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sábado, 26 de diciembre de 2020

Gardel, un mito popular (I)


El viernes 11 de Diciembre se celebró en Argentina el día nacional del Tango, en recuerdo del nacimiento del violinista y director de orquesta Julio de Caro, y de Carlos Gardel, el más reconocido cantante de tango dentro y fuera del país. Este último, elevado a la categoría de santo laico y popular tras su muerte trágica en 1935.

Como todos los mitos, el origen de Gardel es nebuloso: se discute la fecha y el lugar de su nacimiento. Se desconoce quien era su padre y hasta los hay quienes ponen en duda que su madre haya sido doña Berta Gardés. Para algunos, Gardel nació en la ciudad de Toulouse, en Francia; para otros, en Tacuarembó, Uruguay. Difícilmente los gardelianos alguna vez se pongan de acuerdo. Su partida de nacimiento menciona a Toulouse; su documento cita a Tacuarembó. Más fuerza para el mito.

Los mitos necesitan del misterio porque sus vidas pertenecen menos a la rigurosa investigación histórica, que al imaginario colectivo, al sueño compartido de los pueblos del que nos habla Jung en su escrito "Las dos formas de pensamiento" (1952). Como parte de la condición humana que signa a pueblos y comunidades, la Argentina, un país con una historia de apenas 200 años, precisa leyendas y fabrica ídolos. En ese sentido, Gardel es el más grande, el menos discutido, el más amado.

Juan Manuel Otero Barrigón

viernes, 26 de enero de 2018

Acerca del lenguaje del Arte (por Dr. Jorge Garzarelli) Parte II

"Music is the key", por Susanne Clark

Acerca del lenguaje del Arte, por Dr. Jorge Garzarelli
Segunda Parte (2 de 2)

Proceso Estocástico y Cadena de Markoff

En toda obra musical Antigua,Barroca,Clásica,o Romántica, encontramos un sistema de probabilidades en el cuál es mas o menos fácil predecir lo temático y sus sucesivas modificaciones.

En estos sistemas intervenimos con nuestra sensibilidad en la espera de resoluciones parciales o finales de la obra dentro de su tónica. En el transcurso de las mismas el compositor introducirá sucesivas rupturas de tonalidad (modulaciones( y también de las estructuras temáticas a fin de lograr en conjunto), un esquema de diferentes posibilidades respectos de todos los sonidos como timbres instrumentales)de la gama utilizables.

El sistema moderno de la dodecafonia (doce sonidos), seria en el fondo, también un sistema de probabilidades, ya que el músico el elegir una serie de sonidos en un orden dado, rompiendo con las probabilidades tonales clásicas, instituye un desorden o un “nuevo orden” que contrate y oposición los viejos, produce nuevos mensajes y una información con nuevo significados.

En este sentido podemos acercarnos a J. Lacan cuando advierte que el Significante es “polisémico”, es decir emite a diversos significados.

Posiblemente estos nuevos modelos musicales produzcan en nosotros un impacto estético de otra clase que cualquier obra clásica(Ejemplos como la 3ra. Sinfonia de Beethoven o la Primera Brahms, entre tantas), pero observamos que aquellos se mueven en otras direcciones, novedosas búsquedas de estructuras del discurso musical.

Esto también es observable en la Literatura, la Escultura, La pintura, etc. Todas manifestaciones del Arte que en la mayoría de las veces se complementan organizando un nuevo paradigma psico-sociocultural.

Anton Weber (l946) ubicó en una serie de doce sonidos el llamado “sistema dodecafónico” que contiene en si mismo una determinada cantidad de relaciones internas comparables a la antigua tablilla con ciertas atribuciones mágicas.

SATOR

AREPO

TENET

OPERA

ROTAS


(*) léase de izquierda a derecha o viceversa, de arriba hacia abajo o viceversa

Juego de palabras o propiedades arquetípicas del Lenguaje?

Que decir si el sistema dodecafónico lo “sometemos” al calculo de probabilidades?

Extraña pero contundente conjunción de discursos fundidos por la naturaleza amalgamante y creativa de los artistas. Tal como una Cinta “sinfín” proclamada por Moebius hace “algun tiempo atrás”.

“Atrás”?

Acá el “Mito del Eterno Retorno” se celebra en su grandiosa dimensión.

O acaso el primer sonido del mundo se perdió? Y si asi fuera, porque lo seguimos buscando tanto en la Ciencia, como en la Religión como en el Arte?

El primer sonido escuchado por nosotros como seres humanos pertenece a la vibración original de la Gran Madre, en la que envueltos en su vientre trascendente accedemos a su corazón en consonancia perfecta con el propio.

Quizás todo el Universo sea uno “sónicamente” organizado por las ondas de origen y combinándose de tal modo con sus consecuentes en forma indefinida como si se tratara de una gran Sinfonía de Constelaciones que se autobuscan en el orden de una Eternidad posible.

Si a las orquestas sinfónicas se añaden los coros, casi podríamos señalar que esto seria un ideal artìstico para la humanidad, sobre todo cuando en estas instancias, hay personas de diferentes culturales,edades, niveles socio-económicos pero todos unidos para la Música (tal como señalé en algún artículo anterior) como un lenguaje universal.

Orquesta y Coro de la Ópera del Teatro Nacional de Brno en ...

Tal como si el Deseo original del Creador fuera el deseo del Universo mismo indeterminado, inespecífico, inconstante pero con reglas y normas que pertenecen a lo Esencial.

Entonces………..los pintores pueden hacerse una fiesta con relación a la Luz.

Y………….los escritores con las letras arquetípicas.

Volviendo del espacio sideral al encuentro con nuestro artículo en papel hallamos

A Moles (l952) en su “Theorie de l ïnformation et perception esthetique”, quien señala que la noción de la información es directamente proporcional a la imprevisibilidad y distinta del significado. Este autor plantea allí, que, si un lenguaje es rico en información, por su propia ambigüedad, es difícil de decodificar. Un ejemplo estructural se encuentra en casi toda la obra de R.Wagner, en la que con ciertas dificultades acústicas podríamos decodificar en que tonalidad nos encontramos.

En este lugar aparecería la música de vanguardia (ej. A. Schonberg, Dallapicola, Luigi Nono, etc.)la que por absorción de todos los sonidos posibles, el máximo de utilización de la gama y la intervención del azar en su proceso de composición, ampliará en una posible totalidad (aunque lo total no sea susceptible de ser pensado sin angustiarnos),de las significaciones de la obra, pero también aumentaría su incomprensión por lo menos para los oídos (las escuchas) cuyas costumbres perceptuales están ligados a la previsibilidad.

Un ejemplo del espacio y al tiempo a 0, lo ubicamos en el famoso Sonido Blanco.

Es ésta la música de nuestro tiempo, una obra compleja en cuanto a hecho sonoro y su audición como discurso institucionalizada. Esta valiéndose de canales muy amplios y dejando pasar múltiples elementos, producirían una sensación de “ruido”.

Pero una “oreja” especializada podría gozar en el análisis escrupuloso de estas obras complejas que muestran la incertidumbre de nuestra historia actual.

Masas indiferenciadas de sonido qaue ultrapasan el umbral de la disociación operativa produciendo emociones diversas entre las que la incertidumbre y cierto nivel de angustia existencial ocupan el primer puesto.

Cuando se ofrecen mundos caóticos o formales, aquellos desprovisto del plaver estético clásico, el hombre tiende, por ahora a seleccionar los últimos. Las obras originales, abiertas a las nuevas experiencias, espontáneamente solo pueden ser mas fácilmente escuchadas, aceptadas y comprendidas por los especialistas u oyentes con criterios amplios, los que admiten lo nuevo sin prejuicios bloqueantes. La información generada por estas obras estaria relacionada tanto con su valor y la estructura que la sostiene y contiene como por los valores del entorno psicosocial..

En “Emotion and Meaning in Music” Meyer (1971), analiza el placer estético sobre las bases del Estrucuralismo indicando el impacto perceptivo emocional que se realiza sobre nuestra persona ante estructuras musicales objetivas. Un mensaje que contiene determinada información adquiere significado en cuanto se re-organiza en el oyente.

Meyer propone circularmente el circuito siguiente

Estimulo – crisis – tendencia que surgen – satisfacción al nuevo orden – restauración del equilibrio (temporalmente perdido).

