jueves, 23 de febrero de 2017

Introducción al psicoanálisis del Mito (por Dr. Jorge Garzarelli, 1ra parte)

Nota del autor del blog: el texto aquí reproducido forma parte de la tesis doctoral del querido amigo y maestro Jorge Garzarelli, titulada "El mito: acerca de su producción en el inconsciente" (1987). Al tratarse de uno de mis mentores profesionales, es una alegría muy grande poder compartir este trabajo en Psymbállein. Dada la natural extensión de la obra, los capítulos de la misma serán compartidos en diversas partes, siendo adaptados a las características del blog para facilitar su lectura, pero respetando siempre su integridad. Este primer capítulo, al que damos en llamar "Introducción al psicoanálisis del Mito", continuará en una próxima publicación. 

Edoardo Ettore Forti, "Fiesta de centauros"


"Introducción al psicoanálisis del Mito", por Dr. Jorge Garzarelli

Este trabajo nace como el efecto de un “deseo de saber” acerca de los orígenes del mito. Pregunta inicial a la que se fueron añadiendo otras paulatinamente.

¿Tienen los mitos su origen en el inconciente?

¿Por qué lo mítico no aparecía investigado como un producto más del inconciente a partir de su descubrimiento y de la lectura que del mismo propone el pensamiento freudiano? ¿Puede sostenerse sin más ni más aquella hipótesis del mito como un producto cultural a partir del desciframiento de los códigos oníricos y de la estructuración de las fantasías?

Ante la pregunta sobre la autoría del mito, ésta se respondía con un silencio.

¿No había respuesta? ¿El mito tenía un autor anónimo? ¿Era el sueño de toda la gran comunidad humana a través del tiempo? ¿Por qué no investigarlo a la par que sueños, fantasías, síntomas, chistes.?

El mito, a diferencia de otras formaciones psíquicas, aparece insinuado en Freud, pero nunca trabajado con la profundidad con la que lo fueron aquellos “objetos” preferenciados por este autor.

Difícil resulta escribir sobre el mito como originado en el inconciente, porque si bien la escritura ha nacido como una pasión (y sigue existiendo como tal), no hay “algo” más apasionado que la vida misma. Por ésto fue necesario abandonar momentáneamente ese vínculo emocional y dar paso a la razón.

¿El mito, “se vive” ?.

A medida que avanzaba en estos desarrollos, obviamente los interrogantes se fueron constituyendo más severos y complejos.

¿En qué modo puede participar la estructura del mito como una más de las ya reconocidas por el psicoanálisis?

¿Sería el mito un efecto posible de la asociación entre alguna de estas formaciones? ¿Qué otra estructura de lo psíquico podría llegar a producirlo?

¿Consistiría lo mítico en una lectura ingenua de superficies de textos antiguos, al estilo de la Ilustración, o bien lo así denominado formaría parte de nuestro cotidiano ser en el mundo? ¿Un “cuerpo” vivo, activo?

La razón apuntaría a lo primero. La intuición indicaría el segundo término. De este modo nos arrojamos al mundo de lo simbólico. Símbolo que “(...) en la antigua Grecia, designaba la mitad de una tableta que se entregaba al huésped cuando éste se marchaba. Al despedirse por largo tiempo, quebrábase un objeto cerámico en dos partes y cada uno guardaba su mitad. Esas dos partes de la tableta quebrada, alguna vez volverían a encontrarse y al coincidir perfectamente, constituían la prueba de una amistad surgida de la hospitalidad nunca quebrada pese a la distancia y el tiempo”. (R. Graves - 1984)

Decidí correr el riesgo de unir partes para entrar en ese juego laberíntico que significó (y sigue significando), un mundo en donde a una claridad se seguía una obscuridad y así alternativamente.

Inevitablemente, para poder conocer, la duda debía prestar su sistemática. Sísifo, Dédalo y Prometeo serían una de sus formas paradigmáticas.

De aquí que este texto sea solo un amanecer.

¿No es acaso en el amanecer del hombre, donde el mito juega con toda su profundidad y altura, el hasta ahora evasivo papel que de contínuo insiste en representar lo sucedido en los orígenes?

Debido al ámbito cultural en el que se ha desarrollado el psicoanálisis, será necesario circunscribir el campo de lo mítico a Occidente y dentro de éste a algunos mitos de la antigua Grecia que siguen presentándose no sólo como módulos imaginativos o formas de teorización racional, sino también en nuestra práctica clínica diaria.

No trataremos al mito en general sino, a aquéllos en cuya organización es posible inferir procesos en donde el sello madre de lo Real, “se hace” cual anillo de Polícrates, insistente hasta el punto de formar parte de él. ¿Podríamos dejar de colocar su origen en el inconsciente?

Entre las múltiples definiciones del mito, ubicamos a aquella que lo señala como el relato de algo fabuloso ocurrido alguna vez en un pasado remoto. Otras definiciones se sumarán a ésta a lo largo del presente trabajo.

Varios son los contenidos de estos relatos mitológicos: orígenes de la humanidad o de alguna comunidad en particular, hechos heroicos, fenómenos naturales personificados, interviniendo en la gran mayoría de ellos, las figuras de los dioses que, ya en forma directa o no, influían sobre el destino del mundo aún cuando el Destino marcaba sus propias vidas.

El mito bien puede ser tomado como algo en lo cual de “buena fe” pueda creerse o bien como una alegoría. En este último caso, el relato tiene dos aspectos, lo ficticio y lo real. En la ficción el hecho mítico no ha realmente sucedido, mientras que en el real, el relato hace referencia a algo que sí se corresponde con un hecho de la realidad.

“El mito ha de expresar en forma sucesiva y anecdótica lo que es supratemporal y permanente, lo que jamás deja de ocurrir y que, como paradigma vale para todos los tiempos. Mediante el mito, queda fijada la esencia de una situación cósmica de una estructura de lo real. Pero como el modo de fijarla es una forma relatada, hay que encontrar un modo de indicar al auditor o lector más lúcido que el tiempo en que se desarrollan los hechos es un”falso tiempo”; hay que saber incitarlo a que busque mas allá de ese tiempo en que lo relatado parece transcurrir, lo arquetípico, lo siempre presente, lo que no transcurre”. (Ferrater Mora - 1978)

En esta proposición, el tiempo mítico es semejante al tiempo propio del inconsciente. Tiempo que sigue otras reglas diferentes a las que se le asimilaron a Cronos y que sin embargo, compartirían con este dios, su condición de atemporalidad. En este sentido el inconsciente mismo parece tener “vocación de inmortalidad”. Es evidente que el mito no tendrá una sola lectura.

"Prometeo trayéndole el fuego a la humanidad", Heinrich Friedrich Füger

Para el pensamiento platónico tal como observaremos más adelante, el mito expresará ciertas verdades que escaparían al razonamiento (logos), apareciendo también como una forma de decir sobre el reino del devenir.

Para un filósofo neo-platónico como Salustio, los mitos pueden representar a los dioses y sus diversas formas de intervención en el mundo. Habría para este autor, varias especies de mitos: teológicos, físicos, psíquicos, materiales y mixtos. Los mitos teológicos son especialmente intelectuales considerando a los dioses en su esencia; de este modo serían utilizados por los filósofos. Los poetas utilizarán los mitos teológicos intentando explicaciones del modo o modos en cómo operan los dioses. Los mitos psíquicos explicarán las acciones del alma. Los mitos materiales serán aquellos que usa la gente carente de instrucción, en los que se intenta entender la naturaleza de lo divino y del mundo. Mientras que la última clasificación, los mitos mixtos son los usados por quienes enseñan o practican los ritos de iniciación.

Algo siempre quedará por decir, por interpretar, por descubrir. Ese algo que lo mítico encierra es lo que nos hace abordarlo de contínuo, tratando (en un encuentro fallido) de conquistar su esencia.

De aquí que la lectura psicoanalítica sea una forma más de contornear lo que de real el mito posee.

Desde ese lugar proviene lo obscuro, lo enigmático (La Esfinge fue durante largo tiempo, hasta Edipo, su paradigma), lo siempre extranjero al hombre, no obstante provenir, casualmente desde lo más propio de éste.

¿Cómo encontrar alguna fuente de origen para este problema de lo verdadero de los mitos? Consultados éstos, generalmente responden como serían las respuestas de los oráculos. Respuestas éstas que sugieren (por su polivalencia), la presencia de otras preguntas, quedando inscripto el mito en el cíclico y “eterno” circuito del lenguaje es que podemos llegar a señalar al mito tal como un “habla”.

LA PALABRA - LAS PALABRAS

Se puede constatar que en la mayoría de las mitologías hay algún lugar reservado para las palabras y la leyenda sobre sus orígenes. No cabe ninguna duda de qué hablamos, pero ¿a partir de cuándo? ¿En qué momento de la historia aparece el lenguaje? Seguramente el lenguaje funda la historia. Casi podríamos asegurar que el hombre es tal, desde aquel momento glorioso e inefable en que pronunció la primer palabra articulada. Palabra fundante.

Señala Saussure que “el lenguaje es multiforme y heteróclito, a caballo en diferentes dominios, a la vez físico, fisiológico y psíquico, pertenece además al dominio individual y al dominio social, no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos humanos, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad (...)” (F. de Saussure - 1959)

Entre los conceptos más importantes que señala Saussure, no cabe duda de que el de signo lingüístico ocupa un lugar de privilegio. Este signo lingüístico es una entidad de dos caras, llamándoselo así por ser la combinación del concepto con la imagen acústica. A esta teoría de naturaleza positivista la precedió aquella romántica según la cual el lenguaje expresa al espíritu del pueblo. Espíritu colectivo que sería posible de investigar y comprender por medio del estudio de su correspondiente lenguaje.


A “posteriori” pero siempre sobre los fundamentos de la Lingüística de Saussure, se iniciaron otros desarrollos que llegando a Lacan, se comprometen con el objeto principal de Psicoanálisis, la realidad sexual.

Por otro lado, sería prácticamente imposible hablar de lo humano sino consideramos al lenguaje, nido y matriz, de lo específicamente humano. Lenguaje en el que nos movemos, cuya unidad elemental, la palabra está inevitablemente unida al hecho comunicacional. Unidad que hace posible el desarrollo del pensamiento simbólico; siendo ella “per se”, el símbolo por excelencia.

Referido a la palabra, en la tradición judeo cristiana, es posible leer en el Evangelio de San Juan que “Al principio era el Verbo, (...)”, lo que la hace coincidir con el espíritu, el aliento primordial y con un gesto exclusivamente divino. De este modo el decir es considerado como un don divino, que haría posible la evolución del hombre. No podemos dejar de mencionar el valor enorme que poseía la palabra en sí también entre los egipcios, para quienes se había designado al dios “Ptah” como la divinidad del pensamiento y del lenguaje.

Pero, Dios o el dios, para W. Otto (1978) se podrá manifestar de diferentes modos o grados.

El primero estará vinculado con la posición erguida hacia el cielo, propiedad exclusiva del ser humano, (recordemos aquí la carta Nro. 75 de la correspondencia de Freud-Fliess, referida a la primera represión habida en el hombre, la represión orgánica), primer grado que se anuncia por esta tendencia del cuerpo a elevarse a lo alto.

Tanto esta posición como el levantar manos y brazos, inclinarse, ponerse de hinojos, juntar las manos, etc., serían formas de una revelación divina en el cuerpo humano.

