbral, una puerta entreabierta hacia algo más grande? Tal vez la verdadera confrontación no sea con el otro, sino con lo que nos queda cuando dejamos de pensar en términos de enemigos.

JMOB.


lunes, 17 de agosto de 2020

Notas sobre Activimo Espiritual (e)



Un compromiso genuino con el activismo espiritual requiere del consenso básico de ciertas premisas orientadas a promover el intercambio generoso, el encuentro curativo y el pluralismo religioso que nos puede ayudar a enriquecer y ennoblecer tanto la fe como la vida espiritual, inspirándonos a profundizar nuestro entendimiento y a ampliar nuestras visiones, a menudo tan encorsetadas por tribalismos y disputas. Podemos acercarnos a este consenso como personas libres, otorgándonos mutuamente confianza, respeto y apoyo. 

Entre esas premisas, sugerimos resaltar:

1 • El valor y la dignidad inherente a cada Persona;
2 • La justicia, ternura y compasión en las relaciones humanas;
3 • La aceptación mutua (del "yo al tú" - Martin Buber) y el impulso entusiasta al crecimiento espiritual en nuestras vidas;
4 • La búsqueda libre y responsable por la verdad y el sentido;
5 • El derecho a la expansión consciente y al desarrollo del propio Potencial;
6 • La promoción de espacios y procesos democráticos en la macrosociedad y sus comunidades;
7 • El objetivo, válido como utopía movilizante, de una comunidad mundial cuyas banderas sean las de la paz, la libertad y la justicia para la mayoría posible de seres humanos; y
8 • El respeto por la red interdependiente de todo lo que existe, y de la cual somos parte consciente.


La tradición viva de la cual pueden brotar intuiciones y símbolos que articulados por una espiritualidad sensible permitan construir comunidades más sanas, enraizadas en fundamentos sólidos, y al mismo tiempo abiertas a la dimensión siempre inasible de lo Primúltimo*, supone:

✔️ • La experiencia directa de aquel misterio y Realidad expresada en todas las culturas, que nos invita a una renovación del espíritu y a una apertura a las fuerzas que crean y sostienen la vida;
✔️ • Las palabras y escrituras de hombres y mujeres con visión profética que nos proponen desafiar a los poderes y "estructuras de pecado", con justicia, compasión, y el poder transformador del amor;
✔️ • La sabiduría de las religiones del mundo, que en sus fundamentos perennes (Huston Smith) nos inspiran en nuestra vida ética y espiritual;
✔️ • Las enseñanzas humanistas que nos aconsejan prestar atención a las sugerencias de la razón y a los resultados de las investigaciones científicas contemporáneas, advirtiéndonos tanto contra las idolatrías de la mente y las del espíritu;
✔️ • Las enseñanzas filosófico-espirituales que nos llaman a responder al amor de Dios, cultivando el amor al prójimo, aún con las dificultades y pruebas que ese mandato siempre supone;
✔️ • Las enseñanzas originarias de tradiciones respetuosas de la Tierra, que nos enseñan a celebrar y respetar el círculo de la vida, en armonía con los ritmos de la naturaleza.


* Primúltimo: neologismo acuñado por el autor del blog para referirse al "radicalmente Otro" de la tradición clásica de Fenomenología de la Religión. 

Quinta Serie - Juan Manuel Otero Barrigón

sábado, 1 de agosto de 2020

Gastón Soublette: De la pandemia y otros demonios


Comparto aquí otra lectura profunda de la presente crisis sanitaria a nivel humano, esta vez por parte del filósofo y esteta chileno Gastón Soublette.  Según nuestro autor, para entender la actual pandemia por Covid 19 que estamos atravesando, es necesario considerar aquella otra enfermedad que hace tiempo aqueja a la humanidad: la de ser piezas de una maquinaria al servicio de la sociedad tecnocrática, en vez de expresarnos como seres pensantes y sensibles. Por sus importantes resonancias, reproduzco las principales ideas de una extensa conversación registrada y publicada por la Fundación Lumbre, extractada luego por La Tercera.

1.

