viernes, 4 de agosto de 2017

Sobre misticismo y psicopatología...


"El hombre desea, aspira a la unificación con el/la amado/a, unio mystica. La beatitud inmediata que procuran esas imágenes del sueño hace que deseemos reproducirlas durante el día, en la verdadera vida de todos los días. ¡Ay! Todavía debemos llevar el auto al lavadero...cortar el cesped...El hombre normal no lo logra, sólo el hombre anormal, el hombre excepcional lo consigue. No obstante, el relato de sus experiencias nos muestra este estado tan deseado bajo otra luz. Encontramos tales relatos donde de repente no los esperamos, particularmente en los místicos: Hadewijch, San Juan de la Cruz, Ruysbroeck, incluso Pascal. Todos hablan, en efecto, de unificación. Y en sus descripciones vuelven a aparecer constantemente los mismos rasgos. Primero, una presencia inmediata de algo, designado como Dios en la mayoría de los casos. Segundo, la posición pasiva: el místico o la mística no tienen la posibilidad de introducirse en forma activa. Y tercero, la experiencia es inefable: no podemos ni decirla ni describirla. Esta experiencia es una experiencia de extremo dolor y de goce que -característica que encontramos sistemáticamente- devora al individuo. Él mismo, en tanto individuo, deja de existir. Encontramos una descripción -o hay que decir apreciación-diferente en el dominio de la psiquiatría. Este estado de unificación con el entorno original, separado de todo retroceso reflexivo, es la psicosis alucinatoria, este ensueño nocturno del que el sujeto no puede, o puede apenas, despertarse. La diferencia principal con el misticismo es que aquí no hay beatitud, sino una angustia apenas nombrable". 

Paul Verhaeghe, "El amor en los tiempos de soledad", p. 68/69.

viernes, 28 de julio de 2017

El Héroe del Conocimiento (por Dr. Jorge Garzarelli)

"Prometeo trayendo el fuego", por Jan Cossiers

EL HEROE DEL CONOCIMIENTO, por el Dr. Jorge Garzarelli
(capítulo VII de la tesis doctoral del Dr. Garzarelli, cedida gentilmente para ser compartida en este blog)

En todos los mitos aparecen multiplicidad de dioses que sienten, piensan y actúan como los mortales. Esos mitos aparecen en la actualidad como transformaciones de hechos que, en otros tiempos habrían sido experiencias hierofánicas.

Este producto de lo más profundo del mundo antiguo, también nos enseña una posición humanística, explicada con palabras que aun no han sido del todo bien escuchadas e interpretadas. ¿Será ése el motivo por el cual esta palabra del mito insiste en ser dicha?.

Esta palabra es la que nos orienta hacia una realidad que alguna vez pudo ser histórica, llegándose a convertir en mito. Así aparece investida de una función significativa que escapando del control individual pasa a ser colectiva, emergiendo como un fenómeno secundario más elaborado y comprensible. Tal podrían ser los orígenes de algunos mitos. Pero esto se hunde en la obscuridad del pasado. Más que nada podríamos utilizar esta conceptualización para aquellos mitos en los cuales, es claramente determinable, objetivar su origen en hechos de la realidad y confirmados por la historia misma.

Desde la antigüedad, el hombre ha tenido inquietudes de naturaleza perentoria en el orden del querer saber de donde venimos y hacia donde vamos. Preguntas que, en muchas oportunidades hemos podido reconocer en los mitos, pretendiendo dar respuestas a estas cuestiones impenetrables, profundas y angustiantes que el ser humano se planteó. Aún hoy mismo, continua planteándoselas.

Ha ocurrido y ocurre que el hombre respecto de sus orígenes, vida en el más allá del mundo que lo rodea, y por esto se ha sentido al decir de Cencillo desfondado” (L. Cencillo-1958), rodeado de misterios, intuyendo trans-realidades que en nuestra época surgieron con una cierta organización, las que son sin duda motores para el desarrollo de las ciencias.

En los mitos podemos observar una fuente privilegiada de conocimientos. En ellos existen saberes esenciales que devendrían de reflexiones sobre el medio en que les tocó existir y la determinación fantástica del inconsciente.

El hombre utilizando el lenguaje, habría podido enfundar y trasladar el mito, probablemente no metodologizado tal como hoy lo tenemos presente ante nuestra forma de conocer.

El mito aparecería en un momento determinado como lenguaje con elementos expresivos, signos y fonemas usados para nuestra lógica en forma relativamente arbitraria, lo cual nos permite pensar de otro “habla”,de otro pensamiento ordenado según otras reglas y con normas con intenciones diferentes. Probablemente no tan diferentes a las que conforman la creación poética.

EL MITO - UNA CREACION

Este hombre, creador de mitos, seguramente no se habría atado de un modo fijo a su realidad y habría cambiado con el medio. De este cambio habrían surgido nuevas formas de pensar y de crear.

El mito, así posee una función peculiar y parece tener hoy en día, la idéntica urgencia que miles de años atrás. Respuestas urgentes a demandas de idéntica índole. Los mitos seculares que hoy se nos presentan, ya poéticos, sociales, espaciales, morales, mantienen una función que los distingue: hallar sentido a la vida, formando fondos básicos, esenciales, cuya importancia aumenta a medida que van perdiendo racionalidad científica.

Todo el mundo mítico, es un mundo de interrelación, coexistiendo mitos más ricos y otros más pobres. Estos últimos vendrían a llenar en forma positiva, el lugar que periódicamente habrían dejado vacío los otros. Todo indica que el hombre no puede vivir sin sentido y que en todo momento exige una cierta clase de ideas, creencias y representaciones desde las cuales pueda vivir y actuar.

El mito, viene a ser en cuanto concepto, una lectura de los aspectos más profundos de la vida. Lectura que debería interpretar los mismos con una lógica diferente a la convencional, una lógica no histórica, excepto en aquellos relatos en que si sea posible reconocer al hecho en así como perteneciente a la realidad misma. Esa otra lógica “imposible y arbitraria”, en mucho nos acercará a otras similares producciones del inconsciente.

Para ubicar con alguna certeza las circunstancias creadoras de un mito, se hace necesario tener en cuenta la presencia de un prototipo que aparezca como fundamental, puesto que ésta, como símbolo humano, pone evidentemente, en movimiento la mentalidad simbólica que duerme en cualquier individuo conminándolo a concretar en torno al discurso mítico, algo que haya sido depositado en su vida como cuerpo extraño y que pueda ser proyectado imaginativamente desde la narración de su origen, hacia un medio que lo pueda trascender.

Una proyección de los prototipos históricos humanos (héroe, amante, madre, sabio, etc.), son los más habituales productos de la actividad imaginativa inconsciente de todos los hombres.

El pensamiento simbólico, que ha dominado parcialmente el mundo de la antigüedad, se transforma en un discurso simbólico por excelencia. Mucho de la conciencia arcaica (inconsciente), es explicada por el mito.

El mito aparece como una de las más altas manifestaciones de esa capacidad que posee el hombre y a la que llamamos imaginación. Lleva de este modo el símbolo, una marca que lo enuncia como perteneciente en forma indubitable y en el grado más alto, al mundo del mito.

La misma polisignificancia del símbolo lo hace rico y poderoso. De ahí que ascienda a las alturas de lo místico y del arte, siendo probablemente el “discurso más propio del espíritu humano”. (Escritos de filosofía-Bs.As., 1978).

El símbolo como tal, habría permitido que el mito transcurra desde sus orígenes sin ninguna fisura, formando un bloque homogéneo y pleno de sentido. Habría habido una intensa fusión entre lo que es verdadero y lo que se presentaba antagónico. Viniendo desde la “obscuridad” del hombre, viniendo desde su inconsciente, no tiene contradicción entre lo que es y lo que no es.

Esta propiedad mítica, hará que durante largo tiempo se mantenga inalterado, puro, aceptado como verdadero. Tal la consistencia mítica, cerrada, autosuficiente, y que coloca a lo mitológico más allá de lo que podría ser considerado verdadero o falso.

Será en este espacio, donde símbolos, ideas, y palabras se hallan en completa armonía.

Más no era así, un lugar armónico, el mundo de los dioses y de los hombres. Como toda familia, tenía sus conflictos, ya entre los dioses, ya entre dioses y mortales o ya entre los mortales mismos.

PROMETEO - UN DIOS HUMANO

Un notable ejemplo es el que nos propone el mito de Prometeo, aparecido dos veces en la obra de Hesíodo. Una primera vez en la Teogonía y una segunda en Los Trabajos y los Días. Ambas referidas al robo del fuego por Prometeo, complementándose la una en la otra.

En la Teogonía, aparece por una parte, Prometeo y Zeus por otra, acompañándolos Atenea y Hefesto, quienes intervienen en las decisiones finales. En Los Trabajos, aparecerán Prometeo y Epimeteo, representando a los hombres y Zeus (asistido por Hefesto, las Cárites, Peithó (la persuasión), Afrodita, Athenea y Hermes), representando a los personajes divinos.