El segundo grado le estará asignado al movimiento, a las marchas solemnes, y al rito y la armonía de la danzas que se presentan como manifestaciones míticas que desean hacerse visibles. Lo mismo comprenderá a las obras ejecutadas por la mano del hombre. Se levanta una piedra, (recordemos el sueño de Jacob en que consagra una piedra sobre la que había soñado la puerta del Cielo), se eleva una columna, se construye un templo, se esculpe una efigie. Arte por doquier.

En último término el mito aparecerá como palabra, en donde se señala que el hecho de que lo divino desee revelarse en tales signos, es el acontecimiento más importante de lo mítico. Otto considerará que pensar es divino en sí y por sí, exento de toda corporeidad, ¿pero no tiene lo divino que hacerse humano cuando quiere revelarse al hombre?

Para Otto, el “sello de la revelación más auténtica, es que la Divinidad se enfrente al hombre presentándole un rostro humano” (W. Otto - 1978)

Cabe preguntarnos ¿por qué es que aún no han perdido su sello (de contínuo re-encontrado en múltiples palabras), hasta hoy los dioses olímpicos? Hablamos de ellos cuando queremos decir algo con un sentido elevado, tanto de las cosas del mundo, como así también de nuestra propia existencia. Apolo, Dionisos, Afrodita, Hermes, siguen siendo para nosotros figuras de esplendor y significación profunda. ¿Qué habría de éstos y otros dioses que sigue resonando en nosotros tan fuertemente, sin que ni siquiera nos demos cuenta?

Es que algo del habla mítica quedo atrapado en ese signo arbitrario, lineal, inmutable (respecto de un grupo que lo emplee) y mutable (respecto del eje del tiempo), que decimos llamarse “palabra”.

Palabra propia guardada celosamente por los antiguos, por el temor de que si algún otro la conociese, pudiese tener sobre él, algún poder mágico. De ahí que muchos nombres verdaderos sean substituídos por otros con el objeto de preservarse de tales supuestos daños.

Desde antiguo la lengua en sí misma es un arte colectivo de todo tipo de expresión posible. En ella yace oculto un conjunto peculiar de factores estéticos (fonémicos, rítmicos, simbólicos, morfológicos) que nunca van a coincidir por completo con los de otra lengua. “La lengua es en sí misma, el arte colectivo de la expresión, la suma de miles y miles de intuiciones individuales” (E. Saper - 1978)

Para Lacan una palabra solo lo es en tanto y exactamente haya alguien que crea en ella, siendo ésta esencialmente un medio para que el ser humano se reconozca como un otro semejante. Esta palabra en el pensamiento lacaniano, no tendrá nunca un sentido único ni un solo empleo. La palabra sostendrá varias funciones y poseerá múltiples sentidos.

Todo esto dependerá de que tipo de palabra utilicemos ya que por efecto de su polisemia adquirirá diferentes funciones. El sentido de la misma mostrará los diversos senderos que nos permitirá transitar.

La palabra de hecho y por su propia naturaleza puede ser considerada nombre, nombre propio cuando se dirige a una representación cierta. Palabra ésta que en el contexto de una sesión psicoanalítica esconderá una escena detrás de otra. Palabra que cual recuerdo encubridor indicará una huella la mayoría de las veces alterada, falseada.

Todo pasa como si esta palabra pululase “ad-infinitum” en sus significaciones. Hacia el “final” un único sentido proveerá a ambos interlocutores.

A diferencia de las palabras “nombres propios”, el verbo aparecerá en el discurso como aquella posibilidad primaria, fundante y radical del habla.

El verbo aparece siempre privilegiado en todas las lenguas, conformando la acción pura en sí y no dejando dudas de su sentido.

No obstante, en el discurrir psicoanalítico el verbo también será un “sujeto” sospechoso. Es obvio que ésto no dependerá del verbo en sí, sino del uso que de cualquier significante hace el inconsciente en su interminable tarea de no dejarse descubrir en su esencia.

Serán algunas y determinadas palabras, con sentido conocido o desconocido, las que son usadas en los rituales que invariablemente acompañan a ciertos mitos.

Su uso será el privilegio de algunos pocos, quienes se la transmiten entre sí de generación en generación no dando lugar a equívocos en sus funciones. Será ésta, la palabra considerada sagrada, la que pertenece al discurso de shamanes, hechiceros, sacerdotes. Palabra de la que ningún otro puede apropiarse. Palabra que habría sido otorgada por los dioses a los hombres alguna vez, en los tiempos de origen con la que habrían sellado un pacto de permanencia.

Son éstas las palabras que están fuera del tiempo y espacio comunes.

Solo son dichas en ocasiones determinadas fijamente por los rituales.

Su transmisión solo es posible mediante ritos de iniciación que se cuentan entre los más secretos.

Generalmente el “centro del mundo”, será el lugar (por otro lado sagrado por excelencia, consagrado a la divinidad, donde habría ocurrido el hecho que fundó el grupo o comunidad), en donde se cumplen con estos ritos iniciáticos en la palabra sagrada.

Estas palabras “hablan” de escenas no conocidas por nadie no iniciado. Son palabras que hacen surgir la misma divinidad. No muy lejos de este sentido se encontrará la palabra que juega en el discurso psicoanalítico.

De hecho, la palabra remitiría a varias escenas que montarían varios significados posibles, actuando desde ese lugar como una palabra creadora, haciendo surgir la “cosa” misma, aquello que no es nada más ni nada menos que el concepto. “El concepto siempre está allí donde la cosa no está, llega para reemplazar a la cosa”. (J. Lacan - 1984)

¡Qué cercanías guardan los mitos con las palabras! Palabras propias.

Es en este sentido en que podríamos pensar a la palabra como una “ficción”, a que existen singularmente algunos significantes saturados de significación, los que nos proponen una lectura constante, casi interminable. Por causa de que la ficción utiliza lo que podemos llamar, los cuerpos de las palabras, es decir, las letras, es que en su interpretación un texto se añade a otro texto que requiere otra novedosa interpretación. De este modo la ficción podrá añadirse a lo que llamamos casualmente, el “ombligo del sueño”, ese punto no susceptible de entendimiento y que lo une a lo para-siempre-desconocido. Eso desconocido que siempre se reitera como “lo mismo”, fundándose en su repetición. Repetición de los orígenes que siempre nos son desconocidos, no solo para el hombre de la antigüedad sino para nuestra infancia que fantásticamente estructura sus teorías acerca del origen de su propia existencia y luego de los otros semejantes.

También en el Psicoanálisis, la palabra cobrará un efecto singular, ya que ésta es uno de los instrumentos superiores y esenciales en el tratamiento. De cualquier modo, en el uso habitual y cotidiano de la palabra, notamos y “sufrimos” el efecto poderoso de la misma en los otros y en nosotros mismos.

La palabra, sagrada, profana, interesante, suave, poderosa, etc. cualquiera sea su cualidad, dada por estructura, por su lugar en el discurso o por quién la enuncie, es el vehículo que desde lo más remoto ha producido en el hombre que la dice y el que la escucha, los más variados efectos. Efecto no solo hacia el afuera, la realidad externa, sobre los otros, sino también sobre uno mismo, generando una suerte de afectos, en los que la participación del cuerpo es tan notable y espectacular que fue objeto de diferentes estudios alcanzando un relevante nivel dentro de las ciencias contemporáneas.

Señalamos que los afectos se caracterizan por una muy particular expresión corporal, tanto a nivel muscular (estriado) como a nivel de la musculatura lisa. Es profundo el nivel de expectación o ansiedad, que la palabra despierta en muchos seres. De aquí que el discurso jerarquizado, (discurso del amo, en lenguaje lacaniano) llegue a producir las llamadas “curaciones milagrosas”, ante la presencia de alguien, que, obviamente posee algunas dotes especiales y que pronuncia tanto palabras conocidas como desconocidas, ejerciendo sobre el enfermo por medio de la sugestión un poder tan grande que llega a inducir a cambios físicos que restablecen la salud de aquél. Es necesario acordar aquí, que sin la referida expectación confiada del enfermo, tal curación no sería posible.

Recordamos que no solo ante las palabras pueden llegar a realizarse tales operaciones, sino que también las hallamos bajo la influencia de ceremonias destinadas a la exaltación de sentimientos religiosos, o en sitios de veneración, exhibición de imágenes consideradas “milagrosas”, reliquias de algún santo, etc. Pero dentro de todos estos aspectos, las palabras, aún las no pronunciadas, que quedan bajo la forma de pensamientos o sentimientos en el creyente, producen este singular acontecimiento.

En muchos casos, la fe del individuo se ve incrementada por el entusiasmo del grupo o de la colectividad en la que está inmerso. Todos estos efectos hacen de la palabra, un instrumento especialísimo de restitución de salud y virtudes perdidas y es desde esta efectividad que hablamos de la magia de la palabra.

Este poderío de la palabra, lo podemos constatar también en los efectos que produce en los estados hipnóticos en los que el hipnotizado pasa a obedecer los dictámenes del hipnotizador, donde el singular “rapport” que se establece entre ambos, recuerda a una situación de virtual dominio. Ese estado es tan profundo que el hipnotizado pasa a ver (alucinatoriamente), cosas que en la realidad no existen. De idéntico modo dejaría de ver otras, sugeridas por su hipnotizador.

Este estado hipnótico, sería de alguna manera, similar al que durante ciertas ceremonias somete a sus integrantes.

Según podemos constatar diariamente, estamos inmersos en un mundo de palabras; inclusive aún antes de nuestro nacimiento.

La palabra, símbolo preferenciado entre el ser humano, nos habita inevitable y graciosamente.

Si a la palabra, a la que por medio de la ciencia, hemos podido llegar a conocer profundamente, aún faltándonos mucho camino por recorrer, hoy le asignamos tanta importancia, poseyendo por medio del conocimiento, cierto poder sobre ella, ¿cuánto más habrá significado para nuestros antecesores, sobre todo en los albores de su nacimiento?

¡Qué inmenso poder habrá tenido el primer hombre que produjo la primera palabra!

Hemos escuchado o leído que en muchas oportunidades (cuando hablamos), no sabemos a ciencia cierta qué estamos diciendo. Por esta razón es importante prestar cierta atención cuando hablamos de mitos, qué es lo que ciertas palabras (tabú, maná, tótem, etc.) encierran. Según Siebers, muchas palabras “antropológicas” no contribuirían en realidad para nuestro conocimiento de los pueblos “primitivos”, sino que serían signos que ocuparían huecos en el discurso contemporáneo:

“A la manera de un rito de liberación este tipo de vocabulario intenta eliminar lo sagrado, pero termina únicamente por encarnarlo en otras formas. Tanto en las sociedades modernas como en las “primitivas”, el carácter contumaz de lo sagrado no es fácilmente expulsable.” (Siebers - 1985)

Este concepto, en otro nivel lo hemos podido analizar a la luz de lo que Vernant dice respecto de la emergencia triunfal del “Logos”. El mito a pesar de esta gloriosa aparición del Conocimiento racional, siguió perviviendo, volviendo a renacer bajo otras formas, tal como desarrollaremos en un punto del presente trabajo.

Freud nos señala que muchas veces la memoria de un adulto en análisis falla y, en vez de hablar sobre determinado tema, aparece en su conciencia otro recuerdo (otras palabras se le imponen), que habitualmente se caracteriza por ser poco valioso y secundario. Este recuerdo aparece sustituyendo a otro de mayor valor, más importante e intenso. Éste pertenecería a algún trozo de su vida infantil que por algún motivo debió ser suprimido.

