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jueves, 17 de noviembre de 2022

El amor humano (Improvisaciones sobre “El Arte de Amar” de Erich Fromm). Por Jorge Garzarelli


El amor humano 

(Improvisaciones sobre “El Arte de Amar” de Erich Fromm). 

Por Jorge Garzarelli 

Palabras clave: Amor, Arte, Libertad, Soledad

Introducción

En toda la historia de la Humanidad, tres son los pilares del drama de la Existencia continua.

El Amor, La Locura y La Muerte

Es que, a partir de las vivencias en las que se desliza nuestra sociedad cual una “melange” de discursos amorosos, sobreviene la pregunta fundamental de que es el Amor en nuestra época en  que los valores que antes sustentaban nuestra estructura hoy están desdibujados, transformados y enrarecidos en una atmósfera evanescente y transparente.

De aquí es que ubicándome en esta actualidad considero necesaria e imprescindible ubicar nuestras existencias a partir de preguntas que urgentemente deberían ser consideradas para poder de algún modo establecer parámetros en el nuevo diseño vital.

Desarrollo

El amor es un estremecimiento de todo el Ser.

Estremecimiento en nuestro cuerpo como materia concreta, en cuanto aparece la pulsión amorosa que en el Ser se anida y se acerca como la primera vez cuando nuestra madre nos abrazó y nos impregnó con la Imago fundamental de ser humano.

Porque se dice “estoy enamorado”?

¿Porque el amor convoca a una conjugación con el otro semejante que no significa un igual a quien puedo amar en libertad?

El ser amado y amar al otro comporta aquí alguna otra forma de la libertad del ser ya que el amor es una profunda creencia del yo, una fe en el otro y la fe del otro en mi.

Muchas veces se escuchamos o decimos  “no puedo estar sin vos” . Esto es como una mentira conveniente, ya que deberíamos aclarar con sinceridad, “no quiero ser sin vos”.

Aquí entraríamos de lleno en el espacio líquido de la angustia de llegar a ser sin otro. Narciso se manifiesta en su mortal reflejo. Amor de espejo, amor sin sustancia, sin dimensión, encerrado en la prisión del egoísmo.

Vivir sin el otro, es la más profunda y dolorosa pesadilla. El otro es una continuidad en lo cotidiano, es quien me hace sentir que soy libre de ser y lo que deseo ser.

Recuerdo aquí una frase de un paciente que una vez me dijo “estoy tan pero, tan enamorado que me quiero morir”. Le señale sonriente que, “morir de amor es una buena razón para morir, pero que para amar es preciso vivir”. Nunca más toco el tema, por lo que imagino sigue enamorado hasta el día de hoy.

El amor, es la puerta abierta de la libertad. Otro tema que le preocupaba a Fromm cuando escribió su “El miedo a la libertad”. Hoy en día escuchamos decir con cierta liviandad, prefiero no amar, porque me ata al otro, sin darse cuenta acaso que entonces estaría atado o atada a la fría soledad

Al amor le ponemos todos los nombres posibles, le inventamos palabras nuevas, porque así lo pide, palabras instantáneas, sutiles como una brisa y fuertes como las montañas

El amor se presenta y representa continuamente en el Arte bajo las formas de música, literatura, teatro, cine, etc. tan profunda es su impronta en la vida humana.

El amor es una acción creativa que presupone la entrega y la aceptación de lo que el otro puede y quiere darme. Sobre todo es la entrega de mi y es claro que el otro debería decirme que me acepta.

Cuando abrazo al otro, abrazo una totalidad que ignoro, pero en la que creo, me conjuga y armoniza. El amor de convivencia esta pleno de sus sonidos, como de sus perfumes, su respirar por la noche, cuando alguna vez nos despertamos sobresaltados y abrazamos a “alguien amado” para estar seguros de que sigue viviendo.

Vivir en soledad de amor, es el más profundo sentimiento de desesperanza en el que aparece la helada sensación del silencio del otro.

Es en la caída de abandono eterno, el paso más cercano al inevitable paso a la muerte o hacia la locura. Es por falta de amor que deviene la locura en el ser. La locura será el último hueco vacío que puede sostener a nuestra mente. La locura es el Cero de la Nada. El punto por donde se fuga la Vida.