No es solo una pandemia. No hay que olvidar que el mundo estaba revolucionado en una protesta universal. La sociedad se estaba fracturando, y las razones son obvias: vivimos en una sociedad peligrosa, injusta, artificial, agobiante, de desigualdades absolutamente escandalosas. No podían pensar. Los que dirigen el mundo no pensaron que los pueblos, las grandes masas urbanas sobre todo, se iban a levantar en protesta por una progresiva toma de conciencia que les indicaba el grado de sufrimiento, de estrechez, el grado de vacío en que estaban viviendo. Eso lo llamo la mega crisis, porque si uno lo analiza bien, la palabra mega significa algo de enormes proporciones. Si uno lo analiza bien, es una crisis que lo abarca todo. Todo está en crisis, y cuando todo está en crisis, lo peor puede suceder. La pandemia es parte de la mega crisis. No están las protestas por un lado, las feministas por otro y la pandemia por otro. No, está todo en un mismo fenómeno. Es importante darse cuenta de eso. Entonces la ciencia moderna, sobre todo la psicología, ha avanzado lo suficiente como para poder explicar este sentido de totalidad, de todo este fenómeno a través de la sincronicidad, sobre todo la escuela de psicología analítica de Carl Jung. Nos enseña que lo que está dentro del hombre, lo que está viviendo dentro de él, se proyecta en la realidad de una manera analógica. Por lo tanto si hay una pandemia psicológica, que es la que el mundo está viviendo, es obvio que por el fenómeno de la sincronicidad, que se proyectara esto en el mundo objetivo, analógicamente, como una pandemia viral. Que enferma a la gente a través de sus vías respiratorias y les da la muerte. El advenimiento de la pandemia es un resultado de la pandemia psicológica y también espiritual.

2.

La humanidad no podía seguir como estaba, porque lo peor nos iba a ocurrir. Bueno hay muchas cosas que no se pueden evitar en el plano del medioambiente, cosas que ya los científicos del han predicho y que vamos a tener que soportar, pero a nivel psicológico y espiritual, hay algo que podemos corregir todavía. Lo que Jung llama la pandemia psicológica. El hombre se cayó hacia fuera, esa es la verdad. El hombre actual, el hombre del siglo XXI. Desde hace mucho tiempo ya que no tiene interioridad. Ha creado la civilización industrial. Ha creado formas de vida que exigen, presionan, amenazan, atacan contra una muralla a la gran mayoría de la humanidad, y los obliga a vivir una vida puramente exterior. La humanidad vive apremiada por el tiempo. El tan ansiado bienestar que esta sociedad nos prometió, no llegó. Podemos decir que en ese sentido, ya fracasó. Ha creado un mundo de sufrimiento, de angustia, en el que los sentimientos ya no cuenta. Toda esa parte de nuestra psique, sentimiento, intuición, gozo de vivir, contemplación de la belleza, todo eso se fue. Lo único que pide esta sociedad que construyó la civilización industrial es rendimiento. No te necesitan como persona, sino como pieza de una máquina. La gran masa del mundo vive tan angustiada, que la conciencia se cae hacia fuera. El modelo de civilización en que vivimos no nos necesita como persona. Ahora, las formas de vida van reduciendo la existencia de una persona desde su origen. Nada más importa el rendimiento. En el fondo va muriendo interiormente. Diría que al poder económico, al poder político, al poder tecnológico y científico, no les interesa que seamos personas. Mientras más pieza de una máquina seamos y mientras más la palabra rendimiento sea el centro de nuestra vida, más prosperan sus negocios. Hay una gran elite en el mundo que tiene la ciencia, la información, influencias sobre el poder político, y que tiene la economía en sus manos y que ha organizado el mundo conforme a la lógica de los negocios, de SUS negocios.

3.

