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sábado, 28 de noviembre de 2020

Maradona y el arquetipo heroico (por Bruno Alfonzo)

"Más allá de las opiniones particulares que cualquiera de nosotros pueda esgrimir sobre el recientemente fallecido Diego A. Maradona, es difícil dejar de considerarlo, pese a mi poca admiración por el fútbol, como paradigma contemporáneo de la figura heroica que, por curiosos designios de la historia subterránea de nuestros ritos, la antigüedad nos ha legado.

Muchos rasgos que constituyen su figura dan cuenta de esta tentativa: en primer término, su inevitable gloria atlética que, en nuestra sociedad, encuentra su apogeo en el estrellato deportivo, rasgo en absoluto ajeno a la antigua sociedad griega, cuya mayor demostración la encontramos en la marcada relevancia de la gimnasia —junto con la matemática y la música— en la educación ateniense y, en su versión eminentemente religiosa y cosmopolita, en el establecimiento de los Juegos Olímpicos que, aún hoy, tras un origen remoto de marcado sesgo mitológico del que nos informan, entre otros, Píndaro y Pausanias, constituye una parte esencial de nuestro patrimonio cultural.

A su vez, el costado bélico que circunda la concepción de la destreza gimnástica y deportiva, estrechamente relacionada por los antiguos con la cualidad guerrera. En tal sentido, Aquiles, el legendario guerrero mirmidón, es un ejemplo claro de ello: sus pies ligeros —rasgo que se volverá epíteto de su persona en la Ilíada de Homero— constituyen una definición de su personalidad y, por tanto, un rasgo medular de su condición de héroe (curiosamente sus pies son su virtud y su mortal defecto, su cielo y su ocaso. ¿Acaso algo similar no podrá decirse de Maradona?).

Si hay algo que se ha atribuido incansablemente a este último es nada menos que la felicidad que ha generado en su pueblo, eudaimonía producto de sus victorias en el campo de batalla —la cancha—, donde su destreza le ha otorgado el mote de “el mejor” [áristos]. Tales aptitudes han logrado conmover a casi todas las ciudades del mundo. Es poco probable que alguien no sepa quién es Maradona, de la misma manera que es poco factible que alguien no conozca, aunque sea soslayadamente y por medio de un atractivo Brad Pitt, quién fue Aquiles.

Hay personalidades en la historia de la humanidad a las que en ocasiones hay que acceder abstraídos de cualquier prejuicio, observando su imposición en el tejido social y cultural del que fueron parte, tratando de dimensionar —si acaso es posible— su tamaño socio-antropológico —y por qué no mítico—, independientemente de su condición humana particular, inevitablemente falible. Ninguna de estas consideraciones pretende excusar a Maradona de las actitudes que podemos ponderar de transgresoras, sino que lo que se busca es poner de manifiesto la trascendencia innegable de su figura.

La Ilíada comienza con la cólera de Aquiles ante Agamenón tras apropiarse este ilegítimamente de una mujer que a aquel le había correspondido como botín de guerra. Si quisiéramos, podríamos detenernos en este rasgo que hoy consideramos delictivo y atroz, para señalar la violencia machista del intemperante guerrero. Pero incluso así, abstrayéndonos de los contextos y las vicisitudes, y consintiendo esta visión, nada podría quitarle a Aquiles el apelativo de héroe, pues nos haría falta borrar más de tres mil años de relatos sobre su persona que hoy nos permiten continuar evocándolo —además de negar una realidad cultural que nos es parcialmente ajena no sólo en el tiempo, sino también en el espacio—.

Es evidente que la idea de heroísmo responde en gran medida a elementos que una sociedad conserva —consciente o inconscientemente, como afán de lucha o como símbolo— para sí. Hoy en día sería difícil admitir a Aquiles como nuestro héroe, pero sí podemos considerar a Maradona su actualización, que no resulta ser otra cosa que la manifestación de nuestra propia condición. Los héroes que construimos muchas veces nos resultan incómodos, pues ellos muestran de manera brutal e icónica aquello de lo que estamos hechos: es difícil escapar al héroe por mucho que lo intentemos (y es posible que el propio héroe, tras su muerte, escape de sí mismo por el solo acto del arrepentimiento, como sabemos le sucedió a Aquiles en el inframundo según nos lo cuenta Homero en la Odisea).