Es la emergencia del espíritu desnudo.

Cuando no hay amor, hay angustia. Estan aquí las separaciones definitivas, la muerte del otro, la ausencia de poder recibir y poder dar. El nudo de la impotencia en la total ausencia del abrazo sublime del ser que amamos.

¿Qué hacer cuando quiero y necesito amar y no encuentro a quien? El encuentro es, con la pulsión de muerte, el frío silencio, la ausencia de tu voz, tu calor, tu mirada, ya que sos vos quien como semejante da testimonio de quien soy.

Una “cosa obscura”, resplandece cuando se es amado, tal como la obscuridad clara que es descubierta, por algún brillo lejano y misterioso como la luz de los bichitos nocturnos.

Quizás, yo creo, uno de los peores sufrimientos nuestros, sea el que deviene de la falta de amor.

Sin amor, en todas sus formas, intensidades y diferencias, el mundo estará amenazado. De hecho lo está actualmente en la inconstancia y fragilidad de nuestros vínculos en los que el amor respira pidiendo socorro en forma de fragmentos.(Cfrs.Byung-Chul,2013)

No luchar más en contra de la aparición del amor, es una acción ética que debemos realizar, sin delación ni espera para un mundo mejor, por lo que luchar a favor del amor es un deber ético e instantáneo aquí y ahora “Dasein”. Hoy mismo y desde nuestra profundidad.

Cuando hablo, pienso y escribo sobre el Amor, busco alguna felicidad, sino estoy incierto, ansioso y desnudo.

Solo me noto con las ropas del sonido de las palabras que digo, que siento y que escribo.

¿Escribir es una forma importante para acercarnos al “ruido” del sujeto?

Escribir es como un campo de semillas alegres que esperan convertirse en árboles silenciosos, dadores de vida. Aquellos que dan sin pedir nada a cambio.

El amor siempre, siempre es una producción abierta a todos, sea quien sea el otro, aunque todos sabemos que es difícil amar al enemigo, pero si no amamos de algún modo, somos nosotros nuestros propios enemigos.

El amor en algún sentido se parece a un campo de batalla en el que hay que ser “disciplinados” para vencer la inercia, la indiferencia, el desinterés.

Por eso en el Arte de Amar (segun E.Fromm) señala que, debemos acceder a la concentración en el otro.

Concentración con el otro siempre buscando alguna forma de plenitud, como en el mito de los Andróginos, (Cfrs.El Banquete, Platon) donde cada parte disociada, buscaba desesperadamente la parte que lo completara.

Aquí podemos encontrar la sugerencia de la estética en el sentido de la vida en nuestro mundo.

Mundo en el que observamos y “sufrimos” en forma sistemática dis y contravalores, que presentan sus inevitables consecuencias en la credencial del odio. Odio que comporta al mismo tiempo la imposibilidad de amar.Odiamos cuando no sabemos, abrazar, escuchar, mirar, reconocer, besar, sentir al otro, quien es una extensión de este infinito universo que se nos ha legado, lo que resulta de no reconocer lo que es bueno en cada uno de uno y en cada uno de los otros.

Por supuesto que, odiamos la injusticia, la deslealtad, el hambre, la guerra,….la lista es enorme.

Piense cada uno de ustedes en la historia del mundo y en sus propias historias, cuantas veces han y hemos sentido, odios, resentimientos, venganzas etc. y pongan en las balanzas de sus conciencias, la fuerte penetrante e hiriente señal de que ese no es el camino que nos conviene, siendo el odio el que produce el mayor desequilibrio mental.

En este sentido el odio es un pecado del (lat. “pecatum” – falta), porque nos hace perder el tiempo, siendo “per se” la forma más destructiva de todos los sentimientos.

El amor siempre se pliega y despliega en el agradecer y agradecer es un acto de sanidad.

Agradecer cuando nos miran y reconocen, cuando nos tocan con ternura, cuando nos besan con suavidad, cuando no escuchan con atención, con fortaleza y cuando miramos, tocamos, besamos, escuchamos y abrazamos al otro a quien amamos o a quien queremos amar, en esa totalidad que supone el alma y el cuerpo.

Cuerpo que algunos consideran trono del alma. Cuerpo que nos conecta con la realidad que vivimos, la externa y la interna y que es asiento del yo que somos desde que nacemos, nos desplegamos y dejamos de ser.