La humanidad, que fue reducida a la inconsciencia para poder adaptarse a este modelo de civilización, muy saludablemente empezó a tomar conciencia. Creo que personas que se dedicaron como Jung, como Morris Berman, o como Byung Chul-Han, a hacer una crítica desapasionada, pero profunda en que rescatan todos los aspectos del ser humano, hasta los aspectos de su inconsciente; no han trabajado en vano, porque de repente esta enorme masa de 7.500 millones que vivían en la inconsciencia ahora son consientes, y se dieron cuenta que vivir como viven, es morir, es vivir muerto. ¿Por qué se dieron cuenta de repente?. Se dijo mucho en Chile, “Chile despertó”. Yo diría que no solo Chile. También despertó España, Francia, Reino Unido, la gran masa de Estados Unidos, China, África. Dijeron: “Basta, estamos muertos, nos están reduciendo a nada”. Y ellos [los poderosos] siguen incrementando su poder, y amenazándonos, con sus desavenencias. Ponen en riesgo la paz del mundo. ¿Y cómo podemos seguir tolerándolos dándoles nuestro voto? Claro que es como caminar en el filo de la navaja porque es muy peligroso. Puede llevar a la ley del péndulo, hacia el otro lado con igual violencia, como se notó en ciertos aspectos del movimiento feminista, que llegaron a ciertos grados de violencia que hacían dudar de hacia dónde podía conducir. Por eso cité a estos pensadores, que han hecho una crítica desapasionada como hombres sabios, de los extremos a los que ha llegado la civilización industrial. Pienso que no se puede condenar en bloque a la civilización industrial, desconocer el bien que ha aportado a la humanidad, pero desde hace ya muchas décadas, ha llegado a un grado de desmesura tan grande que ha puesto en jaque la supervivencia. No solo de la especie humana, si no de todas la formas de vida del planeta. Eso no se puede tolerar. Y ha ido creando un problema social en el que los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez son más ricos. La humanidad de repente ha dicho “No”. Tal vez no se pueda explicar, el hombre medio, tan bien como lo hace Jung, Berman o Chul-Han, sobre lo que le pasa. Pero creo que cierta información científica ha llegado también a su modesta dimensión de vida. Volvemos al principio de lo que dije, en lo inmediato la pandemia es una de las tantas formas de la crisis, que es lo que Jung llama ‘pandemia psicológica'. Una sociedad profundamente enferma, que tal como está, no tiene destino.

4.

Los aspectos positivos de la mega crisis, son la búsqueda de un nuevo paradigma cultural. No hay distinción de razas, no hay distinción de clases. En todas partes aparece gente lúcida que se da cuenta del problema. Diría que los más dotados aparte de formular cuáles serían las características del nuevo modelo, han dado el paso hacia un nuevo paradigma cultural que asumieron en su propia vida. Es gente que no siente tanta necesidad de salir a la calle a gritar, sino que prefiere la intimidad, de su familia, de sus amistades. Elaborar un plan para vivir de una manera humana, porque ya se perdió esa manera humana de vivir. En un bloque de 80 pisos que no tiene estética, puramente funcional, es muy difícil ser lúcido. Pero hay gente que se ha apartado de eso. Esto va desde cátedras universitarias e institutos culturales, a comunidades, retirándose a vivir en regiones boscosas sin preocuparse ya de cuál será el futuro económico de la familia. Resucitan las antiguas aptitudes prácticas que la humanidad tuvo y que delegó en los especialistas para convertirse ellos en consumidores, usuarios pasivos. Entonces yendo ahora a los efectos positivos de la pandemia, nosotros entendemos que es un horror, que es un azote, como las diez plagas de Egipto, como decía la Biblia. Es un espanto, pero nos obliga a encerrarnos en casa y estar cerca de aquellos seres que normalmente debiendo nosotros estar cerca, no se sabe por qué, estábamos lejos. Entonces muchas personas han aprendido a estar consigo mismas y estar con los suyos de una manera distinta a cómo están en el funcionamiento del paradigma vigente. El encierro, la reclusión en el propio hogar, nos obliga a relacionarnos, en primer lugar con nosotros mismo, puesto que nuestra enfermedad, según Jung, es que nos caímos hacia fuera. Ahora tenemos la oportunidad de revertir ese movimiento exteriorizante para recuperar nuestra interioridad, y lo otro es relacionándonos de una manera nueva, con la misma gente con que vivimos, con nuestro cónyuge, con nuestro hijos, con las personas que están al servicio de la casa, una nueva manera porque vamos a estar codo a codo durante muchos meses.

5.