Aquí la Música como estímulo sonoro activa las tendencias, las inhibe y provee de nuevas soluciones significantes. Este juego psicológìco proveería de significado al Discurso Musical.

Tal como venimos sugiriendo el Proceso Estocástico surge de un sistema que produce una secuencia de símbolos que concuerda con cierta probabilidad, mientras que, en la Cadena de Markoff, este proceso está basado en que las probabilidades dependen exclusivamente de acontecimientos precedentes.

El proceso estocástico halla sus mejores representantes en la música de los periodos barroco-clásico y romántico, mientra que la Cadena de Markoff seria la que mejor puede aplicarse al análisis de la música de los períodos de pre-guerra (Primera Guerra mundial) hasta la actualidad con una gran vigencia debido a los acontecimientos de todo tipo que estamos viviendo.

En la Cadena de Markoff , el autor en forma deliberada con el fin de enriquecer el discurso musical introduce en su obra elementos de incertidumbre. Resulta obvio señalar que esta forma de escritura musical fue la mas rechazada en las diferentes obras, inclusive en la época romántica o mas aún post-romántica porque se apartaba notablemente de los cánones o patrones armónicos o rítmicos permitidos por los “maestros”,quienes, detectaba el poder que devenía de la Academia Musical, la que

Imponia, tonalidad, temas, cantidad de números musicales, formas.etc.etc.etc.

Cualquier innovador en estos órdenes era considerado peligroso para con el sistema musical dominante.

Situación que también fue activa en cuanto a la Pintura, la Escultura, la Arquitectura, la Escritura.

Pero fue por causa de estos creadores apartados del camino habitual que la Música como todos otros procesos artísticos o inclusive científicos producen cambios que indican la posibilidad de nuevos ordenes enriqueciendo el acervo y el folklore de las diferentes culturas.

Nuestras necesidades “eróticas” (en cuanto Pulsión de Vida), dicen del proceso de evolución, amalgama y transformación de experiencias que cada vez mas enriquezca con nuevas formas el producir del hombre.

Generalmente los grandes artistas han violentado las normas de su época e introducido reformas en sus discursos, los que dieron como resultado nuevas posibilidades formales y de contenido, estableciendo nuevos modelos de sensibilidad.

Pueden escucharse aún hoy, el reprocho de la gente de esa época y también hoy el rechazo del hecho de que estas reestructuras se organizan en forma inmediata en un medio cultural cuyo valor se da en función de la satisfacción final (“happy end”) de lo esperado, estimulando lo que se conoce como “inercia psicològica”, ya que como hemos visto anteriormente muchas formas del arte concurrían a coordinarse con las exigencias culturales imperantes.

Como si el ser humano no se hubiese dado cuenta que el verdadero Imperio es el del Conocimiento.

Un ejemplo innovador (entre los muchos que hay, pero cuya mención superaría la dimensión del artículo) lo podríamos encontrar en Claude Debussy a quién si lo examinamos de cerca tal como lo haríamos con un ideograma chino o un jeroglífico egipcio, veríamos emerger junto a la prosa poética de Maeterlinck, en quien muchas oportunidades se inspiró y la vaguedad atmosférica de un Monet, algo de un mundo de los sueños soñado en la realidad externa y que le sirve de fantástico soporte.

Esta y otras fantasmáticas que pueblan el “Tempo” del hombre, guiada por Euterpe y hermanada las otras Musas, la Música es a mi criterio una de las producciones más profundas en el Arte, (quizás por sus características de lenguaje formal)sin desmedro de las otras manifestaciones del espíritu humano, ya que, naciendo de sus propias pulsiones rítmicas integrando su afectividad como melodía y su intelecto como armonía, se traslada al medio en que vive y a otros diferentes comunicando a éstos y a aquellos, temas que por ser humanos pertenecen al orden de lo susceptible de ser nombrado, es decir al Universo.

Universo nacido de la Palabra, la Luz y el Sonido.

Jorge G. Garzarelli – ph.D
Profesor Emèrito USAL
E-mail: jorgegarzarelli@hotmail.com

Jorge Garzarelli es doctor en Psicología por la Universidad del Salvador. Profesor Titular de la Cátedra de "Psicología de la Religión" en dicha casa de estudios. Desarrolla múltiples actividades académicas, además de ejercer como analista en la práctica privada. Su tesis doctoral se titula: "El mito: acerca de su producción en el inconsciente" (1987). Es autor, además, de los libros "Psicosociología del Turismo" y "Psicología del Deporte".


martes, 6 de diciembre de 2016

Realidad y Juego (el arte de Nahir Salcedo Cingolani)


Decía Donald Winnicott que "es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar la totalidad de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo". 

Convencida del poder liberador de la creatividad, Nahir Salcedo Cingolani da rienda suelta a su arte, capturando la belleza de la vida cotidiana con su cámara fotógrafica, en una danza lúdica que se abre a pura emoción. 


Instantes de mágica transfiguración donde un guardapolvo ya no es apenas un guardapolvo, y un encuentro con el otro semejante puede llevarnos a habitar con certeza el espacio mágico que en sí mismo es la vida. 



Como artista y docente de plástica, Nahir aboga por la importancia de que cada individuo elabore libremente, y desde temprano, su propia subjetividad, por lo cual destaca la importancia de la compasión como forma de trascender fronteras y cultivar una empatía consecuente con la interioridad del otro, respetando su universo de significados y su historia.  

Serie de fotografías: "La bella incertidumbre". Por Nahir Salcedo Cingolani

Consciente del carácter problemático de las artes visuales en la actualidad, su mirada recupera la belleza que anida en el ojo del observador, sabiendo que si quien observa es una persona especial, la belleza, aunque escondida, no tarda en aparecer.

Serie: "Volver a nacer es de mortales"
"Mi raíz", por Nahir Salcedo Cingolani

Las influencias de Nahir son numerosas, incluyendo, además del arte fotográfico y pictórico, el cine, el psicoanálisis, la filosofía, y las espiritualidades originarias. Tampoco falta la buena música, sobre todo aquella que permite dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

Invisible: "Alerta entre los ángeles" (1976)

Si lo que hace que una persona sienta que la vida vale la pena de vivirse es, más que ninguna otra cosa, la apercepción creadora, el arte como instante de ser, de soltar, de manifestar el alma, permite sentir el pulso de la existencia, devolviéndonos a la raíz originaria. 

Nahir Salcedo Cingolani es fotógrafa, pintora y docente de plástica. Últimamente también cultiva el teatro. Estudia Diseño de Imagen y Sonido, y es una apasionada del cine. Vive en Buenos Aires. Algunos de sus trabajos, bocetos y proyectos, se pueden ir encontrando acá: http://nahirsalcedocingolani.blogspot.com.ar/

martes, 29 de noviembre de 2016

"Más alla del Mundo Material": 15 años sin George Harrison


"Más allá del mundo material": 15 años sin George Harrison, 

por Juan Manuel Otero Barrigón

Hoy se cumplen quince años de la partida de George, el Beatle místico y tranquilo. O como prefería llamarse muchas veces a sí mismo, simplemente, "el jardinero". Diez años sin uno de los seres humanos, que a mí, como a tantas personas, más me inspiran y acompañan musical y espiritualmente.

Quiero compartir por ello, un breve homenaje, centrándonos en el repaso de algunas anécdotas, recuerdos y episodios que hicieron a su travesía espiritual, a su búsqueda de Dios y de sentido en la vida; aspectos todos ellos inseparables de su obra musical. George, como todo ser humano, fue una persona con sus luces y sus sombras, con sus anhelos y sueños, y también con sus miedos y fantasmas. Esa dualidad (yin/yang), se plasmó en los distintos momentos de su historia, en su carrera, en sus decisiones, en las distintas facetas de su personalidad.

Quizás haya que comenzar este recorrido por uno de los momentos clave en su vida, tal como él mismo lo iba a reconocer. Esto fue cuando a los veintiséis años, y en plena beatlemanía, conoció al legendario maestro indio de la sitar, Pandvit Ravi Shankar. George iba a declarar con el tiempo que Ravi Shankar fue la primer persona que realmente lo impactó en su vida. En una cena que compartieron, aprovechó para hacerle varias preguntas sobre música tradicional india, por la cual había comenzado a sentir curiosidad desde la época del rodaje de la película "Help!". Ravi Shankar se ofreció a darle breves lecciones de la sitar, y posteriormente lo invitaría a viajar a la India para profundizar sus conocimientos sobre dicho instrumento, el cual iba a introducir a George, y a traves de él a los Beatles, en una nueva dimensión musical . La única sugerencia que Ravi le dió para su viaje, fue dejarse crecer el bigote.