Cuerpo que es el asiento singular de nuestras emociones perdurables.

Cuerpo que habla desde el corazón, toca con nuestras manos, abraza con nuestros brazos, mira con nuestros ojos, besa con nuestra boca y escucha  y ve los sonidos y colores del mundo.

¿Como es que, corriendo disparatadamente en esta sociedad transparente, no nos detenemos a sentir quienes somos y quien  el otro es?

¿Como es que no podemos amar cuando tenemos todos los instrumentos para hacerlo, tal como si fuéramos una orquesta sinfónica en la que todos los instrumentos actúan armónicamente tal como si fueran uno?

 Ese Uno que buscamos cuando amamos.

Con toda seguridad E Fromm,(2012) afirma el gran paradigma de que Amar es un Arte, como también afirma que el amor no es comunista, ni fascista, ni capitalista. Es inmortal a las estructuras sociales, políticas y económicas.

Mi amor por el Arte me llevó de hecho a leer con mas detención el “Arte de amar” de Fromm, uno de mis tantos libros predilectos.

Entenderé por el momento, por Arte del( latin “ars” y del griego “techné”) ya que es una definición abierta, subjetiva y discutible a “aquella actividad en la que el hombre recrea, con una finalidad estética un aspecto de la realidad en formas bellas, valiéndose de la materia, la imagen y el sonido”.

Particularmente creo y estoy seguro que es así y no solamente contando con mi experiencia individual y colectiva sino con lo que he comprendido a lo largo de mi vida, sobre todo en el apasionante y sereno camino con mis amigos.

Porque hay en el Amigo, una elección honesta y sincera en la que puedo contar tanto en el ángulo solitario de algunas tristezas como en el portón siempre abierto, claro y transparente de las alegrías.

En el amor dice Fromm, (2012) también hay paciencia y tranquilidad. Digo esto y pienso en “relajarse en los abrazos del ser querido”.

Es claro que uno cuando siente la naturaleza vibrar dentro de sí, no solo quiere a los amigos, la lista es muy larga y ustedes la conocerán dentro de sus propios y singulares lugares de la vida.

El Amor es un arte (Cfrs.Fromm,2012) en el sentido que requiere esfuerzo tanto para amarnos como para amar al otro. El amor permite superar todas las barreras culturales y aun después de nuestra muerte durante un largo periodo de tiempo podemos seguir siendo amados por nuestros hijos, nietos inclusive por las obras que hemos legado al mundo. Aquí nos encontramos con todas las diferentes clases de artistas.

Este aprendizaje del amor, da resultados cercanos al esplendor de la trascendencia.

En esta pequeña eternidad que los seres humanos llamamos Vida, nos pasa de todo y en este mismo momento en que el que estamos nosotros todos juntos aquí por alguna razón – cada uno con sus razones pero aunados por un tema que los ha convocado-, me gustaría preguntarles, ¿que los trajo a este evento?

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¿Cuando emerge el Amor en el mundo?

No lo sabemos pero podemos inferir que forma parte indisoluble de nuestra evolución como Personas compuesta, como señalaba nuestro querido Padre Ismael Quiles, por siete niveles todos integrados. Nivel físico, químico, biológico, psicológico, social, ético moral y espiritual.

¿Donde colocamos al Amor?

Y yo les diría que en cuanto Personas, en todos los niveles, cada uno con su rango de estructura íntimamente conectados y funcionando dinámicamente. El amor esta en diferentes cantidades energéticas en todo el cuerpo humano y lo situamos en el corazón, mientras que los antiguos lo situaban en el hígado (Cfrs. El mito de Prometeo) y en la cabeza,´en la glándula tiroides que regulan nuestro metabolismo, en el timo que se agranda cuando amamos, en el pecho cuando sentimos angustia (del sanscrito “Ang”, angustia, angosto) ,en el plexo solar “Manipura” en India que vibra cuando abrazamos y que para ellos es de color amarillo, punto dorado en Música y que se corresponde con el “chakra” del poder, al que se le asimila la tonalidad de Sol Mayor.