Todo el mito de Prometeo se referirá a un duelo de astucia entre el titán y el dios. Mientras que en la Teogonía el duelo se desarrolla entre dioses y hombres, aún unidos; en Los Trabajos, dioses y hombres se confrontan en dos campos diferentes.

Esta leyenda de Prometeo ocurre en el “tiempo en que litigaban en Mecona, los dioses y los mortales. En tal ocasión con corazón benévolo, Prometeo, dividió un gran buey y lo puso delante de todos. Quería engañar la mente de Zeus. En una parte bajo el cuero, puso las carnes y las entrañas recubiertas de abundante grasa, tapó todo después con el vientre del buey. En otra parte, disponiéndolos con arte engañosa, colocó los huesos desnudos del animal ocultándolos bajo la blanca grasa”. (Hesíodo-1979)

Luego le dice a Zeus, (quien previamente había descubierto el engaño), que elija su parte. Escogiendo la parte blanca, sintió un profundo rencor contra Prometeo y los mortales, que habían salido favorecidos por aquella astucia. Para castigarlos decidió no volverles a enviar el fuego. Prometeo robando semillas de fuego, las llevó a la tierra ocultas en un tallo de férula.

Existe otra tradición en la que se señala que el fuego fue sustraído de la fragua de Hefesto.


DEL CASTIGO

Zeus, en tanto, castiga a los hombres y a Prometeo.

Dos castigos singulares. Contra los primeros Zeus, ideó un ser modelado ex profeso, Pandora, mientras que a Prometeo lo encadenó con cables de acero en un monte del Cáucaso, enviando un águila que le devoraba continuamente el hígado a medida que éste se regeneraba. Como vemos, otra vez aparece en el mito el tema de la repetición y de la castración. Mitemas que consolidan, el primero al mito de Sísifo y el segundo a la secuencia mítica, Urano/Tierra/Cronos/Afrodita.

Prometeo encadenado, será el tema de una de las más de ochenta tragedias que escribiera Esquilo, la mayoría lamentablemente perdidas. Será éste el autor que perfeccionará el arte de representar en un escenario con caretas que expresaban los sentimientos humanos, alegrías, vicios, pasiones, ilusiones, etc. En esta obra el poeta volcará sublimes y nobles sentimientos que hacen resaltar la idea de lo moral en continua lucha, contra las fuerzas del egoísmo, en este caso del dios de dioses.

Prometeo, en esta obra, es encadenado por la fuerza representada por Vulcano (Hefesto), y el poder de Júpiter (Zeus). El motivo también siguiendo la tradición abierta por Hesíodo, será el robo del fuego (lo que estará simbolizando el Conocimiento).

¿No será acaso este encadenamiento a una roca al borde de un precipicio como el drama de la inteligencia (el Yo), que permanece condicionada, imposibilitada en forma relativa de manifestar su poder en plenitud?.

Existe una lectura que se refiere a, que Esquilo habría escrito en esta obra, siguiendo el argumento original del mito, una proyección de sí mismo en una actitud de rebeldía frente a la tiranía política que reinaba en su patria en aquellos momentos.

De este modo, podemos observar, como un mito de origen desconocido puede llegar a ser resignificado (en un proceso de elaboración más conciente, por lo que aparece como producción cultural específica), a los efectos de leer e interpretar la realidad actualizada siguiendo patrones prototípicos que los sostienen.

Prometeo aparece como un hombre iluminado por una chispa de su divinidad que intenta adelantarse a su época luchando por la libertad de los mortales. Lo consigue.

Extraña asociación de un dios, que toma partido por los mortales. Ya Tántalo, con otros motivos menos ideales, había realizado una acción relativamente similar, al acercar a sus amigos mortales, el néctar y la ambrosía de los dioses, siendo, a pesar del afecto divino, castigado por la eternidad a sufrir el deseo de tales exquisiteces. Nada menos que los elementos que le otorgaban la inmortalidad a los dioses.

FAMILIA DE DIOSES

Es oportuno aclarar que según la leyenda, Prometeo sería familiar (primo) de Zeus, ya que ambos fueron hijos de Titanes; Zeus de Cronos y Prometeo de Jápeto.

Respecto de la madre de Prometeo, existen dos tradiciones; una que lo hace hijo de Asia, a su vez hija de Océano y la otra que lo hace hijo de Climene. Esta diosa, engendrará de Jápeto, también a Atlas a Menetio y a Epimeteo de “espíritu extraviado, el cual, desde el principio, fue causa de males para los laboriosos hombres, al recibir, una virgen forzada por Zeus” (Hesíodo-1979). En otra tradición, esta diosa, Pandora, aparece formada por barro por el artista Hefesto, el mal habido esposo de Afrodita.

Esta alternativa, de tomar partido por los mortales, aparece simbolizada por la doble naturaleza de Prometeo. Es un semi-dios, hijo de un dios, Jápeto y de una mortal que a su vez comparte la divinidad. Otra tradición lo hace a Prometeo, hijo de Jápeto y Temis.

Este Prometeo, en su parte humana, anhela que la fuerza y el poder del espíritu sea patrimonio de todos. Será norma que cada uno alcance su propia iluminación, que desarrolle su propia inteligencia.

El conflicto se manifestará entre los poderes del conocimiento y los impulsos irracionales, aquellos que la razón se ocuparía en refrenar, de tal modo que haría que el hombre preste oído a las voces de lo emocional (en el relato simbolizadas en las Oceánidas, divinidades del mar).

Acercándonos psicoanalíticamente, podremos situar el conflicto a nivel del Ello y Superyó, en donde el Yo permitiría una relativa salida a nivel de su propio y obscuro masoquismo, tolerando el sacrificio de una parte de sí. Esta situación actuaría paradigmáticamente como ideal para los otros mortales.

No obstante podemos decir que un momento maníaco, insuflado de pensamientos omnipotentes, serviría de sustrato al siguiente paso, en el que Io, una virgen bicorne amada por Zeus, desea saber de qué se le inculpa a Prometeo. En el diálogo entre ambos, Io le relata a Prometeo sus propias desgracias, siendo consolada por éste prediciéndole que Zeus la amará y la volverá a su primitivo estado (ya que ésta había sido convertida en vaca, perseguida constantemente por un tábano), pronosticando la caída de Zeus. Ocaso de los dioses.

Io, en la mitología común, representa a la luna errante en su carrera por el cielo. Otra interpretación anterior, la simbolizaría como la mente dual, la vegetativa y la instintiva, siendo el tábano el digno representante del Deseo.

Zeus había jurado no liberar nunca a Prometeo; no obstante cuando Heracles (Hércules), pasa por el Cáucaso, mata de un flechazo al águila, salvando de este modo a Prometeo. Zeus queda satisfecho por la proeza de su hijo, pero para que su juramento no quedase en vano, ordena a Prometeo llevar un anillo con el acero de las cadenas y un trozo de la roca a la que había estado atado, de tal modo que el titán permaneciese fijado a su castigo. Pero, otro hecho venturoso libera a Prometeo de tal castigo. El centauro Quirón, herido por una de las flechas de Heracles, dolorido deseó morir; pero como era inmortal debía encontrar a alguien que aceptase su inmortalidad. Prometeo lo ayuda y pasa a ser inmortal. Zeus acepta la liberación e inmortalidad de Prometeo, quedándole agradecido por una revelación de un antiguo oráculo que le revelaba por medio de Prometeo que tendría un hijo con Tetis, que siendo más poderoso que él, lo destronaría. Prometeo, cabe recordar que poseía el don de la profecía.

EL DADOR DE CONCIENCIA

Existe una leyenda respecto en la que se muestra a Prometeo, originando la raza de los primeros hombres, por mandato de Zeus, quien no solo desconfiaba de Prometeo sino también de su obra. En la Teogonía no aparece este dato, siendo más bien Prometeo, considerado un bienestar de los mortales.

En este sentido Prometeo es presentado como un intercesor entre los dioses y los hombres, con lo cual en no poco se acerca al ejercicio de lo religioso, entendiéndose este término como “re-ligare” re-unir, aquellas partes que previamente habían sido separadas.

Un ejercicio que desde el punto de vista psicoanalítico tendría que ver con una de las funciones del yo, esa de mantener la homeostasis entre las dos instancias, Ello y Súper-yo dentro de la estructura psíquica, además del vínculo armoniosa con la realidad externa.

Cabe aclarar que “lo religioso no puede ser encontrado en los niveles inconcientes de la personalidad, sino que supone una intencionalidad conciente, o al menos pre-conciente, que alguna vez el sujeto hizo suya”. (Rodriguez Amenabar-1982)

En Prometeo se trataría de unir al dios Zeus, con los hombres, obras de Prometeo no bien consideradas por el dios, tal como una obra yoica no bien vista por los ojos severos del Super-Yo. Una obra del hijo descalificada por el padre. El padre Prometeo desea el bien para sus hijos siguiendo el orden que presenta el conocimiento.