Maradona, al igual que muchos de los héroes de la antigüedad, fue revestido de cualidades divinas, favorecidas a su vez por la naturaleza casi parlante de su nombre mediante asociaciones habilitadas por la lengua castellana: Diego, diez, Dios. Cuando Diego tocó esa famosa pelota, el imaginario colectivo comprendió que allí no sólo estaba Maradona, sino también Dios. Que su mano era la extensión de una fuerza superior, de la misma manera que la lanza de Aquiles era guiada por la potencia de Zeus. De ello se desprende que ambos, el guerrero-futbolista y la lanza-pelota se igualaban con la divinidad.


Ha sido harto señalado el carácter divino atribuido a distintas figuras heroicas de la historia, de cuya naturaleza hierática estos hombres son herederos y portadores. Obviando este tópico, hay algo que agregar en torno de él: puede que a diferencia del caso antiguo, el heroísmo moderno haya dado lugar al ingreso de la historia, pues sabemos que Maradona ha forjado su figura no sólo a partir de sus logros en el “campo de batalla”, sino sobre todo desde la naturaleza de su origen: la pobreza. El aliciente del héroe maradoneano no se halla sólo en la victoria deportiva o guerrera, sino a su vez en el orden del progreso personal y social. Nuestros héroes, en efecto, suelen poseer esa condición superadora que también comparten otras figuras de rasgo heroico como podría serlo Steve Jobs. Nos fascinan las historias de superación personal, algo no tan afín a la mentalidad griega, en la que los héroes, por lo general, provenían de familias acomodadas —e incluso divinas—. Esta fascinación puede deberse a necesidades profundas derivadas de experiencias históricas y aportes teóricos en que la idea de clase se encuentra más arraigada, lo que explica que a pesar de haber vivido como millonario —lo opuesto a su origen—, Maradona permanezca asociado a una ideología popular, defendida por él mismo más allá de su estilo de vida apartado de las clases sociales más bajas.

Con todo, hay algo todavía más hondo que no puede dejar de señalarse, rubricado en la mentalidad de los antiguos y ratificado en la nuestra. Se trata de un rasgo esencial en la aspiración heroica: ser recordado. Eso sucedió con Aquiles: miles de años después de su posible existencia, lo seguimos cantando en los versos homéricos. Es poco probable que lo contrario suceda con Maradona. Su gloria seguirá siendo cantada por las generaciones venideras y su muerte física será remediada por la maravillosa actividad creadora de la memoria que, como sabemos, conjura la inmortalidad sin entender imposiciones morales".


📰🖋 Bruno Alfonzo (filósofo)

Artículo publicado originalmente en el dario Infobae.com

Agradecemos al autor del escrito su reproducción en nuestra Red.

🎨 Retrato conceptual de Diego Maradona. Trabajo realizado en grupo por Aldana Fraile - Cecilia Ovenloch - Cristian Aguirre - Milagros Tacchella Docente editor: Silvana Giménez, para Cátedra Salomone, Diseño Gráfico II - FADU UBA 2012.

sábado, 25 de julio de 2020

Jorge Garzarelli: La desesperanza o lo que dejó de existir

Los porqué de nuestra existencia y los para qué de la misma, conforman una partícula elemental e insidiosa de toda pregunta humana.

Las respuestas siempre son efímeras, inconsistentes y aunque por momentos pensamos que son las definitivas, una oculta prepotencia feroz las destruye y los paradigmas “verdaderos” pasan a una suerte de historia vieja. Un cuerpo oxidado posible de ser vendido al mejor postor.

Un derrumbe de la certeza, la que conforma el núcleo psicótico de nuestras sociedades.

Me parece que esto es por la velocidad, la que aparece como transparente, en el momento actual que atraviesa nuestra actividad como ser humano. Velocidad que es parte substancial de los conocimientos que hemos adquirido a partir de la omnipresencia de ondas y signos que cada vez más, nos sumergen en interrogantes que no cesan de sacudirnos con la angustia de la ausencia de alguna respuesta tranquilizante.

La causa y el efecto se autoconforman en una unidad indeleble, autodestructible, y asimismo inaprensible. Ni siquiera como la levedad de un “oxímoron”.

El conocimiento en cuanto tal, pasa a ser distanciamiento del objeto y los mismos objetos se desvanecen en cuanto aparecen.