Señalo esto  brevemente como una forma de decir que el amor está en todas las culturas en diferentes formas pero siempre esencialmente y altamente vinculado al apego que los seres humanos tenemos no solo entre nosotros sino también a la Naturaleza que nos rodea.

Lo encontramos en nuestro cuerpo, en los tres cerebros de los reptiles, en el de los mamíferos y en el neocortex de los humanos.

Es decir, si lo queremos ubicar, está en todas los lugares del mundo en que habitamos. Solo observemos con cuidado nuestro entorno y todo está a nuestro servicio y beneficio lo que nos hace vibrar y sentirnos vivos. Emociones que son por sí mismas verdaderas.

El amor nos hace olvidadizos, obsesivos, inseguros, celosos, nos sume en la depresión o en la euforia. El amor llega por azar y es incontrolable, quiebra a la razón y se soporta en una biología al servicio de la supervivencia, actuando desde nuestros circuitos cerebrales como feromonas a favor del flechazo amoroso. “El punto de unión como sueño de unión total con el ser amado” (Cfrs.Barthes,2002)

El amor al mismo tiempo que nos interpela, es la respuesta misma que nos da la vida cuando nos preguntamos sobre que, por qué y para que vivir.

La respuesta final no la tiene el odio, que bajo diferentes maneras casi constantemente presenta sus infames credenciales, desde el desprecio diario hacia el otro hasta la más destructiva de sus formas, la guerra.

Hoy en dia el amor parece haber caído en desuso y en esta “modernidad liquida” al decir de Bauman (2005) en la que todos corremos detrás de no sé que ideales, impera el “amor flotante”, sin responsabilidad por el otro. El otro es un automático sexual. Sociedad con seres inciertos y cada vez más imprevisibles. Sociedad paranoide y caótica en la que la palabra amor, ha sido degradada a una gramática digna de un bizarro infierno.

Sociedad en la que a los hombres se los intenta convertir en “pixeles” para ser controlados por un panóptico al servicio del poder económico. El hombre verdadero montará una filosofía que insistirá en que el Amor es indestructible como el átomo universal que conforma el Alma.

Aquellas tres formas del Amor en Grecia, el “Eros” sensual, erótico y asimismo vital, la “Philia” el amor por el padre, la madre, el hijo, el hermano, el amigo y el “Agape” el amor que se da sin medida y sin miedo, parecen haberse perdido en un camino nostálgico en el que impera el silencio de  un hombre solo sin rumbo, ni destino. Solo, ante la incertidumbre del Ser.

Los valores trascendentales están no obstante escondidos en nuestra alma, a punto de ser depositados en el otro con serenidad, confianza y fe y en la esperanza de ser correspondidos.

Quizás no nos veamos comúnmente pero nos reconocemos en nuestras miradas, nuestros gestos y en nuestros discursos y hoy mismo, ahora y aquí entre nosotros.

Como el Amor, la Muerte y la Locura, siempre formaron parte de nuestra vida, conocer en profundidad los porqués y para que de nuestras existencias  es un imperativo ético, producir formas de Arte, en las que el Amor bajo forma sutil y persistente sea el modelo principal.

Quizás estas palabras sirvan para dar cuenta de mi deseo y solo me queda preguntar, ¿cual es el mejor deseo en la vida de Ustedes?

 

Bibliografía

Bauman. Z. – Amor liquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, Fdo.de Cultura Económica, Madrid, 2005

Barthes,R. – Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo veintiuno Editores Argentina, Buenos Aires, 2002

Byung-Chul,Han – La Sociedad de la transparencia, Herder Editorial S.L., Barcelona, 2013

Fromm, E. – El Arte de Amar – Paidos, Nueva Biblioteca, Buenos Aires, 2012

 

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Jorge G.Garzarelli – ph.D.

Profesor Emérito USAL

psiquis42@gmail.com

2020

viernes, 10 de noviembre de 2017

La frontera del psicoanálisis

"Ken Wilber", por Alex Grey (1998)


"LA FRONTERA DEL PSICOANALISIS", por Santiago Bello y Florencia Dollera

Introducción.