DE LA ESTRUCTURA PSIQUICA

Al hablar de Yo, nos estamos refiriendo a aquella instancia, ya conceptualizada en la segunda tópica freudiana. Un Yo que media entre el Ello y la realidad externa, que asume demandas instintuales de aquél y que tratará por diferentes caminos de satisfacerlo. Es en este intento que al mismo tiempo establece una huella mnémica a recorrer en la emergencia de otra demanda instintual similar. De este modo se produciría un recuerdo que servirá al equilibrio de todo el sistema.

Este Yo, característico del primer período infantil, se lo podrá observar preocupado por su propia conservación defendiéndose contra las demandas excesivas de las partes antes mencionadas. Para todas estas operaciones se guiará por las formas que le propone el Principio del Placer modificado.

El tema del Yo es motivo constante de teorización por parte de Freud, a lo largo de su obra, es por esto que podemos leer en “El Malestar en la Cultura” que el “Yo se continúa hacia adentro, sin límites precisos, con una entidad psíquica inconciente que denominamos ello y a la cual viene a servir de fachada (...) es el enamoramienbto por el cual pasan todos los hombres” (Freud –1968)

Estado no de enamoramiento, pero si de amor, presenta Prometeo por los hombres,quien tratará de disfrazar, distraer, embaucar al dios para obtener mejores dones para con aquellos. Tal es parecido su trabajo a aquel del Yo, cuando trata de satisfacer la demanda instintual (el hambre de los hombres) ante la privación que deviene del Súper-yo (representado en el mito por Zeus).

De esta estructura yoica, que mencionamos anteriormente, se han desarrollado diferentes conceptualizaciones, pero ninguna deja de sostener, tal como originalmente la realizó el Psicoanálisis, que proviene de una diferenciación del obscuro Ello, siendo su parte más superficial y en obligado contacto con las dos realidades, la interna y la externa en un continuo ir y volver, topologizado por la cinta de Moebius. De tal modo que, aunque externalizado el Yo siempre va a exhibir el sello de origen que deviene de continuo de su “padre”, padre soma.

Entre las funciones que posee la instancia yoica, encontramos:

a) Ligazón de líbido libre a objetos del mundo externo,

b) Interponer una cierta actividad intelectiva para con las exigencias del Ello, realizando tanteos de acuerdo a experiencias anteriores rememoradas, por lo cual podrá el Yo diferir, realizar o suprimir la pulsión.

c) Funciones de autoconservación del individuo.

d) Ejercicio del “juicio de realidad”.

e) Establecer un frente de combate a dos niveles: externo-interno, tratando de mantener una homoestasis por medio de defensas no siempre muy efectivas cuando se trata de lo venido del medio interno (siendo ineficaz y totalmente imposible, la fuga frente a los propios instintos), debido a la identidad de origen con este “enemigo” y a aquella vida íntima, que en común han llevado.

Es interesante señalar como en el mito de Prometeo y en la misma persona del dios hombre, se puede encontrar alguna de las funciones que les asignamos al Yo.

De aquí que Prometeo ligue, a hombres y a dioses, o por lo menos lo intente, interponiendo algún tipo de actividad intelectiva para que aquellas exigencias de los hombres puedan ser cumplidas satisfaciendo su deseo de conocimiento. El mismo Prometeo realiza ciertos tanteos (que desagradan a Zeus, sintiéndose engañado por las acciones de aquel, que desembocan en los castigos mencionados, tal como actuaría punitivamente nuestro Súper-yo ante alguna actitud yoica con tal de satisfacer algún deseo instintual prohibido). Prometeo, obra con astucia, ejercitando algún tipo de juicio de realidad a los efectos de conservar su creación. Pero, el tipo de defensas utilizadas no parecen haber sido del todo eficaces; Zeus en su divinidad conocerá la divinidad y la misma mortalidad de Prometeo. No olvidemos que, el mismo Súper-yo ha nacido desde un hundimiento en el piso yoico por la imperiosa influencia de las autoridades paternas y sus subrogados. Algo común une a Zeus y a Prometeo y algo común une al Súper-yo y al Yo.


Retomando las funciones yoicas, observamos que el Yo puede llegar a perder fuerza en el vínculo con el vínculo con el medio externo, al tener que perentoriamente obedecer al Ello, con lo cual podrá llegar a fundar estados patológicos. No obstante, frente a los estímulos del medio ambiente y siempre recurriendo a su memoria, actuará por fuga frente a aquellos que sean demasiado intensos, enfrentando por adaptación a los de calidad moderada y modificando lo exterior a su convivencia por medio de actividades específicas. El aumento o incremento de las tensiones libidinales será sentido como displacer y viceversa. En este sentido más que las cantidades absolutas de esas tensiones, lo que va a intervenir van a ser algunas particularidades rítmicas de las mismas. Obviamente, el Yo, tratará de cualquier modo evitar situaciones displacenteras, siendo por lo tanto otro de sus fines. En esa evitación del displacer, el Yo, se guiará por la percepción de ciertos afectos señales tales como la angustia que indicará algún tipo de amenaza o de peligro para la estructura psíquica.

Como tal en el mito que leemos, el estado patológico que le podemos asignar a Prometeo, será esa insistencia (sabiendo de la omnipotencia de Zeus) en querer burlar al dios. Prometeo no puede fugar de él. Pero, tan fuerte parece haber sido, la necesidad de nuestro héroe en satisfacer las demandas de los mortales que aún así, y para evitar la situación de displacer que devendría de no poder conseguir finalmente el objeto “fuego”, (para quienes según la leyenda también podrían ser sus hijos) decide siguiendo su criterio de realidad indubitable, continuar su obra con el objeto de completarla. El autor del mito parecería habernos sugerido que el hombre es un ser incompleto de no poseer ese conocimiento que lo acercaría al punto de las verdades mismas, el punto de encuentro con los dioses y con su plena sabiduría.

Tal como el Yo, Prometeo tantea, prueba, siguiendo a Eros, renegándo de Thánatos el que se correspondería con la negación. Thánatos mismo llegaría a la instancia yoica, ya que el “no” no tiene representación en el inconsciente.

A tal punto que Prometeo pierde (y no teme perder, tal como el pequeño yo infantil sentiría el pánico ante el ser abandonado por sus padres), la protección de Zeus.

Prometeo en este momento ocuparía el lugar de los procesos defensivos, actuando como aquel en el que el Yo se disocia frente a su posible aniquilación. Un Prometeo seguirá el derrotero marcado como castigo por el dios y otro Prometeo quedará inmortalizado en el espíritu humano como su supremo bienhechor.

PROMETEO LIBRE

Prometeo aunque encadenado, es libre en su interior, por haber conseguido para sus otros-semejantes,el conocer que los llevará (aunque con sus propios esfuerzos), a sus propias libertades.

Una libertad que como tal se manifiestará en forma discontinua e incompleta, siendo necesario un constante esfuerzo propio para ser mantenida.

Otra forma de acercarnos a Prometeo estará vinculada a la disociación en ese dios inmortal que tanto se acerca al concepto psicoanalítico del Ello, ya que éste se comporta como un inmortal. Espacio-tiempo no será posible de ser reconocidos en esta instancia que está más allá del bien y del mal. Instancia en la que todo es como un caldero hirviendo en donde lo instintual, siguiendo el principio del placer-displacer, será todo posible, aún aquello que sea lo contradictorio en si-mismo. Una división tan taxativa sabemos que es imposible, por causa de la derivación del Yo a partir del Ello, pero es casualmente por tal derivación que Prometeo ocupa esta metáfora sin fronteras precisas. Metáfora que en este mito hará referencia a una tarea del Psicoanálisis, aquella que clásicamente apuntará a que “donde era Ello, Yo ha de advenir”.

El haber mencionado a Zeus, nos compromete a aclarar algunos conceptos que hacen relación con el Súper-yo que este mito como muchos otros nos propone.De aquí la moral mítica.

Esta instancia super-yoica, observará al Yo, le impartirá órdenes, lo corregirá, lo amenazará con castigos, tal como previamente lo hicieron los padres del niño, cuya plaza ha venido a ocupar internamente.

Las funciones judicativas de esta instancia, serán las que sentiremos como conciencia moral.

Llama la atención que este Súper-yo despliegue por momentos una severidad tanto cuanto mayor que la que los padres o subrogados hubiesen sentado precedentemente.

Tal como un dios omnipotente y omnisapiente, el Súper-yo llamará a rendir cuentas al Yo, no solo por sus acciones, sino también por sus pensamientos o intenciones, las que parece conocer con mucha exactitud.

Este Súper-yo va a heredar ciertas características del núcleo conflictivo central de toda existencia humana. El conflicto edípico.

Freud nos indica que, “indudablemente, alguna parte de las adquisiciones culturales, han dejado tras ellas un precipitado en el Ello y mucho de lo que aporte el Súper-yo, despertará un eco en él". (Freud – 1968).

EL PAPEL DEL MITO

En este aspecto es inevitable dejar de mencionar el papel que los mitos han tenido y tienen en la cultura de los pueblos, tanto en sus primitivas formas como en aquellas en las que no es posible reconocer una mayor diferenciación y elaboración, o bien en sus expresiones individuales como grupales.

De este modo ha sido posible reconocer algunos mitos en los que el aporte fundamental estará dado por los ejemplos de moralidad o algún tipo de característica del grupo que sostenga tal mito.