Se tratará, efectivamente de un recuerdo encubridor. Estos recuerdos infantiles que son indiferentes a la tarea analítica deben su existencia a un proceso de desplazamiento, constituyendo de este modo un substituto.

Según una clasificación freudiana los recuerdos pueden ser retroactivos, progresivos o simultáneos. Estos recuerdos encubridores, una vez despejados, podrían dejarnos ver la clave para comprender mejor nuestras “amnesias” que, “según nuestros nuevos conocimientos de encuentran en la base de la formación de todos los síntomas neuróticos (...) Diferentes datos nos fuerzan, pues, a suponer que en los denominados primeros recuerdos infantiles no poseemos la verdadera huella mnémica, sino por una ulterior elaboración de la misma, elaboración que ha sufrido las influencias de diversas fuerzas psíquicas posteriores. De este modo, los “recuerdos infantiles” del individuo van tomando la significación de recuerdos encubridores y adquiere una analogía digna de mención con los recuerdos de la infancia de los pueblos, depositados por éstos en sagas y mitos.” (S. Freud - 1948)

Sigmund Freud

¿Podría llegar a articularse la hipótesis de que el relato mítico será el resultado de un cierto estilo de recuerdo encubridor, que producido por causa de una fuerte resistencia, ocultaría las verdaderas fantasías que el mito encierra? Estas fantasías vendrían a ocupar el agujero que el desconocimiento de lo realmente acontecido ha producido en los primeros hombres, o bien de aquello que es perentorio desconocer o de lo que no se puede hablar en lenguaje común, sino después de una deformación, un desplazamiento y una condensación, procesos que inducirían a un nuevo orden simbólico.

Sería impensable un hombre sin mitología. Aún hoy en día, éstas atraviesan nuestras costumbres cotidianas. Podríamos considerar y reflexionar sobre el hecho de que, mientras haya vida y muerte, el mito adoptará sus diversas modalidades de “decir” acerca de lo que no se conoce. Hablará, en su estilo, del odio y del amor, del nacimiento, del destino. Hablará desde el inconsciente, que es el lugar desde donde todo se dice.

El relato mítico dirá aquello que no puede decirse en ningún otro lugar, ni de ninguna otra manera.

¿Será un síntoma?

Podríamos preguntarnos que, si hay mitologías, es porque algo falló, produciéndose este relato y no otro, acaso un “acto fallido”? Algo del inconsciente, deviene pre-consciente y luego consciente (algo emerge de las obscuridades); un relato que aparece como nacido de una determinada cultura, pero que es posible, haya nacido de un sólo hombre con características peculiares, o bien de un grupo especial de hombres (identificación mediante), que viéndose los unos frente a otros, tratasen de explicar, especularmente un suceso, pero fallando siempre en su explicación. Falla que como toda, produce un cierto nivel de desarrollo.

Posiblemente aquél, el primero que dijo la primera palabra, haya sido el que haya tenido mayor poder; y al poder empezar a poner nombres a las cosas, haya obtenido un nuevo tipo de poder sobre las mismas y sobre sus semejantes. Los demás, ¿qué habrían hecho sino identificar a esas primeras palabras, tomándolas para sí, y a su vez “generar” otras, inventando un lenguaje que habría nacido como imitación fonética y a su vez copia de los ruidos de la naturaleza?

Posiblemente también, la música haya nacido a la par que el lenguaje. ¿No es acaso nuestro sistema fonador, el primer instrumento musical?

Aquel poderoso creador de la primera palabra, habría iniciado ya un lugar para el mito.

El hombre siempre ha tratado de comprender los fenómenos naturales ya por curiosidad intelectual, ya por tratar de dominarlos, o por motivos religiosos. En este último lugar podríamos incluir al hombre “primitivo”. Tanto en el cultivo de la tierra como en el escudriñamiento del cielo, aquéllos encontraban signos en los que se le revelaban deidades y como consecuencia inmediata, objetos a ser venerados. Tanto la tierra como el cielo llevaban en sí mismos las huellas de la elaboración divina.

De este modo los rituales, la astrología, la adivinación, etc., marchaban a la par que los períodos de la naturaleza misma.

LA ESCRITURA

Junto al pueblo griego y egipcio, también el babilónico manifestó en profundidad sus necesidades para dar respuesta a los interrogantes, tanto a las preguntas que se plantearon respecto de la naturaleza de las cosas como del propio acontecimiento humano. Babel es su paradigma.

Hoy en día nos encontramos en una situación privilegiada, ya que se han podido descifrar y examinar documentos originales en los que en épocas anteriores a nuestra era cristiana, los sabios babilónicos registraron observaciones, predicciones y métodos de cálculo correspondientes a acontecimientos importantes. Estos “archivos” de tablillas de barro escritas en la modalidad cuneiforme fueron halladas en las ruinas de ciudades de Babilonia, Ur y Uruk.

A fin de registrar fenómenos celestes, relaciones de estado, predicciones de tipo mágico, etc. estos pueblos dejaron claras huellas del tipo de estructura social y religiosa que poseían.

Así como las culturas de unos pueblos pasaban y pasan a otros, así también ocurre con sus signos y símbolos. De estas interrelaciones surgen nuevos acontecimientos, los que en un principio eran transmitidos en forma oral, hasta que fueron apareciendo signos que encerraban sonidos, significados, los que concluirían en varios tipos de alfabetos.

Del conjunto organizado de determinados signos aparecerá el alfabeto, palabra de origen griego que señala a sus dos primeras letras.

Pero, ¿qué podría decirse de las primeras formas de escritura? Posiblemente éstas, las encontráramos en los dibujos de las cavernas, en las que muchas contendrían un sentido mágico religioso.

En Egipto, es donde la escritura (patrimonio de reyes, sus hijos, sacerdotes y eventualmente algunos miembros de la corte), aparece el jeroglífico (del griego “hieros” = sagrado y “glyphos” = grabado). En este país habría sido el dios “Thot” (en otras versiones, “Phat”), quien se los habría otorgado.

En Babilonia habría sido otro dios, “Nabu”, mientras que en Grecia fue Hermes (mensajero de los dioses), quien los habría legado a los humanos.

Como mencionamos anteriormente, la escritura en Egipto estaba reservada solamente a unos pocos, con lo que de hecho, se mantenían ocultos al pueblo ciertos conocimientos universales.

Fue el francés Jean Champollión quien, en 1820, descubre un jeroglífico egipcio en la piedra Roseta y a partir de su desciframiento pudiéronse llegar a leer casi todos los jeroglíficos de ese pueblo.


En casi todas las civilizaciones de la antigüedad co-existieron dos alfabetos: uno reservado, sagrado y oculto; y otro, popular con lo cual el conocimiento quedaba dividido y con ello, los niveles sociales.

Ya en sus primitivas formas orales, ya escrito, ya perteneciente a una elite, o bien popular, el mito siempre logró tener su puesto. Un lugar propio no compartido con otros conocimientos, aún cuando durante algún tiempo pareciese haber estado a la deriva. Espacio, tiempo y relato propios que lo hace susceptible de ubicar junto a otras formaciones del inconsciente.

LECTURAS

Durante mucho tiempo los mitos estuvieron (para poder ser estudiados), separados de su legítima imbricación en la vida espiritual de sus pueblos, siendo calificados en una categoría inferior a lo religioso, tal como si fueran solo la explicación ingenua del hombre “primitivo”, de algún fenómeno de la naturaleza circundante o de su realidad interna. Como tal hemos observado la confrontación en el pensamiento freudiano de la forma de pensamiento “primitivo” como una de las formas de pensamiento infantil. Taylor, con su teoría del “animismo”, contribuyó a la elaboración de esta teoría donde lo ontogénico y lo filogénico se entrecruzan. De ahí ese deslizamiento de esa frase tan repetida, “la infancia de la humanidad”.

Otra forma posible de leer al mito es aquella vinculada a ese desamparo perenne del hombre en un universo que se le presentaba inhóspito y agresivo por doquier.

Para Eliade, el mito designará una historia “verdadera”, de un valor inapreciable, tanto por su carácter sagrado y ejemplar como significativo. Hubo tiempos en que, opuesto a “logos”, como mucho más tarde a historia, el mito terminó por significar a todo aquello que no podía existir en la realidad. Todo parecía ser cosa del pasado, pero lo cierto es que el mito sigue viviendo, cobrando fuerza desde un lugar obscuro que parece ser “sistemáticamente”, su creador.

Hoy también se reconoce que casi todas las mitologías tienen su propia historia; habiendo nacido de un modo, siendo paulatinamente deformadas, transformadas y enriquecidas. Poco sabríamos de sus modos originales. La influencia del tiempo y el genio creador de ciertos individuos que se ocuparon especialmente de ciertos temas míticos, no en poco habrían contribuído a tales modificaciones.

Una fantasía original a la que se habrían añadido otras fantasías, habrían dado por resultado los relatos míticos tal como hoy los conocemos. Pero algo habrá en los relatos que nos separará de su lugar de origen con lo cual la transferencia inmediata (como vivencia) sobre el texto vivo (aquellos indígenas que actúan como documentos vivos, relatando sus propios mitos a quienes deseen escucharlos), se pierde. Al escuchar a estos relatores originales, totalmente situados en su propio contexto religioso y social, habría un “volver a las cosas”, (míticas), “a las cosas mismas”, sugerido por el pensamiento husserliano.

Es posible leer a los mitos siempre refiriéndose a las hazañas de seres sobrenaturales y divinos que se las arreglaron para organizar al mundo tal como hoy lo podemos vivir. Seres que habrían irrumpido sobrenaturalmente en este mundo, siendo por tal considerados sagrados.

Cuando hemos señalado al mito como una historia verdadera es porque propone realidad. Un cierto tipo especial de realidad.

De hecho el mito cosmogónico es verdadero porque el mundo es su inmediata prueba. El mito del origen de la muerte también lo es, porque también la mortalidad está ahí para comprobarlo.

Pero para algunos hombres, no todo mito puede ser considerado veraz. Tendrá que tener sus comprobaciones.

Un ejemplo lo encontramos entre los “Pawnee”, tribu americana en la que se encuentran distinciones. Las historias verdaderas serán las que se refieren a los orígenes del mundo, luego vendrán los cuentos del héroe popular propio, aquel salvador que siempre cumple una vida programada de hechos nobles y benéficos; y por último las historias de los shamanes, explicando por qué y cómo han adquirido sus poderes. Entre las historias falsas, encontraremos aquellas que cuentan de hazañas del coyote, el lobo o algún otro animal, historias éstas cargadas siempre de contenido profano.

Miembros de la tribu Pawnee. Fotografía de William Henry Jackson, 1869.

En todos los pueblos que hacen estas distinciones las historias falsas (tal como los cuentos infantiles que relatamos a nuestros hijos o a los más pequeños), pueden ser contadas en cualquier momento; pero no sucede lo mismo con las historias sagradas que requieren de ciertas temporadas, días e inclusive horas, no pudiendo ser contadas ni a mujeres ni a niños, sino a partir de los ritos de iniciación que, a determinada edad éstos son sometidos.

Es interesante destacar que los indígenas se dan cuenta que las historias verdaderas influyen en sus vidas, mientras que las otras fábulas se refieren a acontecimientos que no han modificado su condición vital.

Eliade reflexiona que “el hombre es tal como es hoy, por ser el resultado de estos acontecimientos míticos, es decir, está constituído por estos acontecimientos” (M. Eliade - 1982) El hombre es mortal, sexuado y cultural porque algo ha pasado “in illo témpore”. Acontecimientos que como veremos más adelante, estarían sumergidos en un gran inconsciente colectivo bajo la forma de arquetipos, de acuerdo a lo formulado por Jung.