            La problemática propuesta para este trabajo aborda la yuxtaposición entre Religión y Psicoanálisis, es decir, qué está en el medio de ambos. Y no se debe confundir, porque generalmente, cuando uno usa tal relación sintáctica, la “y” reduce el significado, es decir, generalmente la interpretación es partir ambos campos, “se tienen uno y lo otro”, y no las dos cosas al mismo tiempo. Entonces, la pregunta inicial correcta sería ¿Hay una frontera para el psicoanálisis y la religión? O, ¿Cuál será la frontera del psicoanálisis? Hay una conexión marcada en el tema propuesto, y Ken Wilber es un autor que contribuyó ampliamente a la temática. En seguida la intuición señala que la filosofía caminará junto a nosotros para dar luz, y se corre el peligro de esquivar el centro del debate inmiscuyéndonos en una exploración sobre epistemología.
Desde el Discurso del método de Descartes, se puede afirmar que una metodología adecuada salva tales peligros, así sea la duda o la razón, aclarar qué herramienta se utilizará en todo trabajo arroja una coherencia necesaria para alcanzar una primera certeza sobre la cual construir, o toparse, con algunas sentencias afortunadas. Entonces, la propuesta es pensar desde la hermenéutica algunos lineamientos de la obra de Ken Wilber “La conciencia sin fronteras”[1] donde la problemática de la religión y el psicoanálisis tiene gran pertinencia.
Aclarado el tema y el método, falta encontrar nuestra primera certeza que contextualice el debate en una honestidad de nuestro enfoque, tal auxilio es de Edgar Morin:

“(…) existen algunos núcleos de certeza, pero son muy reducidos. Navegamos en un océano de incertidumbres en el que hay algunos archipiélagos de certezas, no viceversa.”[2]

Sin dudas hay gran variedad de clasificaciones. Aquella sentencia es un Perogrullo, pero si de algún punto de partida se puede plantear la propuesta de este trabajo, es a partir de señalar la existencia de infinidad de categorías que el humano conquistó. Y esa condición, aseverar que “clasificar es conquistar” sí ya ofrece cierto éxito; una atribución un poco más ambiciosa que la obviedad inicial. Así es necesario un repaso: que un atributo determine la condición de cierto objeto y lo separe del entorno,  para excluirlo del conjunto de otros objetos, a eso llamamos definir la pertenencia a una categoría. Y si son más amplias podrán ser campos de estudio científicos, podrán ser  matemáticas, sociales, naturales, jurídicas; podrán ser menos y hablar de civilizaciones antiguas, Etnias, estados independientes contemporáneos;  colores, notas, olores; o la infinidad de sensaciones que nutren a los ojos cuando una hoja cae de un árbol que son distintas a las sensaciones que abrigan cuando el árbol luce firme.
            Entonces, ¿qué impulso, qué deseo o característica tienen en común la infinidad de categorías que el ser humano conquistó? Acá ya empieza a delinearse el sentido de este trabajo, porque al hablar de Religión y Psicoanálisis también, o mejor dicho, siempre se habla de explorar sobre la relación del ser con la realidad: porque si de algo hablamos cuando adjudicamos un nombre a cualquier objeto, es de que aquello tiene una existencia, o mejor dicho, una coexistencia con la realidad, y está inmerso en ella. La intención no es iniciar un debate filosófico, pero se debe admitir que, como se advirtió, constantemente merodearemos junto a tal dilema. Para salvaguardar el resto de este escrito, y ayudar a la claridad, en el desarrollo nos abocaremos a citar fragmentos de la obra propuesta y analizarla desde nuestro enfoque carácter hermenéutico. Pero siempre notando que la intención del siguiente trabajo es meramente una exploración de distintos enfoques que puedan ayudar a interpretar la problemática que trabaja Wilber. Y en tal espíritu será la conclusión al respecto.



Desarrollo.