Es aquí, donde el Súper-yo aparece enfundado con un mundo simbólico que le es propio, ya por sus aspectos morales, ya por sus aspectos culturales. Mundo pletórico de símbolos fundamentales que son connaturales al psiquismo humano.

Este mundo simbólico del Súper-yo al que nos estamos refiriendo, será trasmitido de generación en generación. Será difícil reconocer lo que pertenece a la esfera individual de aquello que constituye un bien cultural común a la colectividad.

He aquí que aquel enlace entre Natura y Nurtura que desde hace mucho tiempo nos mantiene ocupados, hace vínculo, metonomizado una en la otra.

Estos símbolos tendrán un amplio espectro de manifestaciones que va desde las más íntimas y propias hasta las más espectaculares y sociales.El arte estará aquí para ofrecerse como paradigma de este arco iris simbólico.

Será en ese mundo simbólico donde el hombre dejará su impronta en forma de cultura.

Y será en nuestro mito de Prometeo en donde la marca de la diferencia entre lo divino y lo mortal, lo súper-yoico y lo yoico, aparece simbolizada, proponiéndonos un modelo, una cosmovisión de lo que supone el conocimiento y la libertad que de él deviene.

Temas que son una constante en la humanidad. Temas que también han tenido lugar en los tiempos del mito, por haber tenido la perentoriedad de lo instintual y su manifestaciones representables.

Ya en el deseo de saber, ya en la libertad, ya en la rebelación contra un orden antinatural (el de los dioses para con los hombres, sospechosos para el dios), etcétera, el hombre intentó dar respuestas, desplegando para esto toda su capacidad imaginativa. Esta se ve con claridad en los temas de los diferentes mitos que podemos seguir estudiando y en donde con toda seguridad puede descubrirse “aquellas verdades” que se seguían, con tanto ahínco de ser “sabidas”. Es que, a mi entender lo mismo que el hombre mítitco se preguntaba, estaba respondido en la misma formulación mítica.

Y en otra no menos importante pregunta se hizo el hombre de aquellos tiempos (y aún hoy nos seguimos formulando), Pregunta que daría origen al Psicoanálisis: ¿Qué desea la Mujer?

LA MUJER MITICA

De esta demanda también da cuenta el mito prometeico.

Tanto en la Teogonía como en Los Trabajos y los Días, Hesíodo relata el advenimiento de la mujer en el mundo de los mortales.

Fue por causa del engaño de Prometeo en el robo del fuego de los dioses, que Zeus ordena modelar en barro a Hefesto una forma semejante a una venerable virgen. Fue adornada con un brillante vestido y un cinturón por la diosa Atenea, quién también dispuso alrededor de su cabeza unas coronas de flores frescas que rodeaban a una corona de oro forjada también por Hefesto. En esta corona el cincelador, representó muchos símbolos trabajados artísticamente. Afrodita interviene derramando gracia sobre la cabeza de este nuevo ser humano y un “deseo penoso junto a preocupaciones que devoran los miembros”. (HESIODO -1979). A su vez Hermes, el mensajero de los dioses y matador de Argos, le otorga un espíritu cínico y un corazón inclinado al robo. Fue un heraldo de los dioses el que le otorgó la voz y llamó a esa mujer “Pandora”, “porque todos los dioses que habitan las moradas del Olimpo hicieron tan desdichado presente, el que fue luego de tristeza para los laboriosos humanos”. (HESIODO - 1979).

Este presente fue el que recibió Epimeteo, por intermedio de Hermes sin haber entendido lo señalado por su hermano Prometeo de que no aceptase nunca algún regalo de Zeus y que lo devolviera a fin de que nada malo sucediera a la raza de los mortales. En el momento en que lo recibió Epimeteo se da cuenta que el mal era ese.

Prosigue el autor diciendo que al principio el genero humano vivió sobre la tierra sin dolores, arduos trabajos y penosas enfermedades que dan muerte, pero la mujer habiendo quitado con sus manos la gran tapa del cántaro con la que venía provista, disperso esas miserias y comenzaron para los hombres los grandes sufrimientos. Sólo la esperanza quedó encerrada allí...

"Pandora", según Thomas Kennington (1908)

Este tema de la mujer seguirá siendo un enigma, tal como la considera el espíritu del mito. Un misterio del que solo se podrán hacer conjeturas.

Este mito de Prometeo que ofrece tanta variedad de interpretaciones, nos conduce primordialmente, desde el punto de vista psicoanalítico, a ser leído estructuralmente. Prometeo será el hombre cautivo entre leyes que no soporta, las de su época, las de su herencia. Encerrada de este modo su naturaleza, se verá obstaculizada e imposibilitada para manifestarse en plenitud. Un Yo que destruye mordazas y “dice”, (tal el Yo del mito, un Yo que habla), de su deseo de liberación.

El Prometeo inferior, el instintual, deberá quedar realtivamente “encadenado”, reprimido para que se de el desarrollo de su ser humano (sublimado), en el acceso a la cultura. No aquella que genera el horror, sino aquella que genera la Belleza y como tal el Bien y el acceso a la Verdad.

Pero tal como prosigue el mito, Prometeo no es castigado “in aeternum” por el dios de los dioses y de los humanos, sino que más bien éste, ve con agrado los trabajos de Heracles, entre los cuales mata al buitre que de continuo devoraba las entrañas siempre nacientes del encadenado. Tampoco rechazará la inmortalidad que recibirá Prometeo. Es como si él “autor del mito”, intuyera la posibilidad de un cambio substancial en la naturaleza del Súper-yo. Tal esta modificación en la figura del dios.

Prometeo aparece de este modo encadenado a aquello de la naturaleza humana que posee de común con la intuición directa del saber. Intuición que para nosotros, deviene del obscuro Averno que habita en nuestro interior, el inconsciente mismo.

Extraña advertencia la del poeta que dice:

Las cadenas que más nos encadenan son las que hemos roto”. (A. Porchia – 1978)

Jorge Garzarelli es doctor en Psicología por la Universidad del Salvador. Profesor Titular de la Cátedra de "Psicología de la Religión" en dicha casa de estudios. Desarrolla múltiples actividades académicas, además de ejercer como analista en la práctica privada. Su tesis doctoral, de la cual el texto reproducido forma parte, se titula: "El mito: acerca de su producción en el inconsciente" (1987). Es autor, además, de los libros "Psicosociología del Turismo" y "Psicología del Deporte".

sábado, 22 de julio de 2017

La cosa o la nada

Fotografía: Hiroshi Sugimoto

¿Por qué hay algo y no, más bien, nada? Pregunta fundamental formulada por Heiddeger, Leibniz, Schelling, Unamuno, y por muchísimos de nosotros... la humanidad en general.

¡Metafísica pura! Es la interrogante suprema, el punto de partida de cualquier explicación a las interrogantes sobre lo que nos rodea, incluyéndonos nosotros mismos, que nos preguntamos sobre la existencia misma. Es una pregunta que quita el sueño, que nos desgasta, que posiblemente no tenga respuesta, o que tenga muchas, dependiendo de quién se lo cuestione, pero, definitivamente, es la mayor interrogante que un ente puede hacer sobre sí mismo.

¿Por qué hay algo y no, más bien, nada? ¿Qué es ser algo y qué es ser nada? Para ser algo es indispensable la posibilidad de ser; todo, absolutamente todo lo existente, para existir, requiere del ser: si no es, no existe; si no existe, es nada. El ser no existe, es abstracto, inenteligible, lo que existe es lo que está siendo, lo que recibe la acción de ser: el ente. Ante la imposibilidad de ser, el ente no existe, es nada. Entonces, podríamos mejor preguntar: ¿por qué hay ente y no, más bien, ausencia de ser?

Definir ser es imposible, ya que requerimos del mismo concepto para su definición: ser "es". El ser se encierra en sí mismo, se autodefine. El ser solo da la posibilidad de estar presente. De la nada, nada podemos decir, es la ausencia total del ser, no se puede elaborar concepto alguno de algo que no es, algo que no existe. Definir la nada es decir que "es" algo, que está presente algo inexistente, que está siendo lo que no es.


Ahora bien, podemos intentar responder nuestra pregunta de dos maneras: Todo lo existente lo es sin ninguna razón, siempre ha estado aquí, y lo estará, porque es eterno. Su existencia afirma la imposibilidad de su contrario, es decir, niega, contundentemente, la ausencia de ser. El solo hecho de pensar en la nada implica un ente que lo piense, "aniquilándola" en ese preciso momento. De donde, en este escenario, la nada es imposible y todo lo que existe es.

Podemos, igualmente, responder que todo existe por una razón, es decir, todo empezó alguna vez. Todo fue creado por algo o alguien, con algún sentido que intentamos averiguar. Todo lo existente tiene una razón se ser y no puede ser de otra manera, tiene un diseño inteligente. El Universo tiene un fundamento, fue creado y diseñado con algún propósito. Pero... ¿cuál es el fundamento del creador y diseñador de la existencia? Al igual que cualquier otro ente, para "crear y diseñar" requiere, forzosamente, como punto de partida y sin cuestionamientos: ser. Y, para ser, es indispensable que sea eterno, pues él mismo es la razón suficiente para destruir la ausencia del ser: es, y al ser, la nada no es.