Los integrantes de estas tribus con su específica organización social, económica, religiosa y cultural, están obligados a conocer sus historias y a repetirlas periódicamente, rememorando la historia mítica de su tribu, reactualizándola y sumergiéndose en ella con lo que se la “re-vive” constante e insistentemente.

Para el hombre primitivo esta historia narrada constituye además y conocimiento de orden esotérico, no solo porque es secreta sino porque es transmitida en los ritos de iniciaciones, siendo acompañado este conocimiento de un poder mágico-religioso.

Un modelo ejemplar de transmisión de este tipo especial de conocimiento, persona a persona, lo encontraremos en la atrayente figura del shamán, el que cura, impregnando su actividad de un hálito sagrado y retrotrayendo toda la situación del presente al tiempo y espacio de los orígenes.

LOS TIEMPOS

Tiempos de origen que eran tiempos fuertes, ya que en ellos se encontraban (y al reactualizarse nuevamente están presentes), los seres sobrenaturales. Al recitarse estas historias se encuentran todos, shamán y presentes, nuevamente en los tiempos primordiales, siendo por lo tanto, durante ese tiempo consagrado, contemporáneos de los dioses.

En estos rituales referidos al mito de los orígenes, en donde el tiempo no cronológico, sino tiempo primordial, todo parece señalar la marca de aquel otro tiempo, no ordenado por los amaneceres y anocheceres, lluvias y levantamiento de cosechas, aquél propio del inconsciente ordenado de acuerdo a un registro obscuramente propio.

Para estos grupos, la vida fue creada de una vez y para siempre, pero hay oportunidades en que se pierden el orden original y es necesario “repararla” en torno a las fuentes. Solo de éstas se obtendría la energía que sería igual a la que se produjo en la creación del mundo. Posiblemente podamos leer aquí una figura que releva metafóricamente al concepto vital de “libido”.

Cuando algo terrible sucede a la comunidad el rito cosmogónico se hace inevitablemente perentorio, ya que este mito es considerado como el modelo ejemplar de toda creación.

Interesante es el ejemplo que nos relata Eliade referido a una tribu de origen norteamericana, los “Osage”: “Cuando nace un niño se llama a un hombre que “haya hablado con los dioses”. Al llegar a la casa de la parturienta recita ante el recién nacido la historia de la creación del Universo y de los animales terrestres. A partir de este momento el recién nacido puede ser amamantado; más tarde el niño desea beber agua, se llama de nuevo al mismo hombre o a otro, quien recita otra vez la Creación, completándola con la historia del origen del agua. Cuando el niño alcanza la edad de tomar alimentos sólidos, el hombre que “ha hablado con los dioses”, vuelve a recitar de nuevo la Creación, esta vez relatando también el origen del los cereales y otros alimentos”.

Tarea ésta que, salvando distancias y encuadre, parece acercarse a la realizada por los alguna vez llamados “hechiceros científicos”, el analista que busca orígenes y desarrollo a través de la producción del inconsciente de todo aquello que conforma la realidad interna del hombre de nuestros tiempos.

Analizando aquellas historias, podemos observar que el padre y el abuelo no han hecho otra cosa que imitar a sus antepasados. Si solo se imitara al padre quedaría desvirtuado el tiempo original. En este sentido observamos que esta imitación de los antepasados en mucho se parece a las tentativas que el niño realiza (identificación primaria), con la figura del padre ideal.

En muchas mitologías esta figura del padre ideal, aparece encarnada en la figura del rey. Identificaciones que aparecen enmascaradas bajo el nombre de “encarnaciones”, siempre que se trate de figuras reales.

(Continúa en la 2da parte)

Jorge Garzarelli es doctor en Psicología por la Universidad del Salvador. Profesor Titular de la Cátedra de "Psicología de la Religión" en dicha casa de estudios. Desarrolla múltiples actividades académicas, además de ejercer como analista en la práctica privada. Su tesis doctoral, de la cual el texto reproducido forma parte, se titula: "El mito: acerca de su producción en el inconsciente" (1987). Es autor, además, de los libros "Psicosociología del Turismo" y "Psicología del Deporte".

viernes, 17 de febrero de 2017

Entre Priya y Parvati: violencia hacia la mujer en la India del siglo XXI

"Priya", una creación de Ram Devineni


"Entre Priya y Parvati: violencia hacia la mujer en la India del siglo XXI",
por Juan Manuel Otero Barrigón*

Como es sabido, y a pesar de los importantes esfuerzos del movimiento internacional por los derechos de la mujer a lo largo de los años, en todo el mundo todavía hay mujeres y jóvenes que contraen matrimonio durante la niñez y que son víctimas de trata con fines de trabajo forzado o esclavitud sexual. Se les niega acceso a educación y participación política, y en algunos casos se ven incluso atrapadas en conflictos en los cuales se recurre a la violación sexual como un arma de guerra. En todo el mundo, los índices de muertes asociadas con embarazos y nacimientos son elevados, y se impide que mujeres tomen decisiones absolutamente personales en su vida privada. Lamentablemente, la India, pese a su milenaria riqueza cultural y religiosa, no es la excepción.

Conviene tener en cuenta, no obstante, ciertos aspectos culturales intrínsecos a la cultura hindú, que con antecedentes de larga data en su devenir histórico, podrían explicar la persistencia de situaciones de violencia hacia la mujer en dicha sociedad. Y es que conjuntamente con la herencia de riquísimas tradiciones y elevadísimas disquisiciones filosóficas y religiosas que nos ha legado la tierra de los Vedas, la antigüedad hindú también ha expresado, desde sus orígenes, ciertas costumbres y prácticas que prolongadas en el tiempo, resultan inaceptables para el mundo actual, si de igualdad entre los géneros se trata.

Ya de los antiguos Vedas se desprende la idea, habitual en distintas culturas, de que en la familia es el padre quien ejerce la autoridad, y el encargado de arreglar el matrimonio de sus hijos (tanto mujeres como varones), siendo las primeras entregadas al marido ni bien entrada la adolescencia.

Sin embargo, la división de la sociedad en castas rígidas, que aparece consolidada en la época en que rige el llamado Código de Manú, vino a profundizar, tanto en la letra escrita como en la práctica, la indignidad a la que la mujer sería sometida en la sociedad tradicional india. Así, dicho Código se refiere a la mujer en numerosos y extensos artículos; a través de los cuales se desarrolla el concepto de que la mujer es un ser del cual resulta necesario vigilar los menores actos y al que no hay que dejar iniciativa, ya que Manú le ha dado solamente el “amor a la cama y a la silla, deseo de adornarse, pasión por los hombres, ira, doblez, aviesa intención y perversidad”. (Libro IX)

El mismo Código vendrá a señalar las cualidades que debe reunir una mujer para ser considerada una “buena” representante de su género: “Estar siempre de buen humor, ser diestra en los quehaceres de la casa, tener cuidado de los utensilios y mano apretada para los gastos”. (Libro V)

Y aunque las exigencias impuestas a los hombres en dicho Código no son escasas (tanto que se considera a un hombre como tal en tanto y en cuanto logre tener mujer e hijo), el peso de las obligaciones a las que eran sujetas las mujeres, son enormemente más elevadas.

Probablemente, una de las prácticas más aberrantes y de mayor carga en la consciencia histórica de la sociedad india sea la del denominado Sati, o “sacrificio de las viudas”. Consistía, literalmente, en la carbonización del cuerpo de la viuda, que se arrojaba viva a una pira encendida, cuando su marido moría. Y aunque se ha pretendido que la justificación de dicho acto estaría en los Vedas, el texto preciso permanece apócrifo. Lo cierto, es que el Sati fue ejercitado en forma regular hasta el año 1824. A las viudas impulsadas al martirio se les decía que esta muerte purificaba a tres generaciones sucesivas y lograba el perdón del cielo por los delitos cometidos por el marido, inclusive el del asesinato de un brahmán, sacerdotes del culto védico ubicados en la cima del sistema de castas. Merece señalarse, en este contexto, que dicho sacrificio sólo se exigía a las viudas ricas, ya que a las pobres, pertenecientes a las castas más bajas, les estaba prohibido. Y es que el Sati era considerado un acto de honor, un privilegio.

Frente a este escenario de violencia patriarcal ejercido contra la mujer, la cultura hindú también profesa desde tiempos inmemoriales, y de forma algo paradójica, un profundo respeto y devoción por la figura femenina, que elevada a la categoría de diosa, pobló con numerosas representaciones la consciencia mítica y religiosa del hinduismo.

La diosa Devi, fusión de varias divinidades entre las cuales hay bienhechoras y también mujeres de aspecto terrible, así lo demuestran. Entre muchas otras que conforman el panteón hindú, la diosa Parvati, con sus dos principales manifestaciones como Durga y Kali, ocupa un lugar central y destacado. Parvati es la diosa Madre, símbolo de la abnegación matrimonial, y primera esposa del dios Shiva. También llamada Sati, de allí proviene, de hecho, la terrible “costumbre” histórica que líneas arriba comentáramos. Parvati se manifiesta en distintas formas, siendo las más conocidas Kali y Durga. Su aspecto de Parvati, como esposa de Shiva, es el más poderoso y complejo de todas las Diosas, ya que representa la energía cósmica (prakriti), que nunca puede ser separada de Shiva (purusha), la Conciencia pura. En su representación de Kali, es la diosa madre hindú, pero está asociada con la destrucción. Es la diosa de la muerte. Destruye para mantener el mundo en orden. Por otro lado, Durga , es la divinidad femenina de la guerra, la “Inaccesible”, aquella mujer hermosa, armada con flechas y con expresión feroz, que con sus armas rompe la muralla del ego de sus devotos, combatiendo sus imperfecciones, y su oscuridad interior. Junto con Kali, acude a salvar a sus hijos de la ignorancia espiritual y de los apegos inferiores.

Fue valiéndose de este profundo simbolismo que hace de las diosas hindúes potentísimas guías espirituales para millones de personas, que una organización llamada Save Our Sisters lanzó hace tres años una campaña destinada a concientizar a la población respecto al drama de la violencia contra la mujer, mostrando a diosas hindúes como víctimas de violencia doméstica. Los afiches son protagonizados por las diosas Saraswati, Durga y Lakshmi – sabiduría, fortaleza y riqueza, respectivamente – quienes aparecen ataviadas con ropa elegante y joyas, pero visiblemente golpeadas, con moretones en el rostro. Las imágenes, caras a la sensibilidad de los hindúes, pretenden despertar a una población masculina que, contradictoriamente, venera a las diosas/mujeres y las considera símbolos de fortaleza. En el texto del póster puede leerse: “Hoy día, más del 68 por ciento de mujeres en India es víctima de violencia doméstica. Mañana, tal parece que ninguna mujer se salvará. Ni siquiera a las cuales rezamos”.

Diosas hindúes como víctimas de la violencia de género. Campaña "Save our Sisters"

Como era de esperar, la iniciativa despertó fuertes críticas, no solo de ciertos sectores hipócritamente llamados religiosos que acusaron a los autores de “trivializar la veneración a las diosas”; sino también de aquellos que han asumido la lucha contra la violencia de género como su causa personal. Entre estos últimos, destaca, por ejemplo, una reconocida intelectual india, la Dra. Brinda Bosé, quien desde el feminismo cuestionó las figuras elegidas, preguntándose “por que se tiene que dar alabanzas a Durga, Saraswati o a Lakshmi y no a la diosa Kali, la cual muestra su desnudez y se visualiza como a una ramera/monstruo para la sociedad”.