Durante su obra hay una marcada intención en Wilber: reintegrar dualidades.  Su afán se basa en la cosmovisión holista, una noción de totalidad, en la que se evidencia la relación de la parte y el entorno como una coexistencia más sublime, o suprema, un todo integrado y complejo, símil a las olas del mar, que  tras romper no hacen más que develar su naturaleza universal con el agua. La primera labor entonces, es develar cuándo comienzan las fronteras, las demarcaciones de la conciencia, así esquematiza:

“Cuando uno responde a la pregunta ¿quién soy?, sucede algo muy simple. (…) lo que en realidad está haciendo, a sabiendas o no, es trazar una línea o límite mental que atraviesa en su totalidad el campo de la experiencia, y a todo lo que queda dentro de ese límite lo percibe como “yo mismo” o lo llama así, mientras que siente que todo lo que está por fuera del límite queda excluido”

            Hay un trabajo transversal de diversas disciplinas, la primera pregunta existencial en seguida vira a una situación fenomenológica, inmiscuyendo a la psicología en un área de consciencia sobre la realidad física. Es decir, hay un notable éxito en el párrafo, se aborda la pregunta ¿cuándo se origina el dilema del límite? pero desde un lado en el que la incumbencia es tanto religiosa como psicológica; hablar de origen es hablar del mito, pero antes de continuar con esta cuestión, todavía se debe desarrollar a qué denomina conciencia Wilber y qué implican estas fronteras:

“lo más llamativo de esta línea de la conciencia es que puede desplazarse, y con frecuencia se desplaza (…) La escisión mente-cuerpo y el consiguiente dualismo es un punto de vista fundamental de la civilización occidental.”

También aborda su discurso desde la psicología, pero ahora el autor confunde la funcionalidad sintética del idioma con la cosmovisión occidental, es que, en parte tiene razón, hay esferas de propensión y dominio basadas en esta dicotomía, el debate mente-cuerpo se encuentra en el centro de la escena de la psicología hace varias décadas, pero la generalización es reduccionista. Nietzsche (1886), como filólogo clásico, ya nos había advertido del dualismo sobre el que se construye el edificio del idealismo alemán y la justificación del orden burgués, en su libro Más allá del bien y del mal, también dice sobre el fanatismo moral y su adoctrinamiento que mina el libre pensamiento humano durante la sucesión de épocas y épocas, sentenciando la proximidad entre religión y psicología:

 “Esto nos proporciona asimismo una indicación para explicar la paradoja de por qué precisamente en el período más cristiano de Europa, y, en general, sólo bajo la presión de juicios de valor cristianos, el instinto sexual sea sublimado hasta convertirse en amor-pasión.”

Entonces, se acepta la denuncia, pero ¿ayuda al constructo? Como se mencionó desde su enfoque holista, Wilber insertará partes cada vez más amplias del sistema hasta aproximarse, del modo más efectivo, a la totalidad: en toda parte del entorno, hay totalidad y puede referírsele. Y continúa su desarrollo:

“Todas las corrientes intentan efectuar cambios en la conciencia de una persona. Pero ahí se acaba la similitud (…) El problema es muy real, tanto para el profano interesado como para el terapeuta profesional. Tantísimas escuelas diferentes, todas en conflicto y todas procurando entender a la misma persona. No representan maneras contradictorias sino modos de enfoques complementarios sobre el individuo. (…) Si ampliamos un poco más el psicoanálisis y la mayoría de las formas de terapia convencional buscan remediar la radical escisión de la psique, intenta ayudar al individuo que está viviendo como persona para que vuelva a cartografiar su alma como ego. Luego están las terapias humanísticas (así sea la Jungeana, las Existencialista e incluso las transpersonales) que intentan reunir el psique y el soma, para revelar el organismo total. Finalmente se encuentran las disciplinas como el budismo zen o el hinduismo vedante, es cursar la escisión total entre organismo y medio, son procesos supra individuales.”

Este lineamiento, si se permite la analogía metapsicológica, equivale a plantear la existencia de un aparato psíquico global, universal, en el que la totalidad implica una instancia supra-conciente, es decir, si la punta del iceberg es la conciencia, y el resto del cuerpo del témpano el inconciente, pues la totalidad del agua más el bloque de hielo, juntos conforman el supra-conciente.  Dicho de un modo más sintético, el yo equivaldría a la noción plena de la realidad, y sería uno con la realidad. Ahora bien, Horstein (2003) en pleno dilema da luz sobre esto:

“la problemática reside en confundir objeto real con objeto fantaseado. Vivir hablando de uno mismo sin aceptar lo distinto. No está en juego la propia estructura yoica sino la alteridad. Por esto la problemática del narcisismo pide una pregunta: ¿Qué pasa si salimos de una concepción solipsista y pensamos que el sujeto del psicoanálisis no es el sujeto del inconsciente? Es un sujeto con varias instancias: ello, superyó, yo y realidad. Un sujeto complejo. Se suele repetir hasta el hartazgo que el objeto del psicoanálisis es el inconciente reprimido, ¿y qué dice Freud? “nuestra ciencia tiene por objeto el aparato mismo” [3]