George encontró en la música india un camino de afirmación artística, que le permitió encontrar su lugar entre los egos de John y Paul, y al mismo tiempo un camino de búsqueda espiritual, en un momento en el que empezaba a sufrir los efectos de la fama asfixiante del grupo.

Cerca de Ravi Shankar, se enamoró definitivamente de la música tradicional hindú, y a través de ella de su espiritualidad, "la mas grande en nuestro nivel de existencia", llegaría a decir. Dicha influencia se plasmó luego en varias canciones de los genios de Liverpool, entre otras: “Within you Without You”, “Free as a Bird”, “Love you To” y “The Inner Light”.

Ya en esa misma época además, y a partir de la lectura de un libro sobre la reencarnación, había comenzado a mantener una intensa correspondencia con el traductor mallorquín Joan Mascaró, famoso por sus traducciones al inglés de los Upanishads hindúes y otros textos budistas, y cuya obra iba a influir decisivamente en la temprana búsqueda espiritual de George.

En los Beatles, aún cuando su talento se expresaba esporádicamente, ocultándose tras la sombra de la genial dupla creativa Lennon-McCartney, sus compañeros comenzaban a darle un crédito especial cuando de cuestiones morales o religiosas se trataba. Marc Shapiro, uno de sus biógrafos, cuenta una anécdota que refleja este aspecto. En Febrero de 1968, junto a su esposa Pattie Boyd, el resto de los Beatles, y artistas de la talla de Mia Farrow, Donovan y Mike Love, viajaron a Rishikesh, India, invitados por el Maharishi Mahesh Yogi, uno de los gurúes espirituales del momento. El objetivo era interiorizarse en su técnica de "Meditación Trascendental". Tanto John, y especialmente George, estaban fascinados con la rutina diaria de meditación y estudio del lugar. Sin embargo, comenzó a correr un rumor que cambió los ánimos. Parece que el gurú Maharishi había intentado acosar sexualmente a Mia Farrow, rumor que tomó fuerza cuando la actriz decidió abandonar repentinamente Rishikesh sin dar ninguna explicación. No había ninguna confirmación, pero John contaría tiempo después que el rumor habría quedado en la nada si George, en forma inesperada, no hubiera decidido creerlo. "Se armó un gran escándalo por la supuesta violación de Mía Farrow por el Maharishi, y porque supuestamente había intentado acostarse con otras mujeres. Cuando George empezó a creer que podía ser verdad, yo pensé: 'Bueno, debe ser verdad, porque si George piensa, en cuestiones de este tipo, que algo puede ser verdad , entonces debe haber ocurrido". George y John finalmente confrontaron al Maharishi, para abandonar luego desilusionados su ashram.

The Beatles junto al gurú Maharishi

La decepción con el gurú de larga melena, voz aniñada y sonrisa beatifica, no significó para George el alejamiento de la espiritualidad hindú ni de la práctica de la meditación. “Habiendo tenido éxito y conocido a toda la gente que merece la pena conocer”, aseguraba que en Occidente “todos vibran en un ámbito material, que no te lleva a ningún sitio”, pero en la India "hay algo que es solo espiritual”. Esa convicción, y ese misticismo que enfrentaría sus dos mundos, no lo iban a abandonar jamás.

En el verano de 1969, compuso junto con Ravi Shankar el sencillo "Hare Krishna Mantra", interpretado por devotos del templo londinense de Radha-Krishna. Ese mismo año había conocido a A.C Bhaktivedanta Swami Prabhupada, fundador de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, culto de origen hindú que popularizó en Occidente la doctrina del Bhakti Yoga, el servicio devocional a Dios, considerando a Sri Kṛṣṇa ("El que Es Todo Bello") como Suprema Personalidad divina. Poco tiempo después, George iba abrazar la tradición Krishna, con la cual se mantuvo vinculado hasta su muerte, especialmente a través de la práctica privada del canto del Maha Mantra Hare Krishna.


"Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare"


Este grupo parte de las ideas expresadas en el Bhagavad Gita, el canto más popular de la clásica epopeya india del Mahabharata. Para el hinduismo, el mundo físico percibido por los sentidos es una mera apariencia transitoria ("maya"), por lo que poner los deseos en "maya" solo puede llevar al sufrimiento. Los fragmentos individuales de vida, dentro de los cuales el hombre es el más elevado, nacen una y otra vez en una larga ronda de reencarnaciones, hasta alcanzar, a través del servicio devocional, el estado de pureza que permite la fusión con Dios.

“Si hay un Dios, querés verlo”, afirmaba George en una entrevista. “No tiene sentido creer en algo sin pruebas”. Pero “toda la actitud cristiana consiste en que creas lo que ellos creen, mientras que en la India aprendí que no puedes creer en nada hasta que no hayas tenido una experiencia directa de ello”.

Ya separados los Beatles, e intentando huir de aquella fama impuesta para dedicarse a la observación interior que deseaba, publicó en 1970 su primer álbum solista, y el que fuera el primer disco triple en la historia del rock, 'All Things Must Pass'. El disco fue considerado desde el primer momento como una obra maestra, y respiraba espiritualidad hindú en casi todas sus letras. Era plena ebullición de su etapa mística, época en la cual llegaba a afirmar cosas como que: "La música tiene que usarse para percibir a Dios, no para mover el esqueleto".

"All Things Must Pass" (full audio)

Escuchar "All Things Must Pass" es, en la opinión de muchos, una experiencia similar a la de entrar a un enorme templo o catedral. De allí saldría la que quizás sea su firma musical como solista, "My Sweet Lord", donde George volcó toda su devoción y su profesión de fe. Cuenta una anécdota que cuando escuchó por primera vez la canción, hasta el mismo Lennon, escéptico si de cuestiones religiosas se trataba, se vio tentado de reconsiderar su posición acerca de lo divino.

Ese mismo año, con el deseo de llevar una vida más privada, y en una muestra de la forma en que George combinaba su mundo material con el espiritual, compró la mansión neogótica londinense conocida como Friar Park. El lugar contaba con un inmenso jardín con el cual George mantuvo un romance hasta el final de su vida. Allí cultivó una de sus principales pasiones: la jardinería.

Dicha fascinación tenía su origen. Meses antes, en un paseo por la ciudad de Vrindavan (India) junto a Ravi Shankar, George se había asombrado por la veneración que los indios sentían hacia la naturaleza, a la que consideraban la Forma Universal de Dios. Los árboles eran los cabellos de esta forma divina, las montañas y colinas eran sus huesos, y los ríos simbolizaban la sangre circulando por las venas. Desde este punto de vista, la jardinería se transformaba para él en algo con dimensiones sagradas, como una invitación a cuidar el cuerpo de Dios. Los jardines de Friar Park lo conectaban con su universo espiritual, con la naturaleza como manifestación cósmica. A lo largo de sus épocas de mayor introversión y aislamiento, Friar Park iba a ser su refugio y su lugar. Lejos del recuerdo de la beatlemanía que había llegado a detestar, Friar Park y sus jardines lo conectaban con ese otro mundo mas allá de lo ilusorio (maya), del que siempre aspiraba a elevarse. 

George en los jardines de Friar Park

Yoko Ono, recordando a George tiempo después de su muerte, diría a propósito de su amor por la jardinería: "George hacía crecer las cosas, tal como dicen que lo hace la música india. Creó el solo un jardín enorme y hermoso en su propiedad, que diseñaba y cuidaba día a día. Nunca me voy a olvidar de lo orgulloso que estaba ese día que me llevó a recorrer el jardín, con sus botas de goma embarradas y una vieja azada al hombro, observando cada uno de los árboles y las flores como si fuesen hijos suyos, y al mismo tiempo fijándose en donde pisaba yo. Esa es la imagen de George que voy a recordar siempre: la de un hombre en su jardín, que me sonreía con calidez como una especie de gurú indio".