Lo cierto es que, polémica mediante, el debate sobre la violencia de género en un país de fuerte cultura patriarcal, comienza a cobrar preponderancia. Un dibujante llamado Ram Devineni, tuvo la lúcida iniciativa artística de crear un cómic a partir del cual busca cambiar la percepción de millones de niños y jóvenes indios sobre el papel femenino en la sociedad. La historieta, trata de una superviviente, de nombre Priya, quien tras ser atacada por una banda y al volver a su casa, se convierte en una heroína, alentando a las mujeres y a los hombres a manifestarse contra la violencia de género.

Nada hace suponer que la lucha contra toda forma de opresión y violencia de género en un país dotado al mismo tiempo de una profunda riqueza milenaria vaya a ser sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que estos flagelos están, en gran medida, arraigados en cierta  tradición histórico cultural, incluso más profundamente de lo que ocurre en otras partes del globo. Sin embargo, estas iniciativas permiten mostrar algo importante: el valor que el arte puede adquirir como vector y herramienta de transformación social. Agitando consciencias, denunciando iniquidades, y apostando a lo más sagrado del ser humano, aquello que lo impele a un mundo más justo e igualitario para todos, sin distinciones.

* Este texto fue escrito originalmente para ser presentado en las Jornadas de Estudio sobre Violencia de Género en la Facultad de Psicología de la Universidad del Salvador

martes, 7 de febrero de 2017

¿Religión sin Dios? (por Esteban Ierardo)

"Dios Padre", por Pompeo Girolamo Batoni

¿Una religión sin Dios?  El Dios de las religiones monoteístas, el Dios absoluto, creador, una creencia legítima. Pero no la única manera de entenderse con algo divino. Wittgenstein buscaba "lo religioso" en las acciones éticas, fuera de las palabras pontificantes; Spinoza en el amor por lo universal y la naturaleza plena de espíritu; Nietzsche, en la apertura al cuerpo y la tierra rebosantes de vida creadora y abundante, y en la eternidad que estalla en cada instante; el zen, en la iluminación que deshace las cadenas del pensamiento intelectual, luego de vaciar la mente de los prejuicios de la lógica y lo dogmático (tarea acaso imposible). Otras formas de entrever algo divino ( más allá del hombre y sus límites) sin un Dios que crea y protege, pero que, a la vez, ordena y demanda una veneración exclusiva. ¿Y lo religioso no podría ser también la percepción de lo misterioso del acto de ser que convive con la violencia inaudita en la historia? ¿Religiosa no sería la sospecha de que el universo podría seguir su respiración infinita, sin las luchas humanas por poseer toda la verdad y todas las justificaciones? 

Esteban Ierardo (filósofo y escritor)

- Esta reflexión fue originalmente compartida en la página de Facebook del autor - 

jueves, 2 de febrero de 2017

Ser místico hoy (por Javier Melloni)

"El místico" por Radha Flora Cloud


Ser místico hoy, por Javier Melloni (sacerdote jesuita)

"Hoy, como en todos los tiempos, un místico es alguien tan necesario como inútil para su generación. Es inútil porque no produce nada y lo que ofrece no se puede comprar ni vender. No tiene precio en el mercado. Se escapa a quien lo quiere prender y confunde a quien lo quiere comprender. Por ello hay que apartarlo, porque se interpone entre la inmediatez de lo que hay que lograr y producir. El místico dice: lo que verdaderamente es, ya existe. Sólo hay que aprender a percibirlo. Molesta también a la institución, porque la relativiza y le recuerda que el cielo que ha pintado en el interior de sus bóvedas no es el cielo abierto auténtico.
Pero, a la vez, su presencia es indispensable porque señala un modo de existencia que anhelan todos los seres y las mismas instituciones. Ha nacido para alentar la llama sagrada que arde en todos y en todo. El fuego del místico es diferente al del profeta. Éste señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es. El profeta habla del todavía no, mientras que el místico habla del ya sí. Ambas cosas son necesarias.
Parafraseando a Raimon Panikkar, “el místico no es el que tiene esperanza del futuro sino de lo Invisible”.
El místico no es ingenuo, sino inocente. La ingenuidad es una inmadurez que hace ciegas y torpes a las personas, porque les impide confrontarse con los elementos oscuros de la realidad y de sí mismos, mientras que el inocente lo ve todo, lo percibe todo y, sin echarse atrás, se entrega.
Otra de las cosas propias del místico es su capacidad de conjugar paradojas. Por un lado, es alguien exquisitamente cercano a las personas y a sus situaciones, pero también resulta inalcanzable, retirado en una extraña lejanía. Estando plenamente presente, está también ausente. Se halla en otro Lugar, y cuando está en otro lugar, se percibe su presencia. Su hablar es silente y con su callar, habla. Las palabras son sagradas para él -o ella-; por eso no las malgasta. Y por ello también sabe escuchar, y entiende lo que los demás no entendemos. Habla, mira, comprende desde un lugar diferente; a veces, tan diferente, que parece locura. Pero su locura no es más que el choque que produce en nosotros su anticipación de Realidad.
Ama cada objeto, cada planta, cada pétalo, y queda fascinado por ellos, pero, a la vez, puede prescindir de ello. Todo él es ternura, pero también vigor, como dice Leonardo Boff sobre Francisco de Asís. Es frágil y fuerte a la vez. No puede soportar el dolor de los pequeños. Ve desde ellos y para ellos, y su oración es siempre por ellos.
Es concreto, arraigado en su tiempo y en su lugar, capaz de un hablar sencillo y de poner ejemplos que los más pequeños comprenden, y a la vez, es universal, porque percibe lo que atañe a la condición común de los humanos. Ve la parte en el todo y el todo en la parte. Podríamos decir que tiene un instinto fractal, que es tal como hoy los científicos comprenden que está constituido el entramado de la realidad.
Es de una libertad soberana pero, a la vez, está al servicio de todos, porque percibe la irrepetibilidad de cada persona y de cada cosa, y ello le hace caminar por tierra sagrada. Acoge a cada ser como una epifanía y, estremecido, se somete libremente porque sabe que su yo no le pertenece, sino que es sólo receptáculo y testigo de las existencias ajenas.
Ama su tradición, aquella que le ha nutrido y le ha guiado, pero no hace un absoluto de ella. Sabe que “ser original es retornar a los orígenes” (Gaudí), no para repetirlos sino para recrearlos. Y el origen de cada tradición está más allá de ella misma, antes de que surgiera. Conoce el camino de la Fuente, “aunque es de noche”. Su fe es transconfesional, porque sabe que la existencia está atravesada de Presencia y ello es lo que celebran todas las tradiciones. Se alegra con ellas, por su diversidad y su riqueza.
Como un compás, con un pie está arraigado en su propio centro, y con el otro recorre los círculos de la alteridad. Este centro no es sólo el de la tradición a la que pertenece, sino que es un Centro más hondo que, descentrándole, le recentra.
Todo él está vacío. Su existencia es un pasaje por el que otros transitan para descubrirse a sí mismos. Como un icono, su sola presencia ayuda a los que le rodean a descubrir la hondura que les habita. Él sólo calla y ve. Y su alegría, tanto como su nostalgia, son inmensas."

martes, 24 de enero de 2017

Reflexiones sobre el chamanismo (por David Ocampo)


Reflexiones sobre el chamanismo, por David Ocampo

Luego de catorce años investigando sobre el chamanismo y los sueños de forma teórica y práctica he podido llegar a ciertos análisis listos para compartirse:

-Es un gran error el alejamiento del hombre denominado como moderno de estas prácticas por tacharlas meramente de superticiosas. Las prácticas chamánicas encierran una gran complejidad y su eficacia resulta verídica y comprobable cuando el practicante no es un charlatán, que como en cada profesión (piénsese en el caso de la política o la legalidad) sufre de la abundancia de quienes por prestigio, fama o poder dicen ser practicantes.
-Es necesario distinguir las prácticas chamánicas también de costumbres y tradiciones que sólo buscan perpetuar a ciertos grupos en el poder, de ahí que haya que tener cuidado también con quienes se dicen herederos legítimos de prácticas que nos pertenecen a todos los seres humanos que así lo reclamemos de cualquier raza o país, pues así como el aire que respiramos nos pertenece a todos, igualmente el contacto con el mundo espiritual es patrimonio universal.
-Las prácticas chamánicas son tan distintas como los practicantes que las llevan a cabo, así hay quienes a través de la meditación, los sueños, las plantas de poder, los rezos, los ejercicios corporales, la sexualidad, la danza, las intuiciones y los cantos (etcétera) en sus diversas combinaciones acceden a estados donde la consciencia acrecentada tiene acceso al llamado mundo espiritual, que siempre está presente pero del cual no siempre estamos conscientes.
-Más importante que seguir las enseñanzas de cualquier tradición, y sin menospreciar ninguna, quien desee acercarse genuinamente deberá hacerlo a través de la sinceridad consigo mismo, escuchando sus propias intuiciones, visiones, sueños y sincronicidades tal como se le presenten, pues cada camino es único y el grupo social sano debe alentar la búsqueda auténtica más que obstaculizarla, pues conocer más profundamente la realidad en la que estamos es algo que nos conviene a todos.
-Las plantas y sustancias (como el LSD) de poder son excelentes incentivos para quienes en un verdadero escepticismo se acerquen en la búsqueda de conocimiento, pues incluso las malas experiencias son excelentes maestras y no hay experiencia que no valga la pena. Se recomienda acercarse a estas maravillosas maestras con la mente libre de prejuicios o expectativas, pues como se ha dicho ya en la filosofía china, si se quiere aprender algo nuevo debe haber espacio para ello. También se recomienda su utilización las primeras veces en compañía de gente preparada que ya haya tenido suficientes experiencias con anterioridad, y quienes más que ser los encargados de dar la experiencia deben simplemente cuidar y permitir que la planta o sustancia comunique lo que deba. También se recomienda investigar bien en fuentes fiables sobre la sustancia o planta que se utilizará, pues dosis y toxicidades varían mucho de unas a otras.
-Estas prácticas tienen como finalidad acrecentar el conocimiento que tenemos tanto de la naturaleza interior como exterior, y como estamos rodeados por lo infinito tanto hacia lo pequeño como hacia lo grande o lo interno no debe preocuparnos la diversidad de experiencias que pueda haber, miles de años nos costó a la humanidad darle la vuelta a nuestro pequeño y hermoso planeta que no es sino un pequeño grano de arena en la inmensidad, de ahí que con humildad se deba emprender esta búsqueda tan urgente para nuestros tiempos.
-Distintas tradiciones permiten a los individuos acercarse a ellas para fortalecerse en sus conocimientos, el individuo debe hacer una selección entre lo mejor de estas e ir más allá pues así como un vehículo moderno está construido en base a técnicas que se desarrollaron en distintos lugares del mundo, así quien quiera viajar por el vasto misterio debe cuidar de ir con buenos pertrechos para ello, que la intuición y el estudio ayuden a seleccionar.

David Ocampo es psiconauta, poliamoroso, caminante de caminos, navegante por la vida, jinete de la libertad absoluta


martes, 3 de enero de 2017

Etapa bohemia en la vida de un tipo bohemio (Blas Manuel)


El arte rige mi vida. Me humaniza y me aleja de la existencia programada que observo en los que me rodean. Soy totalmente incapaz de pensar más allá del minuto que se escapa, quizás por que nunca atendí en clase, y me perdí aquellas que trataban de responsabilidad.