Ha sido una experiencia que ya muchos nos hemos comunicado “¿Qué te ha pasado a ti?”, “¿Qué me ha pasado a mí?”. Muchas personas dicen que han descubierto que están viviendo una nueva manera de relacionarse con todos los miembros de su familia, el saber que no pueden salir. Ahora, lo primero sería cómo me relaciono conmigo mismo. Todos hemos oído hablar de la meditación, la oración. Y si el modelo de civilización que estamos viviendo nos requiere hacia el exterior constantemente, eso nos impide ponernos ante la presencia de Dios. Y segundo nos impide ponernos en contacto con nosotros mismos. En Chile estamos muy lejos. Pasar materia no es educar. Educar es sacar lo mejor que una persona tiene a partir de las ciencias, del pensamiento, las prácticas espirituales, como lo enseñaba Gandhi. Esa es una oportunidad que nos concede esta reclusión. Por ejemplo, estudios que nosotros postergamos porque no tenemos tiempo, es momento de retomarlos. Hay tantas cosas pendientes, no de nuestra relación con nuestro mundo exterior, sino con nosotros mismos, o de nuestra relación con los nuestros que también las hemos ido postergando. Es el momento de realizar todo eso. Esta reclusión nos permite pensar en eso porque, en realidad, nos hemos ido postergando a nosotros mismos. Es tal el requerimiento de esta sociedad del rendimiento, que al postergar tanto la persona que somos, finalmente muere y no somos nadie. Bueno, eso de adentro nunca muere, pero tenemos la ocasión de reencontrarlo.

6.

¿Si el tiempo tiene una característica distinta a la que tenía antes? Obvio que la tiene. Los griegos hacían una distinción entre el tiempo de reloj, que se puede medir -que un segundo es igual a otro- el tiempo de la ciencia; del tiempo de los grandes ciclos de la vida. Creo que ahora el hombre es mucho más consciente de que existe un tiempo de los ciclos de la vida, del cual nos separamos, porque le impusimos a la naturaleza el ciclo utilitario del hombre cuando debimos hacer otra cosa. Conocer cuál es el plan maestro de la naturaleza para nosotros adaptarnos a él. No imponer nosotros a la naturaleza nuestro diseño utilitario comercial. No hay que olvidar que en 1917 hubo una pandemia en que murieron 50 millones de personas en el mundo, incluso durante la guerra. No sé dónde irá a parar esto, pero hay más medios para hacerle frente. Después de esto, va prosperar esta visión del mundo en la cual el hombre busca más armonizarse con el plan maestro de la naturaleza, en vez de seguir imponiendo el diseño utilitario del hombre. Y ese cambio trae una nueva manera de concebir el tiempo. La última reflexión de los filósofos que he leído, me decepcionó. Parece que lo único que les preocupa es el capitalismo continuado, y encuentro terriblemente superficial que los grandes filósofos se pongan a discutir eso. Y justamente el coreano que yo admiro tanto, que ha visto con mucha agudeza crítica el momento que estamos viviendo, es el que más le preocupaba y decía que el capitalismo no lo derrumba nadie, no lo derrumba un virus. Entonces es muy decepcionante que en estos momentos, los filósofos se pongan a discutir eso y dejen de lados estas cosas que son tan importantes, el hecho que hayamos vivido obligando a la naturaleza a adaptarse a nosotros, a nuestros caprichos, al punto de que va en retirada. Ella no puede seguir soportando esta dependencia de nuestros caprichos, por eso se va extinguiendo.

7.