Las mismas redes sociales que aparentan escenas románticas son las enemigas del otro, “conectándome” con superficies tentadoras que son meros espejismos técnicos.

Aquí emergen las palabras carentes de significado como si habláramos un lenguaje sin vocales.

El vacío Discurso que se publicita a un yo invadido de ilusiones sin futuro y fortaleciendo la inmediatez, las planicies del “ya” como un vestigio de lo que “ya” fue y no tiene consecuencias.

Un Discurso que fortalece como soberana a la híbrida indiferencia.

Un infortunio desesperado que anuncia que, en cuanto tengo el algo, ese algo no existió y solo fue una de las tantas ilusiones disruptivas que se generan en el devenir del sujeto.

Continuas son las heridas al narcicismo del “yo sé”, cuando el yo se vacía de lo que le es propio

Los “yoes” sin sustancia de las filosofías actuales muestran y asimismo esconden en forma constante lo escurridizo de alguna realidad posible.

El infierno de lo vacío emerge sin angustia, ya que el afecto fundamental permanece entre las rejas políticas de la gran igualdad.

Hoy en día, al estar igualados, no hay distancia que permita la alteridad propia del Renacimiento o del Clasicismo. La exigencia de lo global, de la aldea globalizada nos sumerge en la ausencia del otro semejante, sin distancias, sin proyectos, sin despliegue. Un supuesto ilimitado de poder que se anula en el instante cuántico de su emergencia. La nube atrapa todo lo que necesita para ser “cloud”.

Todo al estilo particular de un caracol enemigo de sí mismo.

No es que estemos cercanos al otro, estamos invisibilizados por un poder que deviene del panóptico que nos prepara para una unidad que se auto-destroza en el casi mismo momento en que nace.

De aquí que el amor a la ciencia, no existe como amor para que el otro despliegue, sino como enajenación narcicista en el campo de la ilusión de que, desde la ciencia misma todo va a tener una solución definitiva.

Esa es la Gran Mentira, a la que estamos “condenados” a creer como si fuera la Gran Verdad.

Hoy los mismos objetos que nos ofrecen la felicidad, son lo que la destruyen.

La religión del marketing tiene sobre cada uno de nosotros su marca, su impronta, su imprescindibilidad.

“No soy sino tengo” Es una ciega reflexión sobre lo que miramos sin ver.

He aquí el rol agónico de consumir con deleite la oferta de un mundo mejor. No pensar, no sentir no actuar es el subterráneo publicitario de nuestra sociedad deserotizada.

La muerte de la mente propia emerge como un destino inevitable. Destino del que se han apropiado los grandes centros del poder económico, el que tal como vivimos en la actualidad también tiende a autodestruirse. La misma “polis” se quebranta, y se destruye por los relatos de los mismos políticos.

El dinero enuncia en su esencia que sin el, moriremos sin haber vivido.

El engaño de la ciencia económica es necesario para la deshumanización de los vínculos personales. Hoy todos estamos juntos en una unidad negativa.

Solo tenemos que consumir aquello que se nos ofrece como el objeto deseado, mientras que el deseo humano esta politizado como la razón social o el Bien Común.

De aquí a la ilusión psicótica del bienestar general hay menos que un paso de hormiga.

En un lema atrayente por ser tan dorado como la superstición ideológica de ser más poderosos se nos indicaba que “pertenecer tiene sus privilegios”.

Inmediatamente nos preguntamos, ¿pertenecer a que o a quien? A la totalidad del uno. ¿Al uno que nos iguala?

Aquí es cuando se intercambia el afecto inherente a la condición humana por el “amor” por el objeto inútil, el que desaparece en cuanto lo consumimos.

La pornografía intenta vencer al valor del Erotismo. (Crs.La Agonia del Eros – Byung-Chul Han)

El “humanojeto” transita entre obscuridades y crepúsculos artificiales “como si” eso fuera la “alegría de vivir”. Un breve tránsito de la imposibilidad del Encuentro real.

La vida se nos ofrece como un escaparate que vende objetos discontinuos sin calidad alguna.

El gato de Chesire en “Alicia en el país de las maravillas”, tenía razón. Hay que dejar de ser uno para convertirse en miles de millones igualados, desvanecidos, desapegados de la costumbre de ser hombre y entonces nuestra omnipotencia narcicística tiene ya una realidad consistente.

