jueves, 9 de junio de 2016

Tesis against the monoteísmos


                                                    "Dios bendiciendo el Séptimo Día", acuarela de William Blake


Reflexionemos libre y brevemente a propósito de una singular, pero evidente contradicción. Las distintas religiones monoteístas proponen la existencia de un Ser Supremo ("Dios") creador del Universo y poseedor en su Esencia de la plenitud de todas las virtudes y cualidades imaginables. Es decir, de la Perfección.
Se plantea que lo ideal es lo perfecto, que no hemos visto, pero es una idea, y en su perfección está la Existencia.
Lo Todopoderoso y la perfección de la inteligencia, la extrema Bondad, la Justicia debe residir en dicha figura.

Pero pongamos el siguiente ejemplo. Enfrentemos la Extrema justicia de Dios con su Bondad.
Nos sugiere la mitología cristiana que cayó Lucifer, arcángel, al infierno para pagar todos sus pecados, en la eternidad. Se aplica, así, la justicia extrema. La justicia PERFECTA de Dios. ¿Pero entonces bien… donde reside su bondad? Para administrar una justicia perfecta Dios tiene que relegar a un costado su interminable bondad…
¿Pero acaso no era Todopoderoso? Y siendo tal, por qué no administra la Justicia Perfecta al mismo tiempo que la Bondad Perfecta? La respuesta a esto es que con su sabiduría perfecta Dios equilibra la justicia y la bondad, dando el juicio perfecto. Pero el equilibrio dista mucho de la justicia completa y de la bondad completa, es decir, no se alcanza de ninguna manera ni la justicia completa ni la bondad completa. No se alcanza lo Perfecto en ninguno de los dos casos.

Examinemos otro ejemplo, diremos que Dios crea una especie, la humana. Le crea un universo, un hogar que descubrir, un lugar para vivir, y un equilibrio perfecto entre quienes tienen y quienes necesitan. Pero al poco tiempo, Dios observa que los repartos ya no están equilibrados, los ricos son muy ricos, cada vez más rico, y los pobres, son demasiado pobres, cada vez más pobres. ¿Que deberá hacer Dios? ¿Alterará el curso de la historia de los hombres resolviendo las desigualdades y eliminando de esta forma la capacidad de que se guíen por sí mismos? ¿O más bien los dejará librados a su albedrío, observando como destruyen su casa y se lastiman entre sí? En la plenitud de su Bondad, se enfrentaría al dilema de ayudarlos y solucionarles todos sus problemas, o bien de no privarlos de la capacidad de pensar por sí mismos y evolucionar por su cuenta, dejando en evidencia de esta forma la incapacidad humana para resolver las desigualdades.

Resumamos. La inteligencia limita el poder y la bondad, y el poder limita la inteligencia y la bondad, y la bondad limita el poder y la inteligencia… Y todas las cualidades que se le pueden atribuir a un ser pensante, llevadas a su forma perfecta, limitarán a otras cualidades que también se han llevado a la perfección. Pero el Todopoderoso, el completamente perfecto, debería gozar, tal como lo sugieren ciertas teologías tradicionales, de todas sus facultades perfectas al mismo tiempo, y así, de la Perfección. Arribamos así a la conclusión de que el ser Perfecto, es decir, el que no tiene fallo ni limitación, es difícilmente probable, por no decir imposible.
Entonces, digamos que nadie, ni siquiera el Ser que mora en las alturas, puede ser Perfecto.

Ahora bien, sin la Perfección, aquella que le posibilitaría existir (Dios es perfecto, y las cosas perfectas implican en su perfección el existir.-"Vía Tomista"-), debe revelarse al mundo de alguna manera. Mi existencia es real en tanto y en cuanto los otros son capaces de captarme a través de los sentidos. Este es un hecho todavía hoy, innegable. Pero este Ser, que ahora sabemos que no puede ser Perfecto, y que por lo tanto no se puede servir de ello para existir, no se manifiesta a través de los sentidos, que es por donde se haría evidente la incuestionable realidad de su Existencia.
Ahora sólo resta pensar en esto con valor, o resignarnos a lo que no conocemos ni podemos conocer, tolerando los embates y sinsabores de una vida limitada y rodeada de sufrimiento, esperanzados, eso sí, de encontrar otra vida el Cielo (¡La felicidad perfecta!). Sólo resta aplicar para a aquello que permanece incognoscible para ser humano el título de… ¡dogma!


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