Y este aparato contiene las cuatro instancias mencionadas. Y así, insto a resaltar la cuarta: la realidad. Recordar esta cuestión involucra que todo analista, o mejor dicho, todo psicólogo debe siempre aunar al ser, al consultante, o paciente, con su cotidianidad, y en aquello siempre refiere a no aislar al aparato de su entorno, de la intersubjetividad, y la preponderancia del otro colabora como figura también fundante de la estructura psíquica de cada individuo, por eso la loable frase “Toda psicología es a la vez psicología social” que Sigmund Freud utiliza para iniciar su discurso en  Psicología de las masas y análisis del yo.
La analogía planteada, debe aceptarse, es un poco ridícula, y escapa de la intención de Wilber, quien su objetivo es otro. Pero colabora con un principio: revindicar las atribuciones que el psicoanálisis se arroja sobre la realidad. No hay hechos, sólo interpretaciones. Desde la coherencia y elaboración conceptual bien delimitada, desde su experiencia y ejercicio clínico, sí puede el psicoanálisis exceder la frontera que Wilber le adjudica. Pero, ¿cómo puede hacerlo? El poder del símbolo es la respuesta inmediata. El motor con el que bien aconseja Lacan conducirse sobre los órdenes de lo simbólico, lo imaginario y lo real.
            El símbolo se distingue esencialmente del signo en que este es una convención arbitraria que deja el significante y el significado (objeto o sujeto) ajenos uno a otro, es decir, que el símbolo presupone homogeneidad del significante y del significado en el sentido de un dinamismo organizador.

“Es entonces bastante más que un simple signo: lleva más allá de la significación, necesita de la interpretación y ésta de una cierta predisposición. Está cargado de afectividad y dinamismo. (…) Juega con estructuras mentales. (…) moviliza la totalidad del psiquismo.” (…) Para marcar asu doble aspecto representativo y eficaz, lo calificaríamos de buena gana de “eidolon-motor” [4]

Con el signo permanecemos sobre un camino continuo y firme: El símbolo supone una ruptura del plano, una discontinuidad, un pasaje a otro orden.
Volviendo a Wilber, debe aclararse cuál es la frontera real que le adjudica al psicoanálisis el autor:

            “según parece, nuestro problema, es que trazamos un mapa convencional, completo y con fronteras, del territorio real de la naturaleza, que no tiene fronteras, y después confundimos totalmente ambas cosas. Como han señalado Krzybski y lo semánticos, nuestras palabras, símbolos, signos, pensamientos e ideas son meros mapas de la realidad, no la realidad misma, porque “el mapa no es el territorio”.

Similar es, según García Morente, la crítica que hace Aristóteles sobre el sistema Platónico “Este error que Platón revela (…) Consiste en confundir las condiciones formales del pensamiento con las condiciones reales del ser” En su afán por la multiplicidad de ideas condena el posible ordenamiento de la realidad en un infinito absurdo, olvidando, al final de todo, la esencia del ser.

Y desarrolla:

“Cuenta el génesis que una de las primeras tareas confiadas por Dios a Adán fue dar nombres a las plantas y los animales que existían en la naturaleza. (…) Dicho de otra manera, a Adán le encargaron que separase la complejidad de las formas y procesos de la naturaleza, y que les asignara nombres. Pero la verdadera tarea de Adán no consistió tanto en inventar nombres para los animales y las plantas, por más trabajoso que esto fuera. La parte más importante de su tarea era más bien el proceso de selección como tal, pues tenía que aprender a trazar mentalmente una demarcación entre los diversos animales. Fue el primer gran cartógrafo, dibujaba fronteras.”

“Si poner nombres había parecido magia, contar pareció divino porque así como los nombres podían representar mágicamente cosas, los números podían trascenderlas. “Por la vía del número abstracto, el hombre consiguió liberar su mente de las cosas concretas (…) de esta manera con los números el hombre construyó un nuevo tipo  de demarcación, más abstracta y generalizada: una metademarcación.” Pero la carrera por la apropiación de mayor potencial tecnológico, y así de poder tanto político como económico, no culmina ahí, sino que las grandes mentes del acontecer humano fraguaron una nueva metademarcación, “una meta-metademarcación” e inventaron el álgebra “x”, “y” y “z”: una variable puede representar cualquier número.”
           