Un narcicismo mortal. Darse muerte sí, pero gozando amablemente. Lo importante es que estemos en “afanisis”, que concretemos nuestra desaparición, nuestros fantasmas para no aparecer, romper y o quebrar el cerrado sistema que le teme al individuo y sus singulares y particulares proyecciones en la condición de lo humano.

Mi responsabilidad de ser libre solo es una ilusión de un yo agotado hasta en su penúltima instancia. La última será simplemente la muerte del sujeto, la que también pasa a ser unos espejitos de colores en donde el “más allá” ya lo tengo ganado porque he pagado con creces el mismísimo hecho de no haber sido persona. Solo un resplandor muy leve de lo que es ser un ser humano (pero necesario para ser administrado por el Gran Poder)

Los robots (Cfr.El Golem - J.L.Borges) pasan a ser amos de su propia esclavitud.

El “homus economicus” es victorioso, solo sobre los despojos que dejan el hambre, la injusticia, la guerra, la destrucción de principios y valores, la corrupción, el quebrantamiento del orden preciso de la naturaleza de nuestro planeta. La lista es numerosa e insistente.

El sistema actual no deja da pasar revisión al cercano y al lejano para ir con rapidez a allanar cualquier lucha que contenga la nobleza de la verdad y de la libertad.

¿Cuáles son los valores que se sustentan en la actualidad? Los busco y encuentro deformidades, desarticulaciones, inconsistencias, arbitrariedades en los que la substancia es efímera como una onda sin rumbo.

Líneas paralelas que se juntan en el punto 0 y además sin infinito.

Aquello de que el aleteo de una mariposa tiene sus consecuencias en algún otro lugar ignoto parece ser una estupidez metafórica. El descrédito y el deshonor luchan por sobrevivir en medio de miles de millones de corpúsculos sin consistencia que conforman el no-ser.

La última pregunta es aquella que no se puede preguntar porque nunca tendrá una respuesta cuando “ya” haya desaparecido el que la hizo.

Jorge G.Garzarelli – ph.D
Profesor Emérito - Universidad del Salvador
2020
Email: psiquis42@gmail.com


lunes, 13 de julio de 2020

Encuesta sobre creencias religiosas en el mundo



📌 Una encuesta sobre el fenómeno religioso con proyección internacional fue publicada en el año 2015 por la empresa de consultoría e investigación Voices!, con sede en Argentina.

Y aunque los resultados de estos trabajos necesitan ser periódicamente revisitados, los datos reflejan que con excepción de Europa Occidental y otros pocos países, las creencias religiosas siguen firmes a nivel mundial.

⚠ Muestra: 66.000 personas en 68 países del mundo.

Según los resultados obtenidos,

✔ el 63% de la población mundial se declara religiosa; el 20% no, y el 11%, ateo convencido.

✔ el 90% de la población tailandesa se manifiesta creyente, siendo el país más religioso del mundo.

✔ el 61% de la población china se declara atea, sólo el 7% afirma ser creyente (no habría que dejar de considerar la peculiaridad del régimen político y social de censura que gobierna ese país).

✔ África y Medio Oriente son las regiones con mayor población creyente del mundo: entre el 82% y el 86% de la población, respectivamente.

✔ Europa Oriental y América ocupan el segundo y tercer lugar por creyentes: 71% y 66% de la población.

✔ Europa Occidental y Oceanía son las regiones menos religiosas del mundo: según la encuesta, la mitad de la población lo es y la otra mitad no.

❗ (Para leer la nota completa, sugerimos descargar ambas imágenes, las cuales están en formato .png de alta resolución).
© Publicado originalmente en el suplemento "Valores Religiosos" del diario Clarín (Mayo 2015).

viernes, 20 de abril de 2018

Sobre el imperio de la Imagen


"Nadie sabría decir si el sexo ha sido liberado o no,
si la tasa de goce sexual ha aumentado o no. Tanto en la
sexualidad como en el arte, la idea de progreso es absurda.
Por el contrario, la obscenidad y la transparencia progresan
ineluctablemente, justamente porque ya no pertenecen al orden del deseo, sino al frenesí de la imagen"

Jean Baudrillard, "El Otro por sí Mismo"