En 1971, su amigo Ravi Shankar le pidió ayuda para recaudar fondos para el pueblo de Bangladesh; país vecino de la India que se había separado recientemente de Pakistán, y cuyos habitantes vivían en medio de la hambruna, las catástrofes naturales y la desatada guerra civil. George grabó el single "Bangla Desh" y Ravi Shankar hizo lo mismo con el tema “Joi Bangla”. Poco después, se propusieron organizar un concierto en el Madison Square Garden para seguir recaudando dinero. A la iniciativa se sumaron entre otros, Eric Clapton, Bob Dylan, Ringo Starr, Billie Preston, Klaus Voorman, y toda la orquesta de Ravi Shankar. El resultado fue el mítico “Concert for Bangladesh”, evento que pasó a la historia como uno de los más memorables en la historia del rock, al tiempo que convirtió a George en pionero a la hora de organizar espectáculos en beneficio de los más vulnerables.

Con el paso del tiempo, y a medida que profundizaba en sus creencias espirituales, la por momentos obsesión de George por las lecturas de Paramahansa Yogananda, el swami Sivananda y el Baktivedanta Prabhupada, sumada a una actitud que oscilaba entre ocasionales episodios de infidelidad y cierta reticencia hacia el sexo, desgastaron su matrimonio con la modelo Pattie Boyd, de quien finalmente se separaría en 1974, cuando la relación que esta había empezando a mantener con Eric Clapton salió a la luz. Pese a los cuestionamientos de la prensa, la amistad entre George y Eric se mantuvo siempre inquebrantable. Ese mismo año, George había conocido además, en una fiesta, a Olivia Trinidad Arias, quien se convertiría en su segunda esposa y madre de su único hijo, Dhani. Junto a Olivia, George encontró la estabilidad que necesitaba, en gran medida debido al costado espiritual que ella tenía, y que hizo que entraran en sintonía rápidamente.

A mediados de ese mismo año, y con la idea de promocionar a ‘Dark Horse’, su tercer disco, (luego del éxito de 'All Things Must Pass' y 'Living in the Material World', su segundo álbum ), comenzó una gira de un mes por Estados Unidos en compañía de Ravi Shankar y su orquesta. La experiencia fue traumática. La crítica fue lapidaria con las presentaciones de ‘George Harrison y sus amigos’, (tal era el nombre de la gira), e inclusive el público, que al principio desbordaba de entusiasmo por la oportunidad de ver en vivo a un ex beatle, llegó en ciertos momentos al límite de los abucheos. Los motivos fueron fundamentalmente dos: por un lado, la insistencia de George para que la Ravi Shankar Orchestra tocara un set de apertura demasiado largo que resultaba muy exótico para el público estadounidense, que no quería escuchar música tradicional hindú sino música beatle. Por otra parte, la resistencia de George a incluir demasiados éxitos de los Beatles para darle prioridad a canciones de bajo perfil con orientación religiosa. A esto se sumaba el hecho de que con frecuencia George cambiaba las letras para introducir reflexiones acerca de Krishna, y sus comentarios entre un tema y otro parecían más a propaganda religiosa que a un intercambio entre un músico y su público.

Harrison y Ravi Shankar durante los conciertos en Estados Unidos

Durante uno de esos recitales, George se paró en medio del escenario y gritó: “Ahora quiero que todos canten ‘Hare Hare’!. Pero no hubo respuesta, lo que puso de mal humor a George, que dijo: “No se que pensarán ustedes, pero desde acá arriba parecen unos muertos”.

En otro momento desastroso de la gira, George, que además padecía esos días una laringitis aguda que afectaba bastante su voz, comenzó a decir al público: “Lo único que les digo es que el Señor está dentro de sus corazones. No estoy acá saltando como un loco por que sí, sino para decirles que Dios está dentro de sus corazones. Alguien tiene que decírselos. Hagamos que los demás vean a Dios en nuestros corazones”. La respuesta fue un largo silbido, mientras muchos empezaron a irse del concierto.

Fruto de la experiencia, y de la escasa repercusión del mensaje espiritual contenido en su música, George se alejaría de los escenarios por un largo tiempo, concretamente hasta diecisiete años despúes, cuando en 1991 se animó a dar una serie de shows en Japón, por insistencia de su amigo Eric Clapton.

Los años siguientes a 'Dark Horse' transcurrieron en un relativo aislamiento, limitando sus apariciones públicas.

Editaría tres discos mas en los años 70’ ('Extra Texture', 'Thirthy Three 1/3', 'George Harrison'), y otros tres en los 80’ ('Somewhere in England', 'Gone Troppo', 'Cloud Nine'). Hacia fines de esa misma década, se involucró además en la formación de ‘The Travelling Wilburys”, una banda que integró junto a Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lyne, Jim Keltner y Tom Petty. Con ellos, iba a grabar dos álbumes oficiales, que se convirtieron en un gran éxito.

Discografía de George Harrison

Por esos años emergió también su faceta de productor cinematográfico, financiando los arriesgados proyectos de los Monty Phyton.

Algo muy importante para George, en concordancia con los postulados hindúes, era el momento de la propia muerte, y la forma en la que uno abandonaba el mundo material. Para él, la vida consistía de alguna manera en el arte de irse preparando para ese desenlace final. De ahí que el asesinato de Lennon lo impactara en forma tan profunda, teniendo en cuenta su admiración y cariño como amigo. John, para George, había abandonado el mundo de manera injusta, violenta, sin la posibilidad que merecía de preparar a conciencia ese momento trascendente.

El 5 de octubre de 2010 se estrenó el documental homenaje dirigido por Martin Scorsese, titulado "George Harrison: Living in the Material World". El proyecto se llevó adelante bajo la supervisión de Olivia Harrison. A diferencia de otros documentales sobre George, el trabajo de Scorsese intentó rescatar su aspecto más intimista, humano y espiritual. Sin duda uno de los momentos más fuertes tiene lugar sobre el final, cuando Olivia relata el intento de asesinato de George, que tuvo lugar en Diciembre de 1999, en su casa de Friar Park.

Afiche del documental "Living in the Material World", por Martin Scorsese

Desde la muerte de Lennon, George estaba paranoico con su seguridad personal y la de su familia, al punto de dar crédito a la leyenda urbana según la cual había un plan secreto para asesinar a cada uno de los Beatles. Esa convicción lo llevó a reforzar la vigilancia de su mansión en forma para muchos obsesiva, instalando cámaras, puertas automáticas, guardias y perros. Pero todo ello no impidió que su peor miedo se volviera realidad. La noche del 29 de Diciembre de 1999, Michael Abram, un padeciente esquizofrénico, logró burlar las medidas de seguridad y se infiltró en la mansión. Cuando llegó hasta George, este trató de calmarlo cantándole el mantra "Hare Krishna". Pero fue en vano. Michael atacó a George, que recibió heridas de arma blanca en el pecho y en el vientre, pero sobrevivió al atentado gracias a la intervención de su esposa, quien prácticamente la salvó la vida, y gracias a quien tras un duro forcejeo pudieron contener al agresor.

Lo cierto es que, más allá de la fortuna por haber sobrevivido, desde aquel episodio, la existencia física de George comenzó a extinguirse lentamente. Ya dos años antes, mientras trabajaba en su jardín, había descubierto un nódulo en su cuello que derivó en el diagnóstico de cáncer de garganta. Comenzó el tratamiento médico, y con el tiempo lo superó. Pero posteriormente, y después de su intento de asesinato, George, a la manera de un ermitaño taoísta, profundizó su ostracismo voluntario, y se refugió aun más en su familia y en su intimidad, hasta que a principios de 2001, el cáncer reapareció, y esta vez en forma terminal.

Cerca ya de abandonar el “mundo material”, y preparándose para el viaje final, no dejaba de repetir a quien pudiera: “Todo lo demás puede esperar, pero la búsqueda de Dios no puede esperar. Y amarse los unos a los otros”.

La última sonrisa de un genio

En esos días finales, su hermana Louise fue a visitarlo. George le dió un fuerte abrazo y le dijo: “Pasálo”. Así nacieron los “abrazos Harrison”, que se popularizaron en distintas partes del mundo. Hace unas semanas atrás, y recordando ese momento en una visita a Chile, Louise contó lo siguiente:"Hace poco me escribió una fan de Argentina y me dijo que recibió un abrazo Harrison, de parte de una persona que lo había recibido de mí en otro país y le había llegado. Y hace pocas semanas otra persona me dijo que había dado su abrazo Harrison en 17 diferentes países. Para mí es maravilloso, es ver cómo el cariño de mi hermano se esparce por el mundo. De todo lo que uno deja en el mundo, el amor es lo más importante”.