Cada avance, cada conquista del pensamiento parece alejarnos de la unción con la naturaleza, parece, como asevera Wilber, trazar nuevas fronteras. Con este razonamiento encontramos la nueva doctrina, la ecuación: “Todo pensamiento es reducción” Y acá empieza el embrollo, pues Wilber no será el único en desenmascarar tal paradoja, también lo hace Kafka de quien Barthes dice

“Si Freud nos reveló los mapas de la mente, Kafka nos enseñó que no sirven para nada” 

E incluso, lo hace Camus en el Mito de Sísifo, donde clama la importancia del absurdo y la obsolescencia de la esperanza.  Ahora, cómo salir del embrollo, de nuevo, con el poder del símbolo. Con el vínculo y el amor.
Entonces, ¿Cómo salir del laberinto?
No importa el símbolo sino su acción como llave para la mente: el mito de Teseo y el minotauro nos regala una imagen poética trascendente.


"Green Tea", por Leonor Carrington

Conclusión.

Recopilando lo dicho sobre la experiencia necesaria para una buena clínica, y esbozar constructos coherentes, es que planteamos que de existir un límite, una frontera del psicoanálisis, la misma procederá de la ética, y en tal, preferimos dejar para la conclusión las palabras de Erich Fromm sobre este asunto en su libro “Etica y psicoanálisis”

“El inconsciente y el mito llegaron a ser nuevas fuentes de revelación supuestamente superiores al pensamiento racional, precisamente debido a su origen irracional.  La fuerza de las religiones monoteístas de occidente, tanto como la de las grandes religiones de la India y China, radica en su preocupación por la verdad y en su pretensión de que su fe era la verdadera fe.   El fracaso del racionalismo del siglo XVIII y XIX no se debió a su creencia en la razón sino a la estrechez de sus conceptos. La psicología no puede divorciarse de la filosofía y de la ética, ni de la sociología y la economía(…)

“Los juicios de valor que elaboramos determinan nuestras acciones y sobre su validez descansa nuestra salud mental y nuestra felicidad.”

Bibliografía:

 i.      Camus (2006). El mito de Sísifo. Losada: Buenos Aires.
ii.      García Morente (1977) Lecciones preliminares de filosofía. Losada: Buenos Aires.
 iii.      Horstein (2003) Intersubjetividad y clínica. Paidos: Buenos Aires
 iv.      Freud S.(1983) Psicología de las masas y análisis del yo. Amorrortu: Buenos Aires.
 v.      Freud S. (1983) El malestar de la cultura. Amorrortu: Buenos Aires.
vi.      Fromm, E. (1963) Ética y psicoanálisis. Fondo de cultura Económica: México.
vii.      Morin, E. (1990) Introducción al pensamiento complejo. Ed. Gedisa.
viii.      Nietzsche F. (1983).Más allá del bien y del mal. Orbis: Buenos Aires.
 ix.      Nietzsche F. (2011) Ecce homo. Longseller: Buenos Aires.
x.      Wilber, K.(1985) La consciencia sin fronteras.Kairos:Barcelona



[1]Wilber, K. (1985) La conciencia sin fronteras. Kairos: Barcelona.
[2]Morin, E. (1990) Introducción al pensamiento complejo. Ed. Gedisa
[3]Horstein (2003) Intersubjetividad y clínica. Paidos: Buenos Aires.
[4]Chevalier (1995) Diccionario de Símbolos. Aike: Madrid.



Santiago Bello es estudiante de psicología (Universidad del Salvador), apasionado del arte y un novicio escritor. Este 2017 publicó su primera obra de ficción: "El Cemento que Respiro", editado por De Los Cuatro Vientos. Contacto: santinoib5@gmail.com 
Florencia Dollera, joven estudiante de psicología (Universidad del Salvador) que con una afinidad polifacética se involucra en distintas actividades tanto deportivas como artísticas. 
Contacto: florenciadollera@gmail.com