Es imposible el surgimiento del ser a partir del no ser, de la nada. La nada conceptualizada como eso, nada. No imaginemos a la nada como un espacio "vacío", negro, etc. porque inmediatamente deja de ser nada; ya es algo: espacio, vacío, negro, y de la nada no se puede elaborar concepto alguno. Por lo tanto, al preguntarnos por qué hay algo, al mismo tiempo, estamos confirmando la imposibilidad de la nada. Hay algo porque es imposible la nada.

¿Cuál es la razón de que ese algo exista? Me declaro incompetente y me quedo con la repuesta más sencilla: porque sí.

(Texto extraído de http://www.microfilosofia.com

sábado, 15 de julio de 2017

Aunque Cristo no hubiera existido...


"Afirma usted que sin el ejemplo y la palabra de Cristo, a cualquier ética laica le faltaría una justificación de fondo que tuviera una fuerza de convicción ineludible. ¿Por qué sustraer al laico el derecho de servirse del ejemplo de Cristo que perdona? Intente, Carlo María Martini, por el bien de la discusión y del parangón en el que cree, aceptar aunque no sea más que por un instante, la hipótesis de que Dios no existe, de que el hombre aparece sobre la Tierra por un error de torpe casualidad, no solo entregado a su condición de mortal, sino condenado a ser consciente de ello, y hacer, por lo tanto, imperfectísimo entre todos los animales. Este hombre, para hallar el coraje de aguardar la muerte se convertiría necesariamente en un animal religioso y aspiraría a elaborar narraciones capaces de proporcionarle una explicación y un modelo, una imagen ejemplar. Y entre las muchas que es capaz de imaginar, algunas fulgurantes, algunas terribles, otras patéticamente consolatorias, al llegar a la plenitud de los tiempos tiene en determinado momento, la fuerza religiosa, moral y poética, de concebir el modelo de Cristo, del amor universal, del perdón de los enemigos, de la vida ofrecida en holocausto para la salvación de los demás. Si yo fuera un viajero proveniente de lejanas galaxias y me topara con una especie que ha sido capaz de proponerse tal modelo, admiraría subyugado tamaña energía teogónica y consideraría a esta especie miserable e infame, que tantos horrores ha cometido, redimida solo por el hecho de haber sido capaz de desear y creer que todo eso fuera la Verdad.
Abandone ahora si lo desea la hipótesis y déjela a otros. Pero admita que aunque Cristo no fuera más que el sujeto de una gran leyenda, el hecho de que esta leyenda haya podido ser imaginada y querida por estos bípedos sin plumas que solo saben que nada saben, sería tan milagroso (milagrosamente misterioso) como el hecho de que el Hijo de un Dios real fuera verdaderamente encarnado."


Umberto Eco, en ¿En qué creen los que no creen?, Umberto Eco y Carlo María Martini (cardenal y arzobispo de Milan), Ed. Diario Público, Barcelona, pp. 81-82, 2009.

viernes, 7 de julio de 2017

Simbolismo del héroe


Profesor Jung: El propio héroe tiene cualidades de serpiente. El dragón, por ejemplo, se supone que tiene una piel invulnerable, y en la saga de Sigfrido el héroe tiene que bañarse en la sangre del dragón con el fin de adquirir la misma piel.

Y una saga nórdica dice que se puede reconocer a los héroes por el hecho de que tienen ojos de serpiente, esa peculiar rigidez, una expresión mágica en los ojos. Pero se trata de un verdadero símbolo de interpenetración. […]

En El libro de los muertos encontramos la eterna lucha del dios sol Ra con la gran serpiente Apofis. Se trata de la repetición día tras día del mito del héroe. [...] El sol se eleva en el momento en que el héroe sale del vientre del monstruo. […] Aquí tenemos un claro símbolo de la interpenetración.

Srta Hannah: ¿No es Cristo como una serpiente?

Prof. Jung: Él es el héroe una vez más. La serpiente siempre significa resurrección debido a la muda de su piel. […] Se ha asociado siempre a la serpiente con la muerte, pero la muerte de la que nace una nueva vida. Pero ¿qué símbolo bien determinado es éste? [...]

Srta von Franz: El ouroboros

Prof. Jung: Exactamente. El que se devora la cola, o los dos animales que se devoran el uno al otro. En la alquimia se representa en la forma del dragón alado y el dragón sin alas que se devoran el uno al otro. […]

También se ha expresado la misma idea a través de dos animales, el perro y el lobo, devorándose el uno al otro, o el león con alas y el león sin alas, o el león macho y el león hembra. […] Ambos destruyen y ambos son destruidos. Y esto expresa la idea de que una vez el héroe se come a la serpiente y otra vez la serpiente se come al héroe. […]

Como la operación del Ying y el Yang chinos, la transformación de uno en otro, concebidos y nacidos cada uno del otro, el uno comiéndose al otro, y muriendo cada uno convertido en la semilla de sí mismo dentro de su propio opuesto.

Este símbolo del Taijitu expresa la idea de la esencia de la vida, porque muestra la operación de los pares de opuestos.

En el corazón de la oscuridad, el Yin, yace la semilla de la luz, el Yang; y en la luz, el día, el Yang, yace asimismo la oscura semilla del Yin.

Este símbolo a menudo se representa en el Este en la forma de dos peces en esa posición, con el significado de los dos lados o los dos aspectos del ser humano, la consciencia y el inconsciente.”

Carl Gustav Jung, "Sobre el Zaratustra de Nietzsche", 1938.

sábado, 1 de julio de 2017

Homosexualidad y Cristianismo


"Homosexualidad y Cristianismo", dos miradas alternativas


"¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad? Realmente, muy poco. Jesús no dijo nada, que es lo más significativo.
Nos llama la atención las pocas veces que la Biblia toca esta problemática, en comparación a otros temas como los juicios, el orgullo, y la hipocresía, sobre lo cual si hablan mucho las Escrituras, a este se le dedica una atención mucho menor y menos apasionada. A todo esto debemos preguntarnos el por qué, para poder obtener un juicio equilibrado. En ninguna parte de la Biblia está la idea de condenar a las personas que son homosexuales. Estas declaraciones, sin excepción, se dirigen a ciertos actos homosexuales. Los escritores bíblicos no tenían ninguna comprensión de la homosexualidad como orientación psico-sexual. Esta verdad es un descubrimiento relativamente reciente. Los autores bíblicos se referían a los actos homosexuales realizados por personas heterosexuales que asumían esta postura con relación al sexo. La actitud de Jesús hacia las lesbianas y los gay no fue hostil... en la historia donde Jesús cura al criado del Centurión, la palabra usada para el criado es "pais", la cual en la cultura griega se refiere a un amante más joven de un hombre mayor o más educado.
La historia demuestra claramente un amor inusualmente intenso, y la respuesta de Jesús fue totalmente positiva" (Mt 8, 5).

Michael Piazza, pastor evangélico


"Es triste que en muchos países de nuestro mundo las personas sean perseguidas por su orientación sexual, en ocasiones castigadas por la ley, y en otras por la sombra –más sutil, pero igualmente demoledora- de la ignorancia, la burla, el rechazo y la incomprensión.
Con frecuencia he escuchado a gente buena que, sin embargo, no tiene reparo a la hora de hacer comentarios que van desde lo condescendiente hasta lo insultante hacia las personas homosexuales. Gente que en cuanto oye la palabra gay le añade lo del Lobby, como si la homosexualidad fuese ante todo una militancia, una ideología o un grupo de interés; en lugar de ser la condición de muchos millones de personas en todo el mundo, en todas las sociedades, en todas las épocas y en todas las situaciones sociales.
Como iglesia también tenemos que avanzar para forjar una sociedad y una comunidad libre de discriminación y prejuicio. Se ha recorrido camino. Han cambiado algunas cosas, y cada vez son más las voces que hablan con respeto, con ternura, y con valentía, frente a discursos que parecen anclados en otra sociedad y otra época. Pero hay que avanzar más. Tenemos que contribuir al reconocimiento de la radical dignidad de todas las personas en la sociedad en general, y en la iglesia en particular. Hay muchas personas homosexuales, lesbianas, y transexuales que creen en Dios y que se saben parte de la Iglesia. Pero que en ocasiones se sienten, como me decía un buen amigo, “obligados a ver el partido desde el banquillo”, porque se les dice que eso es lo que hay. 
No es lo que hay. No puede ser. Si de verdad creemos en el Dios que a cada uno nos ha creado únicos y diferentes. Si de verdad creemos en la radical dignidad de todas las personas. Y si no caemos en moralizar lo que no es moral, sino la condición humana, en su complejidad y su diversidad".