Hay otra anécdota de esos días finales que es todo un alegato a favor de la amistad, y que se puede ver en el documental de Scorsese. Casi sin poder moverse de la cama, un día recibe la visita de Ringo Starr, uno de sus mejores amigos, quien le cuenta que debe viajar de urgencia a Boston porque operaban a su hija de una grave enfermedad. Ringo cuenta con lágrimas de emoción cómo George le pregunta: “¿Querés que te acompañe?” George, asegura Ringo , le hablaba en serio. La amistad, el cariño y el amor que sentía por su amigo beatle, es en ese momento en el que está a punto de morir, mucho más grande que su propio dolor.

George, usando una popular expresión budista, ”cruzó hacia la otra orilla” el mediodía del 29 de noviembre de 2001. Cuenta Olivia, que en el momento preciso de su muerte, la habitación de la casa de Beverly Hills donde descansaba, se inundó con la luz del sol. Como si su ‘Here comes the sun”, esa maravillosa poesía minimalista que había compuesto en sus años como Beatle, se hubiese cristalizado en el momento final para acompañarlo en su viaje hacia aquel mundo espiritual que había buscado. O quizás, simplemente, un símbolo que intentara reflejar que en un mundo muchas veces cubierto por la oscuridad, George Harrison había iluminado su parte.

Cantando "Hare Krishna" junto a devotos del templo Bhaktivedanta Manor (1997)


sábado, 1 de octubre de 2016

10 curiosidades harrisonianas

Pintura: edespitia


10 curiosidades harrisonianas, por Juan Manuel Otero Barrigón

1. “Something” no estaba dedicada originalmente a Pattie Boyd. 

Contrariamente a lo que cuenta la leyenda beatle, el sencillo Something, del cual Frank Sinatra llegó a decir que era la mejor canción de amor jamás escrita,no fue inspirada por la entonces modelo y esposa de George, ni por ningún otro amor terrenal, mas allá de lo que posteriormente popularizó el conocido video clip de este tema. Originalmente, la canción estaba dedicada al dios Krishna,y fue inspirada por los relatos sobre sus pasatiempos trascendentales en los bosques de Vrindavan junto a las gopis, las pastoras de vacas de la tradición hindú que eran sus amantes. De hecho, la letra original de la canción no contenía el pronombre personal “She”(Something in the way she moves…), sino “He” (Something in the way he moves). George decidió que sería mejor cambiar la forma de la letra del masculino al femenino ya que de lo contrario corría el riesgo de que la gente dudara de su condición sexual, tal como cuenta Joshua Greene en su libro “Here Comes theSun: The Spiritual and Musical Journey of George Harrison".

2. "Here comes the sun” fue compuesta tras el primer encuentro que George tuvo en 1969 con Srila Prabhupada, fundador de la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna.

Después del alejamiento con tintes de escándalo que los beatles tuvieron del gurú Maharishi, George Harrison fue el único de los cuatro que profundizó un camino de búsqueda espiritual como parte fundamental de su obra artística y de su vida. Ello lo llevó a involucrarse activamente en la comunidad religiosa Hare Krishna, a la cual se mantuvo ligado hasta su muerte. El agradecimiento de George hacia Prabhupada, quien trajo a Occidente la cultura hindú del bhakti yoga, lo expresó en esta canción: “Aquí llega el sol”, un recurso poético para referirse a la llegada a Occidente de Srila Bhaktivedanta Swami Prabhupada.

3. Paul McCartney lo ponía muy nervioso.

Como es sabido, en las sesiones de Let it Be, la relación entre los Beatles se volvió insoportable. El documental de Martin Scorsese, Living in the Material World, muestra como McCartney y Harrison vivieron una de sus escenas más tensas en un reality musical antes de que existiesen los realities, con todas las cámaras de Michael Lindsay-Hogg enfocándolos. Consecuencia de ello fue un agrio rock de George a Paul que le recordaba los muchos dolores de cabeza (Wah-wah) que éste último le generaba. Lo emocionante es que, después de la muerte de George ,el propio Paul tocó el piano en esta canción durante el homenaje que le organizaron al Beatle silencioso en 2002. Todo el mundo lo miraba en el arranque con la típica cara de “¿Qué diablos estará pensando Paul ahora?”.

4. Friar Park era su lugar en el mundo.

La mansión de estilo neo-victoriano, ubicada en Henley On Thames, tiene 108 habitaciones,cascadas, jardines rocosos, lagos y laberintos de cuevas. Había pertenecido al abogado inglés, botánico y excéntrico Sir Frankie Crips, hasta su muerte en 1919. Para la época en que George la compró a principios de los años 70', Friar Park era propiedad de las Hermanas Salesianas de San Juan Bosco, una orden católica que había manejado una escuela ahí por más de 20 años. La escuela había cerrado y seis monjas y un monje vivían solos en el lugar. George se hizo cargo de las reparaciones, y con el tiempo, hizo de Friar Park su Shangri-La, su lugar en el mundo. Fue en Friar Park, entre otras cosas, donde desarrolló una de sus principalespasiones en la vida: la jardinería.

5. Pandit Ravi Shankar fue “la única persona que lo impresionó en su vida”.

Lo reconoció más de una vez. Y fue así, según dijo, ya que precisamente nunca pretendió impresionarlo. Ravi Shankar fue su padre espiritual y quien le transmitió conocimientos sobre el sitar, instrumento que se convirtió en todo un símbolo de la contracultura. Le enseñó que la música y Dios son equivalentes, de ahí su gran poder e influencia en las personas.

George Harrison cantando "Any Road" en su última aparición en televisión, Vh1, 1997


6. Era un apasionado de los gnomos de jardín.

George colocó varios enanos por el jardín de su mansión de Friar Park. Es mas, como quedó reflejado, los little people se integraron en la portada de su obra maestra All Things Must Pass. Además, en un guiño a esta cubierta,colocó a un enano disfrazado como los de su jardín en el vídeo de Between the devil and the deep blue sea (Brainwashed, 2003).

7. Escribió la primera canción especialmente pensada para un concierto benéfico.

Antes de temas populares como We Are the World de Michael Jackson o Freedom de Paul McCartney, George escribió la primera canción creada para un concierto benéfico. Bangladesh (1973), una composición maravillosamente (sobre)producida por Phil Spector, cerró el concierto del mismo nombre, un evento que reunió a seres humanos como Bob Dylan, Eric Clapton o Leon Russell para recaudar fondos y ayudar al país asiático. Que después muchos de los fondos se perdieron antes de llegar a Bangladesh, esa iba quedar para otra historia.

8. Solo volvió a tocar en vivo cuando los japoneses (y Eric Clapton) se lo pidieron.

“Me dedico a mi jardín”, fue la respuesta más repetida por George cuando le preguntaban si iba a regresar a los escenarios. Tras la experiencia horrible de su tour norteamericano de 1974, muy bien descrita (y con un montón de material inédito) por Scorsese, Hari no iba a volver al directo hasta Japón en 1991. Eric Clapton le sugirió retomar las giras y, valga la redundancia, en un giro inesperado del destino, George aceptó. De ahí salió un LP en directo, Live in Japan (1992).

9. Intentó disuadir a quien atentó contra su vida cantando el mantra “Hare Krishna”.

Al igual que John Lennon dos décadas atrás, George también sufrió un atentado contra su vida, aunque afortunadamente lo sobrevivió. La noche del 29 de Diciembre de 1999, Michael Abram, un esquizofrénico paranoide convencido de que los beatles eran “brujos”, logró burlar las medidas de seguridad y se infiltró en la mansión de Friar Park. Cuando llegó hasta George, este trató de calmarlo cantándole el mantra "HareKrishna". Pero no sirvió de nada. Michael Abram atacó a George, que recibió heridas de arma blanca en el pecho y en el vientre, sobreviviendo al atentado gracias a la intervención de su esposa Olivia, quien prácticamente la salvó la vida, y junto a la cual finalmente pudo controlar al agresor.