Y jamás seré rico, por que las manos que me harían falta para proteger una montaña de dinero, me harán siempre falta para escribir, y sentir el tacto de tu piel.

El arte… es tan maravilloso pues en él expresamos todo, es el único producto el cuál no está orientado hacia la avaricia, el único verdadero. Nuestros miedos y emociones, el amor es arte. Y por eso nunca tengo ganas de trabajar. Y muchas veces pienso que si no soy capaz de escribir con palabras perfectas lo que siento, moriré de hambre.

No tengo ganas sino de vivir, y mi existencia está condenada a lo incierto. A donde voy llego dando tumbos, olvidando y recordando caras, perdiendo el tiempo y disfrutando del resto, estropeando todo de cuántos me quieren. No busquen en mí nada que no sea arte, pues del malo o del bueno, prende la mecha de vuestro tiempo y quema los minutos y las horas de puro descontento, te queda sin nada en lo que agarrarte.

No merezco gran cosa, apenas he aprendido a pensar y ya he olvidado todo lo que me enseñaron… Soy incapaz de esforzarme por el mañana, porque detrás de él se esconderían miles de días desaprovechados.

Blas Manuel

viernes, 23 de diciembre de 2016

Decálogo de la vida poética

“Bohemia gitana”, de Camille Corot

DECÁLOGO DE LA VIDA POÉTICA

por Vagabundo del Tao (Juan Manuel Otero Barrigón)

1) Menos es más. La sabiduría de vivir consiste en reducir las cosas a lo esencial.

2) La vida poética nunca abandona su delirio. Apuesta, siempre, a forjar una leyenda y mitología propias, creyendo sin descanso en lo que ama.

3) Las relaciones entre personas (familia, amigos, y muy especialmente pareja) están hechas para ser disfrutadas, no padecidas.

4) Toda vida poética tiene una matriz solitaria, pero lleva añadida una misión social, una entrega solidaria y desinteresada por los problemas de la sociedad en la que somos.

5) La vida poética bulle en un estado de constante rebelión, es fuego que quema. La libertad es el valor supremo de modo tal que está dispuesto a sacrificarlo todo por ella: creencias, respetabilidad, honores, status, etc.

6) No hay ideologías sagradas. Toda ideología y toda teoría, cuando se las toma demasiado en serio, se convierten en corséts mentales y espirituales, se vuelven tóxicas.

7) Cubiertas las necesidades básicas, la responsabilidad por ser feliz es de uno mismo. La felicidad personal no puede ser cifrada en terceros. El otro es un complemento, pero nunca el fin último de la propia vida.

8) La vida poética es creadora constante de símbolos. La emergencia de símbolos tiene sus tiempos, y solo cuando crecen y maduran en el interior deben exponerse a los demás. Nunca se venden, siempre se regalan.

9) Cada uno es dueño de su propio cuerpo. Sin atentar contra los demás, todo el mundo tiene derecho a vivir y a morir como quiera o como pueda.

10) La vida poética es inconformista, crítica con la cultura oficial, está en búsqueda constante; pero gusta de refugiarse en ciertos lugares de paz.


martes, 20 de diciembre de 2016

Medicina y metafísica de la persona (por Nahuel Arroyo - 2da parte)

"Lección de anatomía del Dr. Willem van der Meer", por el pintor holandés Michiel Jansz (1617)

"Medicina y metafísica de la persona", por Nahuel Arroyo (segunda parte)

Podríamos centrar la medicina en los primeros tiempos en Oriente, donde cabría decir que la enfermedad es tan antigua como el hombre.

Frente al dolor o la daño orgánico, causados por el frío, el viento, las plantas venenosas, los animales salvajes, etc, el hombre luchó por remediarlos o evitarlos con sus propios medios y con la ayuda de sus semejantes. De ese modo comenzó la medicina con la inquietud instintiva de aliviar el sufrimiento humano. Los seres humanos sabían que la mayoría de sus dolores eran provocados por algo que penetraba en su organismo, por lo que se consideraba que, descubriendo la causa y alejándola, se podría curar. Aparece así la medicina mas antigua que es la medicina instintiva, según la cual se podría descubrir la causa externa que provocaba las enfermedades. Se descubrió de esta manera los efectos terapéuticos de ciertos agentes naturales, tales como la luz solar, el frío el calor y el agua. Por esta vía, nació la concepción mágica de la enfermedad. Puesto que esta era provocada por fuerzas sobrenaturales, era necesario la lucha contra las fuerzas maléficas y los demonios.

El hombre medico era el expulsador de los demonios, eran los llamados médicos magos que con el tiempo se separaron del resto de la población y construyeron una casta aparte, lo cual rodeó y convirtió a sus prácticas en misteriosas. Sus vestimentas hacían parecer a sus hombres como seres superiores, y así surge la medicina sacerdotal con la que se garantizaba la transmisión de los conocimientos empíricos y de la experiencia en el uso de las dietas, baños y vegetales como medio terapéutico.

Posteriormente, igualmente hablando de épocas antiguas, en la Mesopotamia aproximadamente cuatro mil años antes de Cristo, comenzó a florecer lo que se conoció como medicina mesopotámica. Es las mas antigua de las hasta ahora conocidas y se caracterizaba por el concepto mágico de la etiología de las enfermedades. En este caso se trató de establecer la relaciones entre los fenómenos naturales y las manifestaciones de las enfermedades. De esta forma nació la concepción astrológica de la medicina.

Alrededor del 2000 ac, floreció la civilización babilónica y asiria, la cual era dirigida por sacerdotes profesionales. A lo largo de siglos de desarrollo, la medicina mesopotámica valoró los fenómenos naturales, expuso los primeros conceptos de la medicina social y codificó el ejercicio de la medicina.Posteriormente y siguiendo estos lineamientos, la medicina egipcia, fue mística y sacerdotal. Luego el contacto del hombre egipcio con la naturaleza y su amor por la técnica, hicieron que aplicara a la medicina sus conocimientos fisicoquímicos. En estos aspectos ya no se buscaba la interpretación mágica de los síntomas, sino que veía en ellos el signo de una determinada enfermedad.Con la sumisión de Egipto al dominio de los persas, decayó la medicina que llegó a ser ejercida por los que eran considerados “charlatanes” y se les descreía. No obstante se le trasmitió a los griegos lo fundamental de las ideas de los egipcios acerca de estas.El pensamiento medico del mundo oriental, pasó a Israel en donde fue filtrado y elaborado según la concepción monoteísta. Solo a Dios correspondía la función de curar. De Dios provenían los males que eran interpretados como castigos por los pecados.La medicina la ejercieron los sacerdotes que por ser intermediarios de Dios, tenían la voluntad y facultad de curar. Se dio fundamental importancia a la higiene porque no cabía imaginarla existencia de una alma sana en un cuerpo enfermo, por lo que así surge la circuncisión y la prohibición de la ingesta de determinados alimentos, el baño antes de penetrar en el templo y la higiene de la mujer durante el período menstrual.


Siguiendo el camino por el Oriente, tanto la medicina persa como la India, parecen tener determinada vinculación con la medicina mesopotámica.

La medicina persa se basaba en rituales de purificación, necesarios para alejar a los espíritus malignos, origen de todos los males.La invocación de los dioses, la fe y los ritos, poseían una concepción mágica de la etiología de las enfermedades.Al igual que el camino que venimos recorriendo, la medicina fue primero empírica y luego sacerdotal. El aspecto mas destacado para remarcar de esta época fue el desarrollo de la cirugía. Para cerrar la concepción de la medicina oriental antigua, tenemos el caso de China en la cual se basaba en que la patología derivaba de la existencia de dos principios: el Ying y el Yang, y la desarmonía de ambas provocaba las enfermedades. El diagnostico dominado por la teoría del pulso, llegaba a diferenciar doscientos tipos de medicamentos diferentes. Por lo que lo más destacado de esta medicina China, es su farmacopea que en el siglo XVI, se reflejó en más de 56 libros con 2000 medicamentos.

Hipócrates

Los Griegos fueron los primeros en querer encontrarle una explicación racional a los fenómenos de la naturaleza y establecieron una clara diferencia entre el saber científico y las creencias. Su medicina que se extiende desde el siglo VI ac hasta el II dc, adquiere una gran relevancia. En la época de Homero, la practicaban los héroes del arte de la guerra. Tiempo después en el siglo V ac, la medicina laica y empírica se transformó en mística y sacerdotal. Los primeros médicos fueron los sacerdotes, las primeras clínicas los templos. Las causas de las enfermedades no radicaban en el cuerpo, las mismas eran producidas por dioses o por demonios. Se buscaba la curación en las prácticas religiosas, en los sacrificios expiatorios u otras fórmulas mágicas. Surge así el culto a Esculapio en el 429 ac hijo de Apolo que se convierte en el Dios de la medicina. Los pacientes antes de implorar al Dios, debían someterse a una cura preliminar, basada en abstinencia, dieta y baños, y luego se los admitía en la ceremonia donde entraban en estado hipnótico o de sueño. La terapéutica consistía en prácticas mágicas que producían curas milagrosas. Los sacerdotes se alejaron de la magia para pasar a las prácticas médicas. Un siglo antes, con el nacimiento de la filosofía griega, comienza a surgir en otra región la medicina científica. Tales de Mileto consideró a la naturaleza desde un punto de vista universal. El agua es el principio de todo ya que de ella surge la vida y en ella termina. En Crotona en el siglo700 ac se creó una escuela medica donde se destacó Alcmeón que según la tradición fue el primero en realizar disecciones anatómicas y el fundador y el fundador de la teoría isonómica que dice que la salud es la resultante del perfecto acuerdo entre todos los elementos que componen el cuerpo humano y la enfermedad no es otra cosa que la perturbación de ese estado.Tiempo después en Crotona surge la escuela pitagórica que establece la doctrina de los números. Se hablaba de la unión y desunión de elementos dependiendo de dos principios: uno exterior que era la discordia y otro interior: la amistad. Empédocles realizó estudios sobre el corazón. Hipócrates que fue considerado el padre de la medicina sostuvo que el hombre no es solo físico sino una entidad psicofísica que el medico se forma en la experiencia y en la reflexión. Propuso una concepción ética de la medicina que se fundamente en el juramento Hipocrático. También dio importancia a la anamnesis y al examen físico y a la historia clínica. Su inclinación al examen prolijo estaba determinada por el concepto general del organismo depende de cuatro elementos (fuego, aire, tierra, y agua). A estos cuatro elementos corresponden cuatro humores cardinales (la flema. Fría y húmeda producida por el cerebro, la sangre caliente y húmeda producida procedente del corazón la bilis amarilla caliente y seca, producida y secretada por el hígado y la bilis negra producida por el bazo). Posteriormente en Alejandría en el siglo III, florece la escuela médica la cual es la heredera de la medicina hipocrática. En el 270 al 220 ac se desarrolla la escuela de los empíricos. En esta escuela el máximo exponente fue Heraclides de Tarento que comentó los escritos de Hipocrates y empleó el opio con fines terapéuticos. Roma también tiene su influencia en la medicina antigua ya que los hallazgos arqueológicos evidencian también que la medicina era mágica. Los dioses tenían la facultad de curar y cada enfermedad reclamaba el auxilio de un dios particular, La ley de Aquiles castigaba la negligencia medica, lo cual evidencia medica en el siglo IV ac. La escuela romana tiene muchas presencias medicas importantes como la escuela de Asclipiades y Sorano de Efeso que trabajó sobre las enfermedades de la mujer. Los mencionados son algunos de los nombres que se pueden encontrar en la medicina romana, pero no podemos olvidarnos de un referente fundamental de esta época que fue Galeno. Con la decadencia del Imperio también decae la medicina. Poco después con el cristianismo surge la medicina religiosa cristiana en la cual la plegaria, la imposición de manos y las unciones con el oleo son empleadas como procedimientos terapéuticos.En este primer recorrido podemos apreciar tres corrientes fundamentales como es fue la medicina oriental, la greca y la romana. El tiempo fue avanzando y la medicina como tantas otras áreas, se fueron perfeccionando pero muchos de los nombres mencionados quedaron marcados a fuego para la historia no solo de la medicina, ya que fueron personas pilares para la historia de la humanidad. Ahora bien podríamos cerrar esta idea o primera etapa de la era “antigua" entrando en el año 529 dc, donde Justiniano clausuró la Academia de Atenas suprimiendo así el último foco de saber pagano que mantuvo en la oscuridad a la medicina hasta que apareció el Islam. El Islam y su pueblo no solo asimilaron conocimientos, sino que los enriquecieron en la rama de la química y la medicina. En los siglos VIII y IX, los médicos árabes tradujeron los escritos de Hipocrates y de Galeno. Para el siglo X, los árabes estudiaron los efectos de los venenos. En esta época los escritos árabes trataban sobre la pericia que debía tener el medico de la época diciendo que los mismos deberían tener agudeza de sus oídos y mirada rápida, talento en la observación y sobre todo paciencia. En el tercer periodo que va del siglo XII al XIII, se produce la decadencia de la medicina árabe refugiando su “saber” en Sevilla, Toledo y Córdoba en esta época quien se destaca es el también citado en algún momento por Borges que es el medico Averroes. La medicina siguió avanzando (y sigue avanzando), teniendo siempre como principal protagonista al hombre, al sujeto humano como principal protagonista. La curiosidad del mismo por aprender y avanzar siempre dio nuevos giros en todos los campos principalmente en la medicina y en la ciencia. Hoy, siglo XXI, podemos ver grandes avances en la cura de las principales enfermedades, donde incluso se habla de prolongar la vida infinitamente. El hombre siempre será hombre aunque a veces con sus curiosidades juegue a ser DIOS.