José María Rodríguez Olaizola, sacerdote jesuita

sábado, 17 de junio de 2017

El punto virgen


En el centro de nuestro ser hay un punto de nada que no ha sido tocado por el pecado ni por la falacia, un punto de pura verdad, un punto o chispa que pertenece por entero a Dios, que nunca está a nuestra disposición, desde el cual Dios dispone de nuestras vidas, y que es inaccesible a las fantasías de nuestra mente y a las brutalidades de nuestra voluntad. Ese puntito de nada y de absoluta pobreza es la pura gloria de Dios en nosotros. Es como un diamante puro, fulgurando con la invisible luz del cielo. Está en todos, y si pudiéramos verlo, veríamos esos miles de millones de puntos de luz reuniéndose en el aspecto y fulgor del sol que desvanecería por completo toda la tiniebla y toda la crueldad de la vida…” 

Thomas Merton. Le point vierge (El punto virgen).

sábado, 10 de junio de 2017

Tres grandes formas de irreligiosidad filosófica


Por Juan Manuel Otero Barrigón // Una brevísima reflexión. A lo largo de gran parte del siglo XX, la negación de toda legitimidad a la búsqueda intelectual religiosa se basó en tres puntos de vista: negar que existan problemas religiosos; afirmar que los denominados "problemas religiosos" tienen soluciones no religiosas; y defender que los problemas religiosos no tienen solución posible. La más radical de estas negaciones es la sostenida por el Neopositivismo lógico. Se fundamenta en las famosas proposiciones de Ludwig Wittgenstein: "La pregunta de una respuesta que no puede expresarse, tampoco puede expresarse". El interrogante desaparece, ya que si una pregunta se puede plantear, entonces también se puede responder. Así, la solución del problema anida en la desaparición del problema. Sobre dicho punto de vista es que se construyó la llamada "Teoría semántica", según la cual, las proposiciones metafísicas, éticas y religiosas son carentes de sentido intelectual. Los problemas son simplemente consecuencia de un empleo no científico, inadecuado, del lenguaje. La angustia no es una enfermedad del hombre, sino una enfermedad del idioma, contenida en él. El segundo punto de vista que ha negado la validez intelectual de la investigación religiosa es el materialismo dialéctico marxista. Para la filosofía marxista, la religión es un fenómeno secundario, no primario. Se trata de una superestructura de los problemas humanos básicos: la alienación económica y social del hombre. La religión, según Marx, es el resultado de dos tendencias sociales: la resignación de las clases oprimidas y la justificación trascendente de las clases opresoras. Frente a la miseria y la situación de mera supervivencia en la que se hallan sumergidos los desposeídos, estos buscan consuelo en una existencia feliz más allá de esta vida. Las clases opresoras, a su vez, ven en la religión la garantía del orden establecido, una droga tranquilizante del proletariado. No obstante, cuando la revolución altere finalmente el orden de cosas imperante, la religión morirá de muerte natural, sin ninguna razón de ser que la mantenga con vida. Finalmente, el tercer punto de vista que ha negado toda legitimidad a la búsqueda intelectual religiosa es el existencialismo en su versión más dura, la de Jean Paul Sartre. Para el filósofo francés, los "problemas religiosos" no solamente son problemas reales, sino que son también religiosos en el sentido más estricto del término, puesto que  define al hombre como el "ser que proyecta ser Dios". Sin embargo, como dicho proyecto es un absurdo dada la contradicción misma inherente a la idea de Dios, toda búsqueda religiosa carece de sentido, debiendo resignarnos a aceptar la definición que cierra la primera de sus grandes obras filosóficas: el hombre es una pasión inútil

viernes, 2 de junio de 2017

Sobre la atomización del tiempo...


Ser parte del tiempo del otro para enriquecer el tiempo-yo. Entre menos "ruido" entre los comunicadores, mayor comunicación para con las personas de la realidad de nuestro tiempo.

Captura de pantalla: Byung Chul Han (2013). "Por favor, cierra los ojos". Ed. Herder.

sábado, 20 de mayo de 2017

Representación de la dualidad en un mito mapuche

"Neyen Manke". Pintura al óleo de la artista mapuche Paz Treuquil (www.paztreuquil.com)


Representación de la dualidad en un mito mapuche, por Juan Manuel Otero Barrigón*

Como expresa el antropólogo Juan M. Ossio en su texto "Cosmologías", el dualismo es uno de los principios de clasificación esenciales para organizar la experiencia de lo sagrado, en tanto representa el afán por recuperar la original unidad perdida a partir de opuestos concebidos como aspectos complementarios de una única realidad.

En sus conversaciones con Bill Moyers, Joseph Campbell explica que todas las cosas en el campo del tiempo son pares de opuestos. Y si bien existe aquel plano de la conciencia donde podemos identificarnos con aquella singularidad que trasciende toda dualidad, nuestras mitologías están basadas en la idea de la dualidad: bueno/malo, día/noche, cielo/infierno. Eso explica, entre otras cosas, que las religiones, al menos en su dimensión exotérica, tiendan a poner el acento en su aspecto ético.

Este dualismo es característica es estructural de los sistemas religiosos y mitológicos, y por ende se expresa en los relatos y las elaboraciones de los distintos pueblos que configuran el paisaje humano, de norte a sur, de este a oeste.

En América del Sur, uno de los principales grupos indígenas que todavía habitan distintas regiones de la Patagonia es el pueblo mapuche, etimológicamente, la "gente de la Tierra". Su denominación refleja un principio clave: existe una fuerte relación de reciprocidad entre el ser mapuche y la tierra. Este pueblo, originario de Chile y con amplia difusión también en la Patagonia argentina, posee una rica cosmovisión, reflejada en una variopinta región celeste denominada Wenu Mapu ("tierra de arriba") en cuyo centro se encuentra un personaje mítico llamado Ngenemapun, "dueño de la tierra" o también Ngenechen, "dueño de los hombres". Esta suerte de rey llevó al pueblo mapuche al lugar que hoy habita y vela eternamente por su bienestar. Su morada está en un lugar inespecífico de las regiones superiores del cielo. A través de los Ngen, espíritus de la naturaleza, y junto con Antú, el Sol, la tierra entrega constantemente la vida al pueblo mapuche.

Los espíritus de los antepasados de un linaje determinado se personifican, a su vez, en el Pillán, espíritus que viven detrás de las montañas, en el oriente también llamado puel mapu. Se los considera aquel ser sobrenatural más cercano al hombre y a sus necesidades, por lo que su invocación está en el primer peldaño de ascenso hacia el mundo de lo sagrado. La influencia del cristianismo distorsionaría, vía la invasión del hombre blanco, la imagen que los mismos mapuches tenían del Pillán, quien debido a que reside en la región de los volcanes y se hace representar a través de fenómenos naturales tales como los rayos, truenos o erupciones, pasó a adquirir, con el tiempo, cierto carácter demoníaco.

Dentro de este pintoresco y complejo universo mitológico/religioso, uno de los relatos más célebres y bellos quizás sea el de Antú y Kuyén, el Sol y la Luna. Antú, el Sol, es uno de los principales espíritus Pillán. El corazón de la historia, adaptado resumidamente aquí a partir de las narraciones difundidas por el escritor Marcelino Castro García, nos revela que Antú y Kuyén estaban enamorados, y Ngenechén, observando las posibilidades de esta pareja, decidió casarlos. Al mismo tiempo, les encomendó que le ayudaran en su tarea de gobernar la tierra, por lo que Kuyén, de carácter suave, fue puesta al servicio de las necesidades de mujeres y niños, mientras que Antú se ocuparía de los hombres. Con el paso del tiempo, Kuyén comenzó a reclamar a Antú por su falta de atención para con sus cuidados en la tierra, dado que cuando se ponía nervioso, se enojaba calentando con tanta fuerza que los ríos se secaban y morían las plantas, los animales, y hasta los mismos hombres. El enojo entre ambos fue tal, que Kuyén decidió salir a cumplir con su tarea sólo cuando Antú se acostaba a dormir. Pese a ello, ella siguió cuidando de los mapuches con sus tenues rayos para alumbrarlos en la noche oscura. Así, noche tras noche, hasta que la aurora anunciaba la llegada de Antú y ella entonces se escondía. Sin embargo, pese al enojo entre ambos, Kuyén sentía nostalgia por la compañía de su esposo y anhelaba la reconociliación. No obstante, el orgullo de Antú le impedía acercarse a su esposa y pedirle perdón. Así pasaron siglos, alternándose uno y otro en sus tareas día y noche. Un día, cuando los rayos de Antú comenzaron a calentar la tierra haciendo abrirse a las flores, fijó su mirada en una doncella pehuenche de gran hermosura, a quien decidió raptar para convertirla en su compañera. La bautizó Collipal (astro dorado), siendo conocida por el hombre blanco como "Lucero". Desde entonces, pueden verse juntos a Antú y Collipal al amanecer y atardecer de los días despejados. Las lagrimas de Kuyén fruto de la tristeza por la decisión de su esposo, se derramaron sobre la tierra y formaron los lagos y ríos que hoy embellecen parte de la geografía del sur patagónico.