10. El abrazo harrisoniano.

Ya muy enfermo de cáncer, su hermana Louise fue a visitarlo. George le dió un fuerte abrazo y le dijo: “Pásalo”. Así nacieron los “abrazos Harrison”, que se popularizaron en distintas partes del mundo. "Hace poco me escribió una fan de Argentina y me dijo que recibió un abrazo Harrison, de parte de una persona que lo había recibido de mí en otro país y le había llegado. Y hace pocas semanas otra persona me dijo que había dado su abrazo Harrison en 17 diferentes países. Para mí es maravilloso, es ver cómo el cariño de mi hermano se esparce por el mundo. De todo lo que uno deja en el mundo, el amor es lo más importante”, contó Louise. Fue uno de los últimos legados de un músico excepcional, un ser humano lleno de luz y un buscador incansable, convencido, como solía repetir uno de sus yogis más queridos, el Paramahansa Yoganada, de que “todo lo demás puede esperar, pero la búsqueda de Dios no puede esperar, y amarse los unos a los otros”.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Elogio de la vida bohemia

"La Bohemia", William Adolphe Borguereau, 1890


Elogio de la vida bohemia

por Juan Manuel Otero Barrigón

Bienaventurados los bohemios, porque ellos heredarán el reino de la libertad creativa.

La vida bohemia aspira a la alegría de vivir, despreocupada de todo aquello que ata al ser humano a imposiciones sociales y a mandatos externos. Gusta de las buenas compañías, del enriquecimiento intelectual y de los pequeños placeres que exaltan la vida del espíritu, siempre enemiga de la superficialidad.

La palabra Bohemia tiene su origen en los gitanos que llegaban a vivir a la Francia romántica entre los años 1820 y 1840, provenientes de Bohemia (hoy República Checa). Su estilo de vida en la sociedad francesa, allá a mediados del siglo XIX, inspiró un movimiento cultural inédito, expresado en distintas obras teatrales y literarias. De hábitos noctámbulos, la gente bohemia vivía en la noche, paseando por los cafés y los bulevares de la ciudad, ansiosos por nuevas experiencias, y generalmente con poco dinero en los bolsillos. La identificación de la vida bohemia con la ciudad que la vio nacer era tal, que en palabras chauvinistas del escritor Henri Murger, “la bohemia no es posible sino en París”.

De hecho, dos fueron los barrios parisinos que dieron hogar a la vida bohemia: Montmartre, lugar de pintores famosos como Toulouse-Lautrec, quien inmortalizó a las bailarinas de can can del Moulin Rouge, y el Barrio Latino, adonde se reunían los jóvenes del mundo que soñaban con la bohemia como el lugar idílico para su creatividad artística.

Calles, aquellas de París, por las que en aquella época Baudelaire caminaba casi siempre pobre, casi siempre solo, encontrando belleza donde otros solo veían miseria, y en lugares donde el arte apenas se animaba a entrar. Experiencias todas retratadas en esa obra imprescindible, “Las flores del mal”, sin la cual no podría entenderse la literatura moderna, y cuya publicación le costó a nuestro flaneur un largo proceso y una multa onerosa.

En un interesante ensayo de Luis Arturo Hernández y Javier Hérnandez, titulado Contraluces de Bohemia, se puede leer una curiosa explicación de los orígenes de la palabra bohemio: “El bohemio, descendiente de los antiguos bohemos, gitanos pertenecientes a las tribus de los boyos que en Bohemia recibieron el nombre de «bojove», -gentilicio checo en el que bien podrían haber confluido, como si de clanes semánticos se tratara, las voces «boj» (guerra) y «buh» (dios), que en una regresión etimológica hacia su origen inicial y remoto en la India viene del término persa «baga» (Dios), de donde procede Bagdád (lo dado por Dios), que proviene a su vez del indi, lengua en la que significa alimento («bhaga»)-, pueblo nómada indoeuropeo de errabundos impenitentes que vagaban por el corazón de esta península de Asia que es Europa y perseguido hoy en día por los propios bohemios de origen eslavo con un encarnizamiento de perros de presa, atrapados en la paradójica paranoia de intentar atrapar, como la pescadilla que se muerde la cola, la propia sombra de Bohemia."

La obra del romántico Murger, autor de la novela “Escenas de la vida bohemia”, sirvió de inspiración para configurar a la bohemia como un movimiento contracultural, que luego se afianzaría de la mano de otras producciones artísticas como la ópera "La Bohème" de Giacomo Puccini o incluso la “Louise” de Gustave Charpentier y la "Carmen" de Georges Bizet. Despúes de probar suerte como pintor, y de algunos sinsabores con la poesía, Murger comenzó a publicar su novela en forma de folletín, entre 1845 y 1849, en la revista Le Corsaire Satan. Allí retrataba la vida de pobreza de los escritores y artistas que él mismo conocía personalmente. Ello le permitió hacerse conocido, liberarse de su ostracismo, y adaptar su obra para teatro en el año 1851, para finalmente lograr publicarla  en forma de libro. Sin embargo, lejos de ensalzar ese estilo de vida, Murger consideraba a la bohemia o bien como el prolegómeno a una carrera artística seria y consagrada, o bien como el camino más fácil hacia la decadencia total. En sus propias palabras: “La Bohemia es una etapa de la vida artística; es el prefacio de la Academia, del hospital o del depósito de cadáveres”. La bohemia como un callejón sin salida. Murger falleció joven, a los cuarenta años, peleado con aquel espíritu al cual él mismo le había insuflado aliento vital. Según los historiadores, sus últimas palabras fueron: “¡Maldita sea la bohemia!”.

La idea de la bohemia como sinónimo de decadencia vital fue clave para modelar un perfil artístico bastante común a fines de siglo xix y comienzos del siglo xx: el artista famélico. Ícono romántico y concepto sociológico, el artista famélico era aquel que en su vida decidía reemplazar la comodidad material por una vida dedicada exclusivamente a su realización artística, sobreviviendo con ingresos mínimos, a veces incluso hasta en la miseria. Músicos como Eric Satie, o pintores como Carl Spitzweg o Vincent Van Gogh, reflejaban hasta en sus mismas obras esa apuesta vital de enorme radicalidad. Así lo reflejan, por ejemplo, “El dormitorio en Árles”, del genio holandés, “El poeta pobre”, del pintor alemán o el retrato hecho del pianita francés por el pintor Santiago Rusinol, en 1891. Sobre este estilo de vida, la escritora Virginia Nicholson, autora del libro Entre los bohemios, escribiría: “Después de cincuenta años podríamos juzgar de que la pobreza de Dylan Thomas era noble, mientras que la de Nina Hamnett no tenía sentido. Sin embargo, una artista menor y sin dinero se vuelve igual de famélica que un genio. ¿Qué los impulsó a hacerlo? Creo que tales personas no sólo escogieron el arte, sino también la vida de artista. El arte les ofreció un estilo de vida diferente, uno que creyeron les compensaba de la pérdida de comodidades y respetabilidad”.

Lo cierto es que sin llegar a los límites de la Generación Hambrienta, y con un pie en la clase obrera y otro en la burguesía a la que desafiaban, los bohemios fueron configurando una estética de vida que devino en arte del buen vivir, sintetizando una actitud rebelde e inconformista, de desafío y amoralidad.

Para el escritor del Novecentismo español Antonio Espina, la bohemia no se trataría de otra cosa que de “miseria disimulada con cierta belleza, hambre sobrellevada con humorismo”. Caracterización la cual, a pesar de su dosis de crítica, torna evidente la separación constitutiva de este movimiento como un modelo más de la alternativa social.

En una entrevista publicada en el año 1915, el poeta bohemio Emilio Carrere, le confesaba a un periodista: “El alma abierta sobre las angustias de la carne y del espíritu, y una protesta contra esa agravación del dolor natural de la vida, que es el dolor social creado por el egoísmo y la estupidez. Me interesa más que la literatura, la química, las matemáticas, la medicina. Todo a ciertas alturas, en las cumbres, es emoción poética." Declaración de principios, de un espíritu que desde su nacimiento se fue extendiendo por todas partes, sembrando seres ávidos de libertad creativa, y flechados a fuego por una perspectiva romántica de la vida.