Nahuel Arroyo es publicitario y estudiante de Psicología en la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina). 
También cultiva su interés por la escritura.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Medicina y metafísica de la Persona (por Nahuel Arroyo)

Nota del autor del blog: agradezco a Nahuel  permitirme compartir este trabajo de indagación reflexiva sobre algunos de los temas que lo convocan. Dada la extensión del mismo, será ofrecido a los lectores en dos partes, comenzando hoy por la primera de ellas.

"Being Human the Representative of Humanity", por Kristena West

"Medicina y metafísica de la Persona", por Nahuel Arroyo (primera parte)

El siguiente escrito tiene por objetivo realizar un recorrido por el tiempo y el espacio de la medicina y el sujeto humano como protagonista principal de su propio conocimiento. En su comienzo, antes de la aparición de los mitos y de la creencia, la medicina era solo la relación instintiva entre el sufrimiento y la posibilidad de aliviarlo. Desde sus comienzos hasta la actualidad, propondré un recorrido histórico de la medicina y la intervención teológica a lo largo del tiempo y como la misma fue cambiando su concepción. En este caso la intención es apuntar a la visión que aporta la teología a la vida médica, instrumentos de Dios para la salud del cuerpo, dignidad y trascendencia del hombre, analogía de la salud del cuerpo y de la salud del alma humana.

Podríamos comenzar definiendo al hombre como sustancia individual de naturaleza racional. Desde la visión de Aristóteles es un animal político. Para Scheller el espíritu es lo divino en la persona. Clásicamente se entiende que el hombre no es naturaleza y espíritu, es naturaleza espiritual. El alma como principio tiene dos funciones, animar el cuerpo y la apertura a lo trascendente. El mundo es un microcosmos en el que coexisten el mundo visible e invisible. En el interior del hombre emerge algo diferente de lo puramente sensitivo que lo determina y diferencia del resto los animales. Preguntarse por el origen, la naturaleza y el fin del dolor, tener capacidad de reflexión, tener plena conciencia de sí, capacidad de abstracción, tener libertad de acción. Un ser dotado de espíritu es capaz de una conducta, es motivado por la pura manera de ser de un complejo intuitivo, prescindiendo del estado fisiológico del organismo humano, prescindiendo de sus impulsos y de las partes externas sensibles del medio. Consiste en reprimir libremente un impulso, una modificación de la objetividad de una cosa. Es un abrirse al mundo de manera ilimitada El hombre ha sabido forjarse una imagen del mundo, en donde los objetos son independientes en absoluto de la organización psicofísica, de los sentidos. Este centro a partir del cual realiza al hombre los actos con que objetiva el mundo, su cuerpo y su psique, no puede ser parte de ese mundo. Solo puede residir en el fundamento supremo del ser mismo. El hombre es el ser superior a sí mismo y al mundo. El espíritu es el único incapaz de ser objeto, es actualidad pura, su ser se agota en la libre realización de sus actos. El centro del espíritu, la persona, no es, por lo tanto, ni ser substancial ni ser objetivo si no tan solo un plexo y orden de actos, determinado esencialmente y que se realiza continuamente a sí mismo en sí mismo. Tampoco las demás personas pueden ser objetos. El punto de partida por donde se podría comenzar a hablar de la corporeidad humana como cuerpo subjetivo es el reconocer al hombre como uno más entre los entes naturales por el modo de ser de su cuerpo y reconocerlo a la vez como consciente de esto mismo, por su dimensión racional y espiritual capaz de trascender lo material. Este es el primer punto que destaca Santo Tomás, el alma intelectual es la orilla, el horizonte mismo, entre lo corpóreo y lo incorpóreo en cuanto es sustancia incorpórea y no obstante forma de cuerpo. Entendido así, el cuerpo es el límite del alma que es forma de este. La intimidad de la subjetividad, la conciencia, no es fundada por su corporeidad pero si es condicionada por esta. En el cuerpo subjetivo es donde se funda el yo subjetivo. El cuerpo subjetivo es: constitutivo del yo y de su intimidad y a la vez apto para manifestarlo y apto para el ejercicio de la subjetividad en todas sus manifestaciones. La convivencia con el otro es siempre experiencia de convivir como logos y como cuerpo. El cuerpo es dialógico. Hay dos experiencias de la unidad de la subjetividad del cuerpo:

1. La convicción de la facticidad del cuerpo propio.

2. La experiencia de una libertad respecto del cuerpo, al no encontrarse dominado totalmente por las exigencias sensoriales de los dinamismos fisiológicos. Tomás también entiende que la subjetividad y el ser no se identifican, sino que teniendo acto de ser y esencia compuesta, porque la corporeidad solo es posible con una materia formada, dando así como resultado un sujeto de estructura finita, libre y con posibilidad de abrirse a lo trascendente. El acto de ser y la esencia son los constitutivos metafísicos de la persona, que hacen posible la subjetividad del hombre. ¿Y esta unión alma y cuerpo puede ser separada? La muerte es la experiencia límite más terrible de la que es conciente el hombre. El dejar de ser, el fin de la existencia y la separación de los dos principios de la naturaleza del hombre es un tema que atañe a muchos, y también a Tomas de Aquino. Este dice que naturalmente el hombre rehúye la muerte y se entristece por ella, no sólo en el ahora, cuando ya la siente y trata de escapar de ella, sino cuando piensa en ella. La muerte, el fin, es un hecho que acontece a todo viviente y que se produce en el individuo, en su cuerpo y en su alma. Y que el hombre se vea atosigado por las Parcas es por el hecho de que somos el único ser capaz de percatarse de esta realidad misteriosa e inexplicable. Tal vez parezca cruel el no poder escapar del saber que ese abrazo encarnado de nuestro cuerpo y nuestra alma va a ser separado.

Tomás de Aquino

Hasta principios del siglo IV, Persona significa máscara que el actor usaba en las representaciones teatrales para interpretar diversas partes. Viene del griego prósopon, se usaba para indicar las diversas identidades que pueden ser atribuidas a un ser humano en los diversos contextos y diversas situaciones. Se trata del significado opuesto, de individuo en su irreductible y única identidad. Por otro lado no es sinónimo de individuo, sino que entendemos persona como individuo humano. En la sistematización del dogma trinitario durante los siglo IV y V. La dificultad era la de lograr definir la individualidad de cada una de las tres personas Divinas, a pesar de la comunidad de naturaleza que los hacía a todos igualmente Dios. Los modalistas tomaron el sentido original de prósopon como máscara para interpretar la diferencia entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como tres modos diversos de revelarse del único Dios, en base a los diferentes roles que desarrollaron en la historia de la salvación. Persona asumió este nuevo sentido. Se debe a Agustín la traducción de hipóstasis en persona en su tratado Sobre la Trinidad, mantiene este sentido de sujeto individual irreductible ¿A qué se debe que la persona humana sea única y posea una irreductible dignidad? Esto es así por poseer un alma espiritual. Tener un alma como forma del cuerpo lo distingue de los otros entes físicos pero no es lo que lo constituye, si no que funda su ser en la unión sustancial e inseparable de alma y cuerpo. El alma es la parte que determina lo específico del hombre pero no es el hombre en sí. La espiritualidad del hombre no es el fundamento último del ser, sino que es una sustancia compuesta, por una parte material, que ejerce sus operaciones bajo su dominio. Lo que actúa por sí mismo tiene su acto de ser por sí mismo. Entonces el alma, que puede ejercer operaciones más allá del cuerpo tiene acto de ser. Y este mismo acto de ser es recibido por un acto separado y creador de Dios que lo hace ser una forma espiritual. Es la persona humana la que piensa, decide, delibera y actúa a través de las operaciones espirituales, y no el alma espiritual dentro del hombre la que actúa o piensa. El modo de existir de la persona es el más digno de todos porque ella es lo que existe por sí mismo

El valor irreductible de la persona. Entendemos que la persona es irreductible, lo que Santo Tomás de Aquino entendía como una única propiedad que caracteriza a la persona, respecto de cualquier otra sustancia existente en el universo, una propiedad que es inmediata consecuencia del ser por sí de la persona misma. Esta propiedad es definida como incomunicabilidad. No se puede dar lo que no se tiene. La persona siempre tiene algo para dar, comunicar, compartir ya que en el fondo del yo subjetivo es un sin fondo inagotable. Por eso nuestro ser es incomunicable e irreductible, porque es inabarcable. Las relaciones de los hombres, por lo ya dicho, son siempre finitas y por eso nunca inagotables.

Existen tres reduccionismos considerados contemporáneos :

Reduccionismo naturalista: Cada persona, cada individuo como compuesto de materia es parte de este universo físico y de los problemas de este. Pero también este hombre es una sustancia de naturaleza racional, que, en cuanto su totalidad, puede entrar en contacto con las realidades existentes. Por esta capacidad de trascender es una persona completa. Por su incomunicabilidad el hombre es una persona en su totalidad en sí que puede entrar en relación con todas las realidades existentes pero no depende de ellas.