En su libro "Cuentan los mapuches", Cesar Fernández rescata otro relato mítico arcaico recopilado originalmente por Ricardo Lehmann-Nitsche en el año 1919. En este caso, la historia nos cuenta que en tiempos primordiales la tierra estaba cubierta por agua y que tanto los indios como los animales característicos del lugar (guanacos, avestruces, etc) se refugiaban en las montañas para no morir de hambre, ya que llovía de manera constante. Con el fin de poder pasar de un cerro a otro para buscar leña y no morir ahogados en las lagunas que habían formado las lluvias, los indios pidieron al Sol que les alumbrara el camino durante la noche. Este, a su vez, delegó la tarea en su mujer la Luna, para que desde los cielos iluminara a los indios de la Tierra. La Luna se puso en camino durante la lluvia llevando el fuego en sus manos , el cual, al enfriarse en el camino, explica porque la Luna alumbra con luz fría que no tiene calor. Finalmente, cuando las aguas bajaron, los indios pudieron ir a vivir a los campos donde hay pastizales, junto con el resto de los animales.

Como podemos observar, en estos dos mitos se destaca cierta cualidad dualística en el vínculo entre el Sol y la Luna, característico de la cosmovisión mapuche. Por un lado, el conflicto, la enemistad y la separación entre ambos personajes cósmicos; por el otro, la cooperación, la distribución de responsabilidades y la cercanía entre los dos. Esta cualidad dual también se expresa en la relación que estas dos figuras mantienen con los hombres y con los seres que habitan la tierra, ya que en tanto el Sol luce comúnmente indiferente y ciertamente despreocupado de las necesidades de los hombres, la Luna, claramente benefactora, los protege contra todos los desastres, además de alejar también a los malos espíritus, siendo este otro de sus dones. Esta última, además, al tener una base terrestre, sirve de intermediario conciliatorio para la realización de la eterna individualidad representada por el Sol. Es capaz de crear mediante el sentimiento un puente entre lo terrestre y lo celeste.

Esta dualidad que hemos reflejado en dos versiones del mito de Antú y Kuyén es esencial en la cosmovisión mapuche, para la cual todo se nos presenta de a pares, y es a partir de esta condición dual como los mapuches construyen su vida en armonía e integridad con la Tierra que habitan y de la cual forman parte. En la visión mapuche, el hombre no está sobre la tierra, el hombre es parte de ella y la Che, “gente”, la concibe como un elemento que compone su ser.

Las divinidades indígenas sudamericanas, tanto andinas como amazónicas, se distinguen por presentar una ambivalencia con relación a los mortales. Pueden ejercer tanto el bien como el mal, ser salvadoras como castigadoras de los hombres, fuente de dicha o fuente de desgracia. Esta ambivalencia forma parte del orden natural cósmico universal. Este concepto dista mucho de la idea cristiana, que concibe a la divinidad como infinitamente bondadosa, incapaz de realizar algún mal. Por el contrario, para cosmovisiones como la mapuche, la vida se objetiva siempre en bipolaridades, inevitables y naturales: salud-enfermedad; alegría-tristeza; debilidad-fuerza, etc.

La perfección y la armonía cósmicas se basan en la complementariedad de dos polos opuestos. Uno de los significados básicos de los mitos primordiales es el surgimiento inicial de la pluralidad y la diferenciación, que reemplazando a la indiferenciación y la unidad originarias, configuran un universo donde la síntesis de los contrarios no implica fusión, sino yuxtaposición dinámica. De esta manera, el encuentro de dos fuerzas opuestas es una condición necesaria para lograr un equilibrio cósmico dualista. Es la diferenciación necesaria que crea las posibilidades de retorno posterior a la integridad, tanto a través de los ritos como en sentido psicológico (Jung). La rica mitología mapuche es un bello ejemplo de esto.

Una hermosa canción de la artista mapuche argentina Carina Carriqueo, titulada "Canción de amor entre el Sol y la Luna", y cantada en idioma originario mapudungun, puede disfrutarse aquí: 


* escrito originalmente para la sección MythBlast de la Joseph Campbell Foundation

Bibliografía:

- “Diccionario Indígena Argentino”, Jorge Fernández Chiti, 1997
- “El poder del mito”, Conversaciones entre Joseph Campbell y Bill Moyers
- “Cosmologías”, Juan M. Ossio, 1998
- “Cuco.com.ar" Diccionario de mitos y leyendas
- “Historias y leyendas patagónicas”, Marcelino Castro García
- “Antología de cuentos mapuches”, editado por Cesar Fernández

sábado, 13 de mayo de 2017

La Piel del Lobo (por Ana Silvia Karacic)

"Wotan's Wolf", por ksheridan


La Piel del Lobo



Y aunque cazan en grupo, teme
al que caza solo...” (ASK)


Avanzamos lentamente a causa de la escabrosidad del terreno y el viento helado que nos llega de frente. ¡Llevamos tanto tiempo vagando por estas montañas, sobre el lomo de nuestros caballos tras el paso que nos lleve a tierras más cálidas!.

Estoy en medio de mis guerreros, intentando sostenerlos y alentándolos a seguir sin que se derrumben, a pesar de que el cansancio se refleja en sus rostros curtidos y marcados por la fuerza de las armas.

Lo vi a lo lejos. Solo. Mis hombres lo señalaron con alegría, e imagino que habrán pensado que era uno más para compartir este camino doloroso. Era el primer ser humano que veíamos en muchas lunas. Por la forma en que se irguió y tomó la espada, supe que era un guerrero. Le vi entornar los ojos a la manera del felino que elige a su presa y una sensación de rigidez interna, un frío extraño me recorrió la espina.

Era un eslavo. Zarek..., según dijo, era su nombre. Incorporar un eslavo a un grupo de germanos y dacios no era nada extraño en estos días. Pero... no era como nosotros... un algo ajeno a lo que conocíamos se movía en él.

Aunque me mantuve en medio del grupo en ese momento, nos miró a todos sin detenerse en ninguno, y al llegar a mí, me clavó su mirada gris. Me había identificado como el jefe.

En situaciones como la nuestra lo necesitábamos, éramos pocos, pero el destino en el que creemos los germanos me dijo que ese hombre se llevaría mi vida en poco tiempo. Lo vi en sus ojos... lo sentí en las profundidades de mi ser guerrero; y por los cientos de cicatrices que llevo en mi cuerpo y en mi alma, juro que era distinto a los demás. Me pregunto que me impidió matarlo en ese mismo instante, pero no tengo respuestas. Una fuerza ciega me guiaba.

Le pregunté si quería unírsenos y asintió con un gesto seco, pero no envainó la espada... sólo se acomodó las pieles de lobo que usaba a manera de capa. Y otra vez... el mismo sentimiento.

Aunque mis guerreros no lo pensaron, me pregunté qué clase de hombre podía sobrevivir solo en el invierno atroz de los Balcanes. El aullido hambriento de los lobos no cesaba, pero no parecía alterarlo como a nosotros. Por sus movimientos, y lo que presagiaba su silencio, casi diría que era uno de ellos.

Y así seguimos, a paso lento y comiendo lo poco que podíamos cazar. Hasta los animales se escondían a causa del frío. De vez en cuando vigilaba a Zarek, tratando de descubrir algo que me diera el motivo que necesitaba para alejarlo del grupo. Y ¿por qué no? Para exorcizar mi propio temor de un modo sencillo.

La memoria tiene sus recovecos, y en uno de ellos se escondía la imagen de Wotan acompañado de sus lobos. El eslavo me lo recordó, me llevó a mi propio universo de creencias. Y vi por un instante lo que fui en un pasado que no quería encontrar nuevamente. ¿Por esa razón me internaba en tierras inhóspitas? ¿Para escapar de lo que hice, de lo que no quiero volver a ser?

Levanté la vista y lo miré, me estaba observando con una sonrisa en los labios, como si supiera lo que estaba pensando. Todo va y vuelve, dijo. Me congelé. Hasta entonces no lo había mirado cuidadosamente pero esa frase tenía un sentido para mí, y él lo sabía. ¿De dónde me conocía?.

-¿Nunca has sentido que un hombre es todos los hombres?, fue la pregunta que siguió al comentario anterior. Volví a mirarlo, y mientras sonreía me pareció ver la mutación de sus facciones en miles de rostros, vistos alguna vez quién sabe cuándo y dónde. Aunque de algo estaba seguro, los conocí en un tiempo.

-¿Qué buscas? ¿Cuál es el fin de tu camino?, y con temor pregunté: ¿Quién eres Zarek?.

-¿Un germano que no sabe de consecuencias?. Pregúntale a tu Wyrd, a tu destino si no te has dado cuenta de quién soy, todavía. - Fue entonces cuando pasaron por mis ojos todas las matanzas, en luchas por derecho o sin él. Me vi envuelto en mi piel de lobo entre miles de rostros, miradas espantadas, ruegos, gritos desesperados que no quise escuchar. Vi mi espada ensangrentada sobre cuerpos sin edad.

Comprendí de una sola vez que todo deja su huella en nosotros, cada palabra, cada mirada, y sobre todas las cosas, cada dolor y muerte provocada. Cada abandono...