El hippismo, que emergería en su versión contemporánea en los años 60´del siglo XX, bebería según algunos historiadores, de la fuente de la bohemia parisina de aquel entonces. De hecho, unos y otros comparten tres rasgos característicos en su actitud vital:

1) El rechazo a la propiedad privada y al materialismo, junto a la actitud de vida nómade, “hoy aquí, mañana allá”.
2) El rechazo a la estricta moral burguesa convencional. Defendiendo, contrariamente, la plena libertad de acción, especialmente en la esfera sexual.
3) El desprecio a las riquezas materiales, adhiriendo a una vida orientada exclusivamente al goce de las artes y a la fidelidad a las pasiones interiores, despreocupándose de la seguridad económica.

En el año 2004, la escritora norteamericana Laren Stover dió a conocer un manifiesto bohemio, donde exaltó las peculiaridades de esa actitud ante la vida. En ese mismo texto, además, llegó a diferenciar cinco tipos de personas bohemias:

1. El Bohemio Gitano– voluntariamente expatriados. Aquellos que son artífices de su propia bohemia donde quiera que vayan. Hippies, soñadores, vagabundos y viajeros incluídos.
2. El Bohemio Beat– los  sin dinero, también vagabundos, en busca de la utopía y de espíritu libre.
3. El Bohemio Zen– de estilo orientalista, más interesados en la espiritualidad que en el arte.
4. El Bohemio Dandy– sin dinero, pero tratando de simular su posesión. Urbanos, íntimamente disconformes consigo mismos, algo antisociales y a menudo frustrados vitalmente
5. El Bohemio Nouveau– aquellos quizás más característicos del mundo actual, en los cuales la ideología tradicional bohemia se presenta en armonía con la cultura contemporánea, sin perder de vista por ello los principios básicos-el glamour, el arte, la no conformidad. Salvo un detalle: tienen cash a su disposición.

Es elogiable la actitud atrevida y creativa del bohemio, pero más aún la insobornabilidad de sus convicciones, en un mundo que estandariza las maneras correctas de ser, enfatizando a cada instante, sobre todo, el imperativo de ser alguien en la vida. Ser alguien que, traducido bajo el dominio del capitalismo más salvaje, supone tener algo en la vida. Ser y Tener, que como ya expresara Erich Fromm, constituyen dos formas diferentes de posicionarse frente al mundo. La diferencia entre ser y tener es la diferencia entre la importancia concedida a las personas y su realización innata, y la importancia otorgada a las cosas y su señorío. Vivimos alienados en sociedades atravesadas por el mandato de la posesión, hasta tal punto, que el tener se desliza desde las mercancías ofrecidas hipnóticamente por el mercado, hasta echar raíces en el mismo lenguaje que hablamos cotidianamente, y que nos lleva al uso de expresiones  como “tenemos un problema”, “tengo miedo”, “tenemos una vida feliz”, etc. Todo es tener, todo termina implicando posesión.

Bienaventurados los bohemios, porque ellos serán llamados hijos de la Libertad.


El sistema político y económico en el cual estamos insertos fogonea permanentemente para que elevemos nuestras expectativas y nuestro afán de consumo. Sin embargo, quizás no exista, por esa vía, camino más seguro a la insatisfacción permanente, toda vez que la obtención de un determinado producto es siempre provisoria, y está condenada a ceder su lugar al ansía de una “nueva” y “mejor” mercancía por venir. Nos olvidamos rápidamente que para vivir con dignidad, y disfrutar al mismo tiempo de los pequeños placeres que la vida nos ofrece día a día, necesitamos mucho menos de lo que la Mátrix que habitamos nos impulsa a desear. Bastaría solamente recordar como era posible la vida décadas atrás, sin tanto apasionamiento por lo novedoso por el mero hecho de ser nuevo. Al permitir que el tener invada nuestra dimensión subjetiva y se convierta en el eje orientador de nuestras cogniciones, ideas, y proyectos de vida, inevitablemente vamos conformando un carácter de acuerdo a esa premisa, reflejo de un profundo vacío a nivel existencial.

Si como afirma Virginia Nicholson los bohemios actuales “se definen a sí mismos y son definidos por otros como aquellos que no pertenecen, que no se ajustan a las reglas del común", quizás, lejos de ser esta una crítica a la desviación, pueda leerse, ante todo, como el elogio de una apuesta por una vida conforme a los impulsos más propios y auténticos de aquel que exhibe el coraje de decir que no frente a las imposiciones normalizantes de la mercadotecnia.

La crítica a las modernas tecnologías, con todo lo que de positivo le han traído al hombre, constituye una pieza infaltable en este rompecabezas. Quizás más bien debiéramos hablar de una crítica de su uso cotidiano, ya que en tanto herramientas, las nuevas tecnologías nos abren un mundo de posibilidades casi infinitas si son usadas inteligentemente. Lo contrario, ya lo advirtió Martin Heidegger, bien podría embotarnos de manera que ya no ayude, sino que por el contrario, limite nuestro conocimiento y nuestras facultades creativas. En su ensayo "Sobre la cuestión de la tecnología", tratado del período mediano-tardío de su obra, expuso una serie de argumentos que fueron fundamento de su pesimismo en torno a la era de la técnica moderna. Su concepción de la tecnología moderna como "manufactura" que emplea no sólo los recursos de naturaleza, sino que termina finalmente manipulando a la propia humanidad, debería tenerse presente como recordatorio de la deshumanización que nos puede deparar el final del túnel si perdemos de vista el valor de uso de estas herramientas, siempre que son reducidas a su mero valor de consumo, que en el camino, nos termina consumiendo a nosotros.

La desesperación por el reconocimiento, palpable bajo las luces de neón en los modernos templos virtuales del narcicismo (Facebook, Twitter, Instagram, etc), forma parte de este cóctel mortífero que puede ahogar el libre desenvolvimiento de la espontaneidad creativa, en aras del aplauso fácil y el necesitado mimo egoico que nos haga sentir valorados e importantes a los ojos del otro. Presos de los likes, obsesionados por el parecer en detrimento del ser, vivimos pendientes de la mirada ajena, inmersos en la angustia cuando aquellos ojos deseados se mudan a otros horizontes. Ojos sin los cuales dejamos de existir, únicos sostenes de nuestro pálido sentido existencial. Somos, hoy más que nunca, en tanto nos confirman que existimos. Pulgar arriba o clic al corazón, y nuestra autoestima sigue respirando, aliviada.

Pero si la tecnología y sus productos pueden ser, mal utilizados, obstáculos a nuestro desarrollo creativo y a una vida verdaderamente rica y auténtica, no menores (y en realidad parte del mismo combo mortífero) son los peligros que acechan frente a la voracidad fagocitadora del sistema. Nacen así, bajo el amparo de la tiranía del mercado del que aquellos añorados bohemios pretendieron escapar, los sociológicamente denominados Bobos, o Burgeois Bohemian (burgueses bohemios), uno de los últimos, y más tristes ejemplos de oxímoron. Personas conformistas pero tolerantes, “ricos de clase obrera”, que consumen productos caros y exóticos, muchos de ellos herederos de los viejos yuppies, disfrutando de una vida libre y relajada pero sin la actitud desprendida e indiferente hacia las redes del materialismo. Digno complemento del hippie con Osde puesto tan de moda (y convertido en moda) en nuestros tiempos. Los Bobos (¡la abreviatura no me pertenece!) son la expresión más patente de que las contradicciones culturales del capitalismo y la enorme brecha entre burgueses y otrora bohemios tiene certificado de defunción bajo el amparo de la Mátrix. Al constituirse en categoría sociológica para describir un grupo emergente de la moderna sociedad de consumo, se pone de manifiesto que fácil resulta para el sistema trivializar elementos de trascendencia al medirlos únicamente por su puesta en boga y su masivo seguimiento. Sin embargo, y en el fondo, el centro medular existencial de muchos Bobos se basa en un preámbulo insustancial, en el cual la homogeneidad entre ellos como santo y seña,  la vulgarización de lo profundo en una significación de importancia asentada y justificada en la moda pasajera son las únicas (y seguras) verdades de tantas vidas despersonalizadas.

Bienaventurados los auténticos bohemios, porque ellos serán saciados con el fruto de la autenticidad.

Conformismo y bohemia son irreconciliables. La bohemia evoca el romance de la vida de un vagabundo autoexiliado, en búsqueda perpetua. La filosofía del vagabundo, decía Camilo José Cela, se apoya en la no necesidad de nada y en el buen talante de aceptar la vida sin queja alguna. Por eso vagabundos, bohemios y taoístas se llevan siempre bien, dondequiera que se encuentren. Son espíritus afines, en comunión cercana de ideales.