Tenemos que pasar por lo que muchos llaman “cuello de botella”, o sea tenemos que pagar un gran precio, porque lo que hemos hecho está muy mal. Y mientras más poder, más peligroso, y como que se invirtió el espectro de los valores. Hay un refrán popular muy sabio que dice “Los extremos se tocan”, que es como la versión folklórica chilena de un proverbio chino, que dice que cuando una cosa adquiere características extremas, se transforma en su contrario. O sea aquello que era bueno para la humanidad, alcanzó tal grado de desmesura, que dejó de ser bueno y se transformó en un mal tan poderoso que puede acabar con todas las formas de vida. Basta ver que los viajes en avión hayan caído, de que los vehículos motorizados no funcionen en la cantidad de antes, que muchas empresas debieron pausar sus maquinarias, para darse cuenta que se está revelando la recuperación de la atmósfera. Basta ese pequeño detalle para darse cuenta del daño que hemos hecho con la urbanización completa de la vida en el planeta. Pero para eso necesitamos un hombre formado en dos cosas básicas: la virtud y la sabiduría. Si el hombre no ha dado un vuelvo de conciencia que lo transforma radicalmente, no podemos esperar nada de este nuevo paradigma que se avizora. No es una estrategia, resulta de un cambio radical del hombre en su interioridad. Si eso no se da, seguirá siendo un hombre peligroso que le saca provecho a todas las cosas. Donde sea que vaya -sea marxista, capitalista o lo que sea- el resultado de será nefasto si es de los que quieren sacar provecho a las cosas.


sábado, 18 de julio de 2020

El mejor momento de las religiones


"(...) La que tal vez constituya la aportación más importante de la religión a los debates de la política pública es la capacidad de verlo todo dentro de un proceso que se desarrolla a lo largo de mucho tiempo. Las personas tienen hoy una conciencia más clara que nunca de las amplias dimensiones del tiempo. La ciencia nos ha enseñado que el
mundo se creó hace, aproximadamente, 13,5 miles de millones de años y que los seres humanos han evolucionado durante cientos de millones de años. Incluso hemos descubierto que hace 30.000 años ya cocinábamos el pan en los hornos. Sin embargo, estamos afligidos por políticas a corto plazo que han demostrado ser absurdas, sobre todo frente al cambio climático. Los políticos tienden a pensar solo en las próximas elecciones; la mayor parte de las empresas, en el próximo balance; los periodistas, en la próxima fecha límite. Las religiones deben dar a conocer que nuestra
comunidad incluye a quienes murieron hace miles de años e incluso a quienes aún están por nacer. ¡Para construir una catedral en la Edad Media se necesitaban entre cincuenta y cien años!

Este discurso puede parecer demasiado optimista y fácil, como si las religiones fuesen oasis de reflexión serena, tolerante e inteligente. Se puede objetar que en todo el mundo los conflictos están alimentados por las divisiones religiosas: el terrorismo islamista está muy difundido; el fundamentalismo hinduista está echando más leña al fuego del nacionalismo de la India; y los budistas persiguen a los musulmanes en Myanmar. También los cristianos tenemos una historia de violencia de la que avergonzarnos. «¡Tened los pies en la tierra!», nos dicen.

Todo esto es cierto. Me gustaría sugerir que el fundamentalismo es una característica de la modernidad. Está el fundamentalismo científico, bastante ingenuo, de los ateos del siglo XX, al estilo de Richard Dawkins; está el fundamentalismo de mercado, que sostiene que, si confiamos en la mano invisible del mercado, entonces todo irá bien. Estamos afligidos por diferentes modos de pensar reduccionistas, que ofrecen claves simplistas para comprender la realidad. La complejidad de la conciencia humana se reduce a la activación de las sinapsis. El fundamentalismo religioso es típico de este reduccionismo moderno. Se desarrolló a principios del siglo XX en los Estados Unidos como reacción al fundamentalismo científico y a la teología liberal. No tiene nada de
específicamente religioso.

En su mejor momento, cuando oponen resistencia a la seducción de las verdades simplistas, las religiones nos vuelven a llevar a los grandes interrogantes de la existencia
humana: ¿Qué significa ser humano? ¿Cuál es nuestro destino? ¿Hay algo más que la nada? ¿Tenemos algo de lo que alegrarnos? ¿Podemos tener esperanza? Cada una de las grandes culturas se ha cimentado a partir de estas preguntas. Sin embargo, nuestra presurosa e inquieta cultura, con su escaso poder de concentración y su frenético ajetreo, corre el riesgo de olvidarlas. El padre Adolfo Nicolás, superior general de los jesuitas hasta hace unos meses, sostiene que nuestro mayor peligro es la globalización de la superficialidad. Cuando la religión está en su mejor momento y se olvida de intentar ser relevante, su contribución más grande a nuestra sociedad es devolvernos a estas preguntas fundamentales, aunque nuestras respuestas solamente lleguen a rozar el borde del misterio. Como decía santo Tomás de Aquino, nos unimos a Dios como a algo Desconocido".