Reduccionismo sociologista: El ser persona no es persona por ser parte de un grupo o una colectividad. El hombre en cuanto persona no se subordina a la comunidad. El fin de una verdadera sociedad será que el hombre se desarrolle libremente y se realice como persona. No somos personas por participación o pertenencia a un grupo étnico, religioso, político, social o cultural sino por nuestro mismo ser.

Reduccionismo psicologista: La persona es una totalidad que debe relacionarse con los otros porque sino sería un desastre. Las relaciones lo enriquecen psicológicamente y humanamente. 


Ahora bien, centrémonos en uno de los puntos y pilares del ser humano, su espiritualidad y subsistencia del alma. El alma humana no tiene que dejar el cuerpo (entendido como referente, no como instrumento) para llevar a cabo sus facultades espirituales y por ende es forma sustancial, forma del compuesto que es el hombre. El alma es sustancia en el tercer sentido para Santo Tomás, es decir, algo determinado, que no es ni accidente de la persona, forma material de esta, es sustancia pero de naturaleza incompleta. No existe en sí misma ya que siempre utiliza al cuerpo como referente (y no como órganos) para operar según sus facultades.

Existe en sí misma, es subsistente, como parte de la substancia primera de la persona humana a la cual le pertenece. El alma humana puede y tiene que dejar el cuerpo (entendido como órgano) para llevar a cabo sus facultades espirituales y por ende opera por sí misma. Es necesario saber que una operación del alma puede ser una pasión que necesita del cuerpo como un instrumento y como un referente. El alma puede ser entendida como forma subsistente o como forma sustancial, principio formal. La sustancia para Aristóteles tiene tres sentidos:

1.Un algo determinado que está completo en su naturaleza específica y que existe como singular. Sustancia primera. 

2.Un algo determinado que está completo en su naturaleza específica pero no existe como singular, sino que existe en los singulares como partes suyas, sustancia segunda.

3.Un algo determinado que no está completo en su naturaleza específica y que no existe como singular, sino que existe en los singulares como parte suya. Para Tomás el alma no es sustancia en el primer sentido, porque caería en el dualismo platónico y cartesiano. Tampoco la segunda porque caeríamos en un monismo. Es en el tercer sentido algo determinado que no siendo accidente sino sustancia, no es completa en su naturaleza específica, no subsiste en sí misma por siempre tiene como referencia al cuerpo. Es la parte más específica del hombre. En cuanto a la creación del alma humana, Dios crea a la misma del individuo singular y este es el fundamento de su espiritualidad. Si el alma es forma sustancial del hombre será la que organiza y actualiza su materia. ¿Cómo afecta esta concepción hoy en nuestra cultura contemporánea? Benedicto hace una síntesis muy clara: en la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios .No entraremos en detalle en la postura de Tomás, pero podemos decir que se vio avasallada por los grandes avances tecnológicos y científicos lo que dio lugar a nuevas preguntas sobre moral en campo de la bioética. Por la genética podemos saber que desde el primer comienzo en el embrión hay vida humana, por tanto tiene una forma sustancial humana que es espiritual y creada por Dios. La creación del alma es simultánea a la concepción. A pesar de esto, muchos pensadores tienden a negar la individualidad del embrión porque no posee una autonomía respecto al útero materno y una falta real de individualidad en el sentido cuantitativo. Muchos, por ende, llamarán al embrión de los primeros días pre-embrión, es decir como una especie de pre-persona y pre-humano, por lo cual sería lícito el aborto y la ingeniería genética. ¿Pero que persona, incluso en los primeros años de vida, puede declararse absolutamente autónoma? Y el hecho de que en un embrión pueda haber más de una persona no quita el hecho de que sean persona, más allá de que el embrión en sí no sea un solo individuo. En la creación de alma hay que tener en cuento que el Creador, Dios, es atemporal, y su relación con los seres no está atada a un devenir. No hay un antes y un después en el dar el ser a un ente, sino que desde toda la eternidad el ser y por tanto su alma, es participado del Ser con mayúscula. Hay un crear simultáneo. El alma es creación directa de Dios que luego se encontrara con el embrión, el cuerpo, creado por causas segundas. La forma sustancial espiritual del alma no es algo empíricamente verificable, pero no se puede identificar con el genoma humano que si verifica la presencia de la forma sustancial humana. Pero el principio espiritual humano nunca podrá ser captado por la ciencia. Repito la frase del Papa, porque me parece sublime: para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo, ese « algo más » que la técnica no puede ofrecer. El embrión humano es individuo por su espiritualidad y posee su autonomía lo que le corresponde el derecho a la vida. En mi opinión esta gran discusión sobre la bioética se da por una falta de concepto de creación y una carencia clara de noción de naturaleza. Creo que el gran problema de los científicos hoy es que tomen postura acerca de estos dos conceptos y así llegar a una conclusión. Partiendo de la base de que si el alma humana tiene el ser y el obrar por sí misma y no por su unión con el cuerpo, ella es capaz de subsistencia. 

"Alma llevada al cielo por dos ángeles", de William Adolphe Bouguereau

Hay una vida después de la muerte y la antropología metafísica puede proveer un fundamente de la inmortalidad del alma individual por medio de su concepción del alma como forma del cuerpo. Por ser esta forma sustancial es parte de la persona, de la unidad psicofísica y la separación del alma lleva consigo el sello individual de la personalidad de la cual pertenece. Habría una inmortalidad personal. Pero hasta aquí llega la antropología metafísica. Temas como el más allá, la resurrección, competen a la teología. La antropología puede partir del obrar humano que nos llevan y prueban operaciones espirituales. También ya dijimos que es forma del cuerpo. Y hasta aquí estamos en los confines de la antropología y los umbrales de la metafísica. Lo que ahora queda por pensar es ¿Cómo vive el alma sin el cuerpo? ¿Sigue siendo esa alma hombre, si entendíamos que el hombre era la unión de alma y cuerpo? Dice Tomás que el alma debe seguir obrando luego de la separación para poder justificar su ser post-muerte. El alma puede seguir ejercitando sus facultades racionales luego de separarse del cuerpo. No abstrae de los sentidos sino que es iluminado por el mismo Dios en el conocimiento. Pero hay que recordar que este es un estado provisorio, ya que sabemos, por fe, que el alma se volverá a unir a su cuerpo en la resurrección. El hombre es esencialmente un ser dialógico, que necesita comunicarse y ponerse en común con otros. Haciendo una profundo análisis sobre las manifestaciones del hombre, sus operaciones y potencias alcanzamos a comprender la insondable intimidad y Trascendencia del ser humano en las actividad de la psiquis, la apertura a lo real y a Dios. El yo-tú es posible por medio del amor, la amistad, etc., que fundamentan la verdad y el Bien siempre desde el diálogo y la libertad. El desarrollo requiere una integración de las disciplinas, es una cuestión tanto moral como concerniente a la metafísica. El hombre debe ser más, no simplemente poseer, producir y hacer (como  nos incentiva la sociedad de hoy en día). El verdadero desarrollo tiene como fin la realización del hombre en su totalidad, a nivel social e individual. Permite a la fe, a la teología, a la metafísica y a las ciencias encontrar su lugar dentro de una colaboración al servicio del hombre. Pablo VI vio con claridad que una de las causas del subdesarrollo es una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora, y que requiere « una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales ». La continua sectorización del saber cerrándose a la metafísica no solo produce un subdesarrollo del saber sino también un subdesarrollo humano que recorta la realidad y pierde la visión al intentar descubrir el verdadero bien del hombre. Sólo desde una metafísica integrada a lo real las ciencias encuentran su real fundamento.

Nahuel Arroyo es publicitario y estudiante de Psicología en la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina). 
También cultiva su interés por la escritura. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Realidad y Juego (el arte de Nahir Salcedo Cingolani)


Decía Donald Winnicott que "es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar la totalidad de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo". 

Convencida del poder liberador de la creatividad, Nahir Salcedo Cingolani da rienda suelta a su arte, capturando la belleza de la vida cotidiana con su cámara fotógrafica, en una danza lúdica que se abre a pura emoción. 


Instantes de mágica transfiguración donde un guardapolvo ya no es apenas un guardapolvo, y un encuentro con el otro semejante puede llevarnos a habitar con certeza el espacio mágico que en sí mismo es la vida. 



Como artista y docente de plástica, Nahir aboga por la importancia de que cada individuo elabore libremente, y desde temprano, su propia subjetividad, por lo cual destaca la importancia de la compasión como forma de trascender fronteras y cultivar una empatía consecuente con la interioridad del otro, respetando su universo de significados y su historia.  

Serie de fotografías: "La bella incertidumbre". Por Nahir Salcedo Cingolani

Consciente del carácter problemático de las artes visuales en la actualidad, su mirada recupera la belleza que anida en el ojo del observador, sabiendo que si quien observa es una persona especial, la belleza, aunque escondida, no tarda en aparecer.

Serie: "Volver a nacer es de mortales"
"Mi raíz", por Nahir Salcedo Cingolani

Las influencias de Nahir son numerosas, incluyendo, además del arte fotográfico y pictórico, el cine, el psicoanálisis, la filosofía, y las espiritualidades originarias. Tampoco falta la buena música, sobre todo aquella que permite dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

Invisible: "Alerta entre los ángeles" (1976)

Si lo que hace que una persona sienta que la vida vale la pena de vivirse es, más que ninguna otra cosa, la apercepción creadora, el arte como instante de ser, de soltar, de manifestar el alma, permite sentir el pulso de la existencia, devolviéndonos a la raíz originaria. 

Nahir Salcedo Cingolani es fotógrafa, pintora y docente de plástica. Últimamente también cultiva el teatro. Estudia Diseño de Imagen y Sonido, y es una apasionada del cine. Vive en Buenos Aires. Algunos de sus trabajos, bocetos y proyectos, se pueden ir encontrando acá: http://nahirsalcedocingolani.blogspot.com.ar/

domingo, 4 de diciembre de 2016

Fanatismos


Cinco fanatismos seculares contemporáneos imbuidos de un inconfundible sentimiento religioso

el psicoanálisis dogmático
el feminismo inquisidor
el veganismo intransigente
la política schmitteriana
el biologicismo cientificista

viernes, 2 de diciembre de 2016

Lacan: psicoanálisis, ciencia y religión



"El psicoanálisis no triunfará sobre la religión,
justamente, porque la religión es inagotable. El psicoanálisis no triunfará, sobrevivirá o no. 
-¿Está seguro de que la religión triunfará? 
Sí. No solo triunfará sobre el psicoanálisis, también lo hará sobre un montón de otras cosas. Ni siquiera se puede imaginar lo poderosa que es la religión. Hace instantes hablé de lo real. Por poco que la ciencia ponga de su parte, lo real se ex- tenderá, y la religión tendrá entonces muchos más motivos aún para apaciguar los corazones. La ciencia, que es lo nuevo, introducirá montones de cosas perturbadoras en la vida de cada uno. Sin embargo, la religión, sobre todo la verdadera, tiene recursos que ni siquiera podemos sospechar. Por ahora basta ver cómo bulle. Es algo absolutamente fabuloso. Se tomaron su tiempo, pero de pronto comprendieron cuáles eran sus posibilidades frente a la ciencia. Será necesario que den un sentido a todas las perturbaciones que introduzca la ciencia. Y sobre el sentido conocen bastante, ya que son capaces de dar sentido a cualquier cosa: un sentido a la vida humana, por ejemplo. Se formaron para eso. Desde el comienzo, todo lo que es religión consiste en dar un sentido a las cosas que antes eran las cosas naturales."

Jacques Lacan, "Discurso a los católicos" (Conferencia de Bruselas, 1960)