Bohemios y vagabundos se asemejan, además, en su elogio a la vida callejera, al devenir paseante. No en vano, una de las figuras estéticas heredadas de la tradición bohemia parisina es la del flaneur, el viajero sin rumbo ni objetivo, abierto a todas las viscisitudes e impresiones que le salen al paso.

En “El pintor de la vida moderna”, Baudelaire ensaya una descripción estética de este personaje: “La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces. Su pasión y su profesión le llevan a hacerse una sola carne con la multitud. Para el perfecto flâneur, para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin embargo pasar desapercibido —tales son los pequeños placeres de estos espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente. El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato. El amante de la vida hace del mundo entero su familia, del mismo modo que el amante del bello sexo aumenta su familia con todas las bellezas que alguna vez conoció, accesibles e inaccesibles, o como el amante de imágenes vive en una sociedad mágica de sueños pintados sobre un lienzo. Así, el amante de la vida universal penetra en la multitud como un inmenso cúmulo de energía eléctrica. O podríamos verle como un espejo tan grande como la propia multitud, un caleidoscopio dotado de conciencia, que en cada uno de sus movimientos reproduce la multiplicidad de la vida, la gracia intermitente de todos los fragmentos de la vida”.

Vagar sin rumbo, predilecta actividad del flaneur, que en un mundo frenético y utilitario en el cual todo debe hacerse por y para algo en concreto, se convierte así en un pequeño acto individual de subversión.

Caminar a la deriva puede entenderse, además, de otras distintas formas: como confesión de la falta de solvencia económica para trasladarse por otros medios, como desinterés por la prisa de llegar a destino, o bien como el rechazo a los medios de transporte prácticos y funcionales (automóviles y colectivos) o incluso cooles, como la hoy tan de moda bicicleta.

Además, el acto de caminar constituye, en sí, una actividad existencialmente estética cuando es practicada de manera consciente, ya que privilegia la espontaneidad y la soltura por sobre otras consideraciones programáticas, desentendiéndose de orígenes y destinos. Lo único real es el trayecto, el camino natural y enigmáticamente “elegido”.

Bienaventurados los bohemios vagabundos, porque ellos viven en el corazón del Camino.

La pretensión omniabarcante del sistema, siempre existosa cuando convierte una actitud inconformista en una moda pasible de consumo, choca de frente con la búsqueda de la íntima singularización vital, que por ser propia, es siempre original.

Sin embargo, lejos de lo que postulan la moda y el mercado, ser original poco y nada tiene que ver con las apariencias, sino, y ante todo, con nuestra capacidad para ser sinceros con nosotros mismos. 

El consumismo, además de esclavizarnos con la promesa imposible de alcanzar una felicidad que nunca llega, propone que la libertad auténtica radica en la posibilidad de decidir qué productos o servicios adquirir. Así, por esta vía, la libertad de elección al consumir se traduce en el máximo activo de nuestra identidad. Identidad que, para ser constituida (siempre bajo la premisa consumista) nos impondría la necesidad de distinguirnos por medio de nuestras decisiones de consumo. Consumo que nos llevaría en dirección a nuestro ser auténtico, convirtiéndonos en personas “originales”, distintas del resto. Eso sí, con una pequeña salvedad no siempre advertida: en tanto consumidores permanecemos iguales a los demás, ya que el mercado nos uniforma. De esta manera, se derrumba la vana esperanza de individuación, siendo que aquello que se erigía como garante de la originalidad deseada, no se revela sino como la trampa que nos ofrece una ilusión que no puede cumplir.

Valdría mejor citar la fórmula propuesta por el escritor inglés Jason Horsley respecto a la creatividad, verdadero fundamento para toda vida que aspire al despliegue de la originalidad propia. Es la que dice que creatividad = espontaneidad + honestidad. Escuchar con atención la voz que nos habla desde dentro, que por ser nuestra es única, practicando una sana epojé que ejercite el poner entre paréntesis la multitud de mandatos, temores, imperativos que nos rodean social y psicológicamente, es el camino más auténtico para desarrollar una narrativa vital propia, verdaderamente libre y ajena a las dictaduras sutiles a las que cotidiana (y estructuralmente) estamos arraigados. En otras palabras, cuanto más nos esforcemos para ser originales, mayor es la probabilidad de que en ese camino, terminemos adoptando las múltiples ofertas que el sistema nos brinda para ello. Las que, en última instancia, no terminarán sino asimilándonos a alguna de las distintas tribus y colectivos sociales que, en aras de la originalidad, decretan su defunción. Quizás, por el contrario, el mejor camino sea acaso el más simple: para ser original, lo mejor es no intentarlo. Wu Wei dirían los chinos, pura espontaneidad taoísta.

Si como decía el Demian de Herman Hesse: “la vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el esbozo de un sendero”; no habría que olvidar, sin embargo, que la apuesta radical por la plenitud estética de la vida (a la cual los bohemios hicieron tanto honor) no está exenta de riesgos. Y es que una vez que uno elige las cartas con las cuales jugará la partida de su viaje existencial, ya no es gratuito renunciar mirando hacia atrás. "Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."

Bienaventurados sean entonces los bohemios, porque ellos recorrerán el sendero de la autenticidad plena.

Escrito en Agosto de 2016 (protegido por derechos de autor)


domingo, 24 de julio de 2016

La melancolía del padre Karras



Desde chico me sentí atraído por su figura. Lleno de misterio, depositario de un dolor insabido, arrinconado por una culpa no del todo develada. El padre Karras es un personaje memorable del cine de drama psicológico, interpretado magistralmente por Jason Miller. Si el padre Merrin (Max von Sydow) es, por antonomasia, el Exorcista, el padre Karras, a su sombra, es el ser humano en guerra contra sus propios demonios internos.

Cuando hace algunos años redacté una breve reseña sobre Jason Miller para el proyecto digital Wikipedia, definí a su personaje más estelar, Karras, como "un sacerdote melancólico, conflictuado por su crisis de fe, y angustiado por la culpa ante la muerte de su madre". Me admiraba de la situación de un hombre teniendo que hacer frente al Mal en su estado puro, al tiempo que experimentaba un enorme desasosiego frente a la obligación de lidiar con su propio sentimiento de maldad interior.


Karras tiene una mirada triste, es un hombre deprimido. Atravesando su propia noche oscura del alma, su extenso valle de desolación personal. Sacerdote, psiquiatra, y jesuita. Culposo, acosado por el profundo sentimiento de ser un hijo abandónico, por una historia no narrada, pero que pesa en su conciencia, que lo debilita en su misión de plantarle cara a ese mal que mancilla a la inocencia.

Karras sueña, y cuando sueña, su ser profundo le envía un mensaje. Su significado permanece encerrado, envuelto en un enigma. Una medalla cae al vacío. Un perro negro corre, intimidante. Las agujas del reloj van y vienen. Su madre, presencia ausente, se asoma desde las profundidades de la boca del subte. Nuestro héroe, a lo lejos, casi desesperado, le hace gestos con las manos, se esfuerza en vano por atraer su atención, por acercarse a ella. Esta, o quizás su sombra, se limita a expresar una queja, un reproche, o tal vez un pedido de ultratumba. Pazuzu, escondido, vela en las penumbras, dirigiendo la escena. Karras corre, con todas sus fuerzas, intentando alcanzarla. Busca impedir que su madre, ante su mirada,  desaparezca para siempre. Y la medalla cae una vez más. Y el misterio permanece, suspendido en el viento.




Todo parece pesarle demasiado al padre Karras, quien aún así, ofrece su ayuda a quien la necesite. Aconseja y contiene, siendo él mismo huérfano de toda contención. Su dolor es palpable, se siente, transciende la pantalla; Karras raramente esboza una sonrisa; y cuando lo hace, esta viene acompañada de ironía o bien envuelta en peculiar simulación.


Escéptico, dubitativo de los dogmas de su religión, descubre el camino a la salvación a través de un salto de fe kierkegaardiano, de una última y radical apuesta; aquella que sacrifica su vida, pero que en el camino la termina redimiendo. Y es que Karras, lo intuimos, es un hombre bueno, aquejado por su bilis negra. ¿Cúal será la raíz de tu dolor, viejo amigo sacerdote, que sólo un ser como el Maligno pudo liberar de su tormento a tu alma noble?