〰 Tymothy Radcliffe O.P, 
"El borde del Misterio. Tener fe en tiempos de incertidumbre", 
Ediciones Mensajero, Bilbao, 2016, p 9-10.

sábado, 4 de julio de 2020

Sobre Acción y Contemplación

Imagen: Loyola Marymount University

La vida contemplativa no está reñida con la actividad en el mundo, sino que más bien la supone. La espiritualidad ignaciana refleja este principio con una bella expresión, “ser contemplativos en la acción”. Ignacio de Loyola rompía, de esta manera, con esquemas dualistas enquistados (profano-sagrado, cielo-tierra, natural-sobrenatural), a la par que proponía evitar las polarizaciones que en nuestra experiencia en el mundo con tanta frecuencia solemos construir. Actitud que nos movería a “cultivar” la espiritualidad disociándonos de los problemas y desafíos del mundo actual (pobreza, injusticia, desigualdad, corrupción), o bien caer en un activismo atropellado, elusivo de sus propios fundamentos, y negador de lo Sagrado en la historia. Por el contrario, la invitación ignaciana es a aprender a “ver a Dios en todas las cosas”, experiencia intimísima que nos permite ofrendar una respuesta transformadora de realidades, poniendo todos nuestros dones y talentos al servicio de los demás.

Juan Manuel Otero Barrigón

sábado, 27 de junio de 2020

Sobre la desaparición de los rituales (II)


"(...) La desaparición de los símbolos remite a la progresiva atomización de la sociedad. Al mismo tiempo la sociedad se vuelve narcicista. El proceso narcicista de interiorización desarrolla una animadversión hacia la forma. Las formas objetivas se rechazan a favor de los estados subjetivos. Los rituales son inasequibles a la interioridad narcicista. La libido del yo no puede acoplarse con ellos. Quien se entrega a los rituales tiene que olvidarse de sí mismo. Los rituales generan una distancia hacia sí mismo, hacen que uno se trascienda a sí mismo. Vacían de psicología y de interioridad a sus actores.

Hoy la percepción simbólica desaparece cada vez más a favor de la percepción serial, que no es capaz de experimentar la duración. La percepción serial como captación sucesiva de lo nuevo no se demora en ello. Más bien se apresura de una información a la siguiente, de una vivencia a la siguiente, de una sensación a la siguiente, sin finalizar jamás nada. Las series gustan tanto hoy porque responden al hábito de la percepción serial. En el nivel de consumo mediático la percepción visual conduce al <binge watching>, el atracón de televisión o el visionado bulímico. La percepción serial es extensiva, mientras que la percepción simbólica es intensiva. A causa de su carácter extensivo la percepción serial presta una atención plana. Hoy la intensidad deja paso en todas partes a la extensión. La comunicación digital es una comunicación extensiva. En lugar de crear relaciones se limita a establecer conexiones.

El régimen neoliberal fuerza a percibir de forma serial e intensifica el hábito serial. Elimina intencionadamente la duración para obligar a consumir más. El constante update o actualización, que entre tanto abarca todos los ámbitos vitales, no permite ninguna duración ni ninguna finalización. La permanente presión para producir conduce a una <pérdida del hogar>. A causa de ello la vida se vuelve más contingente, más fugaz y más inconstante. Pero morar necesita duración".

"La desaparición de los rituales", Editorial Herder, Barcelona, 2020, p. 9-10.

viernes, 22 de mayo de 2020

Poshumanismo y "muerte del prójimo"