Zarek era mi destino, por eso no me resistí a aceptarlo en el grupo, a pesar de todo. Miré a mis hombres, sorprendido porque sus formas se hicieron borrosas y fueron desapareciendo ante mis ojos, una a una; y en un borbotón de horror entendí que estaban muertos, que había viajado con los fantasmas de los seres que yo mismo había asesinado, germanos, dacios...y eslavos.

Cuando Zarek se acercó a mí, con la espada en alto, bajé la cabeza y le ofrecí el cuello, antes levanté la mirada para ver por última vez sus ojos grises.

Pero en lugar del suyo, vi mi propio rostro... que se desvanecía.

ASK, Septiembre 2007


Ana Silvia Karacic es orientalista, pintora y escritora. Especialista en mitología y religiones, ejerce como profesora titular, entre otras, de la Cátedra de Religiones Comparadas en la Universidad del Salvador. Ha publicado los libros: "El pueblo de la Bruma. El ciclo mitológico irlandés" y "Las religiones de Japón", ambos textos de tenor académico

sábado, 6 de mayo de 2017

Alma, Espíritu, Voluntad, Arquetipo


Alma y Espíritu constituyen lo que Jung -entendiendo ambos términos de manera psicológica- denominaba Arquetipo y Platón -describiéndolos de manera filosófica- denominaba Idea (ἰδέα, εἶδος).

Desde el punto de vista filosófico, debemos decir además que Alma y Espíritu -y por lo tanto también el Arquetipo de Jung y la Idea de Platón- son lo que hace que el ente sea el ente, es decir, son el Ser -término caro a Heidegger-.

ARQUETIPO = ALMA + ESPÍRITU = SER

IDEA = ALMA + ESPÍRITU = SER

Sin embargo, en nuestro mundo moderno la Idea platónica ya no es reconocida como una realidad efectiva, de la misma manera que Alma y Espíritu no son ya reconocidos como el motor del ente, sino que en su lugar

"el ser del ente aparece para la metafísica moderna como voluntad. (...) Nietzsche (...) define el ser originario del ente como voluntad de poder."
(Martin Heidegger, ¿Qué es pensar?)

Por esta razón Alma y Espíritu, en sus definiciones tradicionales, son términos que han desaparecido de nuestro mundo moderno -al menos en la medida en que es moderno-, porque nuestro mundo moderno entiende el ser del ente no ya como Alma y/o Espíritu sino como voluntad, que entendida en su acepción débil y más común es una voluntad anclada en el yo, en la consciencia. En su acepción fuerte, sin embargo, esta voluntad es todavía el equivalente al Alma y el Espíritu, es todavía el ser del ente, y es esta acepción fuerte de la palabra voluntad la que encontramos por ejemplo en Schopenhauer y en la voluntad de poder de Nietzsche (si leemos a fondo su obra), pero no es esta acepción fuerte la que ha prevalecido en nuestro mundo moderno, un mundo en el que la consciencia ha asumido -de forma injustificada y metafísica- el papel de creadora del mundo (junto con el azar). La época moderna es la época del predominio del yo y de la consciencia ¿pero cuándo ha predominado el yo y la consciencia sobre el no-yo y lo inconsciente? El concepto junguiano de arquetipo, no obstante alumbrado en nuestro mundo moderno, nos habla precisamente de la prevalencia de lo inconsciente sobre la consciencia, y es el único lugar posible para encontrar el Alma y el Espíritu dentro de nuestro mundo moderno.


Pero el asunto es más complicado todavía. Si en este plano filosófico-psicológico (junguiano) del Alma y del Espíritu queremos mantener la distinción psicológica ánima-ánimus, entonces nos veremos obligados a decir que Alma (ánima) es imagen, y que Espíritu (ánimus) es pensamiento. Ha de señalarse también que Jung utiliza la palabra "idea" no como idea platónica sino como el sentido de la imagen, "sentido que ha sido separado, abstraído, del concretismo de la imagen" (C. G. Jung, Tipos psicológicos, OC vol. 6), y eso es justamente lo que Giegerich denomina "pensamiento", el Espíritu. Por una parte tenemos la imagen o forma representativa, que pertenece al Alma, y por otra parte tenemos el pensamiento y su lógica, que pertenecen al Espíritu. Así que reconocemos ya las siguientes equivalencias y oposiciones:

ALMA ----- ÁNIMA ----- IMAGEN ----- (REPRESENTACIÓN)

ESPÍRITU ----- ÁNIMUS ----- IDEA JUNGUIANA ----- PENSAMIENTO ----- (LÓGICA)

La voluntad, tanto en su aspecto fuerte como en su aspecto débil, caen del lado del Espíritu, en la medida en que su definición implica la carencia de imagen. Si nos referimos a la voluntad en su acepción fuerte, por ejemplo como la define Schopenhauer, entonces reconoceremos que "aquello que Kant denomina en su filosofía la cosa en sí (...) no es sino la Voluntad. (...) Los grados determinados de objetivación de esa voluntad, que es la esencia en sí del mundo, son idénticos a lo que Platón llamaba Ideas eternas o formas invariables." (Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación). Sin embargo, en su acepción débil, aunque también es la voluntad la que crea a la Idea, esta Idea no es más que un producto de la imaginación (de la imaginatio non vera), un producto de la consciencia, lo que indica una clara inflación de la consciencia, y la cosa en sí ni siquiera es contemplada.

En su seminario Sobre el Zaratustra de Nietzsche, Jung nos da una clave más: la esencia del Espíritu es Dios, es decir, el Sí-Mismo, si queremos seguir hablando en términos psicológicos. Recordemos ahora que el sí-mismo es el arquetipo del sentido y completemos el esquema:

1. YO [ ----- CUERPO ----- CONSCIENCIA ----- VOLUNTAD DÉBIL ----- ESPÍRITU ( = INTELECTO)

2. ALMA [ ----- ÁNIMA ----- IMAGEN ----- (REPRESENTACIÓN)

3. ESPÍRITU [ ----- ÁNIMUS ----- IDEA JUNGUIANA ----- PENSAMIENTO ----- (LÓGICA) ----- VOLUNTAD FUERTE

4. DIOS [ ----- SÍ-MISMO ------ SENTIDO

El yo es la pertenencia al ámbito de la consciencia, y todo lo que se percibe desde el mundo de la consciencia -desde el cuerpo- es el ente.

Alma, Espíritu y Dios forman parte del ámbito inconsciente al ser humano y son el ser del ente, su causa.

La idea de Dios en nuestro esquema se refiere al nivel más esenciante del ser, el nivel más causal en el lenguaje de Ken Wilber, la fuente. Pero ha de advertirse que también puede emplearse la palabra Dios o dioses para las múltiples imágenes y/o pensamiento especulativo de los planos 2 y 3.

El significado no es otra cosa que la correspondencia sincronística que existe entre los cuatro planos.

Ahora, teniendo en cuenta todo esto y distinguiendo debidamente Espíritu de Alma, leamos el siguiente texto:

"a) El Dharma Kaya = el mundo de la verdad absoluta.
b) El Sambhoga Kaya = el mundo de los cuerpos sutiles.
c) El Nirmana Kaya = el mundo de las cosas creadas.

También se les podría llamara los tres: Sí-mismo, ánima y cuerpo."


(C. G. Jung, ETH Lectures, 2 Dec 1938)

Wolfgang Giegerich

El mundo del Espíritu -del Logos- es el equivalente al mundo de Dios (el Dharma Kaya) cuando nos referimos al Espíritu en el plano 4 de nuestro esquema. Cuando reducimos el Espiritu al intelecto, lo que es propio del plano 1, entonces estamos hablando del mundo del Espíritu como equivalente al mundo del yo, de la consciencia (el Nirmana Kaya, que en realidad es un nivel superior al meramente corporal y egoico). Si hablamos del Espíritu como el sentido de la imagen arquetípica, como su contraparte -la idea junguiana o el pensamiento de Giegerich-, entonces nos estamos refiriendo al mundo del Alma (el Sambhoga Kaya), en este plano se mueve Giegerich cuando habla del pensamiento y la lógica al referirse al alma, a pesar de que, como vemos, sería menos confuso si hablara de Espíritu en lugar de alma, con lo que entonces se situaría en el plano 3, que también corresponde al Sambhoga Kaya. Giegerich no reconoce absolutamente nada del plano 4, ni a Dios, ni al Sí-Mismo, ni al sentido, su pensamiento está preso de la filosofía hegeliana que tan poco útil es para comprender los planos superiores, es esta misma filosofía hegeliana la que ata a Giegerich al mundo de la modernidad, al mundo de la "razón" (la razón del sentido común de nuestra época en Occidente), un mundo hacia el cual Giegerich quiere retrotraer a toda la psicología junguiana, a pesar de que ésta no se ajusta a los esquemas convencionales del mundo moderno y de hecho permite ir mucho más allá.

Al igual que ocurre con el Espíritu, el Alma, en principio, también puede ser encontrada en los cuatro planos: como Alma equivalente a la consciencia (plano 1), Alma como Anima mundi (plano 2), Alma identificada con el Espíritu (plano 3) y Alma identificada con Dios (plano 4).

José Medina, "Arquetipo e idea"