"Dando al prójimo, amando al prójimo, damos también a Dios lo que es debido. El hombre justo hace todos los días ofrendas a Dios y al prójimo. Durante milenios, el mundo judeocristiano se ha sostenido sobre estos dos pilares. (...) Pero hoy la sociedad es laica. A finales del siglo XIX, el grito sobrecogedor de Nietzsche se extendió sobre la Tierra: "Dios ha muerto". Incluso quien no sigue a Nietzsche ha tenido que reconocerle como profeta: durante el siglo xx, en el mundo judeocristiano las personas religiosas, que eran mayoría, pasaron a ser minoría. E incluso para esta minoría la fe se convirtió sobre todo en un hecho privado, como la elección de una filosofía, de una convicción política y hasta de un amor. La sociedad, sostenida por dos pilares, perdió el equilibrio cuando uno de ellos se derrumbó. La muerte de Dios vació el cielo. Pero nada resiste al torbellino del vacío. El espacio celeste se llenó con la aceptación de los milagros de la ciencia y de la economía entre las divinidades, con la elevación a las estrellas del deseo personal. (...) Con el paso del siglo XX cede también de forma irremediable el segundo pilar del mandamiento: el hombre de la ciudad se siente cada vez más rodeado de extraños. Es tiempo, pues, de pensar en el sequel de Nietzsche, y decirnos claramente que también ha desaparecido el prójimo. Los tiempos que siguieron a la "muerte de Dios" fueron llamados en ocasiones posteológicos o posreligiosos. Para los actuales todavía no se ha encontrado un nombre. Una posibilidad no deseada sería "poshumanos".

〰 Luigi Zoja, "La muerte del prójimo", Turín, Einaudi, 2009, pp 4-6.

jueves, 14 de mayo de 2020

Sobre mito, símbolo, y sus usos

Anthony Freda

En más de una ocasión se refirió el peligro que representa la pérdida del sentido de los símbolos en nuestra cultura. A esto habría que agregar que también es peligroso manipularlos en beneficio propio. Algo que no pocas veces ocurre en nuestro tiempo, sobre todo en los ámbitos de la política y la industria. Cuando esto sucede, se deforman y degradan las historias que los articulan, y su protagonista, el héroe, queda reducido a la mera búsqueda de poder o de riqueza. La contracara de esta operación es que tanto el símbolo como el mito, aún olvidados y despreciados en su importancia original, no han perdido su poder. De ahí la decisiva necesidad de tratarlos con respeto.

jueves, 27 de febrero de 2020

Espiritualidad y Política Consciente en la obra de Claudio "Pocho" Lepratti


"¿Qué sentido tiene una respuesta teórica, intelectual, al dolor de un hombre marginado, desesperado?” (...) “Yo trato al prójimo como a un objeto cuando lo trato como a un ausente, como a un repertorio de informaciones para mi uso, o como un instrumento a mi disposición, cuando lo catalogo sin apelación, lo cual significa desesperar de él” (...) “Hay un mundo de las personas. Es necesario que haya entre ellas una medida común, nuestro tiempo rechaza la idea de una naturaleza humana permanente, porque toma conciencia de las posibilidades aún inexploradas de nuestra condición (...) "Esto no implica negar al hombre toda esencia y toda estructura. Si todo hombre no es sino lo que él se hace, no hay ni humanidad, ni historia, ni comunidad” (...) "La idea de un género humano con una historia y un destino colectivo del que no puede ser separado ningún destino individual se opone a la existencia de marginados” (...) “Creo que cada persona es un mundo, una geografía, sobre la que ella misma, y sólo ella, tiene las herramientas para operar. Así es que no podemos, si no es con ella, dar respuestas a las preguntas, al sinsentido de nuestro hombre desarraigado. Tenemos elementos como para arriesgar que desde su surgimiento a lo largo de miles de millones de años el hombre fue configurado en función de la comunicación, comunión, del trascenderse a sí para llegar a ser” (...) "Amo, luego el ser es y la vida vale la pena de ser vivida. Tratar al otro como a un sujeto, es decir como a un ser presente es reconocer que no puedo definirlo ni clasificarlo, es concederle crédito, es “esperarlo”, “esperanzarlo”. Y por eso “desesperar de alguien es desesperarlo” (...) “El que se encierra en el yo no halla jamás el camino hacia los otros”.

〰 Claudio "Pocho" Lepratti, militante social argentino asesinado durante la crisis del año 2001.
Los fragmentos arriba citados fueron extraídos de su ensayo filosófico "La realización del hombre en la comunicación" (1998) -texto disponible para descargar haciendo clic en el título-


#PochoLepratti #Filosofía  #Política #Espiritualidad #Humanismo